2026-02-05

 

 

CRISTOBAL DE VILLALÓN Y ANDRÉS LAGUNA ERAN LA MISMA PERSONA. A VUELTAS CON LA AUTORÍA DEL LAZARILLO

 

Dejé zanjada la cuestión de la paternidad de esta gran opera prima de la picaresca “El lazarillo de Tormes servidor de muchos amos.

Sus fortunas y adversidades” al cabo de cotejar minuciosamente el estilo y los modismos del libro “Viaje a Turquía” y del lazarillo.

Es todo un cuadro de costumbres  lleno de travesuras donde se esboza la vida en la España imperial. Aparecen el fraile, el cura y el obispo, el canónigo y el abad, el casado, el cornudo, el mancebo, el juez, el procurador, el alguacil, el corchete, la puta, el boticario, el pelaire, el tabernero, la alcahueta.

 Todos hablando con el deje salmantino en la primera parte y en la segunda del de Toledo.

Laguna se licenció en Alcalá que según los preámbulos de los institutos de la mesta estaba adherida a Segovia y luego fue a Salamanca aunque gran parte de su vida la pasó en Toledo que era la capital imperial. Madrid era un villorrio sin importancia.

Cotejando la prosa de ambos libros se revela pertenecer a una misma pluma y aunque se centra en narras la vida de un personaje  desdichado (adestrador de ciego, tuno de un buldero, monaguillo de un clérigo de Maceda, criado de un hidalgo muerto de hambre y al servicio de un mercedario del cual nos cuenta poco) adviértase que el libro obra de imaginación fue redactada por un hombre culto. no se trata de una novela sino de un libro de caminos a cargo de un desdichado el cual va poniendo negro sobre blanco sus aventuras.

Los grotescos incidentes que le ocurren se acercan a la exageración caricaturesca. Paralelamente tanto el Quijote como Viaje a Turquía son libros de viajes. El libro se ha atribuido a fray Juan Ortega un agustino, a uno de los hermanos Valdés, Lope de Rueda, Sebastián Orozco y otros muchos pero, modestia aparte, es mi versión que libera a la obra del anonimato da en el clavo y a partir de mi libro “Andrés Laguna escribió el Lazarillo” dejó de ser anacríptica. Por lo demás, es un canto a la vida, a esa bonhomía segoviana de los conversos que tienen una relación personal con el Altísimo y para los cuales la fe en Jesucristo que aceptaron a regañadientes convirtiendo el catolicismo en una religión a su manera que no excluye las cosas buenas que nos depara la existencia, el buen vino, la buena mesa, el amor a la estirpe, el cachondo de don Carnal que vence a doña Cuaresma. Los clérigos que aparecen en el Lazarillo siguen la regla del Arcipreste de Hita haber mantenencia y ayuntamiento con hembra placentera. Gozo de vivir aunque con más frecuencia tengamos que sufrir. Es el contrapunto que los hados nos deparan. Aceptémoslo, longánimos, y resignados a la fatalidad. Siempre con un chiste y una sonrisa

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