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F LA GRAN CHARLOTADA
El
coronel Tejero pasó ayer cumpliéndose 44 años del día de autos a mejor vida. Justus ut palma florebit (todo
un signo y un aviso seguramente, el buen picoleto ha muerto en la cama a los 97
años) pero fue el gran payaso de la gran farsa.
Lo tomaron de pendejo con su
histriónico gesto pistola en mano en la tribuna del congreso aquel malhadado
atardecer de febrero de hace 44 años que yo recuerdo perfectamente cuando
conecté el transistor, noche de transistores, noche larga.
Radiaban música
militar. Cogí el tapabocas, me puse la gorra y la chaqueta de pana y me dirigí
al congreso. Vivíamos en Antonio Leyva. Un hongo atmosférico sobre Madrid el
sombrero de la contaminación. Había sido un invierno seco.
Sobre las calles de Valencia rodaban los tanques.
El general Milán del Bosch estaba saliendo con sus tropas a la calle.
─Ya
están ahí
Pero
no estaban ahí. Sólo comenzaba el tinglado de la antigua farsa. Me dirigí al
Café Gijón. Estaba cerrado.
Bajando por Recoletos ví a uno de la secreta que
tenía a un descamisado en el suelo y le apuntaba con una pistola y en la Puerta
de Alcalá fui testigo de lo que me pareció ser un golpe organizado desde arriba.
Tres tipos con cara de palo comunicándose en inglé con su walkytalky y debajo
de la gabardina abultaba una Uzi la metralleta israelí. Aquellos fulanos recién
aterrizados desde la base de Langley la sede de la CIA eran los que estaban
dirigiendo el “golpe”.
En el Hotel Palace me tomé casi una azumbre de cervezas en parte para
combatir el frío y en parte para ahuyentar el canguis.
Con mi cámara Pentax en ristre retrataba a todo lo que se
movía.
Saqué incluso al general Santamaría jefe de la policía nacional meando
en los urinarios de la planta baja del hotel.
Me quedé sin tabaco y le pedí un
cigarrillo a un fotógrafo inglés. Me dijo que trabajaba para Reuter. Mentalmente,
empecé a atar cabos mentalmente. ¿Pero cómo puede haber venido de Londres este
tipo a semejante corrida de toros?
Alguien debió de darle el tip off (alerta). El
retratista inglés y los tipos de la CIA con el sonotone y la gabardina, la
ametralladora oculta en la pechero, fueron para mí datos convincentes de que todo
aquello había sido un montaje. El objetivo desde luego apuntalar el sistema democrático
que se estaba viniendo abajo y de paso acabar con el ejército español.
Cuando era
corresponsal en Londres, era la idea que propalaban los británicos desguazarlo
para acabar con los restos del franquismo. La idea era convertirlo en una ONG. Mi
colega inglés me vigilaba con un aire de sospecha al tiempo que me surtía de
Pall Mall superlargos, el tabaco caro que yo
fumaba en Londres.
─No
pareces español. Where are you from? Hablas
el inglés como un irlandés. ¿Eres un paddy?[i]
Le
dejé con la palabra en la boca y contesté a la interrogación con otra pregunta
como los gallegos
─¿Y
tú?
Hice
a continuación mutis por el foro
El
Butanito berreaba a sus anchas narrando el golpe como si fuera un partido de
fútbol. Fue la noche de las radios largas y de los cuchillos largos pero luego
fuese y no hubo nada como ocurría en las comedias de capa y espada.
Habló el
rey de madrugada. Roma locuta causa
finita. La tensión fue menguando. Y de
pronto amaneció. Vimos, venida la mañana, salir ovantes, triunfantes a sus
señorías, el golpe había fracasado. Ya éramos demócratas de toda la vida. Y a
los pobres guardias civiles ─qué humillación─ saltando por la ventana del edificio
de las Cortes.
Abrieron los estancos. Compré más tabaco. Fui a devolverle sus
cigarrillos al inglés pero éste había desaparecido. Filmé dos carretes con mi querida Pentax e
incauto tonto de mí se los doy a un colega del YA un tal Ángel Luis para que me
los publicase (yo ya no tenía periódico) nunca los volvía a ver, porque aquel
mamón trabajaba para el CESID. Con las mismas atravesando todo Madrid me dirigí
a mi puesto de trabajo en la calle San Bernardo.
Yo trabajaba en el gabinete de
Prensa del Ministerio de Justicia. Tenía un poco de resaca.
jueves,
26 de febrero de 2026
[i] Paddy de
san Patricio. Así se conoce a los nativos de Irlanda