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LUNA DE ENERO SIGUE "HISPANIA
PECCATRIX" Posted: 10
Jan 2019 06:26 AM PST
LUNAS DE ENERO Lunas fuertes de enero cuando las gatas tienen celo
y en las radiantes noches los árboles desnudos tiemblan bajo la helada. Había
pasado las navidades en su tabuco acariciando sus recuerdos circundado de
libros y de papeles, cercado por las Nueve Meses y padeciendo vía las ondas
una España infesta de bustos parlantes, pseudo periodistas y
blablá tertuliero. El diablo reinaba en el éter. Le vino bien a su salud el
ayuno pascual. Asistió a la misa de gallo por Internet que celebró el
patriarca Cirilo de Todas las Rusias el adalid que luchaba contra las fuerzas
oscuras. Aquella orgía de voces angelicales, iconostasios de marfil el
Pantocrátor en lo alto de la cúpula, casullas recamadas y el diacono que
cantaba: — Xristós rasdaets piite i pklanite yevó
(Cristo ha nacido venid en adoración) La catedral de la Epifanía de Moscú, la luz está
viniendo del Este, estaba inundado de caras guapas hermosas rusas con velo
blanco viejos creyentes y niños que recitaban los compases del Credo y del
paternóster en eslavo, todos se habían la letra y conocían el sentido
apostólico de lo que pronunciaban aguantando de pie las dos horas que duró el
oficio. Liturgia triunfal que se refería a un mundo de belleza y de redención
el ceremonial rico y antiguo que se cumplía a rajatabla a las ordenes del
magister puntero que iba señalando a los oficiantes los pasajes de las
lecciones y de los himnos que habían de entonarse. Sintió Arije que Bizancio
tenía la clave del legado evangélico y todo un contraste con las catequesis
perroneras, los lugares comunes e incluso las herejías que pronunciaba ex
cátedra desde Roma el Impostor. Y todo un contraste con la vida de aquellos
días en España: atropellos de violadores en cuadrilla. Llegó la manada. La
pregunta cotidiana era a quien iba a forzar esos energúmenos. En Andalucía
pactos y cabildeos de la pastueña grey. La hora del consenso y de la
rendición. Tres putas se desnudaron en la Plaza de San Pedro y
aparecieron en los posts metiéndose un crucifijo por donde amargan los
pepinos. Tiempos de profanación y desolación. Ierusalem desolada estque
cantó Jeremías. La Bestia utiliza a la serpiente disfrazada de
mujer. Pigtail profería sus blasfemias de siempre faroleaba, quería ponerse
medallas en los cataplines: — Los de Podemos follamos más y mejor que los de la
ultraderecha, La palabra ultraderecha y fascista no se le caía de
los labios a los de Youcan que se sentían amedrentados e impotentes ante Vox
un movimiento que arrasaba. Mucho presumir de potencia sexual y seguro de que
el miembro no se les ponía erecto para cubrir a las cabras locas del
Contubernio Fem. Arije no tenía que ver con la ultraderecha. Era un
anarquista, un rebelde como lo fue Jesucristo contra el Sanedrín y se sentía
satisfecho consigo mismo por haber dado testimonio pero sus días los
transcurría oculto era un emboscado en su esconce y las noches las
pasaba en blanco a causa del dolor de España que lo afligía. Después de salir
de la cárcel por haber asesinado a la funcionaria roja (fue una lacra en su
vida pero tenía demasiado temperamento) se refugio en el sotabanco de
Majadahonda. Le había quedado una pequeña pensión, podía pagar el alquiler,
el resto lo gastaba en tabaco y en libros en la cuesta Moyano. Nada sabía de
su familia. Etsi había venido a verle dos veces a la cárcel pero desde el año
92 no volvió a saber de ella. Asumía que había encontrado pareja. Aquella mañana amaneció radiante. Los niños de
Madrid había sacado a la calle sus camionetas, sus hombres araña y las
muñecas que les trajeron los Reyes Magos. La Epifanía era una noche
mágica. Ponía fin al misterio de las Doce Noches y Saturno dejaba de gobernar
el mundo. Durante este intervalo ocurrían bajo el imperio del dios oscuro así
conocían a Saturno los romanos y para aplacarlo celebraban las saturnales.
Las doce noches venían marcadas por la tragedia de trifulcas en el hogar,
asesinatos, borracheras, eclipses, pues el sol se ocultaba y no quería
alumbrar la Tierra, terremotos e inundaciones. Estas dos semanas eran
sobre todo un reclamo a la melancolía que sentía el hombre ante el tiempo que
pasa y la vida que se va. Este espíritu pagano había renacido en las
sociedades antes llamadas cristianas. Había que ponerle a los pascueros y a
papá Noel que se deslizaba por toda la Europa nevada en su trineo
buena cara. Ho. Ho. Ho. En Alemania no dejaban de cantar "O
Tannenbaum". Pese a sus dolamas, tanto espirituales como
corporales, se sentía contento por dar testimonio, la luz fue hecha y las
tinieblas no pudieron con ella, cantaba el último evangelio. Había llegado la hora de romper el ayuno. Se fue a
comer al Julifer. Allí todo seguía igual que hacía diez años. El Santis en la
barra y la Leonor en su chiscón la cual al verle llegar le hizo
esta salutación de bienvenida: —Coño, yo creía que te habías muerto. No supo qué decir ante tal insolencia. Pidió
lentejas, gachopo y una botella de vino. De postre arroz con leche y un
chispacito de coñac. Había tres o cuatro individuos en la barra
discutiendo acaloradamente sobre la derrota del Madrid ante el Alavés. Nadie
hablaba de política. Abandonó el local satisfecho y por aquel dicho de que de
la panza sale la danza recuperó su buen humor pero ya en el autobús camino de
casa empezó a sentirse mal. Le daban arcadas pero no podía vomitar. Se le
puso cara de luna de enero. En la parada final se acurrucó en un banco. —¿Se encuentra usted mal, señor? ▬ una buena
samaritana sintió piedad de éll. —Si llamen a una ambulancia. Me muero. Llegó una ambulancia y Arije fue conducido de
inmediato a urgencias. Allí perdió la consciencia. Cuando despertó estaba en
el quirófano de Puerta de Hierro rodeado de tubos de mascarillas y de
electrodos, enchufado a una maquina todo su cuerpo. La medico, una muchacha
joven de cantarina voz y acento asturiano, se acercó: — ¿Qué comió usted hoy? —Lentejas y cachopo, algo de vino y un poco de
aguardiente. —¿Dónde? —En un bar regentado por amigos míos —Señor, pues en las lentejas le colaron belladona
¿No se dio cuenta? Es un veneno que puede causar la muerte a un caballo pero
al parecer es usted hombre de complexión fuerte. —No. Las lentejas estaban buenisimas. —Le hemos hecho un lavado de estomago. Creo que se
recuperará. No obstante, quedarán secuelas. Arije no maldijo a los que le quisieron envenenar.
Lo aceptó como castigo por sus pecados y un aviso del cielo para no volver a
pisar nunca un chigre, cualquier taberna de mala muerte, una fonda sin
homologar. Dios le había salvado de las garras de Erifos y de la
Leo. Otra vez la Divina Misericordia estuvo de su
parte. Aunque tampoco hay que fiarse de las fuertes lunas de enero cuando las
gatas entran en celo. ESPAÑA MI NATURA |

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