2026-02-11

 


Posted: 17 Jan 2019 03:13 PM PST


Los del padre Sopeña el padre Abel y las misas en la capilla santo Tomás de la universitaria

Vi volando por los tejados de la urbe global madrileña que nada tiene que ver con aquel pueblo manchego del agua va de los emboscados y las tapadas las callejuelas adoquinadas donde había duelos por una dama como en las comedias de capa y espada de los tiempos de Maricastaña y picarescos pues no hay tiempo ni espacio para los espíritus puros y los cuerpos gloriosos y transparentes, una nube abigarrada. Dentro viajaba mi consueta. El Numen de  la inspiración.
El hombre está destinado a ser ángel. Serán como música y yo soy su Numen. Fui testigo de no pocas cavilaciones suposiciones altercados cárceles denuncias grescas insultos postergaciones y pretericiones de Bermejo que sin haber llegado a nada en la vida a sus setenta abriles cumplidos se sentía un hombre realizado que podía mirar a su pasado con nostalgia pero sin ira. Desde su hura ahíta de papeles y de libros viejos radios cintas magnetofonías y un ventanuco que daba al jardín central desde donde se escuchaba el murmullo hondo del zureo de los palomos en tiempo de celo las voces de los niños y las carcajadas de los vecinos que en verano se bañaban en la piscina. En su apacible vida de jubilado daba paseos por los encinares del noroeste de la provincia de Madrid armado de su cachava que le recordaba el bordón del peregrino. Su existencia se había vuelto peripatética. No soy más que un peregrino siempre en danza. Pues de la danza sale la panza. Aficionado a las novedades pues no era misoneísta y le gustaba la vida y el progreso, la llegada de Internet supuso una revolución sociológica y psicológica porque el mundo se había convertido en un patio de luces pueblerino informativamente casi como un tebeo de hazañas bélicas como aquellas revistas que el compraba a veinticinco céntimos a la señora Isabel la zabarcera segoviana, con el constante ir y venir de asesinatos, crisis, amenazas, y es zamarreo constante de los informativos. Chismorreos y alparcerías que suscitaban coloquios aburridos y venales prosas. Surgió Podemos. Yes we can. Las nuevas generaciones ansias de pisar moqueta y de hacerse ricos con las políticas estaban llamando a la puerta sin decir “se puede”. El título del nuevo movimiento se lo debía de haber puesto el enemigo como una consigna de agitación social y los instalados estaban que no les llegaba la camisa al cuerpo, temerosos de perder el momio. Un poco como en los tiempos del Generalísimo. Porque aquí fusilan y chupan del bote siempre los mismos. Gracias a la Redlas gentes están mejor comunicadas pero son menos comunicativos y el ordenador era una nueva adición como la buena mesa  o el vino bueno y el fumeteo de su cachimba. Cosaco de la literatura que siempre había escotero y por su cuenta por los caminos podía pasarse sin comer ni beber pero nunca sin su pipa. La maldición de la nicotina constituía un incordio para Remigio Bermejo. Quería más a su pipa que a su mujer. Era un hombre de la estepa y quería arrear sus corceles de la imaginación con el látigo encendido de su pluma. No era más que un pobre soñador. se resistía a comulgar con ruedas de molino, a pasar por el aro. Así le iba. Semejante actitud le deparó no pocos contratiempos. “If you think you have problems” era un programa de la BBCque él escuchaba en su transistor gris el Fidelity adquirido con las primeras libras que ganó en la escuela de Doncaster. Si piensas que tienes problemas llámanos. Era una emisión para suicidas y divorciados. Quería zafarse de aquella afición a la Web y su intoxicación psicológica. Los blogs a cuyas paginas subía las entradas que le daban la gana quizás fueran un desahogo, el paraíso de todo escribidor, desde recetas de cocina, insultos al centinela hasta poemas sublimes de amor, pero también una herramienta de control. ¡Cuidado, el Gran Hermano te vigila! Él producía al cabo del día entre bocanadas de humo y visitas al frigorífico porque la escritura le producía hambres caninas, cientos de páginas. Estampaba sus remordimientos e inquietudes contra el muro dactilógrafo de su teclado, testigos únicos de su furor las veintiocho redondas blancas, cantidades de papel, textos impolutos, disparos de ametralladora. Detrás de un tablero de ordenador Remigio podía llegar a ser un tipo peligroso.
Cuanto más gritaba el mundo callaba. Cuanto más rezaba sentía más lejos a dios. Fue una de las razones de su dipsomanía. Tuvo la desgracia de darse al alcohol. Erifos su gran confidente de las tardes silenciosas y las vigilias vacías era un asesino. Él se esforzaba por la excelencia. Plus ultra, sursum corda. No seáis cutres pero nadaba en un mar de vulgaridades de anonimatos y gentes anodinas. Desdeñaba la chapuza y sus entregas habían mejorado con el tiempo. Y estos no eran más que pujos de sus reminiscencias jesuitas. A mayor gloria de dios, sí, pero donde se encuentra él? Mis preces son un monólogo.
—Todo en tanto en cuanto, hijo mío, — le decía un santo desde la hornacina, era Iñigo de Loyola que bajaba el pobre desde el cielo cojeando al verle tan desnortado— y un ojo en el cielo y otro en el suelo. Una vela a dios y otra al diablo.
—Eso es del Talmud, padre mío.
—Qué más da. El fin justifica los medios.
El Numen le hablaba en jesuita con ese mensaje mesiánico del anagrama JHS. Almas para dios. Hay que salvar almas… almas. Cuantas más salves entrarás más alto en los habitáculos que se te han preparado en el paraíso. Subirás al séptimo cielo.
—No tengo fuerzas, Señor. Somos débiles. ¿Dónde están las almas? Las gentes con las que me encuentro arrastran problemas. No tienen empleo, los han echado del piso. Su mujer se ha fugado. Me topo con la infelicidad de los alcohólicos, la desesperación de los presos y encarcelados, el dolor de los enfermos. Los humillados y ofendidos de la tierra vienen a mi encuentro.
El Numen guardó silencio. Iñigo de Loyola se volvió a sus alturas arrastrando la pata mala desde que se la destrozaron en Pamplona con un arcabuzazo. Había interrogado a la esfinge y tales respuestas las puede dar dios. La mente humana es incapaz de penetrar en los designios de tal arcano que forma parte del misterio de la vida.
—Pero tú estás bien. Llama y se abrirá. Pedid y se os dará—escuchó la voz celestial. Era san Ignacio.
La red había hecho de él un buen escritor, se había perfeccionado mucho, ganó en oficio y ahí se las diesen todas. El libertario ex corresponsal se reía de los que le envidiaron y persiguieron con una saña sorda y atroz. Conservaba su fe pero desdeñaba las intrigas y muermos eclesiales a cargo de los curas incultos de misa y olla mi olla mi misa y mi Mariluisa, sangraba por la herida de su arrogancia jesuítica, él no podía ser como los otros ¡qué bah! Él pertenecería a la elite. Formaría parte de los escuadrones de la guardia noble del pontífice. EL Papa por encima del Rey y de roque. El cuarto voto. Un mundo para Jesús salvador de los hombres. Un cierto mesianismo. Las dos banderas. ¿Y de qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma?
Curiosamente habían sido dineros españoles los que costearon los mantos de seda de la curia, los capelos cardenalicios, el oro, las perlas ónices y las ágatas de los báculos y  pectorales o la pedrería de los vasos sagrados, durante siglos pues hasta no hace mucho en los templos de Madrid se mostraba un cepillo de limosnas para la conservación de los Santos Lugares. Roma no hubiera podido existir como la cabeza de la catolicidad sin los sufragios de la corona española. En su piedad a machamartillo de cristiano viejo creció en él la fe y el desprecio a los pomposos jerarcas. Pero como había recabado órdenes menores y mayores y no era un simple cucarro sus aficiones a la especulación teológica perduraban lo mismo que su pasión por la liturgia de rito antiguo. Así que en las profundidades de su hura madrileña colocaba velas a los santos, rezaba el oficio y le gustaba recitar el canon de la misa de san Pío V. todo volverá. No perdamos la esperanza. Pero la religión para que sea veraz ha de ser un sentimiento personal y más en los tiempos de colonización ideológica en que vivimos, pensaba. Por todo esto y por mucho se sentía orgulloso de sí mismo y estaba listo para el día que dios lo llamase.

El 18 de abril de de 1963 amaneció tranquilo puso la cadena Ser, Radio Madrid, Unión Radio cuando la república, para entenderse y allá estaba la voz de fumador empedernido del  bendito padre Sopeña con sus comentarios religiosos antes de las noticias. Como era domingo se fue a misa a la Ciudad Universitaria a la campilla de Santo Tomás. Estaba abarrotada de estudiantes. Iba algunos domingos pero él prefería los capuchinos de Bravo Murillo, al lado del Cine Europa donde habló una vez José Antonio, porque allí se honraba un santo de la veneración de nuestro protagonista: el taumaturgo de Padua. Iba a cantarle los pajaritos y predicaba a los peces y a las avutardas que le quisieran oír.
Era la emisora más popular y castiza de aquel Madrid que transmitía el “Carrusel Deportivo” de Joaquín Marco, los caballitos de Quilache y los programas de “Lo que nunca muere” y “Matilde, Perico y Periquín”. Era la radio de los viejos republicanos, no lo sabía. A él le gustaba porque Remigio siempre fue de ideas un tanto comuneras. Le gustaba ir a su aire y Radio Madrid (roja), la otra cara de la moneda de Radio Nacional donde campeaba las tardes de domingo la voz también algo estropajosa del P. Venancio Marcos con sus consultorios morales (azul) era el cenáculo  carmesíes de aquel abate de aires un tanto volteriano buen músico confesor de manga ancha pues decía que era vocación tardía conocía el mundo y era muy comprensible con lo del sexto mandamiento que traía a los jóvenes de aquel entonces de cabeza. Hasta decían que dejó a la novia una tal María Luisa para casarse pero a don Federico que era ya talludito porque había hecha la guerra con la república le entró una crisis y se metió al seminario de Vitoria. Mi mesa mi misa y mi María Luisa, no te digo. Esta –es una historia bastante curiosa- se casó pero le guardaba una cierta ausencia platónica y hablaba por teléfono con ella todas las noches en largas conferencias. Cuando le hicieron director del Museo del Prado iba de paisano pero por lo general no se quitó la sotana que siempre en España fue un símbolo de poder. Tenía buenas aldabas, enchufe con el papa Montini que le hizo prelado domestico cuando dirigía el colegio español de Roma. Había que estar al santo y a la limosna. La iglesia católica siempre ha sido poder. A Remigio le parecía un tipo sospechoso de los que se sitúan debajo del árbol que dé mejor sombra. El cura progre de color rojo debió de padecer un terrible desencanto cuando llegaron los suyos o los que creía que eran los suyos. Javier Solana le mandó el motorista con un brocárdico lapidario (su vida estaba llena de sentencias y refranes, axiomas que no servían para nada) que se hizo famoso “señor cura, ¿aún cree usted en dios?”. Amigo del sobrino de Azana Rivas Cherif cuando la republica y luego del príncipe, creía Sopeña estar situado cuando llegara la hora de la muerte del dictador mas ni por esas. Las expectativas de los viejos republicanos quedaron en nada. El enemigo al que habían combatido con las armas en la mano los perdonó y hasta les enchufó en la administración pero los psoatas hicieron mangas y capirotes de semejante ponderación, no tuvieron miramiento ninguno con los de base, cuando Felipe González alias El Gran Filipo rompió con la vieja guardia en Solesmes. Eran socialistas pasados por la túrmix de la embajada norteamericana. La historia de España es una perpetua conspiración Formó círculo – aquí estamos siempre en las mismas y los que mandan son todos iguales, la casta poderosa de las cien familias- con Aranguren al que llamabann Amarguren un profesor de Ética feo como el demonio quien le suspendió en la cátedra de Filosofía y tuvo que repetir aunque era del mismo curso y amigo de su hija, con Laín, con Dionisio Ridruejo el divisionario de la Azul que se hizo socialdemócrata y el gran Laín Entralgo. Ah cuando vengan los míos fue el grito y todo quedaría en agua de borrajas.
Las misas del P. Sopeña y Jesús Aguirre eran contestatarias. Empezaba el rollo de los cristianos de base. Cambiar todo para que todo siga lo mismo. Se aburría porque para él la misa tiene que comportar la magia de la eucaristía y los modos eran zafios y personeros. Era una misa cantada en lengua vernácula. Este aborrecimiento del latín a Remigio Bermejo le resultaba sospechoso. Sopeña oficiaba de preste asistido por el padre Jesús Aguirre de diácono y el padre Abel de subdiácono. En la homilía se habló de política del cambio. Aquello era una romería y el estado mayor desde donde se lanzaban consignas para la lucha estudiantil. Del templo salían algunos energúmenos derechos a tirar piedras a los grises. Luego venían las carreras, las reivindicaciones, la agitación propagandista. Algunos de aquellos sacerdotes se decían marxistas.
A la salida se encontró con el padre Abel al que conocía de Comillas.
—¿Tú por aquí?
—Pues sí
—Te creía muy lejos. ¿No te ibas a ir a misiones, Remigio?
—No me probaba.
El padre Abel, excelente poeta, eximio periodista que escribiría en “YA” era un soriano muy seco, pero buena persona que también fumaba tabaco negro y tenía la voz tomada. Se olía la tostada. Los curas se hacían socialistas y luego pasó lo que pasó. A Sopeña lo destituyó precisamente uno  de aquellos cachorrillos de la militancia de base quienes por entonces no habían dejado de ir los domingos a misa, y en la Universitaria por supuesto. Cuando se hicieron grandes se transformaron en tigres de Bengala, cría cuervos. Pero ustedes los curas todavía creen en dios, le escribió en una nota que le llegó con el cese del motorista. El padre Sopeña según cuentan se quedó de un aire, nunca sospechaba que aquel jovencito barbitaheño sobrino de don Salvador de Madariaga andando el tiempo se convertiría en el ideólogo del gobierno del Gran Filipo y posteriormente el jefe de los guardias de la Otanacabando en el “carnicero de Belgrado”. Joder con los psoatas.¡Qué dureza! Claro que de raza le venía al galgo: la proclamación de Madariaga como doctor honoris causa por Oxford sería uno de sus primeros reportajes. Lo fotografió en los claustros y bajo la torre del reloj de Fairfaix. Era un viejecito con lentes de montura de plata la nariz acaballada, y cara de mala leche que pronunciaba el castellano con propiedad pero con acento extgranjero pues se había pasado media vida en Ginebra  hablaba todas las lenguas de la masonería y por eso era llamado tal vez tonto en veinte idiomas, la toga algo remendada y una bufanda negra que le curaba el catarro, y el chambergo doctoral que era más grande que su persona pues era muy bajito y su mujer que le tiraba de la sotana para que no hablara con españoles franquistas. Era proverbial el odio hacia Francisco Franco de este autor historiador. Le habían encumbrado tan alto que el personaje en aquella vis a vis en la tarde de otoño del 72 le pareció algo ridículo. Dentro de la universidad famosa de Oxford debía de ser uno más y no se le daba tanta importancia como entre los hispanos. Dios te libre de los liberales. A Voltaire también lo mandaron a la guillotina sus propios discípulos. Estas historias se sabe cómo empiezan. Nunca como terminan.
Dejémonos de aparcerías y de chismorreo baratos. Hay que enjalbegar el alma perdonando a nuestros enemigos y eso cuesta
—No hay que hablar con herejes y empanadores Y ENALGRAMADORES. Tú a lo tuyo, sigue tu camino y no mires para atrás—había vuelto a escuchar la voz del Numen.
La tarde era plácida. Luscinia el ruiseñor del véspero trinaba su canción eterna en la copa de una acacia en la Plaza de Santa María Micaela. Él estaba en su cuarto del sexto piso de la calle presidente Carmona preparando un parcial de historia, consultando los apuntes garabateados con letra nerviosa durante el primer trimestre en los bancos de un aula de la Facultad de Filosofía y Letras. Echaba un pitillo celtas cortos cada dos horas para no dormirse ante el cuaderno Había sido un día tranquilo. Había visto a Marta. Su presencia había llenado la clase de aroma y juventud, usaba una colonia única especial, y de sonrisas. Lo miró desde su asiento de primera fila. Se quedó embobado y casi pierde los apuntes y los papeles. La amaba en secreto en un amor platónico a distancia. Pero ya se ponía el sol. Luscinia dejó de cantar en la cima de la acacia. Él no era más que un estudiante pobre hijo de un militar de baja graduación que escuchaba al padre Sopeña en los minutos religiosos antes de las noticias de las ocho en la Ser, tomaba apuntes y daba clases particulares de latín para ayudar en casa.

SATANÁS REINA EN EL MUNDO POR AHORA PERO AL FINAL LUZBEL SERÁ VENCIDO

Posted: 17 Jan 2019 02:53 PM PST


TIRSO DE MOLINA Y EL MITO DE DON JUAN

Posted: 17 Jan 2019 02:35 PM PST


TIRSO CREADOR DEL MITO DE DON JUAN
Se lamenta Valbuena Prats aquel gran profesor murciano al que los de mi generación, los del 68, tuvimos la suerte de escuchar sus magistrales lecciones de Literatura española en la Facultad de Filosofía de la Complutense- le recuerdo su cara alargada el pelo a cepillo el labio inferior un poco caído y luego bajaba con los alumnos a echar un cigarro, fumaba celtas largos, y beberse después de las clases una caña de tintorro o dos, era un hombre afable y bondadoso, catedrático republicano al que Franco respetó el oficio, ojos llorosos de tanto leer- de lo poco que se estima o se lee a nuestros autores del siglo glorioso. Don Ángel Valbuena Prats yo creo que superaba a Menéndez y Pelayo en ciencia histórica de nuestros clásicos que ya es decir.
Mientras que los ingleses tienen en cartel a Shakespeare todo el año por estos tesos Tirso de Molina a muchos jóvenes no les suena más que de oídas como una estación de metro madrileña. Pero yo me atrevería a decir (y también he leído al Cisne de Avon y a Spencer y a Milton) que toda el teatro inglés cabe en un sainete de Lope. Tanto éste como Tirso como Calderón crearon mundos y pusieron en pie personajes que tipifican al comportamiento. Tirso de Molina es el padre de Don Juan en la persona del “Burlador de Sevilla” que amplificaría tres siglos más tarde Zorrilla en su Tenorio. “Guárdense todos de un hombre que a las mujeres engaña y es el burlador de España”. Vivía en la calle Las Sierpes. “Ir de noche no quisiera por esa calle cruel”. Las Sierpes hispalense, Zocodover toledano, Perchel malagueño, el Potro cordobés, las madrileñas escaleras de San Felipe donde se daba la sopa boba, el Azoguejo segoviano con sus famosos perailes sin nada que hacer. Este ambiente es el mejor caldo de cultivo para la literatura oral tan parlanchina y sagaz que retrata a la sociedad del siglo de oro. Son cuentos y consejas que contaban las viejas orilla de las trébedes en las noches de inviernos, tradiciones y reminiscencias que llegaron de oriente y que sean quizás anteriores al propio cristianismo. La historia del galán y la calavera fue muy popular en la edad y la idea que refleja es luciferina, la de inaceptación de la muerte, el desafío a la divinidad. Los hechos ocurren la noche de Ánimas y el protagonista se salva por los pelos merced a un relicario “que le sirvió de defensa”. Joaquín Díaz el gran investigador y musicólogo haciéndose eco de una versión recogida en las Asturias santanderinas del valle de Tudanca canta así el romance:
“Por las calles de Madrid va un caballero a la iglesia.
Más va por ver a las damas que por oír las completas
Se ha acercado allí un difunto que está en imagen de piedra
Le ha agarrado de la barba y le dice de esta manera:
-¿No te acuerdas capitán cuando estabas en la guerra
Gobernando mil batallas, gobernando tus banderas?
Yo te convido esta noche a sentarte a la mi mesa
El difunto que no duerme en olvido no lo echa
A eso de la media noche llega el difunto a la puerta
Y le baja a responder un criado, ya estaba la mesa puesta
-Criado dile a tu amo que el convidado de piedra
al que convidó en San Francisco viene a cumplir la promesa.
Le acercaron una silla para que se siente en ella
Hace que come y no come, hace que cena y no cena
-Yo te convido mañana a cenar a la mi mesa
El caballero asustado al confesor le da cuenta.
El confesor le responde:
-Hijo comulga y confiesa y lleva este relicario que te sirva de defensa.
Al toque de la oración va el caballero a la iglesia
Ve dos luces encendidas y una sepultura abierta
-arrímate, caballero, ven acá y no temas
Tengo licencia de Dios de hacer de ti lo que quiera;
si no es por el relicario que traes para tu defensa
te habría de enterrar vivo maguer Dios vida te diera
porque otra vez no te burles de los santos de su iglesia”
Tres consideraciones sobre este viejo romance que yo escuché cantar por las calles de Madrid antes de que se instaurara entre nosotros la pánfila costumbres de Jalogüin en la tarde del día de Todos los Santos: tirar de la barba al convidada de piedra. Entre los españoles era un acto de provocación. Al Cid cuando le mesaron la barba saca la tizona y la emprende a mandobles contra los infantes de Carrión los seductores de sus hijas. Don Juan reta a la muerte y pregunta qué es lo que hay en el más allá pues no teme a nadie ni a nada y se pone el mundo por montera. Esta noción habría de traducirla en versos José Zorrilla: “Yo a los altos palacios subí yo a las chizas bajé y en todas partes dejé memoria infausta de mí”. El de Mañara viola a una novicia de vida consagrada (Zorrilla) doña Inés. En Tirso la burlada es doña Ana. Pero los muertos no comen ni beben. El convidado de piedra hace que cena y no cena. Y por último “in extremis” se salva gracias al relicario que le entregó el confesor antes de su entrevista, lo que indica la profunda religiosidad del pueblo español. La misericordia divina resarce la culpa más allá de la culpa del pecador redimido por la sangre del Hijo de Dios.
Don Juan guarda la reja de doña Ana de Ulloa y le vemos pasear arriba y abajo por la calle de las Sierpes a la luz de la luna. “Ir de noche no quisiera por esta calle cruel” dice el gracioso. Beba el cura y los demás con él.
A lo lejos se escucha el tañer de campanas funerales y el ruido que producen los aceros de las espadas entrechocadas cuando dos caballeros se baten por su dama. El honor era lo más precioso para aquella sociedad que lo prefería a la misma vida, a los hijos, a la familia y era un relicario frágil que anidaba en el pecho de las mujeres. Cuando se rompía era preciso lavar la afrenta con sangre. Este es el mar de fondo que late en las comedias de capa y espada, sword and dagger que decían los ingleses pero para el público madrileño que iba a los corrales del XVII eran comedias de enredo o de “atadero” y la leyenda de Don Juan, tan española también lo es. Los autores quillotraban lo suyo, se devanaban los sesos para urdir una trama precisa algo parecido a lo que hacen los que se dedican a la novela negra porque en la sociedad de hoy el “who-d-done-it” sirve para divertir a los ávidos lectores de los libros de intriga a lo Ágata Christie.
Pero coma de mis uvas, Pedroantón, coma de mis uvas, Hernán Alonso. Pero el vino que da a beber el convidado de piedra sabe a pega. La pez de la muerte ha bañado las cubas. Sin embargo nociones tan lúgubres las suaviza fray Gabriel Reyes con el adobo de un mesurado casticismo del fraile algo buscón que conocía el alma femenina: “mujer y callar son dos imposibles”. Al tiempo que traza semblanzas de la vida y costumbres de aquella corte de Felipe IV que conocía a la perfección. El pueblo era muy juerguista y las carnestolendas todas paraban en lo mismo: disfraces. Los caballeros de Flandes calzan botas por encima de la rodilla llegando casi hasta el muslo y sus escuderos marchan detrás con la corma. Mujer y mudanza tienen un principio mesmo, nos vuelve a advertir Tirso de Molina porque las palabras de amor se las lleva el viento y el verde arrayán hace de sus ramas celosías. Al tiempo se burla de los portugueses y gallegos tan “enamoradiños” que se derriten de amor y lloran lágrimas de sebo. El mercedario hablaba a la perfección el idioma de Camoens. ¿Dónde lo había aprendido? ¿También en el confesionario? La lengua lusitana se escuchaba por todos los ámbitos y era la segunda lengua de Madrid. Uno no puede menos de añorar aquellos tiempos cuando las coronas de Castilla y don Dionís latían al mismo son.
El donjuán de Tirso se representaba en los corrales como obra parcialmente cantada. El teatro de tirso arranca de ese venero popular que tiene una impresionante cargazón lírica:
Alamicos del Prado
Fuentes del duque
Despertad a mi niña
Para que me escuche
Decidla que compare
Con las arenas
Mis desdichas de amor y penas
Y pues vuestros arroyos saltan y bullen
Despertad a mi niña para que me escuche
O esta otra:
Al molino del amor
La tierna niña
Alegre va
Quiera Dios
Que vuelva en paz
Toronjil, murta y azahar
En el río de sus pensamientos
Unos vienen y otros van.
Madrid era entonces la corte de los milagros. Apaniguados de provincias vienen aquí a la procura de un momio, una prebenda, un cargo, un enchufe. Hay docenas de conventos donde dan la sopa boba y el de San Gil en el que profesó Tirso debía de ser uno de ellos. De boca de los desarrapados que se acercaban a la claustra buscando un pedazo de pan o algo de abrigo debió de conocer el gran dramaturgo la historia de los licenciados de los tercios de Flandes para los que la gloria de las viejas banderas se habían convertido en una cicatriz que vació su ojo o la bala de arcabuz que les dejó sin piernas. ¿No te acuerdas capitán cuando estabas en la guerra? O la hermosa de gran alcurnia que acabó en meretriz. Nuestro teatro del Siglo de Oro es como un retablo donde se plasman las costumbres los vicios y virtudes del ser español. La briba pulula y al anochecer con el toque de queda se recoge en su apatusco arropándose con viejas mantas o con meros trapos para conjurar el relente que llega de la sierra. Por las calles de Madrid va un caballero a la iglesia… aunque don Juan era sevillano la canción popular de este gran osado y calavera fija la acción del convidado de piedra. Lirio, lirio loco que diría Camoens.
Los españoles inventamos entre otras muchas cosas el mito de Don Juan. Es una pena que la anglomanía de nuestros políticos y toda esa prensa chabacana de curso legal les haya vedado a nuestros jóvenes acercarse a estas fuentes de conocimiento del gran teatro español.
Doña Esperanza Aguirre quiere que nuestros niños piensen en inglés, lean a Jane Austen que es un muermo o a los historiadores británicos que hacen antesala o buscan prebendas calumniando o tergiversando nuestras crónicas desde los reyes godos a la última guerra civil en la corte del rey Juan Carlos plagada de soplones, trincones, busconas que no se cansan de hacer el ganso y de hacer el bobo; entre bobos anda el juego.
Habría que rescatar del arcón del olvido y volver a representarlas las comedias de enredo o atadero de este gran Tirso cuyos diálogos no han perdido el sabor y las ideas chisporrotean en sus versos de poeta desenfadado que vuela la pluma por sus personajes con donaire. Esta literatura te hace sentir el orgullo de ser español y al Burlador de Sevilla yo se lo pasaría por los morros a muchos ignorantes y a esos hispanófobos del terruño trocados en anglómanos que tiran cantos contra su propio tejado.



doris lessing madre del feminismo tgorcaz murió en soledad a causa de una borrachera en londres

Posted: 17 Jan 2019 01:58 PM PST



DORIS LESSING  PREMIO NOBEL 07 POR ANTONIO PARRA
Recuerdo de una entrevista personal con la autora

A Doris Lessing le han dado el premio Nóbel. Esta señora británica nacida en Teherán  de familia judía es una especialista en escritura feminista. Su obra es un mundo visto por la mujer. Recuerdo haberla entrevistado en Madrid hace más de dos décadas con motivo de la promoción de uno de sus libros.  Cuyo titulo no recuerdo pero seguramente que deberá de ser uno de esos best seller para quedar bien. Estar a la page y en onda con el gran mundo etc. Todo ese convencionalismo anejo al mundo de “publish and be damned” del magnate de Fleet Street Lord Northcliffe pero hoy ¿quién publica? ¿Quién es el que matará al lobo feroz?  ¿Quién va a ponerle el cascabel al gato? Tralala. Debe de ser muy buena  esta señora pero muy aburrida. Tengo la sensación de que sus libros son de plomo. No se trata sin embargo más que de una opinión personal. Algo tendrá el agua cuando la bendicen. El lector español consume libros británicos. ¿Estamos sometidos al colonialismo anglosajón? Pues bien ya digo me alegro de que doña Doris haya conseguido el galardón tan apreciado pero no me voy a echar las campanas al vuelo ni descolarme con uno de esos panegíricos con mucho incienso de botafumeiro. La casa editorial o agente cuando yo me presenté para la entrevista a la escritora inglesa torció un poco el gesto pero  luego me dejó pasar.
-Tiene veinte minutos.
-Pues vale.
Dicho esto, puse en marcha mi grabadora no sin un cierto gesto de contrariedad pues me di cuenta de que me conocían y que como critico literario estaba en la lista negra. Nuevos amos. Nuevos caudillos. Ellos se lo guisan y ellos se lo coman. Yo me seguiré manteniendo al servicio de España y peleando por la verdad en un mundo hosco y a cara de perro cuando nada es fácil. Me persuade el convencimiento de que estos prácticos de la mentira no van a ganar y que al final la verdad de España y de mi fe saldrá airosa aunque no llamen de todo. Entre otras cosas nos tilden de sinvergüenzas.
Lo que recuerdo de aquella entrevista y del largo par de artículos que distribuyeron por periódicos provinciales era la claridad mental los ojos pardos y uno cabellos que empezaban a encanecer y que modestamente partía con raya en medio. Transmitía cordura, modestia, con algo bastante de timidez y buen aseo. No utilizaba maquillaje ni afeite alguno por lo que me recordaba no sé por qué a mi abuela. El griñón, toca, o almaizar le hubiera sentado a la señora muy bien, porque ya mandó san Pablo a las mujeres que se colocasen el velo y se callasen en misa, que se estuvieran quietas. Taceat mulier in sinagoga. Se debería por su aspecto con aquella falda pasada de moda que aparece en la foto de haber descolgado de alguna vieja foto de las militantes sufragistas que cruzaban por Picadilly las tardes de manifestación enarbolando una pancarta. Eran abstemias y tocadas de unos sombreros ridículos con flores como el que llevan las ladies del Salvation Army pero nunca las picasianas señoritas de Aviñón. y aporreaban el tan-tán al ritmo de “hijos sí maridos no”. Papeletas y consignas.
En esta época la literatura  y así nos lo hizo saber el gran Orwell ha caído en manos de los byliners.  ¿Qué es un byliner? Un maquetador de consignas, un troquel de frases hechas.  Una especie de corifeo o un corsita que las caza al vuelo. El vulgo en general piensa a través de lemas publicitarios y lo que le sugieren el título de algunas películas. La publicidad se ha convertido en propaganda. ¿Quién dominará el arte de la consigna para lavarles el cerebro a las masas?
La Lessing hace desde luego una novelística aseada. Todo en ella rezumaba modestia. Cuando yo vivía en mi tabuco de South Ken me compré un lote de libros suyos junto con otros de Graham Green publicados en la Penguin. Ni a Green ni a la Lessing fui capaz de hincarles el diente.  A uno, degustador de los buenos caldos en literatura, le gustan los vinos excelentes no el morapio perronero. Aun así y todo hasta es posible que me la den con queso.
 Doris Lessing es una autora de las cual se harán lenguas las feministas de este pais que no tuvieran la fortuna de haber nacido en Inglaterra como hubiera sido su deseo verbigracia doña Rosa Montero. También sus libros me aburren infinito pero claro hoy la literatura se recaba a través del marketing que acoda literatos o literatas mal entallados. Pongámosle un rodrigón y hagámosle caminar. Así y todo la novela no furrula.
 Estamos en manos de los byliners, de los que escriben comerciales y frases cebo a tanto la linea. Pero eso no es literatura oiga. Libros para la mujer. Bueno eso no deja de ser una gran idea pero el feminismo radical y reduccioncita parte de la base sectaria de dividir a la humano especie en macho y  hembra  en yin y en el yen. Dicotomías. Estamos en manos del separador y lo que dios ha unido no es bueno que el hombre lo destruya Separar y mucha anfibología panfletaria contra el machismo etcétera. Las feministas se proponían dignificar el papel de la mujer y algo se ha logrado desde luego opero seguimos al cabo de la calle en muchas cosas. En la violencia de genero que en parte atizan y larvan desde esos plantemientos falsamente redentores y del trafico de esclavas. El feminismo de la señora Lessing no ha acabado con este comercio animal.  Ni en las mujeres objetos tan liberadas. El mundo no cambia. Era así en los tiempos de los romanos. Uno se podía mercar una esclava nubia expuesta en sus lindezas en la catasta romana de la misma forma que por unos pocos euros se puede comprar una chica del este rusas búlgaras rumanas  pues según el refrán “la chupan con ganas”. Los premios nobeles tienen cada vez un carácter más político y propagandístico. Eso tiene que ver con la calidad literaria de los autores en la búsqueda de la belleza y de la palabra exacta. El garbo, el clímax. Todos esos valores que antaño iban a misa y se exponían en lo alto del celemín y hoy se venden dentro del arca. ¡Que se le va a hacer! Más ruido que nueces. Los premios están dados aunque esta vez no se lo dieron a Vargas Llosa que era de la cuerda. Cabe recordar que Cela se convirtió al judaísmo o poco menos para que se lo dieran. Asi y todo que nos sambeniten de antisemitas. Hoy por decir la verdad te llueven anatemas y empapelamientos por ese cabo. Uno sigue metido entre celajes. Los visillos del montante de mi tabuco me permiten apreciar los sones y las vistas de la vida misma: el susurro de la brisa en los sauces el canto de un jilguero el llanto de un niño. La poesía sigue su rumbo ajena a los avatares y constreñimientos imposiciones de la política y del mercado. Por eso hoy sigue siendo tan difícil ser artista. Cálzate mujer tus zapatillas de orillo que pueden convertirse por la magia del arte en el zapato perdido de Cenicienta. A mi me siguen atrayendo los cuerpos opacos. Admirador de la mujer me echo a temblar cuando escucho a las feministas de la eterna martingala de siempre hijos sí maridos no. En esas estamos. A  uno le puede dar el premio Nóbel de Literatura pero también hacerlo  Agente 007. Por esa fecha de un año cabalístico andamos si le ponemos delante un dos un yo delante para que el borriquito no se espante. Ya casi me siento  James Bond

EL PEREGRINO RUSO LIBRO DE ASCÉTICA RUSA

Posted: 17 Jan 2019 01:53 PM PST


EL STRAÑIK  PEREGRINO RUSO

Antonio Parra


Ya hemos dicho que NY es una ciudad mágica donde todo puede ocurrir y una de las vivencias que yo recuerdo es en una estación del metro del Lower East sombría algo mórbida y con esa iluminación de película de terror, pagado el token y habiendo introducido mi talle por el torno, vi por el andén paseando a un monje ruso. El inoj era alto y corpulento vestía una sotana gris sin cordones ni escapulario y una esclavina con vueltas de piel de zorro el pelo recogido atrás en un moño a la manera de los anacoretas del Monte Athos aunque en este las barbas no eran muy largas. Debería de haber llegado de alguno de esos famosos cenobios que conforman el anillo de oro que circunda como en cíngulo de plegaria y adoración a la vieja Moscú o provenía acaso del Caucaso siendo uno de los famosos eremitas residentes en el Cenobio de Balaam cuyos “staretzs” o idumeos que es como se llamaba a los abades en la ortodoxia inspiraron a los grandes maestros rusos del XIX. Pero el personaje que vi yo en el andén de Wall Street ¿Era un monje (inoj) o un strañik (peregrino ruso que hace su ruta)?
 De la misma forma que los literatos anglosajones son hijos de la Biblia y el Bookprayer Book y el Libre Examen los rusos son un producto espiritual de la Parábola del Buen Samaritano y del sembrador en el NT. Por eso, pienso yo, muchos de los libros de Tolstoi Turguenev Dostoyevski Chejov Andreiev o Gorki guardan una perfección melódica que tiene que ver con los troparios y antífonas de la liturgia eslavónica. Chejov y Tolstoi eran asiduos visitantes de ese monasterio de Vaalam perdido en la estepa. Eran los tiempos del deshielo y no había comenzado la perestroika pero aquel religioso se encontraba allí recién aterrizado llegado desde la Rusia profunda o desde las socarrenas o recovecos de mi imaginación, no sé, porque Manhattan es una ciudad mágica.
 Al verle sentí una sensación extraña como si fuera el resultado de una visión o de un aparecimiento producto de mis muchas vigilias leyendo a los maestros rusos y a este respecto me había entusiasmado una historia corta de Antón Chejov El monje negro. Sin embargo creo que aquel personaje era real. Desapareció en uno de los convoyes y no lo volví a ver más. Seguramente había descendido las gradas del metro neoyorquino desde las cumbres célicas de la Gran Pascua Rusa como una proyección sinfónica del arte  de Rimsky Korsakov. ¿Era el Peregrino Ruso? En las subsiguientes dominicas asistí a la divina liturgia de una de las iglesias ortodoxas de Manhattan pero no encontré con el “padrecito” de aspecto rechoncho y que debía de ser ese diacono de voz maravillosa que hace la octava baja en los coros por ejemplo de la Ópera Boris Godunov de Musorgsky. Ciertamente debería tratarse de ese peregrino ruso protagonista de una de las obras de mística más importantes que ha producido la cristiandad.
El “Peregrino Ruso” es a los orientales lo que el “Kempis” es a los occidentales un instrumento de santificación y una escuela de santos o de personas que buscan la perfección mediante la imitación de Xto. El peregrino ruso como todos los grandes libros de la humanidad es de autor anónimo. Es una autobiografía del perdedor del borracho redimido que cuando le entran ganas de beber abre una página de los evangelios para no caer en la sima del diablo en la botella. Es un personaje que camina por los caminos de la inmensidad rusa cojeando, entra en las isbas, bendice a las balbuzcas (abuelas) y alguna vez hasta hace un milagro pero sobre todo camina por el mundo con una oración en los labios “Jesús misericordia, ten piedad de mí”. Es la plegaria hesicasta. Una misma frase repetida miles de veces. La palabra glorifica a Dios y al hombre lo salva.
El cristianismo ruso se basa en el canto y la tradición no en la especulación teológica. Fides ex auditu. A través de la oreja el mensaje divino entra en el corazón y los pies se ponen en movimiento emulando las gastadas sandalias del pescador y en acatamiento de la norma apostólica “no llevéis saco ni pera ni bolsa, no os preocupéis por el qué se ha de comer o beber; mirad las aves del campo”. La vida del monje tiene algo de desapropio, de albacea testamentaria, un desasimiento, un defroque.  Igualmente al “strañik” le basta y le sobra un cayado, el libro de los evangelios, un mendrugo dentro del zurrón y unas pocas jaculatorias. Es el modelo del “inoj” o monje itinerante en oposición al anacoreta estático. Tanto el uno como el otro se sienten discípulos de Jesús. Occidente es apología y polémica gran pirámide y obra externa mientras el oriente es una huida hacia la belleza interior.  Por la senda de la filocalía que es una rama de la filosofía de los padres griegos. La exhuberancia y majestuosidad de Bizancio se enfrenta a la sequedad y rigor de los cánones latinos o los áridos manuales de moral. En cada caso una interpretación diferente de la espiritualidad otra manera de concebir el mundo. El peregrino ruso no se cansa de repetirnos constantemente que no dejemos de orar. Los textos sagrados son para él un talismán contra la presencia diabólica e incluso nos demuestra cómo a través de la lectura de pasajes del NT se puede llegar a abandonar la bebida. Radical. Haz el bien. No pierdas nunca la paciencia.
“No bebo ni vino ni sidra no me gusta la cerveza no tengo comercio con mujeres y asumo estas procedencias como fórmula de expiación de mis pecados” nos informa este pobre mendicante del siglo XVII que sirvió al zar como soldado quedó cojo en una pelea en una cantina vinolenta. Debía de ser uno de aquellos “raskolniki” o sectarios de una herejía fundamentalista que se opuso a al autoridad patriarcal moscovita. Iban de aldea en aldea y de isba en isba entonando el Akathistos bellísima himnodia mariana, una plegaria a la Virgen compuesta en Constantinopla en el siglo VII. Se atribuye la victoria sobre los escitas en tiempos del emperador Heraclio a la protección de la Virgen. La plegaria que consta de 24 estrofas se suele cantar de pie (de ahí el nombre de Akathistos) en cada una de las cinco cuaresmas en los templos ortodoxos.
 El peregrino ruso ya digo era cojo y tenía la mano seca pero adonde irá el buey que no are. Sanador misericordioso, imponía las manos, hablaba del Sermón del Monte a los desposeídos de la tierra a los mujiks de la gleba. Cristo se hizo amigo siempre de los de abajo. De los que conocen las adversidades y oprobios. Los que han de ir por la vida besando el látigo (knut) o encadenados a la gran armella de las cuerdas de presos camino de Siberia. De dolores sabe mucho el alma rusa. Que estuvo mirando a Cristo a lo largo de la historia. Se colocó bajo los brazos del crucificado. Lejos de él no hay salvación. Que quede bien nítido el mensaje en estos tiempos de prevaricación y de ataque a la religión predicada por el Galileo sin contemplaciones. Extra ecclesiam nulla salus. Fuera de la Iglesia no hay salvación.
Ni Mahoma ni Moisés ni Buda ni el Are Crisma. Jesús. Jesús. El misticismo del Peregrino inspirándose en la Escala del Paraíso que escribió un santo oriental nos dice que la vida de la santidad es un clímax (peldaño) de la renuncia. “Con frecuencia la infamia se cebará en el maestro y será necesario que soporte dolores y tentaciones en provecho de sus discípulos”. En espiritualidad el grado superior se gana no con lisonjas sino mediante el oprobio. Pero para soportar el sufrimiento que siempre ha de ser aceptado como expiación de nuestros pecados hará falta armarse con el coselete de la longanimidad. Únicamente el sufrimiento purifica y da autoridad.
 Sólo la cruz salva. Ese es el mensaje muy duro de aceptar y más en estos tiempos pero irrefragable. La literatura inglesa cuenta con una obra semejante pero escrita por un protestante, Bunyam. Se trata del Pilgrim Progress. También marca una serie de etapas antes de alcanzar la perfección del conocimiento. El puteschesveñik (viajero) suele dormir donde le pilla la noche. En los pajares o en los cementerios pagosti. Durante las largas jornadas va desgranando cuentas del rosario. Se le amontan en la cabeza los recuerdos de su vida. Hace memoria de su mujer que era algo casquivana e irreflexiva. De aquella noche en una taberna en que le robaron la cartera y el pasaporte. Esto era antes de su conversión. Ya hemos dicho que tenía el vicio de la bebida o aquella vez en que golpeado por un cochero (zvochik) estuvo a punto de perecer bajo las ruedas de un birlocho.
A veces confiesa que le embarga la nostalgia y que sus pensamientos se vuelven sombríos sobre todo desde que el diablo se le apareció un día metido en una botella de vodka. El alcoholismo es el azote del pueblo ruso y este libro ha servido para redimir con la abstinencia a los posesos por el infame vicio de la inmoderación etílica. Es de una sencillez y de una humanidad que estremece este buen muyik: “No sé si mi oración será acepta a los ojos de Dios pero cuando rezo siento una gran alegría y se me van los pensamientos malvados”. Por el contrario si le aflige la melancolía o se siente invadido por el flato de la desgana o el desconsuelo comenta que es una buena señal. El alma se está purificando. Siente una gran alegría al avistar desde lejos la torre de una gran catedral (sobor) con sus cúpulas de cebolla. El papel de la Iglesia ha sido, mírese como se mire, una tarea civilizadora frente a la barbarie. Roma. Bizancio. ¿Habrá una tercera Roma? En cualquier caso la respuesta es convertíos. Metanoite. Emigrantes, bautizaos. Vivimos en un mundo nuevo.
 Así nos informa que en la laura cenobítica de Pereskoia de Kiev, detecta como la presencia de una huella milagrosa. Amar es creer y sin fe ni esperanza la vida resulta muy triste, nos viene a decir. A veces en sus manifestaciones el Peregrino Ruso resulta conmovedor como por ejemplo cuando invoca a la Trinidad y pide a Jesús, hijo de Dios, que cancele sus culpas. Hay en el texto grandiosidad dentro de la sencillez y una gran congruencia así como ilación evangélica. Sus páginas son sencillas y sublimes. Todo lo bello es cristiano nos viene a decir. La belleza es hija de Dios y este es el gran secreto de la Filocalía que ha sido sólo entregada solamente a una de las tres religiones del Libro, al cristianismo. Las otras dos sus hermanas no sé por qué la calumnian y escarnecen tanto. Acaso porque sea la verdadera.
Ahora al cabo de muchos años y hojeando los deliciosos capítulos de este librito me pregunto cómo llegaría aquel monje ruso hasta la Ciudad de los Rascacielos desde las lauras de los Urales donde se halla el monasterio de Vaalam. ¿Caminando sobre las aguas como buen discípulo de su Señor? No. Desde luego no era un espectro.  A Cristo se le puede seguir de muchas maneras incluso a la pata coja de taberna en taberna y de tugurio en tugurio hablando con las putas y con los borrachos pero abriendo a todos los humanos un horizonte de salvación. Soteriología pura. El monje ruso fue mi alfaqueque que pagó por mis rescates en una ciudad tan laica y entrañable como Nueva York desembarazándome de las garras de mi peor enemigo que soy yo mismo.

16/01/2007                


ESTAN LANZANDO UNA CAMPAÑA DE CRISTOFOBIA POR LA RED

Posted: 17 Jan 2019 01:42 PM PST

los judios vuelven a crucificar a cristo con esta imagen

tomado del Guardian London


Israeli museum to remove McJesus sculpture after protests

Work depicting Ronald McDonald as crucified Jesus had sparked violence in Haifa
McJesus, by the Finnish sculptor Jani Leinonen
 McJesus, by the Finnish sculptor Jani Leinonen, was part of an exhibition at the Haifa Museum of Art. Photograph: Oded Balilty/AP
An Israeli museum plans to withdraw a sculpture depicting the McDonald’s mascot as the crucified Jesus following protests that briefly united the country’s Christian minority, its populist culture minister and the pro-Palestinian artist.
The life-sized sculpture, titled McJesus, showing the Ronald McDonald clown on a cross has been at the centre of an exhibition about consumerism and religion. Other pieces depict Jesus and the Virgin Mary as the Ken and Barbie children’s dolls.
Protests became violent last Friday, when police arrested one man on suspicion of assault and searched for two other people who had thrown firebombs at the Haifa Museum of Art.
Three police officers were hurt as dozens of protesters tried to forcibly enter the museum, police said. Panes of glass along its entrance were smashed. Protests continued on Saturday.
“I object to this disgraceful sculpture,” said Nicola Abdo, a Haifa resident and protester. “As a Christian person ... I take deep offence to this depiction of our symbols.”
The mayor of the Jewish-Arab city of Haifa said on Thursday that the sculpture would be taken out of the exhibition following consultations with church leaders.
“The sculpture will be removed and returned as soon as possible,” Einat Kalisch-Rotem tweeted. “We regret the aggravation the Christian community experienced ... and the physical injury and violence that surrounded it.”
She did not say when it would be removed, but it had been due to be returned to the Finnish museum that had loaned it at the end of the month.
McJesus sculpture in Haifa Museum of Art
Pinterest
 The McJesus sculpture was part of an exhibition about consumerism and religion at the Haifa Museum of Art. Photograph: Oded Balilty/AP
Christian Arabs, who make up about 25 of the Jewish majority country’s population, found a champion for their anger in Miri Regev, the culture minister whose censure of art deemed pro-Palestinian has made her a darling of the Israeli right.
Citing the injury to religious sensitivities, Regev had threatened to cut state funds to the museum. Israel’s Justice Ministry slapped her down, arguing she had no such authority.
The McJesus sculptor, Jani Leinonen, from Finland, had also demanded that the work be removed as he was boycotting Israel in solidarity with the Palestinians.
Others saw in Thursday’s decision a chance for reconciliation.
“The winner today is the people of Haifa,” said Wadie Abu Nassar, an adviser to local church leaders.
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san Antón ruega por nos

Posted: 17 Jan 2019 01:30 PM PST


















CUATRO GATOS POR SAN ANTON LA FIESTA DE LOS BURROS VA A MENOS

Posted: 17 Jan 2019 06:03 AM PST










San ANTON

Cuatro gatos y algún perro a día de hoy con la banda musical que amenazaba la calle Farmacia con pasacalles. El padre Ángel hisopaba en desolación cada vez viene menos gentes, la antigua iglesia de escolapios hecha un muladar entre ladridos y música de órgano una ONG. Yo tengo mis dudas de que la función de la iglesia sea corporal menos que espiritual. ¿Dónde está el magisterio, la sacralidad del rito Romano, la sabiduría divina y la imitación de Cristo? Si quieres ayudarle a un hombre no le des dinero casa comida para vicios. Vistelo si va desnudo, calzalo si descalzo, pero enséñalo a ganarlo y a haz de él un ciudadano de provecho que se busque la vida pues Dios está arriba y el ser humano abajo. Eso se llama caridad y justicia social todo lo contrario del buenismo y del lumpen lampando por nuestras calles, una maquina de aventar el crimen y la injusticia. El Madrid de la señora Carmena que dicen que lleva las bragas sucios con palominos por su diarrea mental está hecho una pena. Hay basura hasta en los tejados. Parece ser que esta imagen de la capital de las Españas como estercolero social y político les viene bien a los Mandiles porque de destruir España cuna de una civilización es lo que se pretende. Roguemos al glorioso san Antón que ponga el cayado para que dejen de gruñir en la cohorte. El cerdo del santo anacoreta era el diablo que vino a tentarle disfrazado de cochinillo. Hoy los burros celebraban su onomástica, zorros, grullas y garzas y periquitos.


















se llamaba juan josé parra galindo murio de tos ferina en 1947. LLANTO POR MI HERMANITO MUERTO

Posted: 16 Jan 2019 11:37 PM PST
























BALADA TRISTE DE NAVIDAD.  AQUELLA NOCHEBUENA EN QUE PERDÍ A MI HERMANITO

antonio parra


Se llamaba Juan José y era el que me seguía.  Antes venía Henar la mayor. Dios también se la llevó.  Angelitos al cielo.  Por aquellos días de posguerra no paraba de sonar en los campanarios el cimbel del oficio del párvulo.  El entierrillo.  La lúgubre música de bronce del campanil se perdía por el horizonte. Eran entierros blancos.  Sólo se había muerto un niño.  Los sacerdotes oficiaban todo de blanco.  El luto por los infantes pero en aquellos decesos la muerte de guante blanco mostraba sus garras, no menos contundente y cruel. Vidas que se cortan nada más nacer.  El filo de la guadaña tétrica que yugula un hilo en ciernes.  Nunca comprenderé el dolor de los inocentes.  Parece ser, sin embargo, que en la vida moderna tiene un papel relevante Herodes y todos los días es 28 de diciembre.  Suena a clamor la campana.  La espada de sus soldados entra a degüello contra los que tuvieron culpa ninguna y acaso por eso porque sus vidas no presentan mancilla son sacrificados.  Esto es algo más que un mito.  Toda una realidad de la existencia humana.
 En la tradición eclesiástica visigótica era la más pequeña de la torre, la de los niños, en los campanarios españoles y recibe el nombre de cimbalillo, y los rusos la denominan la kolokolcha(campanita).
  Por aquellos días de hambre y de muchas enfermedades, cuando no había sido descubierta la penicilina un simple catarro una diarrea llevaba para el otro mundo seres que aún no habían empezado a vivir. La muerte de mi tierno hermanito al que amortajaron no con una cruz sino con un angelito entre los dedos frágiles fue el precedente de unas navidades tristes de unas navidades que para mí supusieron un trauma toda la vida.  Señor por qué? por qué?

  Es una duda escabrosa que acecha al depósito de la fe pero estas dudas se resuelven con el principio de que la naturaleza es pródiga y selectiva.  De millones de óvulos sólo uno fecunda.  De miles de flores del manzano únicamente unas pocas se colman.  De las semillas que lanza el sembrador sobre el surco sólo germinan un 80 por ciento.  De los cigoñinos en el nido de la torre que suelen ser dos uno sobrevive y es su hermano más fuerte el que lo arroja al vacío.  La naturaleza elige a los más fuertes y a los que más luchan. Principio de selección biológica.  Inexorables leyes terribles de la naturaleza y violencia desde el principio que me hacen arrodillarme a los pies del Crucifijo y preguntarle:
-Señor  por qué?  Tú no puede ser el asesino.  Eres el dador de vida. Sin embargo, una visita al oncológico infantil de cualquier hospital o un repaso a los miles de negritos que mueren desnutridos en el África es para qué los hombres de buena fe nos hagamos la pregunta de qué pecado habrán cometido.
No es Dios la bondad y la potencia infinita?
No hay respuesta, desde luego.  Es el silencio de Dios.  Su rostro se oculta. Ese silencio divino alienta un misterio teológico que ha afligido a muchos santos y esa cuestión pertenece al arcano de sus inescrutables designios.  Cuando llegan las nochebuenas  yo me pongo triste y pienso en mi hermanito.
  Fue por las fiestas de la patrona.  Vino mi padre del cuartel. Trajo con el machacante un saco de chuscos para todos los que vivían en aquella finca de alquilados: los carneritos, Gabriel el cojo al que habían fusilado un hermano por socialista, la señora Antonia Sabaté la de Lérida que vino refugiada a Segovia- vinieron en una camioneta de Intendencia tras la batalla del Ebro contando horrores y suplicios- de donde era su marido con su familia después de un bombardeo en que sus hijos Quico, Agus, la Juani se agarraban a sus faldas y gritaban en catalán:
Mame... mame.
En el piso de arriba habitaban la Maruja y la Carmen dos solteronas muy beatas.  De vez en cuando invitaban a merendar chocolate con picatostes al deán de la catedral u otros miembros del cabildo.  Cuando cruzaban el portal los niños ibamos a besarles la mano.  Los curiales nos dispensaban de esta obligación al ver nuestras narices cubiertas de mocos.
-A jugar niños, darse ligeros.
Algún canónigo se dignaba regalarnos caramelos o una estampita para que fuésemos buenos.
  Abajo del todo en el sótano que daba la huerta recibía la Felina que había sido miliciana.  Ella vivía en un cuarto de atrás y ahora ejercía el oficio más antiguos del mundo.  Una hilera de hombres hacían cola en el descansillo los domingos delante de su puerta.  Mamá nos había prohibido que bajásemos por aquella escalera.

  Matías, un extremeño que no sabía decir paladar decía el cielo de la boca u era algo zopo por lo que en la batería le apodaban el tuercebotas que así se llamaba el machaca o asistente de papá entre las vecindonas repartió los chuscos y algún salazón, varias latas de sardinas, unos arenques, un poco del rancho frío, las sobras de Mayorías, entre los vecinos y en la Casa de la Troya hubo fiesta con los aguinaldos de Santa Bárbara.  Hubo jolgorio en la corrala mientras Juanín  agonizaba por primera y última vez.

  Agus la catalana quería llevarme con ella a su casa pero yo me resistía a salir, me agarraba a los barrotes de la cuna del niño.  Cuando había nacido Juan José me dijeron que la cigüeña lo trajo volando por los aires en un cajón y yo cuando veía una cigüeña apuntaba al cielo y decía... esa... esa ha sido.  Busqué también como loco el cajón donde vino.  Dentro de la hornacha debajo de la cama turca.  En los altillos.  Y nada.  Se había criado Juanjo sano y rollizo.  Pesó al nacer casi cinco kilos y yo le hacía carantoñas, le quería mucho pues cuando mi madre le daba la papilla siempre caía alguna cucharadita.
-Mamá ¿me das un poco?
-     Ten.
  Aquel condimento sabía muy dulce.  El niñín engordó.  Era muy sonriente y risueño.  Hacía ajitos y gracias.  A serrín a serrán los mozucos de san Juan y hasta comprendía el juego del puño-puñete-quítale y vete.
 Pero un día empezó a toser. Su frente ardía pore la fiebre. El cuello se le quedaba rígido. Era la meningitIs que enseñaba sus dientes carnívoros de una ferocidad irreparable. Los atacados por el temible virus no duraban ni cuarenta y ocho horas. Éste aguantó casi una semana.  En plena noche se encendía la bombilla del cuarto de mis padres habitación única pues vivíamos con derecho a cocina.  A mi hermanito no se le pasaba la tos.  Se le agarrotaban los pulmones.  Un llanto infinito que traspasaba el corazón.  Papá decía ay hijo ay mi hijo.  Y mi padre lo tomaba en brazos y lo arrullaba en una manta  paduana de esas de los soldados con las que pelaban guardias e imaginarias antiguamente los centinelas de España.
-Ay mi niño. Ay mi hijo. Se nos muere, se nos muere, Juanita.
Mi madre sentada en el borde de la mama no decía palabra mientras mi padre  estaba  paseando por la habitación.
  El pequeño debía de sufrir y mi padre ea... ea... ea acunandolo sobre sus brazos.  Las toses iban a mal. Nunca olvidaré aquella tos perruna con síntomas de asfixia. Eran más graves y prolongadas las congestiones.  Por  la casa empezó a oler a boticas.  Un practicante militar venía de vez en cuando a ponerle una inyección en la barriguita, el paciente se revolvía de dolor.  Y la cocina de carbón ardía  día y de noche.  Para calentar agua y las planchas de hierro y para las cataplasmas. Que me lo medio abrasaron al pobre hijo.  De nada servían estas curas de caballo.  Juanjo se nos moría.  Yo no sabía lo que esta palabra significaba pero ne la imaginaba algo horrible, tenebroso. Hasta que una mañana vino de urgencia don Samuel el médico (recuerdo bien la marca de aquel coche negro en que giraba visita a sus dolientes; era un Balilla italiano) y dio el diagnóstico fatídico: meningitis. Aquella prognosis era una condena a muerte y mejor que Dios se lo llevara porque si sobrevivía el meningitis quedaría tonto o paralítico.
  No había nada que hacer.  Mi madre lo arropó en la manta y lo subió hasta los franciscanos donde había un san Francisco milagroso.  Pasó al niño por le habito del santo.  Pero no había nada que  hacer.  No era esa la voluntad de Dios. Al poco el enfermito entró en agonía.  Mi padre seguía pasándolo por toda la casa arropada en aquella manta cuartelera que había batido tantas escarchas y cubierto a muchos muertos cuando la guerra y aplacado el dolor de tantos heridos:
-Ay mi niño.  Que se me muere mi niño.
Vinieron las convulsiones de la agonía y al poco tiempo expiró pasada una tos ronca como perruna y luego se fue con una sonrisa en los brazos del que le había engendrado.  Angelitos al cielo. Trajeron los de la funeraria un ataúd blanco y a Juan José lo amortajaron con su faldón de cristianar una rebequita con unas cintas azules y se llamó a un fotógrafo pues era entonces costumbre retratar a los niños que se morían. Mi padre siempre llevaría durante muchos años aquel retrato en la cartera. La casa dejó de oler a boticas y a cataplasmas y se inundó de flores y de coronas parta los muertos.  La luz de diciembre bañaba los muebles de la humilde sala llena de avíos melancólicos.  Luego a primera hora de la tarde no se me olvida se paró delante de la casa un coche de caballos negros.  Aquellos jamelgos eran enormes. Una alzada gigantesca que casi llegaba hasta los cielos pero héticos, casi famélicos, el cochero de las pompas fúnebres no les daba mucha cebada y por los cuartos traseros se les salían los ijares.  Estaban los animalitos en los puros huesos.  Con unos penachos de plumas negras parecían buitres de mal agüero.  Y dentro de aquel carruaje introdujeron el blanco y minúsculo féretro de mi hermano.
-Adónde le llevan, mamá?
Entre sollozos pobre mujer contestó a mi pregunta:
-Al cielo, Antoñito, al cielo.
-Volverá pronto verdad?
-Claro hijo pues claro.
-Y el cielo donde está?
-Ahí arriba.  Estará bien con Dios y la Virgen y su ángel de la guarda.
Mi madre empezó a musitar en un llanto que era alarido la famosa plegaria: cuatro esquinitas tiene mi campana cuatro angelitos que me acompañan
En ese instante vino Agus la catalana y casi a rastras me sacó del velatorio. Yo daba patadas.  No me quería mover de allí.
-Yo quiero ir también al cielo, Agustina, con el niño.  Yo quiero ir con Juanjo (le habíamos empezado a llamar así) para que  no se lo llevan los hombres malos en el carro negro.

Apañé una  perra morrocotuda, una de las llantinas peores de mi vida.  El llanto y los berridos me  duraron dos horas mi pico pero ni Agus ni la señora Antonia la leridana se atrevieron a darme un azote. Hablaban en catalán evidenciando su pena y su compasión hacia mí.  Cuando regresé a mi hogar la cuna de mi hermanito estaba vacía pero como recién hecha como si mi madre  fuera a acostar de un momento a otro a nuestro niño que se había ido para siempre.
  Yo creía que mi hermanito no podría estar mucho tiempo en el cielo y estar lejos de mí que le hacía ajitos le hacía aserrín aserrán campanitas de san juan  y hasta probaba un cacho de su papilla cucharadita cucharadita viene pues yo también me crié bastante hermoso y rollizo.  Si la cigüeña lo había traído en un cajón y ahora se lo habían llevado en una caja Juanjo no debería de estar muy lejos.  Levanté las colchas a las camas, miré debajo de los cojines, descorrí la cortina de la hornacha, alcé la tapadera de la tinaja pero para mi desconsuelo mi hermano no estaba allí. 
Al día siguiente cayó una gran nevada.  Segovia se revistió de un manto de albor purisimo igual que el de la capa del cura que había oficiado el entierrillo.  Miré al cielo azul purisimo tras la nevasca y contemplé la belleza del cielo.  Pensé que aquel debía de ser un buen lugar.  Y entendí porque mi hermano no quería volver.  Estaba jugando con los ángeles en el cielo.
Fueron unas navidades tristes, sin embargo, sin portal de Belén y cerca de la cuna vacía las de hace sesenta y dos años.  Sin cantos sin pandereta.  Estábamos de luto.  De luto blanco.
  El nacimiento y el entierro de mi hermano fueron las primeras cosas que recuerdo de mi vida.  Vivencias asociadas a dos palabras el cajón de la cigüeña y la caja mortuoria.  Símbolo del hombre en su elipsis por la tierra de la cuna a la sepultura.  Angelitos al cielo.  Juano donde quiera que esté sabrá que le eché de menos toda mi vida.  Tenía tan sólo año y medio menos que yo.  Hubiéramos sido dos buenos amigos.  Ay, ay mi hijo.  Oigo la voz de mi padre quien desde el cielo también le llama.
3 de diciembre de 2008


7

Posted: 16 Jan 2019 11:17 PM PST

MISA DE SAN ANTON. SE OFRECE ESTA LITURGIA POR EL ETERNO DESCANSO DE CAMILO JOSÉ CELA GRAN ESCRITOR Y AMIGO MIO 1917-2002 QUE FALLECIÓ HOY CABO DE AÑO 17 ANIVERSARIO

















S. S. Antonii Abbatis ~ III. classisTempora: Feria V infra Hebdomadam I post Epiphaniam

Sancta Missa

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Ante Missam


Incipit
In nómine Patris, ✝︎ et Fílii, et Spíritus Sancti. Amen.
2
Beginning
In the Name of the Father, and of the Son, ✝︎ and of the Holy Ghost. Amen.
S. Introíbo ad altáre Dei.
M. Ad Deum, qui lætíficat iuventútem meam.
S. Iúdica me, Deus, et discérne causam meam de gente non sancta: ab hómine iníquo et dolóso érue me.
M. Quia tu es, Deus, fortitudo mea: quare me reppulísti, et quare tristis incédo, dum afflígit me inimícus?
S. Emítte lucem tuam et veritátem tuam: ipsa me deduxérunt, et adduxérunt in montem sanctum tuum et in tabernácula tua.
M. Et introíbo ad altáre Dei: ad Deum, qui lætíficat iuventútem meam.
S. Confitébor tibi in cíthara, Deus, Deus meus: quare tristis es, ánima mea, et quare contúrbas me?
M. Spera in Deo, quóniam adhuc confitébor illi: salutáre vultus mei, et Deus meus.
S. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
M. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper: et in saecula sæculórum. Amen.
S. Introíbo ad altáre Dei.
M. Ad Deum, qui lætíficat iuventútem meam.
3
P. I will go in unto the altar of God.
S. To God who giveth joy to my youth.
P. Judge me, O God, and distinguish my cause from the nation which is not holy: deliver me from the unjust and deceitful man.
S. For Thou, O God, art my strength: why hast Thou cast me off? and why go I sorrowful whilst the enemy afflicteth me?
P. Send forth Thy light and Thy truth: they have conducted me and brought me unto Thy holy mount, and into Thy tabernacles.
S. And I will go into the altar of God: to God who giveth joy to my youth.
P. To Thee, O God, my God, I will give praise upon the harp; why art thou sad, O my soul, and why dost thou disquiet me?
S. Hope in God, for I will still give praise to Him: the salvation of my countenance and my God.
P. Glory be to the Father, and to the Son, and to the Holy Ghost.
S. As it was in the beginning, is now, and ever shall be, world without end. Amen.
P. I will go in unto the altar of God.
S. To God who giveth joy to my youth. 
V. Adiutórium nostrum ✝︎ in nómine Dómini.
R. Qui fecit coelum et terram.
Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli Archángelo, beáto Ioánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, ómnibus Sanctis, et vobis, fratres: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et opere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michaélem Archángelum, beátum Ioánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et vos, fratres, orare pro me ad Dóminum, Deum nostrum.
M. Misereátur tui omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis tuis, perdúcat te ad vitam ætérnam.
S. Amen,
M. Confíteor Deo omnipoténti, beátæ Maríæ semper Vírgini, beáto Michaéli Archángelo, beáto Ioánni Baptístæ, sanctis Apóstolis Petro et Paulo, ómnibus Sanctis, et tibi, pater: quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et opere: mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa. Ideo precor beátam Maríam semper Vírginem, beátum Michaélem Archángelum, beátum Ioánnem Baptístam, sanctos Apóstolos Petrum et Paulum, omnes Sanctos, et te, pater, orare pro me ad Dóminum, Deum nostrum.
S. Misereátur nostri omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis nostris , perdúcat nos ad vitam ætérnam.
R. Amen.
S. Indulgéntiam, ✝︎ absolutionem et remissiónem peccatórum nostrórum tríbuat nobis omnípotens et miséricors Dóminus.
R. Amen.
4
P. Our help ✝︎ is in the Name of the Lord.
S. Who made heaven and earth.
P. I confess to almighty God, to the blessed Mary ever Virgin, blessed Michael the Archangel, blessed John the Baptist, the holy Apostles Peter and Paul, to all the Saints, and to you, brothers, that I have sinned exceedingly in thought, word, and deed, through my fault, through my fault, through my most grievous fault. Therefore I beseech the blessed Mary, ever Virgin, blessed Michael the Archangel, blessed John the Baptist, the holy Apostles Peter and Paul, all the Saints, and you, brothers, to pray to the Lord our God for me.
S. May almighty God be merciful to thee, and forgiving thy sins, bring thee to everlasting life.
P. Amen.
S. I confess to almighty God, to the blessed Mary ever Virgin, blessed Michael the Archangel, blessed John the Baptist, the holy Apostles Peter and Paul, to all the Saints, and to you, Father, that I have sinned exceedingly in thought, word, and deed, through my fault, through my fault, through my most grievous fault. Therefore I beseech the blessed Mary, ever Virgin, blessed Michael the Archangel, blessed John the Baptist, the holy Apostles Peter and Paul, all the Saints, and you, Father, to pray to the Lord our God for me.
P. May almighty God be merciful to us , and forgiving thy sins, bring us to everlasting life.
S. Amen.
P. May the ✝︎ almighty and merciful Lord grant us pardon, absolution, and remission of our sins.
S. Amen. 
V. Deus, tu convérsus vivificábis nos.
R. Et plebs tua lætábitur in te.
V. Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam.
R. Et salutáre tuum da nobis.
V. Dómine, exáudi oratiónem meam.
R. Et clamor meus ad te véniat.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
Orémus,
Aufer a nobis, quaesumus, Dómine, iniquitátes nostras: ut ad Sancta sanctórum puris mereámur méntibus introíre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Orámus te, Dómine, per mérita Sanctórum tuórum, quorum relíquiæ hic sunt, et ómnium Sanctórum: ut indulgére dignéris ómnia peccáta mea. Amen.
5
P. O God, Thou wilt turn again and quicken us.
S. And thy people shall rejoice in Thee.
P. Show us, O Lord, Thy mercy.
S. And grant us Thy salvation.
P. O Lord, hear my prayer.
S. And let my cry come before Thee.
P. The Lord be with you.
S. And with thy spirit.
Let us pray.
Take away from us our iniquities, we beseech Thee, O Lord, that we may be worthy to enter with pure minds into the Holy of Holies, through Christ our Lord. Amen.
We beseech Thee, O Lord, by the merits of Thy Saints, whose relics are here, and of all the Saints, that Thou wouldst vouchsafe to forgive me all my sins. Amen.
Introitus
Ps 36:30-31.
Os iusti meditábitur sapiéntiam, et lingua eius loquétur iudícium: lex Dei eius in corde ipsíus.
Ps 36:1
Noli æmulári in malignántibus: neque zeláveris faciéntes iniquitátem.
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in saecula saeculórum. Amen
Os iusti meditábitur sapiéntiam, et lingua eius loquétur iudícium: lex Dei eius in corde ipsíus.
6
Introit
Ps 36:30-31
The mouth of the just man tells of wisdom, and his tongue utters what is right. The law of his God is in his heart.
Ps 36:1
Be not vexed over evildoers, nor jealous of those who do wrong.
V. Glory be to the Father, and to the Son, and to the Holy Ghost.
R. As it was in the beginning, is now, and ever shall be, world without end. Amen.
The mouth of the just man tells of wisdom, and his tongue utters what is right. The law of his God is in his heart.
Kyrie
S. Kýrie, eléison.
M. Kýrie, eléison.
S. Kýrie, eléison.
M. Christe, eléison.
S. Christe, eléison.
M. Christe, eléison.
S. Kýrie, eléison.
M. Kýrie, eléison.
S. Kýrie, eléison.
7
Kyrie
P. Lord, have mercy.
S. Lord, have mercy.
P. Lord, have mercy.
S. Christ, have mercy.
P. Christ, have mercy.
S. Christ, have mercy.
P. Lord, have mercy.
S. Lord, have mercy.
P. Lord, have mercy. 
Gloria
Gloria in excelsis Deo Et in terra pax homínibus bonæ voluntátis. Laudámus te. Benedícimus te. Adorámus te. Glorificámus te. Grátias ágimus tibi propter magnam glóriam tuam. Dómine Deus, Rex coeléstis, Deus Pater omnípotens. Dómine Fili unigénite, Iesu Christe. Dómine Deus, Agnus Dei, Fílius Patris. Qui tollis peccáta mundi, miserére nobis. Qui tollis peccáta mundi, súscipe deprecatiónem nostram. Qui sedes ad déxteram Patris, miserére nobis. Quóniam tu solus Sanctus. Tu solus Dóminus. Tu solus Altíssimus, Iesu Christe. Cum Sancto Spíritu ✝︎ in glória Dei Patris. Amen.
8
Gloria
Glory be to God on high, and on earth peace to men of good will. We praise Thee. We bless Thee. We adore Thee. We glorify Thee. We give Thee thanks for Thy great glory. O Lord God, heavenly King, God the Father almighty. O Lord Jesus Christ, the only begotten Son. O Lord God, Lamb of God, Son of the Father. Who takest away the sins of the world, have mercy on us. Who takest away the sins of the world, receive our prayer. Who sittest at the right hand of the Father, have mercy on us. For Thou only are holy. Thou only art the Lord. Thou only art most high, O Jesus Christ. Together with the Holy Ghost ✝︎ in the glory of God the Father. Amen. 
Oratio
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spiritu tuo.
Orémus.
Intercessio nos, quǽsumus Domine, beati Antonii Abbatis commendet: ut, quod nostris meritis non valemus, eius patrocinio assequamur.
Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.
9
Collect
V. The Lord be with you.
R. And with thy spirit.
Let us pray.
May the intercession of the blessed Abbot Anthony, commend us to You, O Lord, so that through his merits we may obtain that which we cannot accomplish by our own.
Through Jesus Christ, thy Son our Lord, Who liveth and reigneth with thee, in the unity of the Holy Ghost, ever one God, world without end.
R. Amen.
Lectio
Lectio libri Sapientiæ.
Eccli 45:1-6
Diléctus Deo et homínibus, cuius memória in benedictióne est. Símilem illum fecit in glória sanctórum, et magnificávit eum in timóre inimicórum, et in verbis suis monstra placávit. Glorificávit illum in conspéctu regum, et iussit illi coram pópulo suo, et osténdit illi glóriam suam. In fide et lenitáte ipsíus sanctum fecit illum, et elégit eum; ex omni carne. Audívit enim eum et vocem ipsíus, et indúxit illum in nubem. Et dedit illi coram præcépta, et legem vitæ et disciplínæ.
R. Deo gratias.
10
Lesson
Lesson from the book of Ecclesiasticus
Ecclus 45:1-6
Beloved of God and men, whose memory is held in benediction. He made him like the Saints in glory, and magnified him in the fear of his enemies, and with his words He made prodigies to cease. He glorified him in the sight of kings, and gave him Commandments in the sight of his people, and revealed to him His glory. He sanctified him in his faith and meekness, and chose him out of all flesh. For He heard him and his voice, and brought him into a cloud. And, face to face, He gave him the Commandments, the law of life and understanding.
R. Thanks be to God.
Graduale
Ps 20:4-5
Dómine, prævenísti eum in benedictiónibus dulcédinis: posuísti in cápite eius corónam de lápide pretióso.
V. Vitam pétiit a te, et tribuísti ei longitúdinem diérum in sǽculum sǽculi. Allelúia, allelúia
Ps 91:13
Iustus ut palma florébit: sicut cedrus Líbani multiplicábitur. Allelúia.
11
Gradual
Ps 20:4-5
O Lord, You welcomed him with goodly blessings, You placed on his head a crown of pure gold.
V. He asked life of You: You gave him length of days forever and ever. Alleluia, alleluia.
Ps 91:13
The just man shall flourish like the palm tree, like a cedar of Lebanon shall he grow. Alleluia.
Evangelium
Munda cor meum, ac labia mea, omnípotens Deus, qui labia Isaíæ Prophétæ cálculo mundásti igníto: ita me tua grata miseratióne dignáre mundáre, ut sanctum Evangélium tuum digne váleam nuntiáre. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
Iube, Dómine, benedícere. Dóminus sit in corde meo et in lábiis meis: ut digne et competénter annúntiem Evangélium suum. Amen.
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
Sequéntia ✠︎ sancti Evangélii secúndum Lucam.
R. Gloria tibi, Domine!
Luc 12:35-40
In illo témpore: Dixit Iesus discípulis suis: Sint lumbi vestri præcíncti, et lucernæ ardéntes in mánibus vestris, et vos símiles homínibus exspectántibus dóminum suum, quando revertátur a núptiis: ut, cum vénerit et pulsáverit, conféstim apériant ei. Beáti servi illi, quos, cum vénerit dóminus, invénerit vigilántes: amen, dico vobis, quod præcínget se, et fáciet illos discúmbere, et tránsiens ministrábit illis. Et si vénerit in secúnda vigília, et si in tértia vigília vénerit, et ita invénerit, beáti sunt servi illi. Hoc autem scitóte, quóniam, si sciret paterfamílias, qua hora fur veníret, vigiláret útique, et non síneret pérfodi domum suam. Et vos estóte paráti, quia, qua hora non putátis, Fílius hóminis véniet.
R. Laus tibi, Christe!
S. Per Evangelica dicta, deleantur nostra delicta.
12
Gospel
Cleanse my heart and my lips, O almighty God, who didst cleanse the lips of the prophet Isaias with a burning coal, and vouchsafe, through Thy gracious mercy, so to purify me, that I may worthily announce Thy holy Gospel. Through Christ our Lord. Amen.
Give me Thy blessing, O Lord. The Lord be in my heart and on my lips, that I may worthily and in a becoming manner, proclaim His holy Gospel. Amen.
P. The Lord be with you.
S. And with thy spirit.
Continuation ☨︎ of the Holy Gospel according to Matthew
R. Glory be to Thee, O Lord.
Matt. 19:27-29
At that time, Jesus said to His disciples, Let your loins be girt about and your lamps burning, and you yourselves like men waiting for their master’s return from the wedding; so that when he comes and knocks, they may straight-way open to him. Blessed are those servants whom the master, on his return, shall find watching. Amen I say to you, he will gird himself, and will make them recline at table, and will come and serve them. And if he comes in the second watch, and if in the third, and finds them so, blessed are those servants! But of this be assured, that if the householder had known at what hour the thief was coming, he would certainly have watched, and not have let his house be broken into. You also must be ready, because at an hour that you do not expect, the Son of Man is coming.
R. Praise be to Thee, O Christ.
S. By the words of the Gospel may our sins be blotted out.
Credo
omit.
13
Creed
omit.
Offertorium
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
Orémus
Ps 20:3; 20:4
Desidérium ánimæ eius tribuísti ei, Dómine, et voluntáte labiórum eius non fraudásti eum: posuísti in cápite eius corónam de lápide pretióso.
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Offertory
P. The Lord be with you.
S. And with thy spirit.
Let us pray.
Ps 20:3-4
You have granted him his heart’s desire, O Lord; You refused not the wish of his lips. You placed on his head a crown of pure gold.
Suscipe, sancte Pater, omnipotens ætérne Deus, hanc immaculátam hóstiam, quam ego indígnus fámulus tuus óffero tibi Deo meo vivo et vero, pro innumerabílibus peccátis, et offensiónibus, et neglegéntiis meis, et pro ómnibus circumstántibus, sed et pro ómnibus fidélibus christiánis vivis atque defúnctis: ut mihi, et illis profíciat ad salútem in vitam ætérnam. Amen.Accept, O holy Father, almighty and eternal God, this unspotted host, which I, Thy unworthy servant, offer unto Thee, my living and true God, for my innumerable sins, offenses, and negligences, and for all here present: as also for all faithful Christians, both living and dead, that it may avail both me and them for salvation unto life everlasting. Amen. 
Deus, qui humánæ substántiæ dignitátem mirabíliter condidísti, et mirabílius reformásti: da nobis per huius aquæ et vini mystérium, eius divinitátis esse consórtes, qui humanitátis nostræ fíeri dignátus est párticeps, Iesus Christus, Fílius tuus, Dóminus noster: Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus: per ómnia saecula sæculórum. Amen.O God, who, in creating human nature, didst wonderfully dignify it, and still more wonderfully restore it, grant that, by the Mystery of this water and wine, we may be made partakers of His divine nature, who vouchsafed to be made partaker of our human nature, even Jesus Christ our Lord, Thy Son, who with Thee, liveth and reigneth in the unity of the Holy Ghost, God: world without end. Amen. 
Offérimus tibi, Dómine, cálicem salutáris, tuam deprecántes cleméntiam: ut in conspéctu divínæ maiestátis tuæ, pro nostra et totíus mundi salute, cum odóre suavitátis ascéndat. Amen.
In spíritu humilitátis et in ánimo contríto suscipiámur a te, Dómine: et sic fiat sacrifícium nostrum in conspéctu tuo hódie, ut pláceat tibi, Dómine Deus.
Veni, sanctificátor omnípotens ætérne Deus: et bene ✝︎ dic hoc sacrifícium, tuo sancto nómini præparátum.
17
We offer unto Thee, O Lord, the chalice of salvation, beseeching Thy clemency, that it may ascend before Thy divine Majesty, as a sweet savor, for our salvation, and for that of the whole world. Amen.
Accept us, O Lord, in the spirit of humility and contrition of heart, and grant that the sacrifice which we offer this day in Thy sight may be pleasing to Thee, O Lord God.
Come, O almighty and eternal God, the Sanctifier, and bless ✝︎ this Sacrifice, prepared for the glory of Thy holy Name. 
Lavábo inter innocéntes manus meas: et circúmdabo altáre tuum. Dómine: Ut áudiam vocem laudis, et enárrem univérsa mirabília tua. Dómine, diléxi decórem domus tuæ et locum habitatiónis glóriæ tuæ. Ne perdas cum ímpiis, Deus, ánimam meam, et cum viris sánguinum vitam meam: In quorum mánibus iniquitátes sunt: déxtera eórum repléta est munéribus. Ego autem in innocéntia mea ingréssus sum: rédime me et miserére mei. Pes meus stetit in dirécto: in ecclésiis benedícam te, Dómine.
V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto.
R. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in saecula saeculórum. Amen
18
I will wash my hands among the innocent: and I will compass Thine altar, O Lord That I may hear the voice of praise: and tell of all Thy wonderous works. I have loved, O Lord, the beauty of Thy house and the place where Thy glory dwelleth. Take not away my soul, O God, with the wicked: nor my life with blood-thirsty men. In whose hands are iniquities, their right hand is filled with gifts. But I have walked in my innocence: redeem me, and have mercy on me. My foot hath stood in the direct way, in the churches I will bless Thee, O Lord.
V. Glory be to the Father, and to the Son, and to the Holy Ghost.
R. As it was in the beginning, is now, and ever shall be, world without end. Amen.
Súscipe, sancta Trinitas, hanc oblatiónem, quam tibi offérimus ob memóriam passiónis, resurrectiónis, et ascensiónis Iesu Christi, Dómini nostri: et in honórem beátæ Maríæ semper Vírginis, et beáti Ioannis Baptistæ, et sanctórum Apostolórum Petri et Pauli, et istórum et ómnium Sanctórum: ut illis profíciat ad honórem, nobis autem ad salútem: et illi pro nobis intercédere dignéntur in coelis, quorum memóriam ágimus in terris. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.Receive, O holy Trinity, this oblation which we make to Thee, in memory of the Passion, Resurrection and Ascension of our Lord Jesus Christ, and in honor of Blessed Mary, ever Virgin, blessed John the Baptist, the holy Apostles Peter and Paul, and of all the Saints, that it may avail unto their honor and our salvation, and may they vouchsafe to intercede for us in heaven, whose memory we celebrate on earth. Through the same Christ our Lord. Amen. 
S. Oráte, fratres: ut meum ac vestrum sacrifícium acceptábile fiat apud Deum Patrem omnipoténtem.
M. Suscípiat Dóminus sacrifícium de mánibus tuis ad laudem et glóriam nominis sui, ad utilitátem quoque nostram, totiúsque Ecclésiæ suæ sanctæ.
S. Amen.

Secreta
Sacris altáribus, Dómine, hóstias superpósitas sanctus N. Abbas, quǽsumus, in salútem nobis proveníre depóscat.
Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.
20
P. Brethren, pray that my Sacrifice and yours may be acceptable to God the Father almighty.
S. May the Lord receive the Sacrifice from thy hands, to the praise and glory of His Name, to our benefit and that of all His holy Church.
P. Amen.

Secret
We beseech You, O Lord, may the holy Abbot Anthony, prevail by his prayers, so that the offerings placed upon Your sacred altar may be beneficial for our salvation.
Through Jesus Christ, thy Son our Lord, Who liveth and reigneth with thee, in the unity of the Holy Ghost, ever one God, world without end.
R. Amen.
Praefatio
V. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
V. Sursum corda.
R. Habémus ad Dóminum.
V. Grátias agámus Dómino, Deo nostro.
R. Dignum et iustum est.

Communis
Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre, nos tibi semper et ubíque grátias agere: Dómine sancte, Pater omnípotens, ætérne Deus: per Christum, Dóminum nostrum. Per quem maiestátem tuam laudant Angeli, adórant Dominatiónes, tremunt Potestátes. Coeli coelorúmque Virtútes ac beáta Séraphim sócia exsultatióne concélebrant. Cum quibus et nostras voces ut admitti iubeas, deprecámur, súpplici confessione dicéntes:

Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus, Deus Sábaoth. Pleni sunt coeli et terra glória tua. Hosánna in excélsis. Benedíctus, qui venit in nómine Dómini. Hosánna in excélsis.
21
Preface
P. The Lord be with you.
S. And with thy spirit.
P. Lift up your hearts.
S. We have lifted them up to the Lord.
P. Let us give thanks to the Lord our God.
S. It is meet and just.

Common
It is truly meet and just, and profitable unto salvation, that we should at all times, and in all places, give thanks to thee, O Holy Lord, Father Almighty, eternal God, through Christ, our Lord. Though whom the angels praise thy majesty, the dominions adore it, the powers are in awe. Which the heavens and the hosts of heaven together with the blessed seraphim joyfully do magnify. And do thou command that it be permitted to us join with them in confessing thee, while we say with lowly praise:

Holy, Holy, Holy, Lord God of Sabaoth! Heaven and earth are full of Thy glory! Hosanna in the highest! Blessed is He that cometh in the Name of the Lord! Hosanna in the highest! 
Canon
Te igitur, clementíssime Pater, per Iesum Christum, Fílium tuum, Dóminum nostrum, súpplices rogámus, ac pétimus, uti accepta habeas et benedícas, hæc ✝︎ dona, hæc ✝︎ múnera, hæc ✝︎ sancta sacrifícia illibáta, in primis, quæ tibi offérimus pro Ecclésia tua sancta cathólica: quam pacificáre, custodíre, adunáre et régere dignéris toto orbe terrárum: una cum fámulo tuo Papa nostro Francisco et Antístite nostro et ómnibus orthodóxis, atque cathólicæ et apostólicae fídei cultóribus. 
22
Canon
We therefore, humbly pray and beseech Thee, most merciful Father, through Jesus Christ; Thy Son, our Lord, that Thou wouldst vouchsafe to accept and bless these ✝︎ gifts, these ✝︎ presents, these ✝︎ holy unspotted Sacrifices, which in the first place we offer Thee for Thy holy Catholic Church to which vouchsafe to grant peace, as also to preserve, unite, and govern it throughout the world, together with Thy servant Francis our Pope, and our Bishop, and all orthodox believers and professors of the Catholic and Apostolic Faith. 
Meménto, Dómine, famulórum famularúmque tuarum N. et N. et ómnium circumstántium, quorum tibi fides cógnita est et nota devótio, pro quibus tibi offérimus: vel qui tibi ófferunt hoc sacrifícium laudis, pro se suísque ómnibus: pro redemptióne animárum suárum, pro spe salútis et incolumitátis suæ: tibíque reddunt vota sua ætérno Deo, vivo et vero.Be mindful, O Lord, of Thy servants and handmaidens, N. et N. and of all here present, whose faith and devotion are known unto Thee, for whom we offer, or who offer up to Thee, this sacrifice of praise for themselves, their families and friends, for the redemption of their souls, for the health and salvation they hope for; and who now pay their vows to Thee, the everlasting, living and true God. 
Communicántes, et memóriam venerántes, in primis gloriósæ semper Vírginis Maríæ, Genetrícis Dei et Dómini nostri Iesu Christi: sed et beati Ioseph, eiusdem Virginis Sponsi,
et beatórum Apostolórum ac Mártyrum tuórum, Petri et Pauli, Andréæ, Iacóbi, Ioánnis, Thomæ, Iacóbi, Philíppi, Bartholomaei, Matthaei, Simónis et Thaddaei: Lini, Cleti, Cleméntis, Xysti, Cornélii, Cypriáni, Lauréntii, Chrysógoni, Ioánnis et Pauli, Cosmæ et Damiáni: et ómnium Sanctórum tuórum; quorum méritis precibúsque concédas, ut in ómnibus protectiónis tuæ muniámur auxílio. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.
24
We pray in union with and honor the memory, especially of the glorious ever Virgin Mary, mother of our God and Lord Jesus Christ: as also of the blessed Joseph, her Spouse,
and of the blessed Apostles and Martyrs Peter and Paul, Andrew, James, John, Thomas, James, Philip, Bartholomew, Matthew, Simon, and Thaddeus; Linus, Cletus, Clement, Xystus, Cornelius, Cyprian, Lawrence, Chrysogonus, John and Paul, Cosmas and Damian, and of all Thy Saints, through whose merits and prayers, grant that we may in all things be defended by the help of Thy protection. Through the same Christ our Lord. Amen. 

Hanc igitur oblatiónem servitutis nostræ, sed et cunctae famíliæ tuæ,
quaesumus, Dómine, ut placátus accípias: diésque nostros in tua pace dispónas, atque ab ætérna damnatióne nos éripi, et in electórum tuórum iúbeas grege numerári. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.
25

We therefore beseech Thee, O Lord, graciously to accept this oblation of our service, as also of Thy whole family;
and to dispose our days in Thy peace, preserve us from eternal damnation, and rank us in the number of Thine Elect. Through the same Christ our Lord. Amen. 
Quam oblatiónem tu, Deus, in ómnibus, quaesumus, bene ✝︎ díctam, adscríp ✝︎ tam, ra ✝︎ tam, rationábilem, acceptabilémque fácere dignéris: ut nobis Cor ✝︎ pus, et San ✝︎ guis fiat dilectíssimi Fílii tui, Dómini nostri Iesu Christi. Which oblation do Thou, O God, vouchsafe in all respects, to bless, ✝︎ approve, ✝︎ ratify, ✝︎ make worthy and acceptable; that it may be made for us the Body ✝︎ and Blood ✝︎ of Thy most beloved Son Jesus Christ our Lord. 
Qui prídie quam paterétur, accépit panem in sanctas ac venerábiles manus suas, elevátis óculis in coelum ad te Deum, Patrem suum omnipoténtem, tibi grátias agens, bene ✝︎ dixit, fregit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite, et manducáte ex hoc omnes. Who, the day before He suffered, took bread into His holy and venerable hands, and with His eyes lifted up towards heaven unto Thee, God, His almighty Father, giving thanks to Thee, He blessed ✝︎ it, broke it and gave it to His disciples saying: Take and eat ye all of this, 

HOC EST ENIM CORPUS MEUM.
28

FOR THIS IS MY BODY.

Símili modo postquam coenátum est, accípiens et hunc præclárum Cálicem in sanctas ac venerábiles manus suas: item tibi grátias agens, bene ✝︎ dixit, dedítque discípulis suis, dicens: Accípite, et bíbite ex eo omnes.
29
v. In like manner, after He had supped, taking also this excellent chalice into His holy and venerable hands He blessed ✝︎ , and gave it to His disciples, saying: Take and drink ye all of this, 

HIC EST ENIM CALIX SANGUINIS MEI, NOVI ET AETERNI TESTAMENTI: MYSTERIUM FIDEI: QUI PRO VOBIS ET PRO MULTIS EFFUNDETUR IN REMISSIONEM PECCATORUM.


Hæc quotiescúmque fecéritis, in mei memóriam faciétis.
30

FOR THIS IS THE CHALICE OF MY BLOOD OF THE NEW AND ETERNAL TESTAMENT, THE MYSTERY OF FAITH; WHICH SHALL BE SHED FOR YOU AND FOR MANY UNTO THE REMISSION OF SINS.


As often as ye do these things, ye shall do them in remembrance of Me.

Unde et mémores, Dómine, nos servi tui, sed et plebs tua sancta, eiusdem Christi Fílii tui, Dómini nostri, tam beátæ passiónis, nec non et ab ínferis resurrectiónis, sed et in coelos gloriósæ ascensiónis: offérimus præcláræ maiestáti tuæ de tuis donis ac datis, hóstiam ✝︎ puram, hóstiam ✝︎ sanctam, hóstiam ✝︎immaculátam, Panem ✝︎ sanctum vitæ ætérnæ, et Calicem ✝︎ salútis perpétuæ.
31

Wherefore, O Lord, we Thy servants, as also Thy holy people, calling to mind the blessed Passion of the same Christ, Thy Son, our Lord, and also His Resurrection from the dead and His glorious Ascension into heaven: do offer unto Thy most excellent Majesty of Thine own gifts, bestowed upon us, a pure ✝︎ Host, a holy ✝︎ Host, an unspotted ✝︎ Host, the holy ✝︎ Bread of eternal life, and the Chalice ✝︎ of everlasting salvation. 

Supra quæ propítio ac seréno vultu respícere dignéris: et accépta habére, sicúti accépta habére dignátus es múnera púeri tui iusti Abel, et sacrifícium Patriárchæ nostri Abrahæ: et quod tibi óbtulit summus sacérdos tuus Melchísedech, sanctum sacrifícium, immaculátam hóstiam.
32
v. Upon which vouchsafe to look with a propitious and serene countenance, and to accept them, as Thou wert graciously pleased to accept the gifts of Thy just servant Abel, and the sacrifice of our patriarch Abraham, and that which Thy high priest Melchisedech offered to Thee, a holy Sacrifice, and unspotted Victim.
Súpplices te rogámus, omnípotens Deus: iube hæc perférri per manus sancti Angeli tui in sublíme altáre tuum, in conspéctu divínæ maiestátis tuæ: ut, quotquot ex hac altáris participatióne sacrosánctum Fílii tui Cor ✝︎ pus, et Sán ✝︎ guinem sumpsérimus, omni benedictióne coelésti et grátia repleámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.We most humbly beseech Thee, almighty God, command these offerings to be borne by the hands of Thy holy Angels to Thine altar on high, in the sight of Thy divine majesty, that as many as shall partake of the most holy Body ✝︎ and Blood ✝︎ of Thy Son at this altar, may be filled with every heavenly grace and blessing. Through the same Christ our Lord. Amen.
Meménto étiam, Dómine, famulórum famularúmque tuárum N. et N., qui nos præcessérunt cum signo fídei, et dórmiunt in somno pacis. Ipsis, Dómine, et ómnibus in Christo quiescéntibus locum refrigérii, lucis pacis ut indúlgeas, deprecámur. Per eúndem Christum, Dóminum nostrum. Amen.Remember also, O Lord, Thy servants and handmaids N. and N., who are gone before us with the sign of faith, and rest in the sleep of peace. To these, O Lord, and to all that rest in Christ, grant, we beseech Thee, a place of refreshment, light, and peace; Through the same Christ our Lord. Amen. 
Nobis quoque peccatóribus fámulis tuis, de multitúdine miseratiónum tuárum sperántibus, partem áliquam et societátem donáre dignéris, cum tuis sanctis Apóstolis et Martýribus: cum Ioánne, Stéphano, Matthía, Bárnaba, Ignátio, Alexándro, Marcellíno, Petro, Felicitáte, Perpétua, Agatha, Lúcia, Agnéte, Cæcília, Anastásia, et ómnibus Sanctis tuis: intra quorum nos consórtium, non æstimátor mériti, sed véniæ, quaesumus, largítor admítte. Per Christum, Dóminum nostrum. To us also, Thy sinful servants, confiding in the multitude of Thy mercies, vouchsafe to grant some part and fellowship with Thy holy Apostles and Martyrs, with John, Stephen, Matthias, Barnabas, Ignatius, Alexander, Marcellinus, Peter, Felicitas, Perpetua, Agatha, Lucy, Agnes, Cecilia, Anastasia, and with all Thy Saints, into whose company we beseech Thee to admit us, not weighing our merits, but pardoning our offenses. Through Christ our Lord. 
Per quem hæc ómnia, Dómine, semper bona creas, sancti ✝︎ ficas, viví ✝︎ ficas, bene ✝︎ dícis et præstas nobis.
Per ip ✝︎ sum, et cum ip ✝︎ so, et in ip ✝︎ so, est tibi Deo Patri ✝︎ omnipotenti, in unitáte Spíritus ✝︎ Sancti,
omnis honor, et glória.
Per omnia saecula saecolorum.
R. Amen.
36
By Whom, O Lord, Thou dost ever create. sanctify, ✝︎ quicken, ✝︎ bless, ✝︎ and give unto us all these good things.
By Him, ✝︎ and with Him, ✝︎ and in Him ✝︎ is to Thee, God the Father ✝︎ almighty, in the unity of the Holy ✝︎Ghost,
all honor and glory.
P. World without end.
S. Amen. 
Preparatio Communionis

Orémus: Præcéptis salutáribus móniti, et divína institutione formati audemus dicere:

Pater noster, qui es in caelis, Sanctificetur nomen tuum. Adveniat regnum tuum. Fiat voluntas tua, sicut in coelo et in terra. Panem nostrum quotidianum da nobis hodie. Et dimitte nobis debita nostra, sicut et nos dimittimus debitoribus nostris. Et ne nos inducas in tentationem:
R. Sed libera nos a malo.
S. Amen.
37
Preparation for Communion
Let us pray. Instructed by Thy saving precepts, and following Thy divine institution, we are bold to say:
Our Father, who art in heaven, hallowed be Thy Name; Thy kingdom come; Thy will be done on earth as it is in heaven. Give us this day our daily bread. And forgive us our trespasses, as we forgive those who trespass against us. And lead us not into temptation.
M. But deliver us from evil.
P. Amen. 
Líbera nos, quaesumus, Dómine, ab ómnibus malis, prætéritis, præséntibus et futúris: et intercedénte beáta et gloriósa semper Vírgine Dei Genetríce María, cum beátis Apóstolis tuis Petro et Paulo, atque Andréa, et ómnibus Sanctis, da propítius pacem in diébus nostris: ut, ope misericórdiæ tuæ adiúti, et a peccáto simus semper líberi et ab omni perturbatióne secúri.
Per eúndem Dóminum nostrum Iesum Christum, Fílium tuum.
Qui tecum vivit et regnat in unitáte Spíritus Sancti Deus.
V. Per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.
Pax Domini sit semper vobiscum.
R. Et cum spiritu tuo.
38
Deliver us, we beseech Thee, O Lord, from all evils, past, present, and to come; and by the intercession of the Blessed and glorious ever Virgin Mary, Mother of God, and of the holy Apostles, Peter and Paul, and of Andrew, and of all the Saints, mercifully grant peace in our days, that through the assistance of Thy mercy we may be always free from sin, and secure from all disturbance.
Through the same Jesus Christ, Thy Son, our Lord.
Who with Thee in the unity of the Holy Ghost liveth and reigneth God,
P. World without end.
S. Amen.
P. The peace ✝︎ of the Lord be ✝︎ always with ✝︎ you.
S. And with thy spirit. 
Haec commíxtio, et consecrátio Córporis et Sánguinis Dómini nostri Iesu Christi, fiat accipiéntibus nobis in vitam ætérnam. Amen.May this mixture and consecration of the Body and Blood of our Lord Jesus Christ be to us who receive it effectual unto eternal life. Amen. 
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: miserére nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccáta mundi: dona nobis pacem.
40
Lamb of God, who takest away the sins of the world, have mercy on us.
Lamb of God, who takest away the sins of the world, have mercy on us.
Lamb of God, who takest away the sins of the world, grant us peace. 
Dómine Iesu Christe, qui dixísti Apóstolis tuis: Pacem relínquo vobis, pacem meam do vobis: ne respícias peccáta mea, sed fidem Ecclésiæ tuæ; eámque secúndum voluntátem tuam pacificáre et coadunáre dignéris: Qui vivis et regnas Deus per ómnia saecula sæculórum. Amen.O Lord Jesus Christ, who saidst to Thine Apostles: Peace I leave you, My peace I give you: regard not my sins, but the faith of Thy Church; and vouchsafe to grant her that peace and unity which is agreeable to Thy will: Who livest and reignest God, world without end. Amen. 
Dómine Iesu Christe, Fili Dei vivi, qui ex voluntáte Patris, cooperánte Spíritu Sancto, per mortem tuam mundum vivificásti: líbera me per hoc sacrosánctum Corpus et Sánguinem tuum ab ómnibus iniquitátibus meis, et univérsis malis: et fac me tuis semper inhærére mandátis, et a te numquam separári permíttas: Qui cum eódem Deo Patre et Spíritu Sancto vivis et regnas Deus in saecula sæculórum. Amen.O Lord Jesus Christ, Son of the living God, who, according to the will of Thy Father, with the cooperation of the Holy Ghost, hast by Thy death given life to the world; deliver me by this Thy most sacred Body and Blood, from all my iniquities and from all evils; and make me always cleave to Thy commandments, and suffer me never to be separated from Thee, Who livest and reignest, with the same God the Father and the Holy Ghost, God, world without end. Amen. 
Percéptio Córporis tui, Dómine Iesu Christe, quod ego indígnus súmere præsúmo, non mihi provéniat in iudícium et condemnatiónem: sed pro tua pietáte prosit mihi ad tutaméntum mentis et córporis, et ad medélam percipiéndam: Qui vivis et regnas cum Deo Patre in unitáte Spíritus Sancti Deus, per ómnia saecula sæculórum. Amen.Let not the partaking of Thy Body, O Lord, Jesus Christ, which I, though unworthy, presume to receive, turn to my judgment and condemnation; but let it, through Thy mercy, become a safeguard and remedy, both for soul and body; Who with God the Father, in the unity of the Holy Ghost, livest and reignest God, world without end. Amen. 
Panem coeléstem accipiam, et nomen Dómini invocábo.
V. Dómine, non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea
V. Dómine, non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea.
V. Dómine, non sum dignus, ut intres sub tectum meum: sed tantum dic verbo, et sanábitur ánima mea.
44
I will take the Bread of heaven, and will call upon the Name of the Lord.
V. Lord, I am not worthy that Thou shouldst enter under my roof; say but the word, and my soul shall be healed.
V. Lord, I am not worthy that Thou shouldst enter under my roof; say but the word, and my soul shall be healed.
V. Lord, I am not worthy that Thou shouldst enter under my roof; say but the word, and my soul shall be healed.
Corpus Dómini nostri Iesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.The Body of our Lord Jesus Christ preserve my soul unto life everlasting. Amen. 
Quid retríbuam Dómino pro ómnibus, quæ retríbuit mihi? Cálicem salutáris accípiam, et nomen Dómini invocábo. Laudans invocábo Dóminum, et ab inimícis meis salvus ero.
Sanguis Dómini nostri Iesu Christi custódiat ánimam meam in vitam ætérnam. Amen.
46
What return shall I make to the Lord for all He has given to me? I will take the chalice of salvation, and call upon the Name of the Lord. Praising I will call upon the Lord, and I shall be saved from my enemies.
The Blood of our Lord Jesus Christ preserve my soul unto life everlasting. Amen. 
Communio
47
Communio
Quod ore súmpsimus, Dómine, pura mente capiámus: et de munere temporáli fiat nobis remédium sempitérnum.
Corpus tuum, Dómine, quod sumpsi, et Sanguis, quem potávi, adhaereat viscéribus meis: et præsta; ut in me non remáneat scélerum mácula, quem pura et sancta refecérunt sacraménta: Qui vivis et regnas in saecula sæculórum. Amen.
48
Grant, O Lord, that what we have taken with our mouth, we may receive with a pure mind; and from a temporal gift may it become to us an eternal remedy.
May Thy Body, O Lord, which I have received, and Thy Blood which I have drunk, cleave to my bowels; and grant that no stain of sin may remain in me, who have been fed with this pure and holy Sacrament; Who livest and reignest for ever and ever. Amen. 
Communio
Luc 12:42.
Fidélis servus et prudens, quem constítuit dóminus super famíliam suam: ut det illis in témpore trítici mensúram.
49
Communion
Luke 12:42
Blessed is that servant whom his master, when he comes, shall find watching. Amen I say to you, he will set him over all his goods.
Postcommunio
S. Dóminus vobíscum.
R. Et cum spíritu tuo.
Orémus.
Prótegat nos, Dómine, cum tui perceptióne sacraménti beátus N. Abbas, pro nobis intercedéndo: ut et conversatiónis eius experiámur insígnia, et intercessiónis percipiámus suffrágia.
Per Dominum nostrum Iesum Christum, Filium tuum: qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti Deus, per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.
50
Post Communion
P. The Lord be with you.
S. And with thy spirit.
Let us pray.
May the pleading of the blessed Abbot Anthony for us, together with the partaking of Your sacrament, protect us, O Lord, so that we, mindful of his way of life, may obtain the help of his intercession.
Through Jesus Christ, thy Son our Lord, Who liveth and reigneth with thee, in the unity of the Holy Ghost, ever one God, world without end.
R. Amen.
Conclusio
S. Dóminus vobíscum.
M. Et cum spíritu tuo, 
51
Conclusion
P. The Lord be with you.
S. And with thy spirit. 
V. Ite, Missa est.
R. Deo gratias.
52
V. Go, the Mass is ended.
R. Thanks be to God.
Pláceat tibi, sancta Trínitas, obséquium servitútis meæ: et præsta; ut sacrifícium, quod óculis tuæ maiestátis indígnus óbtuli, tibi sit acceptábile, mihíque et ómnibus, pro quibus illud óbtuli, sit, te miseránte, propitiábile. Per Christum, Dóminum nostrum. Amen.May the performance of my homage be pleasing to Thee, O holy Trinity: and grant that the Sacrifice which I, though unworthy, have offered up in the sight of Thy Majesty, may be acceptable to Thee, and through Thy mercy, be a propitiation for me, and for all those for whom I have offered it. Through Christ our Lord. Amen. 
Benedícat vos omnípotens Deus,
Pater, et Fílius, ✝︎ et Spíritus Sanctus.
R. Amen.
54
P. May almighty God the Father, Son, ✝︎ and Holy Ghost,
bless you.
S. Amen. 
V. Dominus vobiscum.
R. Et cum spiritu tuo.
Initium ✠︎ sancti Evangélii secúndum Ioánnem.
R. Gloria tibi, Domine!
Ioann. 1, 1-14. 
Iunctis manibus prosequitur:
In princípio erat Verbum, et Verbum erat apud Deum, et Deus erat Verbum. Hoc erat in princípio apud Deum. Omnia per ipsum facta sunt: et sine ipso factum est nihil, quod factum est: in ipso vita erat, et vita erat lux hóminum: et lux in ténebris lucet, et ténebræ eam non comprehendérunt.
Fuit homo missus a Deo, cui nomen erat Ioánnes. Hic venit in testimónium, ut testimónium perhibéret de lúmine, ut omnes créderent per illum. Non erat ille lux, sed ut testimónium perhibéret de lúmine.
Erat lux vera, quæ illúminat omnem hóminem veniéntem in hunc mundum. In mundo erat, et mundus per ipsum factus est, et mundus eum non cognóvit. In própria venit, et sui eum non recepérunt. Quotquot autem recepérunt eum, dedit eis potestátem fílios Dei fíeri, his, qui credunt in nómine eius: qui non ex sanguínibus, neque ex voluntáte carnis, neque ex voluntáte viri, sed ex Deo nati sunt. Genuflectit dicens: Et Verbum caro factum est, Et surgens prosequitur: et habitávit in nobis: et vídimus glóriam eius, glóriam quasi Unigéniti a Patre, plenum grátiæ et veritatis.
R. Deo gratias.
55
P. The Lord be with you.
S. And with thy spirit.
The beginning ✠︎ of the holy Gospel according to John.
R. Glory be to Thee, O Lord.
Joann. 1, 1-14. 

In the beginning was the Word, and the Word was with God, and the Word was God. The same was in the beginning with God. All things were made by Him, and without Him was made nothing that was made: in Him was life, and the life was the Light of men; and the Light shineth in darkness, and the darkness did not comprehend it.
There was a man sent from God, whose name was John. This man came for a witness, to testify concerning the Light, that all might believe through Him. He was not the Light, but he was to testify concerning the Light.
That was the true Light, which enlighteneth every man that cometh into this world. He was in the world, and the world was made by Him, and the world knew Him not. He came unto His own, and His own received Him not. But as many as received Him to them He gave power to become sons of God, to them that believe in His Name, who are born not of blood, nor of the will of the flesh, nor of the will of man, but of God. Here all kneel. And the Word was made flesh, and dwelt among us: and we saw His glory, the glory as of the Only begotten of the Father, full of grace and truth.
R. Thanks be to God.
Oratio Leonis XIII
S. Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
O. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen.
S. Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
O. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen.
S. Ave Maria, gratia plena, Dominus tecum, benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
O. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amen.

O. Salve Regina, Mater misericordiae, vita, dulcedo, et spes nostra, salve. Ad te clamamus, exsules filii Evae. Ad te suspiramus gementes et flentes in hac lacrymarum valle. Eia ergo, Advocata nostra, illos tuos misericordes oculos ad nos converte. Et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis, post hoc exilium, ostende. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria.
S. Ora pro nobis, sancta Dei Genitrix.
O. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

S. Orémus. Deus, refúgium nostrum et virtus, populum ad te clamantem propitius respice; et intercedente gloriosa, et immaculata Virgine Dei Genitrice Maria, cum beato Ioseph, eius Sponso, ac beatis Apostolis tuis Petro et Paulo, et omnibus Sanctis, quas pro conversione peccatorum, pro libertate et exaltatione sanctae Matris Ecclesiae, preces effundimus, misericors et benignus exaudi. Per eundem Christum Dominum nostrum. Amen.

O. Sancte Michaël Archangele, defende nos in proelio; contra nequitiam et insidias diaboli esto praesidium. Imperet illi Deus, supplices deprecamur: tuque, Princeps militiae Caelestis, satanam aliosque spiritus malignos, qui ad perditionem animarum pervagantur in mundo, divina virtute in infernum detrude. Amen.

S. Cor Iesu sacratissimum.
O. Miserere nobis.
S. Cor Iesu sacratissimum.
O. Miserere nobis.
S. Cor Iesu sacratissimum.
O. Miserere nobis.
56
PRAYERS ORDERED BY THE POPE Leo XIII
P. Hail Mary, full of grace; The Lord is with thee; Blessed art thou amongst women, And blessed is the fruit of thy womb, Jesus.
A. Holy Mary, Mother of God, Pray for us sinners, now and at the hour of our death. Amen.
P. Hail Mary, full of grace; The Lord is with thee; Blessed art thou amongst women, And blessed is the fruit of thy womb, Jesus.
A. Holy Mary, Mother of God, Pray for us sinners, now and at the hour of our death. Amen.
P. Hail Mary, full of grace; The Lord is with thee; Blessed art thou amongst women, And blessed is the fruit of thy womb, Jesus.
A. Holy Mary, Mother of God, Pray for us sinners, now and at the hour of our death. Amen.

A. Hail, holy Queen, Mother of mercy, our life, our sweetness, and our hope. To thee do we cry, poor banished children of Eve. To thee do we send up our sighs, mourning and weeping in this valley of tears. Turn then, most gracious Advocate, thine eyes of mercy towards us. And after this our exile, show unto us the blessed Fruit of thy womb, Jesus. O clement, O loving, O sweet Virgin Mary.
P. Pray for us, O Holy Mother of God.
O. That we may be made worthy of the promises of Christ.

P. Let us pray. O God, our refuge and our strength, look down in mercy on Thy people who cry to Thee; and by the intercession of the glorious and immaculate Virgin Mary, Mother of God, of St. Joseph her Spouse, of Thy blessed Apostles Peter and Paul, and of all the Saints, in mercy and goodness hear our prayers for the conversion of sinners, and for the liberty and exaltation of our holy Mother and Church. Through the same Christ our Lord.

A. Holy Michael Archangel, defend us in the day of battle; be our safeguard against the wickedness and snares of the devil. -- May God rebuke him, we humbly pray: and do thou, Prince of the heavenly host, by the power of God thrust down to hell Satan and all wicked spirits, who wander through the world for the ruin of souls.

P. Most Sacred Heart of Jesus,
A. Have mercy upon us.
P. Most Sacred Heart of Jesus,
A. Have mercy upon us.
P. Most Sacred Heart of Jesus,
A. Have mercy upon

EL DIABLO LA MOZA DEL CANTARO EL CURA Y EL ACUEDUCTO DE SEGOVIA (NOVELA CORTA)

Posted: 16 Jan 2019 11:03 PM PST

LA NOCHE EN QUE EL DIABLO EN SEGOVIA PERDIÓ UNA APUESTA CON EL AMA DEL CURA







Juan de Pacheco el conde de Villena se paseaba por la alameda-yo lo vi- con su casaca verde, jubón de tiras almidonadas la sobrevesta grana para espantar murciélagos calzas de seda rosa almilla de hilo sobre la almilla encarnada, borceguíes de lamé, espada de plata.

Estampa de lindo don Gil de las Calzas Verdes la cincha de cuero bien ajustada y sus polvos mágicos dentro de la escarcela.

Iba echando humo por los ojos y por la nariz. Fue el primero en fumar cuando aun no se había descubierto el tabaco. Portaba bajo el tabardo hojas disecadas que luego deshilaba y apelmazaba pacientemente con el puño y así liaba sus vegueros de Vuelta Abajo sus, targaninas y sus farias.

Me fumo un cigarro puro y que se hunda el mundo. Doy mi palabra que no vale nada. Las palabras son humo que se lleva el viento. Por decir y prometer que no quede. Las obras son otra cosa: obras son amores y no buenas razones. Danos y danos hasta que no te conozcamos, somos la güestia de Fray Jarro. El vino acompaña pero ahí en eso nos mira la Sana Compaña.

—Echemos un culín

Aficionado a la alquimia, contaban  por Segovia las malas lenguas que resucitó a un muerto en Toledo cuyo cadáver había conservado en formol en su casa de Toledo pero con tan mala suerte que, estando echando al recién resucitado el exorcismo y vertiendo sobre su cabeza el agua de gracia, en ese momento llegaron los mangas verdes. Alto a la Inquisición. Y allí se acabó el invento del quiromántico. El bautismo del resurrecto quedó enmedias res. Alto a la dueña.

―Daos preso

El diablo se esfumó echando humo por las alquitaras y al marqués metieron preso. Los corchetes miraron por qué Villena que tenía pacto con el diablo no se escapara aunque era hombre gentil y de buenas palabras y por ende decían dél en la corte de Segovia: " el Marqués de Villena ni palabra mala ni obra buena".

Tiempo adelante, siguió practicando la magia negra en sus calderos. Con sus adrollas y embustes tenía cautiva la voluntad del Rey Nuestro Señor el Cuarto Enroque. Fue el primer noble en tener tratos con los diablos y concretamente amigo suyo del alma era un diablo cojuelo que era feo y corcovado y que echaba una peste a azufre que tiraba para atrás pero más listo que el hambre lo sabía todo del mundo. La fortaleza de Satanás está en la sabiduría. Es muy viejo y los tratadistas por eso le llaman el cálido y el antiguo. Ha visto mucho al rodar de los siglos.. Sin embargo, el demonio su  punto flaco tambien tiene. Como siempre engaña, se le ve el plumero.

Por lo visto fue el marqués de Villena en consorcio con el Heraldo de las Tinieblas el que construyó el acueducto en una noche. Don Juan de Pacheco se había prendado de una moza muy garrida y salerosa cuyo pesar en la vida era tener que bajar al Eresma, atravesando la ciudad, con su cántaro a la cabeza para ir a llenarle de agua a una fuente que llamaban de san Geroteo muy extramuros sita en un calvero del bosque del campillo. Por verano ese raudal se secaba y la moza tenía que bajar hasta las riberas del Parral donde el De Pacheco se estaba construyendo una casa para sus frailes.

Águeda se llamaba la interfecta y servía como ama de llaves en cá un cura. Llevaba muy a mal tan trabajoso menester y una noche el diablo disfrazado del marqués de Villena salió a su encuentro y le espetó sin más ni más. Yo te llevaré el agua a la rectoral sin que tengas que ir y venir cada tarde al hontanar. Construiré una larga cañería y podrás tener todo el agua que tú quieras a cualquier hora del día. Aún no se había descubierto el grifo.

―Me lo pensaré

―Doyte tres días de plazo

 ―Al amo he de consultar

―A nadie se lo dirás

―¿Por qué?

―Porque ese cura es andaluz y al andaluz haz la cruz y a mí no me gusta ese garabato, ya sabes

―Bueno, bueno ya veremos

Sin embargo, allende horas veinticuatro la moza y Pedro Botero concertaron un contrato.

―Yo te construyo el albellón que nunca vieron los siglos y a cambio tú me entregas el alma. Serás mía.

―Y yo te pongo una condición que la obra esté terminada en una noche.

―Vale. Convenido ―dijo Belcebú

―Si en ese plazo la terminas yo me casaré contigo

El diablo embutido en el cuerpo del Marqués de Villena ya se relamía de gusto ante la prospectiva de gozarla. La chavala ciertamente estaba como un tren o mejor dicho como la carroza de n rey porque a la sazón tampoco se había inventado el tren. Trato hecho. Vengan esos cinco. Cuando amanezca el día de mañana que es viernes tú tendrás llenas tus tinajas y el agua no te faltará para beber, para guisar, para limpias las letrinas. ¿Y para bendecirla? El diablo se puso frenético, porque su mayor horror era el agua bendita, al escuchar aquello y por eso hay tanta suciedad y roña en las calderas de Pedro Botero.

Los inquilinos del Orco no se lavan jamás. O eso no. Nunca mentarás tal palabra. Agua bendita.

Águeda entonces se persignó y a don Juan de Pacheco por poco le da el telele. Sin embargo a trancas y barrancas y tras muchos dimes y diretes llegarían a un consenso pues famosas fueron en la Castila de su tiempo las ardides y habilidades del marqués. Era el valido de Enrique IV un experto en la forja de pactos y de consensos. Bien pudiera haber sido militante de la UCD y sacando a plaza toda la artillería de sus persuasivas convenció a la moza del cántaro y alma de cántaro a que formase el papel en el que ponía convengo por la presente a ser tu mujer etcétera… si tu me construyes y elevas hasta mi morada la casa de mi tío el señor deán una acequia.

El diablo con las prisas y rebosante de lascivia pronto iba a tener a mano una perita en dulce no había leído la letra pequeña y una cláusula que decía que el acueducto tendría que ser levantado en una noche. Selló y lacró el documento con balduque como si fuera un diploma regio o una carta emplomada.

 De acuerdo. Tenemos que darnos mucha priesa. Yo a mi disposición tengo cien mil obreros. Esta misma noche, todos estarán en el tajo. ¿Adonde va vuesa merced ahora? Pues a Arévalo, tengo que ver por allí unos amiguetes que celebran una tenida. Comeremos tostón en un mesón de la villa y después del almuerzo vengo volando. ¿Entendido? No faltaba más. Don Juan de Pacheco, como buen ángel caído, poseía el dote de la bilocación. Podía estar en dos sitios a la vez, trasfigurarse en un instante.

 Arévalo era un centro de conspiración. Allí por las artes mágicas de quiromante, el marqués podía volar por los aires.

habían montado meses antes de este suceso un tingladillo y pusieron encima de un pavés un monigote que era una caricatura del Rey, colocaron en la tarima un monigote  y lo destronaron y nombraron en su lugar como rey de Castilla a su hermano Alfonso XII.

Aquella pantomima conocida en la historia como la Farsa del pelele de Arévalo dio lugar a una terrible y sangrienta guerra civil que terminaría con la abdicación de don Enrique y la cesión del trono a su hermana doña Isabel. No hay mal que por bien no venga.

Águeda, estando en estas zozobras, cuando Satanás se fue a hacer sus cosas, quedó un poco aturdida y arrepentida. De vuelta a casa encendió una vela a la Virgen de la Fuencisla. Madre de los cielos que libraste a María del Salto de los infames sacame a mí de este apuro Madre Bendita.

Y sucedió que don Juan frotándose las manos, después de su aquelarre en la capital de las Morañas, regresó volando a Segovia en el atardecer y allí estaban establecidas as cuadrillas, los picapedreros, los boyeros que transportaban los sillares desde las canteras de Valdevilla, los barreneros, los del buril y del cincel, los carpinteros fumistas. Toda la tropa del infierno se puso manos a la obra.

La impresionante estructura con sus mas de ciento sesenta ojos que serían luego una de las maravillas del mundo iba a ser edificada en una sola noche por arte de magia y las tercerías o malas artes de don Juan Pacheco testaferro de Belcebú pero tambien Belcebú con las prisas puede meter. No se había visto tanto trajín. Nadie oyó hablar de tanta pericia en el manejo de la llana el cartabón de la plomada. Los últimos parroquianos de las tabernas de Segovia que con un jaro entre los labios y una baraja entre las manos se asomaban a la puerta de las tabernas e iluminaban con un candil aquella escena. Eran testigos de la gran azofra. ¿Irían a abrir una brecha en la montaña? Bo, dijo un mesonero que se llamaba Cándido y miraba la obreriza parapetado detrás del mostrador de su figón viendo caer monedas al cajón: maravedíes y doblones que les derramaban los soldados en sus consumiciones.  Segovia fue desde los romanos plaza de asiento de las legiones lo que le da un aire mitad militar y mitad castrense. Nos va a hacer un puente un puente que no necesita río― sólo una acequia que va por arriba― pero será una cosa grande. Así habló el mesonero famoso por el cochinillo que preparaba ak horno. Nunca se había visto tanto trajín Previamente con un berbiquí taladraban los lingotes que quedaban acoplados al salmer y al contra salmer mediante taladros de plomo. La cimbra del arco de medio punto era perfecta. Esto es el no va más. Obra de romanos. El diablo se había propuesto devolver a los segovianos una replica exacta de la fabrica que mandó edificar Augusto.

Subían y bajaban las piedras elevadas por poleas y otros ingenios buscando el garfio que los juntaba a una velocidad de vértigo. Águeda que espiaba la construcción de rodillas mientras rezaba a la Virgen de la Fuencisla orando ardientemente para que se le perdonase su pecado. Ay, madre, buena, la hemos hecho. Prefería ser la coima del deán a la mujer del diablo y virgencita, virgencita, que me quede como estoy, prometió en aquella febril noche de los encantamientos ir descalza a Compostela a arrodillarse ante la tumba del Apóstol, juró hacer mil limosnas, llevar cilicio un mes, pidió que la emplumaron por haber caído en aquella irrisoria tentación, y a medida que avanzaba la madrugada daba ya la apuesta por perdida. El diablo trabajaba a destajo con una febrilidad que Segovia parecía la noche en que los americanos eligieron a Trump. Nadie se lo creía. Imposible que la hueste diabólica saliera derrotada. Todo te lo daré si ante mí te prosternas y me das alabanzas. Recordaba la frase de Cristo apártate de mí Satanás, vade retro. Sólo a tu Señor adorarás. Ella no había tenido la suficiente presencia de ánimo ante la llegada del diablo que incluso lo llevó en volandas al pináculo del templo y desde aquella atalaya le hizo contemplar todos los reinos y las naciones, el devenir del progreso, el avance técnico y todos los inventos que muchos atribuyen al acumen y la magia del Ángel Caído. Cristo fue tentado y venció. No así el ama del cura. La carne es flaca.

Mientras tanto se desarrolló una actividad frenética de golpes y voces que alarmaron al vecindario. Las mujeres salían a la calle en camisón y se preguntaban unas a otras qué pasa qué ocurre. ¿Se acaba el mundo?

―Qué, bah. Estamos trabajando. Nosotros somos unos "mandaos".

Desde los tiempos del moro Almanzor que destruyó el acueducto romano y de él no quedo piedra sobre piedra no se vio cosa igual. ―Deben de ser los del ayuntamiento que como es verano están en obras y quieren poner la ciudad patas arriba- explicaba a su vecina una dueña descreída.

Todo la noche se escuchó el lamento de la lechuza, se sentía volar aves hacia no sé donde y los ruidos de las carrerillas y los reniegos de los obreros llegaban mezclados con un olor a azufre. Los entendidos en exorcismos comentaban que era evidente que por allí andaba el Pateta que volvía a tentar a Nuestro Señor Jesucristo... todo te lo daré si te prosternas ante mí y me adoras.

Las legiones infernales habían subido a Segovia y se habían puesto manos a la obra. Iban los areneros arrimando material. Los esportilleros porteaban yeso en sus artolas. Los boyeros vascos llegaban de los montes arrastrando piedras.

En lo alto del andamio estaban los encofradores del barrio de San Lorenzo muy duchos en albañilerías todos ellos moriscos y que para mayor honra de Alá desobedecían a los maestros de obra y revocaban las fachadas sin colocar jamás la figura humana o animal porque dice el Coran que eso es idolatría y esgrafiaban los muros con gran pericia y paciencia experta poniendo unas simetrías que simulaban los brotes de pámpanos y arrequives floridos, de una geometría esotérica y al revés. Para hacer más llevaderos los trabajos canturreaban lilaila y aires de su tierra que los cristianos no entendían. Eran jarchas. Pero allí osaban los areneros de Tejadilla con sus carromatos, los panaderos de Encinillas con sus bodigos para que comiera el personal. Don Juan había mandado traer tallistas orensanos, rudos mozallones trabados de hombros como bargueños y altos como castillos con la cabeza grande y las narices romas.

Ellos hablaban en su fala añorante. Uno le preguntó a otro que cual fue la causa por la cual fue condenado al fuego eterno.

-Eu carayu. ¿E tú?

Un gallego no cambia su estructura mental e incluso en el infierno; es capaz de responder a una pregunta con otra pregunta. Y el que quiera saber más que vaya a Salamanca. Los dos personajes permanecían subidos a una escalera. Nadie podría saber-así eran de prudentes- quien de los dos subía y quién bajaba. Pero los dos machacaban el canto con suma destreza. Uno de aquellos orensanos debía de ser pariente de Mariano Rajoy con su filosofía de que "el que aguanta gana".

Una meiga se acercó entonces al grupo de los gallegos y les entregó una orza que más bien era un cántaro llena de ribeiro. Tras algunas libaciones los galeotes de la galaico cornisa empezaron a parlar a puñados y se mostraron dicharacheros y amables los que antes anduvieron reservones. No hay nada como una buena jarra del de Rivadavia y una empanada de hojaldre para hacer decir a un gallego lo que piensa. Ah la mia mai, so fillodo demo... El gallego preguntado subió al patíbulo condenado a muerte por un juez eclesiástico. Había matado al obispo de Compostela por haberle encontrado encamado con su mujer. El preguntante había sido cuatrero pues procedía de la zona donde se celebra la rapa las bestas. Lo pescaron en una feria de Medina con una partida de cien acémilas robadas. Fue sometido a tormento de amputación de las dos manos por amigo de lo ajeno. Con tal de tomar un poco el aire y respirar los vientos de Segovia que le recordaban los airiños verdes de a sua terra no les importó tomar parte en aquella magna obreriza aunque el Marqués de Villena les estaba haciendo trabajar como burros. Eso de construir el acueducto en una sola noche, tela marinera. ―Largo me lo fiáis. Eu carallo.

Las cuadrillas de vizcaínos también eran muy interesante y aunque no armaban tanta bulla como los de las Rías Bajas, pues es su costumbre hablar bajo y cantar alto se distinguí por el esmero que ponían con sus yuntas de bueyes en el acarreo de las moles de granito. Cruzaban apuestas sobre cuál era la mejor yunta de bueyes y a ver quien llega antes. Hablaban entre ellos su gacería sin que les entendiese nadie. Venida la alborada, estuvieron ya casi todas las arcadas dispuestas. Y sólo faltaba un arco cuando el sol empezó a lucir por las quebradas de la cordillera. El diablo perdió el pleito y la dama del cura se puso tan contenta que decidió como agradecimiento abandonar el mundo y profesar en  Santa Rita. Llegaría a ser tutora de la Reina Isabel de Castilla y fue nombrada abadesa. Todos en Segovia contaban como una hermosa leyenda la historia de aquel milagro y cuando oían hablar del Marqués de Villena escupían para arriba. Ah el Marqués de Villena ni palabra mala ni obra buena.

UNA INFANCIA EN SEGOVIA DE MI LIBNRO "eL SEMINARIO VACIO"

Posted: 16 Jan 2019 11:31 AM PST














LA VENTANA DE MI INFANCIA
Yo nací en una ciudad levítica, crecí a la sombra de la torre de una catedral gótica, me dieron en el rostro los sones de sys campans, escuché salmos y cantos de ronda bajando hacia la Hontanilla, dejando atrás la judería vieja, pasando el arco del Socorro. Tiré varetas por las mismas trochas que recorrió Pablillos. Conocí las huellas o las marcas en el camino que dejaron las cáligas de los hoplitas de las legiones romanas, las sandalias de los franciscanos y las zapatillas de los santos. Había una roca cerca de una fuente en mi barrio que tenía una cruz de hierro ya mohosa donde se sentaba Fray Juan cuando subía jadeante desde su convento al beaterio a confesar a las monjes y  donde dicen que Teresa de Jesús se sacudió el polvo de su calzado despidiéndose a la francesa para no volver más. La Fundadora era de armas tomar, Dicen que dijo:    
     -De Segovia, ni el polvo de zapatilla.
Las lenguas de las cotorras mal hablaban de que tenía un lio con su frailuco y medio pues era de corta estatura quiero decir san Juan de la Cruz. Que el refrán advierte que entre santa y santo pared de cal y canto. Claro que santa Teresa era abulense y los de Ávila y Segovia la ciudad rival nunca nos llevamos bien del todo que se diga. Cuando jugaba la Gimnastica con la Unión Deportivasalía la gente a palos en el Campo del Peñascal. Procedemos de una estirpe mística muy devota y a la vez socarrona y pagana aunque de cristianos viejos como el que más. Otros historiadores señalan, al contrario, que somos la mayor parte de raíz de ahí nuestra complicación mental pues de Segovia ni la burra la novia nos achacan los que nos quieren mal. Vaya usted a saber pues se asegura que todos los israelitas de Burgos cuando salieron mal con los de aquella otr ciudad castellana se vinieron a acoger bajo los arcos del acueducto. Se bautizaron en masa y se hicieron hidalgos y caballeros de vieja estampa más papistas que el papa y más españoles que el pupas.
He de decir a tal respecto que nuestro amor a la Virgen de la Fuencisla tan arraigada en nuestras vidas arranca de una pobre judía (nuestra querida virgen debiera ser la abogada contra la violencia de género) a la que su marido acusaba de andar tonteando con un capellán, el sanedrín quiso dilapidarla pero luego cambió de parecer. Hombre sería mucho mejor tirarla por un barranco que nunca faltan por ahí por tejadilla y ahí en eso en peñas escarpadas que marcan las orillas de lo que otrora fuera mar, una mar prehistórico. Y por ahí la defenestraron aquellos malditos. María del Salto se encomendó a Nuestra señora y Ésta la recogió en su manto como si fuese su regazo maternal se tratase. Ella estaba allí al pie de las peñas donde las aves alzan sus nidos y donde un pueblo de amor transido vibra en tu Honor. Me he puesto a escribir una novela que es la historia de mi vida y me sale una salve.
Total que nuestros antepasados se bautizaron en masa y las aguas del  Rasemir se convirtieron en un gran Jordán donde los del Pueblo elegido tornó sus ojos a Cristo. En cierta manera los segovianos nos sentimos un pueblo elegido. Elegidos para la palabra y para el dolor. Si la cruz es un privlegio a nostros nos signaron con ella desde el principio hasta tal punto que sólo a nosotros se nos permite hablar mal de la ingratitud de los elegidos. De raíz conversa eran los coronel y los Davila incluso el propio Torquemada prior del convento de Santo domingo presentaba un origen nada preclaro y converso era Pablillos y el gran historiador Colmenares otro que tal. Que nos nos vengan con alicantinas. Lo que pasó pues pasó.A qué ton eso de meter la reja en la Historia como si fuera la vertedera de un labrador honrado que labra sus campos por La Lastrilla. Los mandiles eran los asesores y los confesores de la Reina Católica y los pincernas de su hermano el infausto Enrique IV que a mí me parece que no era tan impotente como le arguyen aunque aquel rey todo hay que decirlo se aficionó a las costumbres moriscas y estaba rodeado por una corte de jenízaros andaluces. Todos los de la Guardia Mora.  Converso era el sacristán de san Facundo el que entregó las hostias para que las arrojase a la caldera y la sagrada forma empezó a subir y subir por los tejados dando la vuelta giratoria a todo el poblado hasta  ir a parar a la celda de un novicio dominico del convento de Santo domingo que iba a recibir el Viático.. el fraile era tambien marrano como María del Salto como la mayor parte de los obispos, deanes y capellanes que ejercieron en Segovia y como judíos fueron los conquistadores que acompañaron a Colón. ¿Fue verdadera o fingida su conversión? Eso pertenece a los misterios archivados en los anales de nuestra historia. España es al fin y al cabo una locura. Pero una locura maravillosa.
En la mescolanza de los sonidos que bajan de arriba o suben por abajo ecucho los ecos de mi niñez perdida: los cantos infantiles de la rueda y el corro, el son de los viejos romances. Veo subir la cuesta que lleva a la Puerta del Socorro a muchos peregrinos camino de Compostela con la calabaza y el bordón pardas hopalandas. Pardo era el color con los que se vestían los campesinos de la gleba y negro el de los caballeros los clerigos y los domines. Pardos eran los picos de las putas. De las famosas meretrices de Segovia. En mis primeros años conocí los últimos suspiros de Castilla la Vieja. Era un país absolutamente a la España de hoy. Pardos son mis ojos y pardo soy yo hijo de la luz y de la noche. Parda humildad semi franciscana. Don Pablos me estaba haciendo señas desde la otra ventana y traía un libro en la mano aquel protodiacono de los pícaros y me insinuaba tolle et lege. La primera foto que me hicieron en la alameda fue acompañado de un libro. Tenía un libro en la mano el pelo rubio y la barriga algo abultada.
 Pero no maldigamos a los tiempos creyendo el pasado fue mejor pues eso supone una blasfemia un querellarse contra los designios misteriosos del Criador. Yo me forjé una idea heroica del mundo. Caballeresca. Había que salir en pos de un ideal a la búsqueda de ínsulas baratarias a desfacer entuertos defender a los humillados y ofendidos y pelearme contra los gigantes que luego resultaron solo aspas de molino harinero. ¡Qué cosas! Acaso me sumí en un romanticismo trasnochado pero eso ya nada importa.
La sombre de aquella catedral acariciadora y benigna hizo de mí un exaltado de la cruz hasta llegar a la convicción de que sin cruz ni cristianismo no son posibles ni la el amor ni la belleza. Acaso en parte llevase razón pero la cruz no debería jamar imponerse por la espada ni a la fuerza. Bajo el arco oscuro y olendo un poco a húmeda bodega del postigo aquel por donde pasaban los carros y los areneros de Espirdo y los panaderos de Encinillas que subían a vender su mercancía a la ciudad o los curas de teja, breviario y balandrán arrebujado como un tapabocas sobre el pescuezo para no apañar frío en las tarde heladas habían cabalgado los guerreros de la edad media (Segovia enclavada sobre un castro que es todo un baluarte siempre conservó un aire militar, fraguamos país en la lucha contra el moro o peleando en nosotros mismos acabada la reconquista) pero tambien los picaros y los perailes.
 Subían pobres de solemnidad y detrás mujerucas arrebujados en sus mantones. Peleamos contra el sarraceno pero acabamos adquiriendo muchas de sus costumbres en realidad. Todo en la vida es circulación. Ir y venir. Subir y bajar. El eterno metisaca del nacer y morir del engendrar del parir. Arillos concéntricos de la nada. Relojes de sol y clepsidras. El arco del socorro impetérrito entendía poco de cronómetros. Tempus fugit. Pero da igual. La estancia del hombre sobre la tierra no es más que un soplo.
Habían clavado una lápida en lo alto del pasadizo que decía al fran escritor humorista don Francisco de Quevedo autor del Buscón que era de Segovia natural. Efectivamente en una de las casas del cantón tuvo el verdugo municipal su residencia y al lado vivían los corchetes y alguaciles. El corregidor un poco más arriba. Creo que era el mismo edificio donde una comadrona que se llamaba doña Aniana Dios la tenga en su regazo me sacó del vientre de la Juani que las pasó moradas pues la criatura que alumbró pesaba seis kilo doscientos gramos y esa criatura era yo.
Ahora bien tachar de escritor humorista a don Francisco de Quevedo el poeta más serio y profundo de la lengua castellana que sólo pasó al conocimiento del pueblo por sus chistes verdes o los relativos a la coprología (pedos, privadas, eructos y otras bellaquerías que entre dos piedras feroces salió un hombre dando voces adivina quien es pues píntale de verde) me parece un poco precipitado pero acaso responda a una venganza de la historia que ha sido contgando y manejada por quien ha sido contada y don Francisco que acaso fuera de la misma estirpe de los manipuladores acusó a los judios y a los venecianos de ser los grandes conspiradores contra la corona de Castilla. Eso nunca se perdona. Claro está.
Aquel letrero contra el cual disparamos algunos cantazos en nuestra furia iconoclasta y llevados de la ignorante clastomanía de la juventud (hay que destruirlo todo, no dejar títere con cabeza) lanzamos algunas pedradas y todavía está ahí la señal. Mi cantazo hizo una esquilar en un ángulo pero aún se puede leer. La leyenda también le pareció a don –camilo José Cela cuando cruzó por allí un bruma de mal gusto indicio de la estulticia de nuestras fuerzas vivas.
Pablillos pudo ser uno de mis compañeros de juego aquellos niños con los pantalones con remiendo que no gastaban calzoncillos y un solo tirante de mi cuadrilla. Con los que jugaban conmigo al chito a la malla a guardias y ladrones al zorro pico zaina. Juntos entrabamos en las casas deshabitadas en los hospitales de sangre abandonados donde todavía quedaban vendas y jeringuillas y sondas sobre las camillas. De uno en uno nos daba miedo explorar aquellos recintos. Podría haber fantasmas. Y la leyenda clavada en la Puerta del Socorro pienso al cabo de muchos años que selló mi destino. Sus letras gordos pesan aun sobre mi cabeza. Yo iba para santo. Quería ser cura y acabé en escribidor que es una profesión por decir algo y que guarda cierta relación con todo lo relacionado con la picaresca.
Naciera yo a la sombre de aquella catedral divina que se erguía sobre las casuchas de mala nota y las escalerillas donde estaban las puertas marcadas del barrio sefardita. Pienso si mis orígenes no me habrán predeterminado. ¿Habrán sido maldición o bendición? ¿Trajeron suerte o fueron una desgracia semejantes premisas del que busca y se afana y doce al año que viene en Jerusalén, reza salmos, eleva sus ojos al cielo al dio y siempre vuelve sobre sus pasos. Ir y venir que llaman acarrear. Girar y girar. Y venga dar vueltas. Vano empeño eso de buscar la arcadia. El paraíso y el infierno yacen en el fondo de nostros mismos. Son estos empeños frutos de la vanidad y de la locura humana. Cristo sin embargo nos sonríe. Está en las historia. Aunque nos elija solo para el dolor. No para el triunfo ni para la fama o la honra- esa sabiduría me la comunicó Pablillos- porque no somos otra cosa que carne de dolor. Eso no lo entienden ni las mujeres ni algunos paisanos míos. Todos ellos no leyeren jamás el Libro del Bendito Job. Por eso se desperran y no encontraran jamás consolación.
 De esta forma me apareé a mi yugo y me resigné a mi suerte. A veces me parece que he triunfado que soy un elegido que el Santo de los Santos ha escuchado las plegarias de este pobre miserable. Por todo eso y por mucho más muchas gracias, Señor.
En los terraplenes de los adarves de la muralla donde crecían hierbas ociosas, lampazos y parietarias, estaba el edificio. Le llamaban la Casa de la Troya. Acaso este título de una novela de Pérez Lujín definiera el continente y el continente y el contenido fisico así como el carácter de sus moradores. Fue la casa del Gran Matarife. Algún escudo con los atributos heráldicos del Santo Oficio debieran de andar por allí cosa que espantaba a algunos transeúntes a los que entraba  el canguis y de repente se persignaban arreando el paso. Hubo habladuría de que oyeron ruidos de cadenas y clamores de almas en pena pero no era en nuestro edificio sino en la finca colindante donde nadie vivía. Sólo algún gato pero de noche todos los gatos son pardos y algunos de estos bichos pudieran resultar gatos inquisitoriales. Hay que andar siempre con la mosca en la oreja. ¿Fantasmas a mí? No gracias. Temo mucho más a los vivos que a los muertos pero no se puede ir contra corriente ni desbaratar las creencias del populacho. Del rey y la inquisición chitón. Asi que ojo al cristo que es de plata. Paso corto y vista larga.
Entonces no sabíamos lo que era eso. No había aparecido aun en nuestras carnes la llamada del sexo que todo lo desbarata, ni bebíamos vinos aunque nos mofásemos con los borrachos muy frecuentes por aquellos contornos y en aquella porque en Segovia había más tascas y tabernas que iglesias y oratorios que ya es decir ni habíamos empezado a alternar ni a tomar café. Nuestros pulmones y nuestros bandullos estaban todo lo limpios que se puede estar a los cinco o seis años asi como nuestros pensamientos y nuestras almas por más que nos diga que el ser humano viene al mundo con el sello del pecado y siente una proterva inclinación a hacer daño y a mal pensar.
Tambien es verdad que estábamos en estado salvaje o acaso fuéramos el buen salvaje roussoniano limpio de polvo y paja. Triscábamos por la vereda, saltábamos de una peña a otra temerarios en nuestra osadía y despreciando el precipicio que mediaba entre ambas rocas. Jugábamos a la guerra en batallas de moros y cristianos como  podía ser menos en cualquier ciudad española. Organizábamos dreas con los chavales de San Andrés parroquia a la que pertenecían los que Vivian en la puerta ulterior del Arco. Los de la citerior éramos de San Millán. Había verdaderas guerras campales a cantazo al final de las cuales alguna ventana quedaba con los cristales hechos zarzamillo y los dueños traían al delincuente de la oreja abriéndole a su padre el libro de reclamaciones por daños y perjuicios.
     -Son tres reales por el cristal que rompió tu chico.
Y el progenitor ya estaba esperándonos con el cinto. Aquella noche no había cena o mejor  dicho cenábamos de la correa y de los vergajos. Pero Eros y Tanatos no habian asomado aun la oreja y de la política únicamente hablaban los mayores y de sus conversaciones colegiamos la tristeza y desolación las vidas truncadas y los muertos que trajo aparejados aquella contienda fratricida. Las mulas de la  inquisición nos traían al fresco. Hacía muchos años que habían dejado de transitar aquellas sendas. El tizne del demonio sigue ensuciando aun algunas almas negras. No comprendo ese afán de los españoles por cuestionar nuestra historia y entregarnos a disquisiciones que a ninguna parte buena conducen y sólo sirven para enfrentarnos los unos con los otros. Debe de ser porque aun llevamos la ley del ojo por ojo y el diente por diente marcada a fuego en nuestros entresijos displicentes. Buena gana de elucubrar con ucronías y futurismos. Nosotros ajenos a todo eso jugábamos al trompo y a las canicas como si tal cosa.
Aspiraba a llegar a kas estrellas siempre buscando el plano ideal el que marcara la aguja del pararrayos catedralicio allá arriba por encina de los ojos de la torre. Los días de fiesta yo veía sacristanes en camisa volear las campanas sudando oprimidos bajo el peso de los badajos pero había que anunciar el magno acontecimiento de la pascua. Abajo en la plaza los de las charangas lanzaban voladores y don Francisco de Quevedo los ojos cegatos los pies zopos pero la lengua suelta y acerada de un cofrada subía hacia el enlosado muy fatigado el hombre. Se acababa de entrevistar con el Domine en la casa donde no se come ni se bebe. He seguido los pasos de aquel cojo divino genial y tabernario yendo por el mundo un poco telumante de libros y de literatura pegando palos de ciego y de que me cerraran altísimas puertas.
     -A los profetas ya no os hacen caso.
     -Mientras no nos ahorcan seguiré apostrofando.
     -No eres más que la voz que clama en el desierto. Cabezazos contra un muro. Mira que eres testarudo.
Por la calle pasaban algunas monjas un panadero morisco y un cristalero que iba a componer una vidriera que había derribado uno de los pedriscos que suele haber en esta ciudad por las fiestas de San Pedro. Todos se los veía muy afanados las monjitas con los ojos bajos el morisco muy altanero y que no le quedaba en la boca ningún diente portaba a la cabeza una bandeja como una herrada. Por allí cerca estaba el obrador paredaño al convento de las claras. Don Francisco que iba ya harto de vino entró en un cuchitril socavado como una bodega en los mismos bajos del temple al lado de una ebanistería. La entrada de la bodega ostentaba en el dintel un laurel báquico y un letrero que ponía: “más vale aquí mojarse que enfrente ahogarse! Y justo enfrente acurrucado en el lecho del valle donde estaban los pegujares y los tablares lindamente labrados por los hortelanos moriscos con sus arriates y sus caballones adosados en perfecta simetría bajaba el Rio clamores bastante crecido de corriente salvo en agosto. También lo decían el rio Mierdero porque en él desaguaban las letrinas de la ciudad. Sumirse en él debiera de ser buena tortura. Don Francisco llevaba sobre  el chaleco una enorme cruz colorada. Era de la orden de Santiago y aun borracho aparecía siempre en compostura. El mosto nunca le hizo perder la condición de caballero. Me hubiera gustado a mi ser el escudero de aquel sublime beodo. Sus libros aun me siguen emborrando de sabiduría, de piedad y de risa.
Aspiraba a alcanzar ls estrellas. Siempre buscando el plano ideal. Mi vida se enmarcaba en el rectángulo de aquel ventanal balcón que daba a la acera. Esta condición de niño humilde ha marcado mi camino. Anduve casi todas las sendas, hice muchas descubiertas por muchas tierras, pero sobre todo exploré todos los libros y caté los mejores vinos de la tierra. In vino veritas. Sangre de Cristo. Desde lo hondo del jarro el jocundo espiritu de Pablillos el mejor amigo que hubo en mi infancia me hacia momos. Y no eran burlas. Eran señas. Asi cogía fuerzas y cargaba con la gran luna del espejo para irla pasando a lo largo del camino.
Y las campanas tan… tan… tan. Los moros las aborrecían y es una de las muchas cosas que me fastidian de su religión aparte de que no permita beber de lo mejor que da la vida ni comer jalufo wl que no toquen campanas nunca en lo alto de los minaretes. La voz del almuédano nunca tendrá los timbres maravillosos y por eso he llegado a la conclusión de que el cristianismo es la religión verdadera. Sin campanas no puede haber dios y yo escuché muchas horas su dulce repicar. Invitan a la paz, la armonía, el civismo. Algún sacristán en aquellas tenidas en lo alto de la torre se asomaba a descansar y a echar un cigarro contemplando el magnifico panorama que brinda la ciudad. Debía de ser un hombrón pero desde abajo parecía muy pequeñito.
     -Baja un poco el acelerador. No te entusiasmes tanto.
     -La pasión siempre nos vuelve a los hombres ridículos. Ya   se muy bien lo que me quieres decir, zampabollos.
     -Piensa mal y acertarás.
     -Desde luego
Mi vida iba a ser no tardando mucho un descarrilamiento a la carta. Fracasos sentimentales. Problemas laborales trifulcas de todo tipo. Originales para publicar devueltos. Fui un vagabundo sin suerte. Una novia me dejó a la puerta de la iglesia otra me divorció. No sé qué mal hice. No tienes vista. Eres un poco patán. Fracasos sentimentales situaciones decepcionantes. Por los cafés hice el ridículo y hasta las putas se reían de mí en los prostíbulos. Sin embargo yo les decía aguardad que yo escriba. Dadme papel y tinta. La literatura me transformaba en una arcángel. Entonces armado de la flamígera espada de la palabra me convertía en una arcángel invencible, desalmenaba a mis enemigos, les dejaba sin argumentos y sin palabra en la boca. Había una fuerza en mí. Quizás fuera la potencia de la fe.
Descarrilamientos a la carta. Fui pegando bandazos pero estos fracasos son algo exterior hay que fijarse en  lo que va dentro no en el accidente sino en la sustancia. Mi vida osciló a péndulo entre realidades consecutivas y suposiciones metafísicas. Fui don quijote y sancho. Pero ser español significa estar sujeto a esa condición de metamorfosis.                    
Aquella fue la ventanal de mi infancia un balcón que daba a la calle pues vivíamos en un piso bajo. Dicen que no eres de donde naces sino de donde paces y yo pací en muchas partes pero el haber visto la luz primera a la sombra de la catedral y haber abierto los ojos a los paisajes que cercan la urbe fue algo definitivo. Como un sacramento que imprime carácter.
El recuerdo de aquellos años trae hasta mía-recuerdos de un viejo- aromas de la infancia lejana. Percibo en mezcolanza el eco de sonidos de bronce de la campana

Aquellas navidades fueron tristes cuando Juanlo se murió. Yo he nacido a la sombra de la espira de una catedral del gótico tardía, alta ebúrnea, encaramada mirando a las estrellas o en dialogo permanente con el añil de los cielos límpidos de Segovia. Cuando voleaban las vísperas de las grandes fiestas  todos los pájaros abandonaban helgaduras de los huecos de la muralla donde posaban sus adarajas los canteros romanos y ahora era habitáculo de golondrinas y de las perennes chovas de Segovia de un altanero y lejano piar y salíanb corriendo mientras se alegraban los rostros y las conversaciones se fundían con el sonido del bronce de la campana gorda que sonaba sólo en dos ocasiones el Día de la Resurrección y el 15 de la Virgen en la solemnidad de Nuestra Señora. Ese día al correr de los años me casé yo. Si la torre de la Dama de las Catedral con sus flamígeros pináculos me parecía inalcanzable las paredes de la muralla romana junto a uno de cuyos cubos se adosaba casi la casa de vecindad donde vine al mundo me poarecía poco menos que inexpugnable.
-Tan. Tan.tan.
El mundo se llenaba del gozo de las vísperas. Ese toque de vísperas o el son más convencional y perfunctorio del anuncio de las horas canónicas los llevo metidos en los tímpanos del alma. Campanas que tocan a veces solas en la memoria. Los niños salíamos a la calle y nos subíamos a las peñas de piedra caliza-en las margas y oquedades sobre las que se alzaban los cimientos de la ciudad aparecían a veces fósiles y animales disecados de formas extrañas, moluscos, valvas, camarones y caracoles que recordaban que un día Segovia fue mar precisamente allí donde se alzaba aquella hermosa y grandiosas catedral, para ver tocar. Los bultos de los sacristanes que accionaban las cuerdas y los badajos desde lo profundo de la cuesta del socorro parecían figuritas de un Belén. Unos puntitos blancos en mangas de camisa.
El haber visto la luz por primera vez bajo la sombra de aquel impresionante gótico tardío creo que imprime carácter. Dejaría en mi ánimo un enervamiento, una tensión hacia la verdad y hacia la belleza que constituyen el principal legado del cristianismo. Para mi la religión es una búsqueda y una añoranza del paraíso. Sin esta noción estética que proyecta sobre el mundo la sombra del ideal como la de aquel cimborrio que lanza su sombra al páramo  y el valle no es posible la vida ni la esperanza. Era hermosa aquella catedral que el mundo debe al genio de Gil de Hontañón. Airosa y joven. Siempre que vuelvo a mi ciudad la encuentro moza como una novia. Un mojón clavado en la llanura que inspira elevación recogida y oración. Cada vez encuentro al mirarla algo desconocido. Produce endiosamiento.
Y otra cosa. Está dedicada a la Virgen. Forja una noción protectora desde la lejanía. Anduve luchando muchos años con las sombras del mundo añorando esa claridad que siempre tuvo la luz de Segovia algo único. Nostálgico del manto de protección de Nuestra Señora que los rusos denominan pokroven una fiesta especial que designan como el Día del Manto. Desde aquel ventanal del número cuatro de San Valentín yo aprendía a mirar a lo alto a escuchar las campanas y a ver como avanzaba la sombra protectora de la torre con el girar del sol sobre el horizonte como un manto protector de la virgen sobre Segovia. Me hubiera gustado ser menos entusiasta y enardecido pero aquella sombra y aquel manto me hicieron como soy. En la muralla había un sillar romano en el que se leía una inscripción. Iuvenalis Iuvenale decía la inscripción. Lo demás estaba borrado por la lluvia que erosionaron el granito. Podía ser una piedra miliaria o acaso aquella piedra formó parte de un templo a algún dios derruido. La muralla romana fue derruida por Almanzor. En la reconstrucción se aprovecharon todos los materiales. Tambien me intrigó aquel letrero. Segovia romana inspiró mi inclinación hacia la latinidad lo que es lo mismo que la catolicidad. Vengo de un origen donde universalidad quiere decir tambien altruismo y un cierto sentido caballeresco / romancesco de la existencia. Tales antecedentes me recluyen e incluyen. Mirar hacia lo alto a la catedral. Había un cipres intramuros que eclipsaba la vista en parte de ka torre. Las tardes de primavera era un nido inmenso de todas las aves del cielo y a mano izquierda estaba el Arco del socorro con el escudo que mandó esculpir el emperador Carlos V en la cara norte y una talle de la virgen de las Nieves en la otra. El postigo había sido derruido en parte pero quedaron en parte los ojos oscuros de los matacanes de vigilancia y las saeteras de lo que debió de ser el cuerpo de guardia.  
  Yo miraba continuamente para la cuna vacía y seguía becando a mi hermano por todos los rincones de la casa.  En el hornacho bajo el fregadero.  La lumbre estaba puesta toda la tarde.  Hizo mucho frío aquel invierno del 47 y hubo fuertes nevadas pero los días fueron alargando, se hicieron más largos y fríos.  Estábamos de luto pero venían visitas y nuestra casa era un filandón de gente a dar el pésame.  Hay que sobreponerse... llegó el abuelo del pueblo con un saco de patatas y judías que madre vendía al estraperlo pero mi madre la Juanique sabía cómo ahorrar la peseta era mujer de buen corazón y gran parte de los víveres que criaba el abuelo Benjamín en el huerto, en el judiar o que trillaba en la era o molía en los molinos harineros iban a parar a los necesitados de nuestra vivienda.  La puerta del sargento Parra y la Juaniestaba abierta y hasta hacían cola y pedían la vez en espera de un socorro.  La cola todo hay que decirlo no era tan nutrida como en el pasillo largo y hediondo que conducía hasta la puerta de la Felisa que recibía a sus visitadores-usuarios en bata de cola.  Las vecinas se hacían lenguas de la generosidad de mi progenitora.
-Ay, señora Juanita, qué buena es usted!
-Ni mucho menos, Macrina.  Tiene que ser unos por otros.


A su lado no había pobres aunque mi madre tenía su geniecito. Cuando rompía un vaso o tiraba la leche que traía el machacante del cuartel me zurraba cola zapatilla.  El óbito de Juan José había supuesto un duro golpe para ella y creo que empezó a padecer de los nervios.  Yo había quedado como el rey de la casa.  Sin embargo, siempre tuve la sensación de ser aborrecido porque al poco tiempo quedó encinta y nació otro hermano el tercero que siempre sería su favorito.  Al cabo de mucho tiempo pienso que aquel trauma de no ser querido de ser infravalorado o despreciado ha sido un lastre psicológico en mi vida.  Y muchos de los padecimientos psíquicos e inseguridades que me han azotado tuvieron su origen en este interregno entre la muerte de Juanlo y el alumbramiento de Zacarías cuando mi madre tuvo un grave padecimiento de tipo nervioso.  No sé.  Por otra parte tuve la sensación de que mi padre se volcaba con los de fuera y a mí me golpeaba al menor pretexto.  Yo fui uno de tantos niños maltratados de la postguerra.  En las fotos de aquella época que conservo aparezco con los ojos tristones y siempre con un libro en la mano.  Esto de los libros fue síntoma.  A los libros me aferré de por vida.  Los clientes-usuarios de la Felisa aumentaban con el paso de los días y debió de irla bien en su negocio el más antiguo del mundo pues al poco tiempo se mudó a una casa más lujosa en la calle Gascos.  Era una mujer rubia, alta y muy simpática.  Siempre me daba caramelos puesto que el hijo del señor Silvino el militar en la Casa de la Troya era toda una autoridad y me besuqueaba pero a mí no me complacían los achuchones de la Felisa.  Llevabalos labios pintados y el aliento le olía vino que tiraba para atrás.  Desde entonces las magdalenas me inspiraron compasión y una cierta curiosidad.  Yo no sería nunca de los que tiraran la primera piedra.  Tampoco los inquilinos de nuestro bloque que hacían la vista gorda.  Pobre mujer.  A su marido un oficial republicano murió en el Ebro.  Tuvo que dedicarse al arte seguramente no por vicio sino por pura necesidad.  Tenía una hermana la Concha que iba a vender caramelos por toda Segovia.  En las ferias en las procesiones en el âseo Nuevo o en el Salón sonaba la voz aguardentosa de aquella mujer metida en años y en carnes que vendía chuches y el pirulí de la Habanapor un real.
-A ral... a ral... ral.


Era su santo y señas y las buenas gentes de mi ciudad compadecidas se rascaban el bolsillo e iban a comprar a la Concha un cucurucho.  La percepción que tengo de aquel entonces era un vivir como hermanos.  No había pasado más de un lustro de finalizar la contienda y allí no se hacían distinciones entre republicanos y nacionales.  Se hablaba de paz de lumbre de trabajo.  Pero las marcas de aquella guerra terrible quedaron tal vez marcadas en el interior de las almas.  La señora Segunda que me daba cacahuetes por ejemplo.  La recuerdo jorobada y pequeñita subida sobre un tuero del fregadero de su cocina que daba al patio con pozo de brocal y vistas al Pinarillo. Le habían matado al marido en la guerra y a un hijo.  Vivían de lo que sacaba Gabriel el cojo que vendía pipas y cigarrillos en la estación.  Todos los días se le sentía bajar por la escalera a rastras.  Se protegía las manos con una especie de almohazas para no herirse y con rodilleras y subía a su triciclo con un pedal de mano y con su cesta pedaleaba los dos kilómetros que distaban  entre el barrio de la estación y el Arco del Socorro.  Era el único que miraba a los militares con cierta prevención.  Sin embargo, le quería mucho por ser hijo de la señora Segunda una santa él decía.
-Lo pasado pasado, Gabriel, hay que echar todo eso en el olvido.
-Ya.  Pero es muy difícil renunciar a las ideas, mi sargento.


Sin saber que responder mi padre le ofrecía la petaca y fumaban amigables el soldado de Franco y el paralítico republicano.  Gabriel vendía pipas en el andén y cuando regresaba a casa escribía poemas.  Yo tengo sus manuscritos que desgraciadamente no vieron la luz.  Por aquella escalera bajaba  Taito que era aprendiz de albañil y la Tía Carnerita gorda como una tinaja y la voz ronca de aguardiente dejando un rastro de olor.  Uno de sus hijos era ciego y vendía los veinte iguales para hoy y una hija la Carmenhabía tenido un hijo de soltera, Constantinoque era de mi edad.  Lo había engendrado un italiano del que nunca más se supo pero la Serafina la hija mayor de la Carnerita cuidaba de todos ellos.  Fregaba suelos se levantaba a las cinco de la mañana para  asistir y por el verano vendía helados en un puesto que tenía en el Azoguejo.  Estaba cargada de hijos y tenía a su marido en la cárcel. iba a verlo al penal de Cuellar algunos jueves en los coches de línea de Galo Álvarez.  Tengo que decir que mi padre que estuvo destacado en la guardia de soldados que vigilaba el castillo le llevaba  paquetes de comida y lo recomendó al coronel Tomé para que saliera en libertad alegando motivos de buena conducta y además el Iglesias el marido de Serafina carecía de delitos de sangre.  Este hombre llegó a ser en Segovia muy popular pues era buen recitador y en muchos salones de actos se le invitaba como rapsoda.  Su tour de force era el Piyayo de Ganbriel y Galán.
  Aquella ventana de mi infancia oreaba horizontes de melancolía pero nunca el odio que ha aparecido casi setenta años después a menos que ese rencor estuviera soterrado o haya saltado a la palestra de forma interesada a instancias de esas fuerzas oscuras que tienen una trayectoria invisible pera tan malignas como frecuentes en nuestra historia.  Esas fuerzas son las que envenenan la convivencia entre españoles.


Otro de los personajes que subían y bajaban por la escalera de la casa de San Valentín era un guardia civil padre de otro amigo al que aludiré después puesto que el señor Juan, muy serio y muy guardia civil, cuando pasó a la reserva fue contratado como portero del seminario de Segovia.  Le recuerdo siempre serio inmerso en un gran mutismo introducido en su tronera.  En toda la tarde se leía de arriba abajo el Adelantado de Segovia.  Aquella sequedad aquella seriedad escondían un buen corazón  pero tambien un entendimiento cargado de experiencias pesimistas sobre la inclinación al mal de la naturaleza humana que él había vivido a través de su oficio de policía en años muy duros.  Era un hombre enorme alto bien parecido con unas anchas hombreras.  Bajaba las escaleras lentamente com el máuser en bandolera la capa y el tricornio.  Infundía un poco de respeto aquel honrado número de la Benemérita pero daba la impresión de estar amargado por cuestiones que ya he detallado en otro capítulo de esta historia de mi vida.  A la puerta le esperaba el otro número con que hacía la mayor parte de los servicios y salía mauser y escarcela al hombro de correría.  Se llamaba Belinchón.  Pese a su apellido en aumentativo el guardia Belinchón era pequeñito vivaracho y locuaz.  La pareja era un contrapunto.  Parecían la ele y la i pero toda una pareja de la Guardia Civilcirculando por los caminos de España.  Acostumbrados a ver mucho y a pasar fatigas y sinsabores.  Paso corto vista larga y ojo al cristo que es de plata como se suele decir. Casimiro el guardia mi vecino era de rango inferior a Belinchón que lucía una galón rojo en forma de ángulo por lo que antes de iniciar el servicio tenía que cuadrarse y darle la nopvedad como subalterno.
-Sordenes.  Sin novedad, mi cabo.
-Pues adelante con los faroles.
Y La L y la I transfigurados en pareja de la GC desparecían por el postigo del Socorro.  Pero antes una paradita en la tienda del Tío Juvenal que solía invitarles a café de puchero y una copa de coñac.  Se agradecía pero se rehusaba.  La Benemérita no prueba el alcohol cuando está de servicio.  Se les respetaba y acaso se les quería pero también se les temía.  El guardia Casimiro le contaba una vez a papá en una de las pocas ocasiones en que éste rompió su reserva y su mutismo que el peor servicio para ellos no era la lucha contra el maquis.  Era la cuerda de presos.  Alguna vez mirando atrás en su hoja de servicio fue cuando tuvo que conducir desde Puerto de Santa María hasta Chincilla a tres penados que iban a ser reos de muerte.
-Parra, eso sí que es duro.  Se te parte el corazón.  Nunca
te acostumbras- le decía.


Por eso aquella tristeza en el rostro del guardia Casimiro.  La guerra le pilló en Madrid.  Un guardia civil tiene que ser siempre leal a su gobierno.  Luego cuando vio aquel desbarajuste se pasaría a los nacionales.  Sus ojos estaban cansados de tanto testimonio de tristeza de tanto ir y venir en interminables retenes por los caminos.Cuantos secretos encerrados en el macuto de un guardia civil!  Luego regañaba mucho con su mujer por causa del Antoñita al que nunca consiguió meter en vereda como declararé después.




  De oscurecida pasaban los grandes rebaños de la mesta.  Mil.  Diez mil ovejas.  Creo que hasta cien mil cabezas pasaron por el portón camino del fielato para el pesaje y la alcabala.  Detrás venía el morueco o carnero padre con un cencerro.  A los flancos, guardando la línea, excelentes guardianes de la majada, los mastines, algunos de ellos de una alzada pareja a la de un buche que obedecían las órdenes de los rabadanes, todos con boina, calzados con albarcas y con piales y zaragüelles.  Parecían soldados que la mesta siempre estuvo algo militarizada. Por las noches se sentía ladrar a lo lejos el ladrar bronco y profundo de aquellos perros que desafiaban no sólo al lobo con sus carlancas sino también a la luna.  Contemplaba yo aquel tránsito impresionante de cabezas de ganado, un mar de ovejas. Siempre había sido así.  Desde la edad media hacían vereda delante de aquella casa e iban a pernoctar al Pinarillo cerca del cementerio judío donde estaba el osario o cementerio judío.  En plena cañada real.  Costumbre establecida desde las merindades. Aquel olor aquel tamo que los animalitos levantaban al cruzar la puerta del Socorro de la vieja ciudad amurallada me impregnó del sentir de la historia de mi país.  Un pueblo bronco y mágico y comunero que siempre tuvo muy arraigado el sentimiento de la libertad.  Entraban por la de San Cebrián e iban a dar al puente de Santi Spiritus que cruzaba el Clamores.  La vida seguía y poco a poco dejé de pensar en mi hermanito muerto aunque de tarde en tarde cuando me traían de en cá la señora Antonia la catalana miraba para la cuna suya recién hecha.  Sobre el dosel lloraba un angelito triste pero las sabanas estaban limpias y las almohadas como esperándole.  Al final de aquellas navidades los Reyes me trajeron un caballito de cartón.  Era así de grande tan grande como los mastines de los pastores trashumantes.  Era muy bonito de color gris, los ojos saltones, una silla roja y andaba sobre ruedas.  Tacatatacata.  Con el juego venía una fusta.  Es lo que me hizo más ilusión.  Me pasé dos días cabalgando y no quería bajar del carretón ni a tiros.  Mi alazán tordo gris cabalgaba todos los horizontes.  Los Reyes vinieron ricos.  También me trajeron un camión de bomberos que arrastraría yo por la acera al pie de la muralla.  La hija de la Macrina que era mi amiga me acompañaba en aquellas veladas de la ilusión.  A ella la habían echado una cocinita y una muñeca con la que jugamos a los papás y a los médicos.  Pero la hija de la señora Macrina no me gustaba.  La que verdaderamente me gustaba era otra: era la hija del subteniente Casado compañero de mi padre.  Vivían detrás de la Plaza Mayor cerca del obispado y según la costumbre en aquellos años las familias se solían hacer visitas los domingos y fiestas de guardar.  El visiteo a medida que fue subiendo el nivel de vida y fuimos siendo más rico fue sustituido por el chateo: recorrer diferentes bares de tapas más vulgarmente conocido como alternar.  En la postguerra no daba para tales dispendios de salir a tomar algo.  Ese algo se tomaba en casa.  Siempre con algo más de fundamento.  Se llamaba Merceditas la hija del subteniente y creo que fue mi primera novia mi amor precoz.  Cuando llegaban las visitas a nosotros nos gustaba meternos debajo de las faldas de mesa camilla y nos contábamos cosas.  Hacíamos lo que veíamos hacer a los mayores y nos hablábamos sentados en el hueco del brasero.  También venían los  Tinaqueros que tenían un jijo que se llamaba Cipri y era de mi edad.  Él me enseñço a jugar al guá.  Tenía mucho tino con las canicas que llevaba en una bolsa prendida a la cintura algunas de ellas de mármol. Cipriano sabía silbar muy bien entre dientes.  Me enseñó pero ese silbo maravilloso que hacía él nunca lo pude copiar.  Yo decía cositas a Merce en nuestro escondite de la mesa camilla mientras los mayores hablaban de sus cosas y jugaba a las bolas con el Cipri o a los carreristas.  Los corchos de la cruz blanca dentro metíamos un cromo de nuestro ciclista preferido que solía ser Berrendero o Trueba el ganador de la Vueltaa España torneábamos un cristal a molde del agujero del corcho y luego se  pegaba con jabón y ya estaba listo para dispararlo por una carretera de arena hecha removiendo la tierra con las dos manos en horizontal y hacíamos puertos de montaña y todos con sus correspondientes bajadas temerarias.  El que golpeando al carrerista con un golpe del dedo índice y pulgar llegaba con su cromo a la meta el primero ése ganaba.  El que se salía de la pista quedaba descalificado.  Así eran los primeros juegos de infancia en la solana de la Puertadel Socorro.  Veía pasar la vida desde mi ventana balcón en el piso bajo pero exterior del número 4 de San Valentín.  Sólo tenía un dormitorio el comedor y una cocina con los techos muy altos pegada a la escalera con una leñera tenebrosa donde yo pensé que habían encerrado durante mucho tiempo a mi hermanito.  La ventana daba a la muralla.  El primer paisaje que vieron mis ojos fueron aquel muro de sillares romanos que arrancaban justamente de la espalda de los peñascos de calizas sobre los cuales se eleva la ciudad.  Los grajos y los vencejos anidaban en las socarrenas o hendiduras que dejaban los andamios.  Las tardes de primavera eran una fiesta de alas negras recortadas de golondrinas en vuelo versátil y exhibicionista alegrando con sus trinos la atardecida.
Si alzaba la vista contemplaba a el capitel augusto de la Dama de las Catedrales una saeta volando al firmamento. Todo era verticalidad e imperial arquitectura. El lugar parecía comunicarte una fuerza interior y un grito de llamada: citius, altius fortius. Os quiero a todos escaladores atletas del Señor. Esa fuerza de la mirada hacia las cosas latía dentro del fanal de un ojo oculto. Era como el grito de una fe ancestral.
Aquel edificio del gótico tardío fue la sede de mis primeras vivencias. De la mano de mi padre subíamos a misa por las viejas callejuelas de la judería casas humildes que parecían acurrucarse bajo el amparo de aquella torre mágica. Los domingos a las once había misa cantada. Tarareaban Tercia los canónigos detrás de la reja del coro de impresionante labra luces apagadas. Por los vitrales policromos de las grandes ventanas encaramadas penetraba una luz lechosa y sobre el gran facistol donde yacían los vetustos y desencuadernados becerros antes de la misa cantada el ángel de los salmos pasaba las páginas. Me impresionaron de siempre y con algo de ellos mi alma quedaría marcada para siempre aquellos librotes, aquella salmodia. Abrid señor mis labios. Dios de Israel seas mi baluarte contra quienes me persiguen. Y los herrajes de cierre y las letras gordas pautando melismas gregorianos. Allí se reclinaban las claves de una música olvidada. El precentor se acercaba con paso leve y cantaba una antífona. Respondía el coro con desgana pero haciendo valer en medio del cansancio la virilidad  de los siglos. En medio de la monotonía de la historia las oraciones sonaban. De tanto pasar página los extremos de los cantorales llevaban la marca de los dedos que tocaron los cantorales sagrados. Sentados en sus reclinatorios o apoyados sobre las misericordias de fina labra aquellos religiosos de capas negras y blancos sobrepellices cumplían la rúbrica y el decoro. Una ausencia se pagaba con una multa de tres pesetas. Siete veces al día. La impronta de los dedos sobre un ángulo de la página hacían estar en los hombres que habían cantado las Horas desde el siglo XII. La familiaridad con el trato divino les había convertido en seres escépticos y deponentes. Cantando era una forma que tenían de arremeter contra las embestidas de la Bestia que acosaba a una humanidad en aflicción: guerras, hambrunas, discordias, muerte, enfermedad, fracasos. Tus alabanzas salgan de mi boca, Señor siete veces al día. Te alabaré desde la aurora hasta el ocaso. ¿Y tu, dios mío, qué me das? Una protección dispensas yo no la veo. Abre, señor, mis labios pero abre también mis ojos. El órgano prorrumpía en sones mayestáticos al final del oficio. En lo alto de la cúpula

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