2026-04-30

 

MONSEÑOR REIG OB. ALCALÁ UN VALIENTE. Dios LE BENDIGA

Posted: 22 Jun 2016 04:47 AM PDT

‘Pueden encarcelarnos, ponernos sanciones, pero no nos callarán’ Lola González 21 junio, 2016 reig pla El obispado de Alcalá de Henares denuncia el ataque a la libertad religiosa en España “sistemático, organizado, planificado y financiado”. El obispado de Alcalá de Henares, dirigido por Juan Antonio Reig Pla, ha hecho un llamamiento a la unión “en defensa de nuestros hijos” ante el acoso de los que pretenden imponer la ideología de género y el pensamiento único en los ámbitos social, político y educativo. En los últimos meses, se han aprobado en distintas comunidades autónomas leyes que imponen la ideología de género y que han sido aprobadas en la mayoría de los casos con el beneplácito de todos los grupos políticos sin excepción. Ante esta situación y ante los ataques a la libertad religiosa acontecidos en las últimas semanas en Valencia, el obispado de Alcalá de Henares ha emitido un comunicado en el que denuncia que el “ataque a la libertad religiosa es en España sistemático, organizado, planificado y financiado”. El obispado denuncia “la agresión promovida, jaleada, organizada contra los católicos” que tuvo una de sus manifestaciones más violentas en la profanación de la imagen de la Virgen difundida para convocar al “orgullo gay” en Valencia y en las denuncias, críticas y ataques que ha recibido el arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, en las últimas semanas. ‘No nos callarán, no tenemos miedo’ “Pueden encarcelarnos, ponernos sanciones administrativas, reducirnos a guetos, pero no nos callarán ni dejaremos que nos roben el corazón de nuestros hijos“, es el mensaje del obispado que termina afirmando: “¡No tenemos miedo!” El obispo de Alcalá de Henares, al igual que Cañizares, ha sido víctima del acoso del lobby gay y la izquierda radical a causa de su carta sobre la ley de transexualidad aprobada en la Asamblea de Madrid. Reig Pla, junto al obispo de Getafe, condenaba en esta carta la ley de transexualidad madrileña al considerarla “injusta” y fruto de un “pensamiento totalitario” que trata de imponer la ideología de género en los ámbitos sanitario y educativo. En el comunicado emitido tras la avalancha de críticas vertidas contra Cañizares y la aprobación de diversas leyes de transexualidad, el obispado de Alcalá recuerda que la familia es una “sociedad natural” que existe “antes que el Estado” y posee unos derechos propios inalienables que han sido ignorados o minados “no raras veces” por leyes e instituciones. El obispado pide, asimismo, defender a la familia fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer y respetar el derecho a la libertad religiosa y a profesar públicamente la propia fe. EN DEFENSA DE NUESTROS HIJOS “El sensato actúa con reflexión, el necio exhibe su ignorancia” (Proverbios 13, 16)

 

NOTA DE LA DELEGACIÓN DIOCESANA DE PASTORAL FAMILIAR (ALCALÁ DE HENARES) ANTE LOS ATAQUES A LA LIBERTAD RELIGIOSA OCURRIDOS EN VALENCIA Y LA PROMOCIÓN DE LEYES CONTRA LA FAMILIA De nuevo, ante la agresión promovida, jaleada, organizada contra los católicos, Nosotros, como esposos y padres, conscientes de que el bien de la persona, de la sociedad y de la Iglesia misma pasa por la familia, estamos obligados a proclamar a todos el plan de Dios intrínseco a la naturaleza humana sobre el matrimonio y la familia; promover estas dos instituciones y defenderlas de todo ataque dirigido contra ellas. Recordamos a todas las familias españolas y personas de buena voluntad, la Carta de los derechos de la familia publicada el 22 de octubre de 1983 que establece: 1. La familia está fundada sobre el matrimonio, esa unión íntima de vida, complemento entre un hombre y una mujer, que está constituida por el vínculo indisoluble del matrimonio, libremente contraído, públicamente afirmado, y que está abierta a la transmisión de la vida; 2. Que el matrimonio es la institución natural a la que está exclusivamente confiada la misión de transmitir la vida; 3. Que la familia, sociedad natural, existe antes que el Estado o cualquier otra comunidad, y posee unos derechos propios que son inalienables; 4. Que la familia (fundada en la unión fiel, exclusiva, para siempre, fecunda de un varón y una mujer) constituye, más que una unidad jurídica, social y económica, una comunidad de amor y de solidaridad, insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos, sociales, espirituales y religiosos, esenciales para el desarrollo y bienestar de sus propios miembros y de la sociedad; 5. Que la familia es el lugar donde se encuentran diferentes generaciones y donde se ayudan mutuamente a crecer en sabiduría humana y a armonizar los derechos individuales con las demás exigencias de la vida social; 6. Que la familia y la sociedad, vinculadas mutuamente por lazos vitales y orgánicos, tienen una función complementaria en la defensa y promoción del bien de la humanidad y de cada persona; 7. Que la experiencia de diferentes culturas a través de la historia ha mostrado la necesidad que tiene la sociedad de reconocer y defender la institución de la familia; 8. Que la sociedad, y de modo particular el Estado y las Organizaciones Internacionales, deben proteger la familia con medidas de carácter político, económico, social y jurídico, que contribuyan a consolidar la unidad y la estabilidad de la familia para que pueda cumplir su función específica; 9. Que los derechos, las necesidades fundamentales, el bienestar y los valores de la familia, por más que se han ido salvaguardando progresivamente en muchos casos, con frecuencia son ignorados y no raras veces minados por leyes, instituciones y programas socio-económicos. 10. Que muchas familias se ven obligadas a vivir en situaciones de pobreza que les impiden cumplir su propia misión con dignidad. La situación de ataque la libertad religiosa es, en España sistemática, organizada, planificada y financiada. Por ello, recordamos que el Artículo 7 de la citada carta establece: Cada familia tiene el derecho de vivir libremente su propia vida religiosa en el hogar, bajo la dirección de los padres, así como el derecho de profesar públicamente su fe y propagarla, participar en los actos de culto en público y en los programas de instrucción religiosa libremente elegidos, sin sufrir alguna discriminación. Por tanto, Hacemos de nuevo un llamamiento para que nos unamos en defensa de nuestros hijos porque la familia tiene el derecho de ejercer su función social y política en la construcción de la sociedad. Recordamos que: a) Las familias tienen el derecho de formar asociaciones con otras familias e instituciones, con el fin de cumplir la tarea familiar de manera apropiada y eficaz, así como defender los derechos, fomentar el bien y representar los intereses de la familia. b) En el orden económico, social, jurídico y cultural, las familias y las asociaciones familiares deben ver reconocido su propio papel en la planificación y el desarrollo de programas que afectan a la vida familiar. (Artículo 8) c) La “fuente y síntesis de estos derechos es, en cierto sentido, la libertad religiosa, entendida como derecho a vivir en la verdad de la propia fe y en conformidad con la dignidad trascendente de la propia persona” (San Juan Pablo II,Centesimus annus, n. 47). Asimismo, el “derecho a la libertad religiosa” es el derecho de «Todos los hombres deben estar inmunes de coacción, tanto por parte de personas particulares como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y ello de tal manera, que en materia religiosa ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia ni https://www.blogger.com/img/img-grey-rectangle.png

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no hay cosa mayor en el mundo que el v ino de la ribera, el de Fuentezotes, que muestra esta guapa inglesa de origen segoviano en su caterva. Salud. Dios te de m,ucha salud, hija, y muchos años y que yo lo vea que es lo que decía el bueno del abuelo Benjamin Dios lo tenga en su gloria

 


asturias roja y gualda EL MONTE ARVAS C RUZANDO LEITARIEGOPS UNA HERMOSA TARDE DEL DIA DE SAN JUAN

 

Ese de Turegano que dice atar cabos y nos regala una pleita de ñudos se desplazó a Francia a ver el España-Italia y yo me dije tate perdemos. Efectivamente. Así fue nos marcaron dos cero que pudieran haber sido media docenas si no hubiera estado De Egea bajo los palos estirándose en cuatro maravillosas paradas. Este sujeto por nombre Embasicetas (significa en latín corrompido) que fue profesor de griego o ayudante de Alarcos que la verdad no es que supiera mucho del koiné ateniense pero como es intrigante y gafe se cuela de rondón en todas las partes y al que puede le hace la cusca con sus conjuros. Domina las artes mágicas del mal de ojo y tiene un amigo demonio al que visita en las mazmorras del castillo. Embasicetas se ha hecho tabernero, abrió un mecerendero en la plaza, y a la clientela que entra en su chigre, si no espabila, la emborracha echando polvos a un vino plagado de sulfitos y luego les saca los cuartos. Es gafe el personaje. Después de haber pertenecido a las falanges del PP ha terminado como consejero podemita. Turegano es villa de caciques, tiene la sangre clerical envenenada y tornadiza y muy espesa. El obispo don Opas veraneaba allí. Los tureganenses cambian de camisa. si es menester, para mantenerse en un ilusorio poder que se les escapa. Buen pueblo sí señor pero mala gente y muy beatos, se comen las ostias a puñados pero allí mataron a tres curas cuando la Republica. Ya  lo decía yo: mucho cuidado con este pueblo, del que no quiero ni el polvo de las zapatillas. Del Bosque y sus chicos todos pa casa. Regresan derrotados bajo el sindrome de la gafancia y es que asistió al encuentro España-Italia ese cenizo aguafiestas de Embasicetas para los amigos: Fede.https://www.blogger.com/img/img-grey-rectangle.png

 

 DIABLOS COJUELOS

 

Lucifer tiene ALMORRANAS el diablo cojuelo muermo Satanás ladillas. Almorranas y muermo liendre y ladillas su mujer se las quita con tenacillas. Regreso mis pasos perdidos lecturas encantadas — uno se rejuvenece y parece que vive más a través de sus libros — a esta obra simpar cuyo registro de cubierta pone fecha que lo compré en Nueva York el 21 de mayo de 1978[1]. En mi texto titulado “El Doctor Laguna autor del Lazarillo” obvié tratar este primoroso arranque de la literatura picaresca al no hallar en Luis Vélez de Guevara la furia del converso. El Cojuelo carece del pesimismo derrotista de gran parte del género y en sus trancos o capítulos crece la esperanza, el regocijo y el sentido del humor dentro de lo que cabe.

El de Ecija debía de ser cristiano viejo, apaniguado de la Casa de Osuna. La novela es un retablo crítico del Madrid de su tiempo. El Pateta coge en volandas a Zambullo el protagonista y lo lleva a la torre del Salvador que era el sitio más empinado y verdadera atalaya del Madrid de los Austrias. Sus dotes mágicas y sus artes birlibirloque alzando tejados y voladizos penetrando por los balcones y dando aires a las alcobas. Atraviesa los cuerpos opacos y goza del don de la invisibilidad. Contempla lo que está pasando una noche de verano, hace calor y los madrileños toman el fresco amenizados por cantes y pasacalles y aliviados en su sed por el pitorro de un botijo: una fulana pare un niño y el marido solicito la atiende en el parto y jalea al rorro recibiendo en el mundo a un hijo que no es suyo. Más allá a otro le fuerzan la dama dos soldados mientras ronca. Mira ese lindo que duerme con bigotera para que no se le destiñesen los mostachos. Una hechicera  machaca hierbas en un almirez para dorar la píldora al objeto de remendar el virgo de una “doncella” que se casa mañana con un viejo.

Hay junta de brujas en cierta parte que murmuran oraciones en un aposentillo. Dos hombres pelean más borrachos que la cuba de Sahagún contemplados por la tabernera de Guadalajara que agua el vino del mesón, es rica, ha fundado dos capellanías de veinte mil ducados para que se lo digan de misas y tenga cuando se muera funeral de primera. Piensa la buena señora ir al cielo. En el Madrid de los Austrias a la luz de las Siete Cabrillas hay alquimistas que buscan la piedra filosofal estudiando los libros de Raimundo Lulio y con quien vengo, vengo, pasan los embajadores del Gran Turco escoltados por su guardia de jenízaros con sus alfanjes y luciendo el tocado de almalafa (turbante) en la testa. Pasan soldados, pasan estudiantes y licenciados de Alcalá un ir y venir constante en busca de prestameras y favores de la corte. Llegan venecianos con sus alforjas que son el talego del oro del mundo. El rey de Castilla Felipe IV es exorcista, echa demonios; por eso el diablo de  Don Cleofás se guarda de visitar palacio donde multitud de gentes llegadas de todas las provincias del imperio buscan aposento y una mayordomía siquiera sea en las caballerizas. El de Francia cura las almorranas por privilegio divino.

 Se canta y se baila a todas las horas. Por las calles de la Villa suenan los acordes de la zarabanda, el déligo, la chacona, el guirigay, el zambapalo, jácaras y pandorgas. Aquel Madrid olía mal por lo del agua va pero sonaba bien gracias a los maestros de capilla y la música coral de palacio. Sumirse en las páginas de esta novela, que rezuma mala sombra y optimismo, es darse un atracón de donaire y de españolía.

Vélez de Guevara maneja la pluma como un espadachín que hace maravillas con el florete del idioma y la gramática, penetrado muy penetrado del duende de la literatura y bien perdigado y dispuesto para transmitirnos en detalle la descripción de la vida cortesana, las luchas por la poesía de los que quieren beber en las fuentes de la fama. Todos quieren subir pero a la mayoría les toca bajar. Quedan perdidos. Los laureles pasan de largo. Las casquivanas musas se largan con otro.  Y por ahí van los poetas chirles arrastrando su fracaso y sus cuernos. Es dura la vida literaria tan misteriosa e inasequible como el amor. Las fuentes del Buen Retiro corrían una vez al año en medio del jolgorio de toros y cañas el Día de San Luis.

 Narrando cada uno de los trancos con mucho despejo haciendo gala de ese donaire del que adolecen los escritores y novelistas de hoy incluso los más encumbrados y petulantes como el Pérez Reverte.

Con este librito de la Austral que compré en una librería española del Lower Manhattan por unos dólares he recorrido las siete partidas y sorbí los siete valles como aquel que dice hechizado por la magia de la escritura. Los escritores somos hijos del Céfiro como los caballos andaluces. En las dehesas cordobesas las yeguas quedan preñadas por el viento. Ya es hora sin embargo de tender la raspa y cerrar este capitulo dedicado a uno de nuestros más donosos ingenios: Luis Vélez de Guevara ( Ecija 1579, Madrid 1644)

Mañana más

 



[1]  Acostumbraba yo a visitar una librería en el BJO Manhattan donde adquirí no pocos titulos de literatura castellana. Tenía yo 35 años y ya apuntaba mi dedicación inquebrantable de dedicarme al periodismo combinado con las bellas letras

 CORRESPONSAL DE LA NUEVA ESPAÑA  EN NUEVA YORK. UN MORDISCO A  LA GRAN CAMUESA.

                      Antonio Parra

Con una estampa de la Santina en bolso y bastante miedo en el cuerpo me acuerdo de mi arribada a NY tal que una noche de san Andrés de 1976. Estaba nevando o a punto de hacerlo en honor de aquel refrán que dice: Por los Santos nieve en los altos y por San Andrés nieve en los pies. Cuando en América se acatarran aquí cogemos unas pulmonías de espanto.

 Era una tempestad de granizo casi tropical lo que caía terciada con hampos de una nevasca rusa que descendían perezosos sobre la cima de los rascacielos y el viento huracanado jugando a capricho con la aeronave. Por un instante creímos que nos ibamos a estrellar contra las Torres Gemelas. Allí vi un signo de los días porvenir. El horrísono espectáculo para los hiperestésicos como yo no es nuevo. A  Nostradamus lo he vivido en mis propios huesos. La fatalidad muslímica frente al destino. Makfut. Está escrito.

Desde entonces, y aunque salí de aquélla y de otro accidente que tuvimos en Lisboa, se incendiaron dos motores en pleno vuelo, a raíz de mi accidentado aterrizaje en la Gran Manzana, he tenido pesadillas columbrando aviones caían sobre el World Trade Centre. También la torre Eiffel y el embudo donde se encastilla el Big Ben, torre del parlamento de Westminster, pero sobre todo las torres Gemelas eran el tema recurrente de mis cefaleas oníricas. ¿Occidente en la encrucijada?


 Hasta escribí una crónica y creo haber entregado algún despacho anticipando esa experiencia apocalíptica de las Torres Mellizas derrumbándose que ha puesto al mundo los pelos de punta. Y la obsesión me ha martillado muchos años porque Nueva York es algo que imprime carácter que cambia la mentalidad y el modo de ser de las gentes. Allí mi vida experimentó un giro de varios acimutes. Y silbé sus “blues” bajo la autoridad de Frank Pinatra, un neoyorquino típico: “I love Nueva York. Nueva York”.

En América todo es grande y es extremo. Las montañas. Los huracanes. Los hombres y las mujeres; allí se encuentran los más altos y los más bajos, los más guapos y los más feos, los flacos como leznas y los más gordos pues dicen que Nueva York, donde abundan los “fatis”, cambia hasta el metabolismo y a mí me ocurrió Las ciudades. Los árboles mayores como el alerce de las Rocosas o las secuoyas de California. Se lo pasan allí en grande los estadísticos, los amigos de los contrastes y todos aquellos que sienten pasión por evaluar las contradicciones, sinrazones y a veces maravillas de la raza humana. América casi carece de raseros y de varas de medir. Hasta climatológicamente las subidas y bajadas del mercurio de tan bruscas carecen de parangón. Se pasa sin solución de continuidad de una mañana calma de primavera a una tarde de calígine para luego tener una noche de escarchas. “If you dont like our weather, just wait” (Si no te gusta nuestro clima aguarda un segundo), advierten los castizos de Brooklyn.

Esta volubilidad a mí me parece que influye en la forma de ser de los habitantes con bruscos cambios emocionales que hace que no se asuste el neoyorquino de nada. Y se asusten también de todo. Allí suele tomarse la vida muy a pecho puesto que para sobrevivir hay que ser un adicto del curro. Como aquel Hernie, el transcriptor de mis crónicas en la IT de la Onu, un judío entrañable. El pobre se fue a morir a Miami a un cementerio de elefantes. Que así se llama en el lenguaje coloquial a los que se jubilan y lo peor que le puede pasar a un neoyorquino es jubilarse.

Y es que allá cuando llueve, es el diluvio y si truena o cellisca lo hace a conciencia y de verdad.


Iban a ser cuatro años de experiencia sin precedentes. De calores húmedos en los cuales se podía cortar el aire con una navaja y de hielos espantosos.  Recuerdo la morriña que me invadía todos los veranos al regreso de las vacaciones en Artedo con sus mareas cantábricas, un verdadero servicio de limpieza costero que no existe en la Bahía del Hudson fuertemente contaminadas a causa del carboneo y el intenso tráfico náutico que ha degradado a las playas como las de Long Island consideradas como las mejores del mundo; una vez fui a bañarme a los arroyos de Staten Island, un marasmo de galipote, y por poco perezco, añorando las olas de mi Cudillero, no a causa del agua sino en el cieno de las cloacas y de los vertidos de los basureros oceánicos. De la parte de Nueva Jersey las tardes que cambiaba el aire llegaba una hedentina que quemaba los ojos y las narices. Allí todo era grande y distinto. Hasta el tufo. La naturaleza, más joven que en la vieja Europa, observa un comportamiento más vigoroso e imprevisible. Allí todo es grande hasta los atentados como el que acabamos de presenciar horrorizados a través de la CNN. En los famosos kills se entierran ahora los cascotes del desastre y Staten Island era y lo sigue siendo la isla de los muertos. Gestaten, en alemán y en holandés vale tanto como inhumación.

Habíamos tenido un vuelo con turbulencias. La aproximación a Kennedy la hizo el piloto con mucha cautela. Estuvimos dando rodeos a la vertical del cielo de la Mejana Inmensa que es la isla de Manhattan, a la que llaman cariñosamente Big Apple (la gran camuesa) los neoyorquinos, gentes de todas las etnias y razas que han aprendido a convivir en armonía y sin problemas, dentro de lo que cabe, formando ese caldero o melting pot que demuestra que los caminos del mundo no son los de la xenofobia sino los de la xenofilia y benevolencia hacia el forastero, el meteco o el espaldas mojadas que llega en busca de acomodo y de un futuro mejor. Allí uno nunca se siente de fuera.


Esto no quiere decir que sea una megapolis cómoda o fácil ni el Edén, porque se lleva una vida que no es para llegar a viejo. Es una ciudad bronca donde todo es difícil y  donde nunca hay que bajar la guardia pero allí se percibe un halo de humanitarismo tierno bajo la hosca corteza del neoyorquino quien, cuando habla por cierto lo hace con palabras precisas y como con barbas. Su “slang” o jeringonza es uno de los más interesantes por sus alardes de precisión y de fantasía. Puede decirse que el cheli y el pasota madrileño lo copian. Hasta el punto de que allí la sabiduría se aprende en la calle. La ciencia del albañal o sabiduría de la acera son dos palabras que allí conviene aprender para saber nadar y guardar la ropa. Sin una orientación y una buena aguja de marear te caes pues refiere un viejo dicho local “nice guys here dont last” (los buenos chicos aquí duran poco). Están acostumbrado a las emergencias. Lo que más me sorprendió al principio es que la radio ensayaba simulacros de un posible ataque nuclear y llevaba a cabo pruebas de evacuación a los refugios que terminaban todos ellos con la muletilla: “Esto no fue sino una prueba, de haber sido una emergencia real les hubiésemos facilitado las precisas instrucciones”.

   Es el mejor inglés jamás escuchado y eso mismo me decía el querido periodista y novelista gijonés Faustino G. Ayer, un enamorado de América y de todo lo americano (los dos ibamos a comprar el pan juntos a una tahona italiana de la ciudad baja, dentón) que conocía bien Nueva York, claro dentro de un límite porque en este foro mundial todo se mueve. Todo parece en perpetua catarsis y siempre confunde, siempre sorprende. Con este colega asturiano también tomé copas en el bar cerca de Plaza de la Trinidad donde acostumbraba a beber hasta quedar tendido Dallén Thomas. A veces nos acompañaba el ovetense Delfín García, corresponsal de RNE, bravo carbayón aunque muy cabezota, que tenía un aire inconfundible de Humprhey Bogart siempre con su Pall Mall sin boquilla a flor de labios. Pero en Nueva York la bohemia es mucho más escurridiza y peligrosa que en Europa. He aquí a uno de los máximos poetas en lengua inglesa convertido en difunto de taberna en uno de esos pubs de mala muerte denominados “dives” (inmersiones) o cavernas o “speakeasy” (hablemos paso) que recordaban los tiempos de la Ley Seca. A Dallén que añoraba sus excelsos valles del Principado de Gales Nueva York fue su tumba; lo derrotó.


Así que el Sky line se presentó ante mis ojos como una visión. Pensé en Moisés y Aarón bajando del Sinaí con las tablas bajo el brazo. Una nueva era de mi vida empezaba traumáticamente. Parto acongojado. Yo venía a Nueva York por una de esas carambolas a contar ese periodo de transición que fue la era Carter para los lectores de “Arriba” LA NUEVA ESPAÑA y una cadena de otros cincuenta periódicos y también a entregar la cuchara porque la cadena del Movimiento para la que trabajaba iba a ser pignorada o desmantelada a nostramo, porque dígase lo que se quiera reconozcámoslo o no en España desde el año 45 los que mandan son los americanos y algunos amigos yanquis me han confesado sottovoce de que con Franco les iba mejor. No quedaba más remedio. En aquel puesto había habido predecesores brillantes: Manolo Blanco Tobío, Celso Collazo, uno de los creadores de EFE, Guy Bueno, Félix Ortega, que fue el mejor de todos ellos a mi criterio de todo el cupo iniciado en el 48 por Pepe Cifuentes y Rodrigo Royo, quienes tuvieron que vérselas con una ley tan pistonuda como la MacCarrack, el diplomático de Truman que luchó en Brunete con las Brigadas Internacionales y  que vedaba la entrada en territorio estadounidense a los españoles. El bloqueo estuvo en teoría hasta comedios de los cincuenta sólo sobre el papel porque en la realidad nunca se llevó a efecto.

 Todas esas firmas habían dejado muy alto el pabellón y aunque entusiasta y audaz periodista como se decía en la jerga el momento no me sentía con capacidad suficiente como para hacer sombra a aquellos gigantes. En los primeros días me fumé dos cartones de tabaco pero no fui el único. José María Carrascal que llegó en barco casi como un polizón se había fumado treinta paquetes hasta perder la voz. Y a nadie le extrañe porque Nueva York acojona e impresiona y más si el recién llegado la descubre en medio de una aparatosa tormenta como me pasó a mí. La clemente Santina me echó un capote.   Aquella vez y todas.


Durante la espera para aterrizar estuvimos de circunvuelo. A nuestros pies la postal inconfundible del paisaje urbano: Manhattan con sus dársenas, espigones, grandes buques amarrados. Bocanadas de humo blanco manaban de las fauces de las chimeneas de la central térmica edificio lindero con el de la ONU y se iban a colgar estos penachos sobre los tiesos adarves del Woolworth, el rascacielos más antiguo, y del Empire State.  Es el emporio de la civilización y la impresión que ofrece al viajero es la de algo que arde y echa chispas.  Viviría dos años con mi mujer y mis dos niños casi a la sombra de este mastodonte de hormigón con su chapitel calado donde la inmensa lanza de una antena de radio hace las veces de campanario. Todas las mañanas me despertaba la visión y el espectáculo de la city. Es un paisaje abstracto que no inspira sosiego, que parece que siempre está llamándote a la calle e instándote a la acción y al movimiento pero los atardeceres son verdaderamente apoteósicos.

 El Empire es el palo mayor de esta ciudad con forma y fisonomía de buque de guerra con jarcias de cristal.  Las Torres Gemelas eran las vergas de popa. Cualquier bamboleo, descartado pues el firme de Manhattan no es más que un peñasco yermo vendido por los indios moahawk a los holandeses por veinticinco dólares en 1622; que se derrumbase todo el montaje, simplemente imposible, porque los cimientos son de  sílice.


 La Nueva Roma se funda sobre un plinto granítico y siguiendo las instrucciones talmúdicas trata de imitar a la Roca de Israel a la cual alude Ben Garrón cuando fue proclamado el estado judío en 1948; no mencionó la palabra Dios, sólo la Roca de Zion. Además, los muros de los rascacielos, orgullo de la ingeniería del siglo, estaban diseñados como  soportar la oscilación del mayor terremoto. Por lo que el portaaviones sería inexpugnable. ¿Cómo iba yo a pensar que la Nueva Jerusalén de la Diáspora iba a ser atacada y sus dos símbolos señeros abatidos? Los pilotos kamikazes hicieron blanco no ya sobre las moles simbólicas de la Torres Mellizas sino sobre el corazón que mueve todo el ajetreo de las finanzas. El daño mayor no han sido los muertos, desaparecidas o el destrozo causado, aunque los norteamericanos tengan redaños suficientes como para resucitar de los escombros, sino la afrenta moral a lo que estas dos trípodes de cristal abanderaban.

 Conque no puede ser más símbolo aquello de torres más altas han caído.

 Para mí que conozco Nueva York, amo Nueva York y fui residente allí cuatro años, los más importantes de mi vida, lo ocurrido el 11 martes fatídico de septiembre del nuevo milenio ha sido una señal. Un toque de atención que exhorta al rearme moral más que al físico, una vuelta al pensamiento de la nueva frontera de la época Kennedy. Que América vuelva a ser amada más que temida y odiada. No se aconseja un castigo porque Dios no puede castigar sino que el ataque representa un aviso enviado desde lo alto. Algo no va del todo bien pese a la euforia de los últimos años. Se exige no la guerra de represalias contra la diabólica mente que urdió la infernal hecatombe sino la reflexión meditada y el reposo sobre cómo somos, qué queremos, hacia dónde marcha el mundo.


Y esta idea se me ocurre cuando a mi memoria viene el recuerdo de aquella tarde noche de san Andrés en medio de la tormenta durante la angustiosa aproximación a un aeropuerto congestionado de un tráfico terebrante. Allí oscurece mucho más rápidamente que aquí.  Me impresionó la visión de aquellos dos conos mágicos como una soberbia representación de una ecuación matemática sobre el paisaje. Dos falos erectos encarnación de la potencia genésica de una nación joven ¡qué contraste frente a los aires caducos de Londres! Dos mástiles de un trasatlántico en el que actuaría de timonel, de serviola y de mascarón de proa la estatua de la Libertad apuntando su hachero con la flama perenne hacia Europa. Nunca imaginero tan mediocre como era Bertholdi, aquel escultor que fue contratado por la municipalidad neoyorquina para llevar a cabo el proyecto, tuvo tanto éxito con un molde. Es lo que significa el coloso. Los pobres de la tierra recién llegados a la isla de Elis estuvieron viniendo a refugiarse bajo sus zócalos y ahora el pebetero de la verde dama en cuya cabeza hueca cabe todo un restaurante puede que esté también amenazado. Ha soplado un viento recio en el rebufo de la carlinga y la cola de los dos aviones estrellados contra la fachada de las dos torres. Vesania fundamentalista. Muchos corearán aquella frase del Corán “Alá es grande”. Pero la grandeza divina nunca podrá cimentarse sobre un montón de escombros y una pira de cadáveres.


Sin embargo, yo entonces con treinta y dos años y medio pensaba que estaba llegando al epicentro del futuro. Caía en la forja de una horno donde todo se cuece donde está el crisol del mundo nuevo. La primera impresión fue la de acogotamiento. Nueva York amedrenta un poco cuando se la ve desde el aire y más en las circunstancias de aquel vuelo en medio de una tempestad que hizo que el avión se zarandease como una vaina. En uno de los fucilazos del relámpago quedó diseñado sobre las nubes el cordonazo de san Francisco o la palma de santa Bárbara que decían los pastores de mi pueblo. Me pareció entonces que una mano invisible estaba diseñando el croquis de los tiempos por venir con una anticipación de veintiséis años sobre los acontecimientos. Mi olfato periodístico me dijo que no hay que dar de lado a las corazonadas y yo en aquellos momentos la tuve y ya desde entonces nadie me pisó el scoop y por eso mi corresponsalía fue un poco a la contra de la de los demás. Parece ser que a muchos les supo a cuerno quemado que uno quisiera contar la verdad. Yo a los cables de la AP, de Reuter y  del “Times” les daba siempre la vuelta y al revés te lo digo y acertarás, piensa diferente y acertarás. Hice periodismo de calle. No me limité a pegar telegrama o a refritar el Times como otros becarios de la Fullbright y con master en Columbia que se convertían en amanuenses de los lobbies por los pasillos del Edificio Azul o del Departamento de Estado. Desde el principio tuve muy claro que venía a servir los intereses de mi país. Me dieron por díscolo pero hice bastantes dianas y conseguí moverme con soltura en el laberinto de la política exterior de Cyrus Vance, para mí un auténtico caballero. Los americanos tienen un alto código de valores tanto éticos como morales y eso se nota también en el apasionante mundo político y estratégico de la Casa Blanca y del Pentágono. 

 La verdad tiene muchos carriles y a un periodista se le perdona todo menos el de ser aburrido ni pastueño. La mansedumbre de feligrés da buen resultado en el rebaño y en la manada, nunca en esta bataneada profesión a la vez canalla y sublime. Mi lema era un poco el de la libertad al estilo del fundador del “Manchester Guardian”: Facts, sacred. Opinions, free” (los hechos son sagrados; las opiniones libres). De acuerdo pero existen diversas formas de presentar objetivamente unos mismo datos. A la que descendíamos el avión perdía presión. Vi como el pararrayos de una de las Towers absorbía la descarga de una centella. La gran azotea se iluminó con una luz de espectro. La gran fábrica del rascacielos aguantó impávida. Aquello me pareció el techo del mundo pero yo ya colegí que aquellos prodigios de la ingeniería eran vulnerables. La exhalación había pegado justo sobre la punta de la antena de una de las torres y el firmamento fulguró. Entonces el World Trade Centre estaba casi vacío y en alquiler la mayor parte de sus ciento diez pisos y dependencias. Bajo la borrasca ofrecían estos dos titanes de acrílico un aspecto de desafío a los elementos. Habían sido erigidos a prueba de terremoto. Eran el orgullo de la técnica. Sin embargo, dos aviones de pasajeros una fatídica mañana del final de un verano para olvidar, el del 2001, acabaron con esa suposición presuntuosa. Al verlas por primera vez recuerdo que pensé en Babilonia y en Babel.

-Scary[1]eh? - dijo entonces un puertorriqueño compañero de vuelo empujándome con el codo.


-A little[2] - repuse en inglés y él se puso a jurar entonces en español como suelen hacer los simpáticos de la isla de Borinquen que habían emigrado en oleadas a Manhattan en la década anterior y constituían casi un cuarenta por ciento de la población:

-Manda huevos con el viajecito.

Gran parte del pasaje estaba vomitando en aquel instante de turbulencias y de zarandeos. No pude por menos de reprimir la carcajada que distendió el estado de nuestros nervios. De allí a poco sentimos gañir los neumáticos del Jumbo contra el tarmac de la pista de Kennedy. Todo el mundo empezó a aplaudir.  Y yo a rezar. Recuerdo que en ese instante  apreté contra mi pecho la medalla de la Virgen de Covadonga parte indispensable de mi ajuar.

A lo largo de cuatro años no se me pasó el acojone y creo que todavía me dura pero acabé amando a Nueva York identificándome con su latido. Es el pulso del mundo del mundo. No me extraña que Manolo Blanco Tobío dijese que lo que más extrañaba - para este gran periodista gallego muy habituado a los modos de vida norteamericanos Europa era una especie de exilio- es una ojeada rápida todas las mañanas al Nueva York Times.


El bien y el mal conviven allí puerta por puerta. Ángeles y demonios sentados a la misma mesa. Los rabinos con sus kaftanes y los popes con sus manteos comparten un sitio en el metro. El superfluo y la elegancia de la Madison Avenida entremedias de la cochambre del Bowry. De todo aquel caos que fue mi experiencia neoyorquina saqué la conclusión de que tiene que haber un dios, un demiurgo que ponga orden, que se apiade. Eso. Alguien que se apiade porque Nueva York hace pensar en la famosa frase de san Pablo “nada de lo humano me es ajeno”. No se puede ser ateo en Nueva York. Todo menos ateo. Sientes como una fuerza que te lleva, una especie de protección. De lo contraría te hundirías. La gran manzana, la inmensa colmena, el hormiguero de gentes que se afanan un día y otro y también el avispero y las injusticias. Y como no la mafia. La metrópoli suscita ideas enfrentadas, pensamientos contradictorios de amor y de odio. No es una ciudad para volver porque de ella no se consigue salir nunca. Te atrapa desde el primer minuto y ya no te suelta aunque te alejes físicamente.  Nueva York es una condición mental, estado anímico. Yo diría que es una ciudad mística. He aquí una lectura judía en versión talmúdica de la “Civitas Dei” agustiniana. Que sólo cree en la gracia del esfuerzo y que a Dios lo coloca en otro plano. A él rogando y con el mazo dando. Es una concepción utilitarista de los elegidos llamados a poseer la tierra sucediendo esto acá abajo sin tener que aguardar al más allá. No se conforma con la resignación cristiana ni lo injusticia a la que lucha por atajar en este mundo. Por eso es un frenesí continuo. Arriba y abajo. La ciudad que nunca duerme. La riada humana. El poder automático.

Está tan cargado de voltios el lugar que los picaportes y los pestillos sueltan chispazos. La estática pervade el entorno. Yo viví en el Este hacia la calle 14. Allí todos están juntos, nunca revueltos. Mi barrio era una mezcolanza de judíos y de sicilianos que veneraban la camorra y nietos de Al Capone todavía practicaban ese vudú italiano que es la “jettatura” pero católicos al por mayor ya que en la fiesta de san Jenaro sacaban su imagen por Manhattan en procesión. En la otra manzana había polacos con su manera tan peculiar de concebir el cristianismo y antipáticos. Los  pacíficos ucranianos todos con su peculiar y angulosa cabeza, los húngaros con sus botas de fuelle me gustaban más y me hice amigo de los judíos como mi quiosquero, un bendito de Dios por nombre Samuel, que me regalaba unos puros verdes trapicheados de Cuba y hablaba algo de ladino o judeoespañol. “Aguarde su merced agora un momentico pues vengo al punto” Entre todas las etnias son los más de fiar. Los más caritativos, los que más ayudan, aunque en cuestión de dinero no se casen con nadie.


Luego, hispanos los había por todas partes y ahora creo que son más. No se puede contemplar esta inmensa urbe con prejuicios, nueva York los desborda. Es un mundo que rebasa todas las barreras y trasciende las ofuscaciones y atavismos de la vieja Europa donde se mira con recelo al nacido en el pueblo de al lado. Allí este tipo de resentimientos se desconoce. No hay envidia y si existe por lo menos no se nota. Ni miradas por encima del hombro. Sí tiene que haber un Dios flotante por encima de nuestras cabezas, un Cordero que quite los pecados del mundo. Alguien que se apiade. De la torre herida por el rayo. De la humanidad que palpita y gime desconcertada. De la inconsciencia, la banalidad, la vulgaridad a espuertas, la frivolidad sin limites. Se vive mucho mejor en el Rellayo pero uno no sé por qué termina añorando a la Ciudad Automática. Un mundo sin paletos, sin intereses de campanario y con periodistas e informadores, literatos amantes de su patria y de su país con razón y sin ella, que tienen muy en cuenta la ley del libelo a la hora de sentarse delante del ordenador y que saben como nadie maquillar la información y  autocensurarse mientras que la prensa a este lado del charco da fe de una picaresca en auge y la rosa en su chabacanería procaz parece una corrala.  Aquí todo se ha vuelto un poco peripróctico, ya que la información, anal y asnal, parece girar en torno al mismo cabo. Lo acabamos de ver en la manera que han abordado el choque de los aviones contra el hastial imponente de las torres. Nos han demostrado que entienden el periodismo como una vocación de servicio público, un menester que ha de hacerse con categoría, responsabilidad y serenidad ¿Para eso queremos una Facultad de Ciencias de la Información? 

 

18 de septiembre de 2001

 

Antonio Parra fue corresponsal en USA. Licenciado en Filología Inglesa y Románicas.

 

 

 



[1]¿Acojona eh?

[2]Una miaja

MOTHER & DAUGHTER

 


PUBLICO CORRESPONSAL EN LONDRES RESEÑA EN LNE

 


FOTOS LONDINENSES

 





















2026-04-29

 

PERDIO LA ROJA POR CULPA DE UN GAFE DE TUREGANO

Posted: 27 Jun 2016 03:21 PM PDT

Ese de Turegano que dice atar cabos y nos regala una pleita de ñudos se desplazó a Francia a ver el España-Italia y yo me dije tate perdemos. Efectivamente. Así fue nos marcaron dos cero que pudieran haber sido media docenas si no hubiera estado De Egea bajo los palos esturandose en cuatro maravillosas paradas. Este sujeto por nombre Embasicetas (significa en latín corrompido) que fue profesor de griego o ayudante de Alarcos que la verdad no es que supiera mucho del koiné ateniense pero como es intrigante y gafe se cuela de rondón en todas las partes y al que puede le hace la cusca con sus conjuros. Domina las artes mágicas del mal de ojo y tiene un amigo demonio al que visita en las mazmorras del castillo. Embasicetas se ha hecho tabernero, abrió un meredendero en la plaza, y a la clientela que entra en su chigre, si no espabila, la emborracha echando polvos a un vino plagado de sulfitos y luego les saca los cuartos. Es gafe el personaje. Despues de haber pertenecido a las falanges del PP ha terminado como consejero podemita. Turegano es villa de caciques, tiene la sangre clerical envenenada y tornadiza y muy espesa. El obispo don Opas veraneaba allí. Los tureganenses cambian de camisa. si es menester, para mantenerse en un ilusorio poder que se les escapa. Buen pueblo sí señor pero mala gente y muy beatos, se comen las ostias a puñados pero allí mataron a tres curas cuando la Republica. Ya  lo decía yo: mucho cuidado con este pueblo, del que no quiero ni el polvo de las zapatillas. Del Bosque y sus chicos todos pa casa. Regresan derrotados bajo el sindrome de la gafancia y es que asistió al encuentro España-Italia ese cenizo aguafiestas de Embasicetas para los amigos: Fede.

ASTURIAS CORAZÓN DE ESPAÑA SIEMPRE SERÁ ROJA Y GUALDA

Posted: 27 Jun 2016 03:12 AM PDT




Que se chinchen por no dec ir que se jodan, aunque los peperos no son mi derecha y Rajoy el don Tancredo me da cien patadas, menudo batacazo que se han  llevado los podemitas. En esta región aun no mandan los judeomasones, el pueblo quiere vivir sin contemplaciones, puro instinto. Otra cosa es Catgaluña donde la Ada Colau es la que administra la sinagoga separatista. La guerra puede empezar por ahi pero aqui no queremos guerras. Los de abaho resisten y quieren vivir, por amor a la existencia lo aguantan todo. Mero instinto de supervivencia.