|
ESPAÑA MI NATURA |
||
|
Posted: 22
Nov 2018 12:12 PM PST PEREDA SU PEDRO SÁNCHEZ VENGO del monte de Peñacastillo vengo y estoy ya que
no me tengo (aire pasiego suave como las brisas de aquella tierra) y después
de la hidroterapia en los baños ilustres los mejores de España en las Caldas
de Besaya vaya para ellos mi agradecimiento ▬
para Soraya la diligente camarera y su marido Carlos el enfermero, para Rosa
y el joven moreno que me ayudó con el equipaje en el ascensor, ▬ me siento como un barco recién carenado. Este balneario de aguas
sulfurosas fue famoso entre la nobleza del siglo XIX y era frecuentado por mi
ídolo J.M Pereda, Sagasta, Clarín y otros autores. Evoco su memoria. Señores, sepan cuantos adolecen de omecillo y
malquerencia contra este pobre pecador, que no estoy para el desguace y para
dar mucha guerra. En esta visita a Cantabria al cabo de más de un
siglo he oreado mis penas al aire libre en largos paseos por la ribera de las
hoces del río Besaya y del río Dobra ▬ estos santanderinos no se privan de nada bautizan a
uno de sus ríos
que van a parar a la mar de Suances con un nombre ruso que significa bondad ▬ y
he releído a José María Pereda autor predilecto de mi adolescencia (leíamos “Peñas
Arriba” a dúo y en voz alta otro seminarista de Burgos en un banco
del Stella Maris comillense). Los dioses han querido por aquello de “tolle et
lege” ▬ hoy es san Agustín de Hipona patrono de los retóricos y todos los que profesan el
sacerdocio de la palabra que en este mundo han sido ▬ que me topara con esa maravillosa obra del
solitario de Polanco “Pedro
Sánchez” novela escrita en 1883 y que parece
que nos está advirtiendo a los españoles de los estacazos del
parlamentarismo. Seguimos en las mismas en el juego del quítate tú que me
pongo yo. Entran los de Arrese y llegan los de Solís. Gritos de libertad y
derechos humanos y pan para todos, pero cuando estos mendas que se dedican al
politiqueo pisan la alfombra si te he visto no me acuerdo. El caso es vivir
al sol que más calienta del erario público. El autor de Sotileza nos habla de
la precariedad de las cesantías, de las infames redacciones del Madrid
isabelino. Fue periodista de covachuela en el Clarín de la
Patria, de la hipocresía, del desamor y los adulterios. Desfilan ante los
ojos del lector las corralas, el hambre de la olla podrida y el puchero
enfermo. Lo más sórdido de la Villa y Corte descrito al detalle por pluma
experta con ese garbo y agilidad que caracterizó a Pereda. Así fueron los tiempos de O´Donell y Espartero que
parecen repetirse. Hasta el título nos evoca personajes de hoy: Pedro
Sánchez… Don José María parece ser que estampa en las páginas
de esta gran novela vivencias personales: la vicalvarada, la revolución del
54 y las algaradas de 1868 cuando la chusma arrastraba por la Puertadel Sol
la estatua de la reina Isabel II. Él arrancó adoquines y tiró piedras contra los
“polacos” (partido retrogrado). Al correr de los años debió de arrepentirse
de aquellas puerilidades y deliquios juveniles meneando su impresionante
testa con tristeza (tenía un perfil numismático con sus antiparras, el tupé y
la perilla en punta) al paso que decía, desengañado: no es esto, no es esto: ”Viví las revoluciones del año 54 y la de 1868.
Ésta sería la más radical. “La primera transformó el aspecto de los
pueblos mientras la segunda cambió la manera de pensar de los españoles. Se
impulsó a la sociedad a salir de los viejos cauces y a emprender otros
caminos. Se transformaron las costumbres”. Pereda gran escritor y periodista, formó escuela,
resucitando la elegancia de la descripción cervantina en los pasajes de su
libro, que aparecen impregnados de satírico humor y de melancolía. Al correr de sus páginas el que lee ha la sensación
de que orvalla. Llueve ese chirimiri del desencanto que aparece en los
escritores astur cantabros y vascos: Clarín, Amós Escalante, Antón el de los
Cantares, Palacio Valdés, Pérez de Ayala, J.L de la Reguera, Pío Baroja,
Unamuno, y otros muchos más. En el caso suyo estas tristezas se agravaron al
perder a su primogénito, que se ahogó en una playa de Suances, a finales del
siglo, cuando, aquejado de una fuerte depresión ahorcó la pluma y se encerró en si mismo, para despedirse del
mundo. Murió a los 73 años en 1906. Su padre era de Comillas y su madre de
Polanco; vivía la familia en casa blasonada con portada y estragal. Era todo
lo que se dice un hidalgo y esa nobleza de carácter flota a través de toda su
obra que fue tan popular durante las décadas del siglo pasado: “El caudal de la vida humana ▬ nos cuenta al final de su narración ▬
se compone de muy breves goces y muy largas y tediosas pesadumbres y que el
ejemplo de mis desengaños le sirvan a alguno de escarmiento”. Esta novela río es como un viaje en diligencia en
aquellos carromatos que hacían el trayecto Santander Madrid entres días
incómodos traqueteos el rechinar de la galga los trallazos del automedonte en
el pescante las cantiñas a lo zamarro de los mozos de cuerda campurrianos una
parada en Ataquines y luego la sierra, pero antes estaban los corrales de
Buelna, las cuestas de Reinosa y los encuartes de Palencia, Fromista, Herrera
de Pisuerga. Guiado por la mano hidalga de Pereda he sorrapeado
los caminos que me llevarían al norte y “escudriñando los pliegues de la
memoria y los escondrijos del corazón madre mía cuantos recuerdos que ante
esta narración se agolpan”. El tema es la corrupción de Madrid, los encartes
pesadumbres y liviandades de la política nacional. Llega a ser Pedro Sánchez
un periodista famoso del partido liberal, el rey de la crítica literaria. El
estilo es rico en recursos retóricos: hipálages, anagnórisis, metonimias,
similicadencias… También domina el perfil de la novela psicológica.
Pedro Sánchez se enamora de una mujer fatal clara la hija de Valenzuela su
protector, dominantota, egoísta y coqueta que le traiciona con su mejor amigo
un tal Barrientos. A partir de hay la trama (parece que el argumento
pierde cierta fuerza por las digresiones o por uno de esos descarrilamientos
mentales que el autor sufría a causa de su accedía) se enreda en un cuadro de
desventuras y en un mar de desdichas en las cuales flota el protagonista en
el paroxismo de sus desconsuelos. Cuenta un derrumbe amoroso y una traición
que remata en adulterio y luego en desafío para lavar en sangre la afrenta. El mar de fondo es la crisis matrimonial tal y
conforme se conocía en el Madrid del siglo XIX: mujer ambiciosa, casquivana,
que maltrata al marido. La ostentación y las vanidades de los salones. Añora el aire puro y la vida patriarcal de sus
montañas. Encuentra a su mujer acostada con otro y hay un duelo. Quiso Dios
que el pobre marido injuriado se le perdonase la vida por el agente de su
afrenta. Es la vera imagen tan novelesca del pobre marido cornudo y apaleado. Pereda sin embargo, es uno de los escritores más
castos que se dan en la literatura española. Sus libros nos inspiran una
especie de cervantina resignación. Acaso solamente para eso sirva de algo la
literatura que nos ayuda a llevar sobre los hombres la pesada cruz del dolor
y del despecho con resignación. Leopoldo Alas Clarín, la Pardo Bazán y Benito Pérez
Galdós y toda la crítica saludaron la publicación de Pedro Sánchez como un
hito que marcó fronteras en la novelística hispana del XIX |
No hay comentarios:
Publicar un comentario