“Y tienen bidet, y
tienen bidet, se los he puesto para que se limpien las mujeres". Recuerdo aquel
viaje a Córdoba siguiendo yo con el querido Santiso RIP por aquellos
andurriales tratando de seguir al Mercedes del diestro con mi 600D ni sé cómo
no nos matamos. Era la simpatía, el candor y el pundonor andando. El que
tuvieran baño las operarias de su cortijo era un paso de gigante como el de la
llegada del hombre a la luna porque en aquella Andalucía rural no había baños y
las mujeres tenían que lavarse la vagina y limpiarse el culo con una teja. Y a
cagar al campo. Sí, un paso de gigante. Manuel Benitez el Cordobés puso a
España boca abajo. Era el torero de Franco y aunque su toreo no era de los más
clasicos (no se arrimaba) arrasaba las plazas. Los entendidos en el arte de
Cúchares decían que sus intervenciones se asemejaban a grandes charlotadas. No
entro ni salgo, ni quito ni pongo en ese tema. Lo que sí recuerdo es la
simpatía con que nos recibió aunque no nos dio de merendar ni un triste
botellín de cerveza nos dio, llegamos a Córdoba famélicos. Tenía fama de
tacaño. El diestro era el más famoso de los más famosos de aquella sociedad
que, celebrados los XXV años de paz, se aventuraba a la carrera del progreso al
volante de un Seat 600, las vacaciones en la playa, la píldora, la minifalda,
la música yeyé, Masiel y su Lalalá, el pleno empleo y no sé cuántas cosas más.
“Y ya tienen bidet para que se laven el coño”, así lo dijo y la frase repica en
mis oídos. Era la manifestación de un analfabeto que se había convertido en
millonario y siguiendo la canción guerrera cuya fama y nombradío llegó rebosar,
pues más cornadas da el hambre. Toreaba como espatarrado. Ya no hacía falta
aquel hongo milagroso que Manolete trajo de Méjico. Bastaban con unos cuantos
capotazos del torero de Franco sobre el albero de aquellas corridas que todos
recordamos en blanco y negro. Pues bien, alcanzada la edad provecta, dicen que
está hecho un toro, no hay reminiscencias de aquel maletilla que saltaba las tablas
de las dehesas de noche. Oro, mujeres, fama y un hijo fornecino al que tardó en
reconocer que le salió torero, no se le puede pedir más a la vida. Hoy la
longevidad es adorada como un regalo de los dioses. Pero efímera es como todo lo
humano. El Cordobés asegura que piensa alcanzar los doscientos años que vivió
Matusalén. Pues ánimo: suerte, vista y al toro, maestro. Felicidades, mostrando
las orejas, el rabo y otra vuelta al ruedo. Hay quien dé más?
lunes, 4 de mayo de
2026
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