2026-05-08

 

apuntes de guerre

Posted: 11 Apr 2016 11:04 AM PDT


1982 de un viejo diario de un veterano de la guerra del 36 en retaguardia. Día de san Antón cuaderno recuperado, pero me aburro y no sigo el ritmo. Han regresado las banderas victoriosas y a mí me da por beber coñac que no paro. Son resabios que me han quedado de tres años en las trincheras.

Lo que no podía haber sido después de los misteriosos eventos la muerte de la hechicera y el descorche de botellas en la taberna en medio de noticias alarmantes sobre crisis se convirtió en el estallido de la guerra civil. En Monteriana no se habían escuchado clangores de guerra desde que sonaron los tambores del Bruch. La guerra es guarra. Soplaban vientos de lebeche sobre la Rasa. Doña Gloria levantó la mirada del costurero y puso a funcionar la radiogramola donde sonaban aires de la tierra. No te empeñes. Esas canciones ya no deben sonar pero una gata en celo mayaba al otro lado de la habitación. Viene la guerra y yo con estos pelos se dijo doña Gloria. Han detenido a un capitoste del toro de la Quinta Avenida por trincón y ahí estaba don sabelotodo para hacer el quite. Nos engañan como a felipón. Se asomó a la ventana y vio a un buey volar. Las nubes arrastraban una urraca en volandas que croaba como una rama y hacía evoluciones geométricas sobre el aire en forma de quiebros misteriosos y es que anunciaba el regreso de los mandiles. Viene la guerra y yo con estos pelos aun no sabiendo si estos que vienen serán los nuestros. Eso es de cajón no jodas. Don Olegario ya era viejo para ir al frente. Estaba un poco chocho. Cuba en el corazón. Doña Gloria pertenecía a la raza mulata. Un bello cruce de asturiano con zulú le habían dado aquellos ojos tristes y el culo respingón aquella cadencia de caderas aquel meneo el habla melosa. Mac Gregor a los amores de su sobrino con aquel tarro de azúcar de dengue no podía dar el visto bueno, lo quería para él. Miraba los montes desde su cuarto donde se dibujaba el bello paisaje de la hondonada del valle aunque para su melancolía tanta belleza no dejaba de ser capciosa. Lo que más apreciaba de aquel retiro en la hora vespertina era la soledad en medio de vedijas de humo de su cachimba. Meditaba. ¿Habrían cazado ya al conde bribón que todo lo enseña y nada esconde? Sentía pasos en la escalera y es que subía el fantasma de la guerra del Catorce a buscar nidos de golondrina en el sobrado. Una noche de julio de 1899 cuando el general había hecho que comprar la finca vio un eclipse de sol. El cielo de Pinariega oscureció y se oyeron estrepitosos truenos. Un rabino subió por la cuesta diciendo que en Jerusalén se había rasgado el velo del templo. Vellum templo scissum est et omnis terra tremuir. Tremuit… palabras del más allá. Don Olegario era de derechas. Iba a misa los domingos aunque no se llevaba bien con el cura. Era calmudo y los de la parroquia decían que poseía el don divino de la transigencia algo caído de hombros el mirar un si es no es dulce y avieso trajes de luto y la leontina de oro que le asomaba por el bolsillo del chaleco. Cuando regresaba del chigre algo traspuesto por la sidra empezaba a dar voces y se acordaba entre lágrimas de una novia que tuvo en la Habana y que se llamaba Quiteria. Pero la melancolía desaparecía con la resaca. Amaba sus recuerdos pero había sido algo especial para las mujeres. Decía que una buena dueña no valía lo que una botella de ron y unas cuantas caladas a su pipa de brezo. Todos los otoños eran iguales. Había magostos y tonadas. Misas de difuntos pero la guerra estaba aun lejana. Los milicianos decían que no pasarían los gallegos de la raya del Nalón. Se hundía mientras tanto en la magia de sus meditaciones de humo. Desde el valle trepaba la magia del canto de los torzales y el silbo del mirlo. La vida pese a la muerte y la destrucción no abatía su cerviz. En la casa se comía pan de borona y se tomaba mucha leche por lo cual las niñas se criaban sanas. Así estaban de lustrosos los guajes de la aldea que jugaban en la antojaban pero todo  iba a torcer el morro y cambiar de rumbo cuando llegasen las falanges gallegas. El hambre y la escasez no se dejarían esperar. En las romerías se escuchaban nocturnos dionisiacos y el cura que andaba  solo y como tenía poco que hacer daba tres vivas al sacramento dentro de la iglesia, se metía en la sacristía sacaba una revista guarra que guardaba bajo la escribanía de las actas de bautismo y defunción y se la meneaba mirando para los cajones. El onanismo hizo estragos entre el clero rural a lo largo de los años. A Olegario lo mataron los hijos de la madroñera que eran de la CNT una mañana de agosto lo sacaron de casa y le llevaron al monte. Allí lo fusilaron al pie de un enorme eucalipto. Andando el tiempo talaron aquel noble prodigio para construir un puente muy largo que salvaría toda la vaguada. Mataron a un hombre fusilaron un paisaje y abajo junto al rio Pumares donde estaba la ensenada construyeron una central nuclear que contaminó las aguas y el aire. Muchos de aquella región morían de cáncer. Así que todo el mundo estaba hecho unos zorros y los diarios parlaban de pugnas por los dineros autonómicos, la transición fue todavía más cabrona que la guerra y la posguerra porque no había bandos ni ideales sino egoísmos y dineros afán de acaparar de hacerse rico en medio año. Era el juego de todos contra todos. La fanfarronería se alzaba victoriosa contra la cazurrería. La casona se derrumbó. Ya iban quedando menos paraísos. Camiones blindados sufrían con milicianos a cuestas por la cuesta de la Farrula. Una bomba que cayó frente al paredón derribó el hórreo del siglo dieciséis donde se guardó el pan de muchas cosechas. Aquella tierra de meigas estaba embrujada. Las gentes mostraban una cara amable pero por dentro eran feroces caguen su alma. Olegario fue un mártir de la causa victima del hechizo de las brujas pues habitaban en la pinariega y celebraban los viernes misas negras en pleno campo. Una de las breñas que practicaba la cigua y las artes mágicas, se llamaba Rosamunda,  le hizo un conjuro y se quedó sin gas de por vida, y tampoco pudo el hombre oler el poste de la traición de su mujer. Aquella era tierra de sorguinas de peores aires y malos farios lo cual sería muy largo de contar y no es materia digna de escribanos y relatores sino consejas y tradiciones de transmisión oral porque no nos darían la orla. Simplemente había que arriesgarse y correr al albur de las miradas torvas y el mal de ojo

 

D. H LAWRENCE LOS INGLESES Y EL SEXO

Posted: 27 May 2016 01:20 PM PDT


D. H LAWRENCE EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY

 

El sexo carece de sentimientos no tiene piedad es una mecánica en la cual se impone el proceso de selección natural. Mucho gimieron los poetas exaltando la belleza de cristal de sus amadas amor cortés contra amor carnal estamos hechos del barro. En la amargura o la casualidad fuimos concebidos, y en medio de cierta asquerosidad del coito menstrual, y entre estertores venimos y entre estertores nos vamos. Sujetos a la maldición bíblica parirás los hijos con dolor que pesa sobre nosotros. Cierta amargura se siente cuando un escritor de categoría descubre la cruda verdad de esos "facts and figures" del carácter inglés, tan pragmático.

Sin embargo la explicación bíblica acaso no sea suficiente. Se rompe el botijo hagamos cacharritos y a eso de los nueve meses... Eros y Tanatos van de la mano. Es una píldora difícil de tragar un hecho que deja sin palabras a los jueces a los moralistas a los sociólogos. Se rompe el himen sin consideración alguna obedeciendo a los imperativos del instinto. Las religiones trataron de sublimar este hecho pero ya digo no es suficiente.

Impávida ante los sentimientos humanos la madre naturaleza no sabe ni contesta ante el llanto de los amantes despechados y la cosa acaba en los desastres que a diario presenciamos en los telediarios el crimen pasional.

El feminismo reduccionista puro y duro trata, asimismo, de obviar el axioma de que la hembra está hecha para concebir y parir aunque sea el sexo fuerte y se relegue al varón el papel de zángano de la colmena. ¡Pobre señor!

El Islam al abominar de la pornografía posee, dicen unos, una respuesta más contundente que el cristianismo frente a este hecho ineluctable y aterrador a mi juicio el papel de madre y educadora y el puesto que ha de tener la mujer en el harén.

La destrucción de este equilibrio biológico mediante una liberación del erotismo incide en la depravación de costumbres y la degeneración de un país.

Un poco dura es dicha sentencia, pero todos estamos aquí a causa de un momento de pasión entre un hombre y una mujer. Tanto la anticoncepción como la represión del deseo- un verdadero derecho - o la manipulación exclusiva de la sexualidad como un instrumento de placer va contra natura. Sin embargo, no se le puede poner puertas al campo.

El amante de Lady Chatterly (auténtico novelón) fue un libro prohibido en Inglaterra desde su publicacón en los años 20 hasta 1961 cuando un jurado popular lo sacó del entredicho. Su autor estuvo acusado del delito de obscenidad.

D.H Lawrence tuvo que emigrar del país, se asentó en Nuevo México. Casado con una alemana recibió todos los palos del Establishment. Le acusaron de nihilista, de bolchevique e incluso de fascista y de nazi.

Está por ver si tuvo alguna relación con  los facciosos de Morley o con Lord Haw-Haw, el locutor de Radio Berlín, que muriera en el palo por colaboracionista. ¿Fue un camisa negra? En realidad y cualquiera que sea la respuesta le cupo como destino la persecución que aguarda a los genios.

Su prosa alcanza alturas en el idioma inglés sólo superado por Shakespeare y es una deliciosa oferta de los sentidos por la acuidad y solercia con que maneja la lengua, al describir actos escabrosos, tanto en el habla clásica como en la dialectal porque la sociedad británica ha estado siempre dividida en clases sociales (arriba y abajo) y la prosodia de que le hace el individuo al expresarse le asigna un lugar en la sociedad.

Es por lo que no prosperaron allí a diferencia de entre nosotros los españoles donde se está tratando de dar vida a formas de hablar ya fenecidas como el bable el gallego, la fabla cataloaragonesa o el castúo.

Todo vale en ese intento revolucionario y oscurantista que trata de poner patas arriba un idioma tan bello y tan noble como el de Cervantes.

Para los británicos, en contraposición, lo vernácula es un signo de desprestigio social. "You have to speak proper English".

"Lady Chatterley Lovers´s" narra los amores de una condesa, Constanza (Connie), con el guardés, Oliver Mellors, de la finca de su marido, Clifford Chatterley, un acaudalado industrial propietario de minas en la región de los Midlands que regenta una mansión en Wragby Hall en el norte de Inglaterra. 

Connie y Clifford contraen matrimonio  en agosto de 1917. El novio es llamado a filas. Parte a la guerra de Flandes y es herido por una granada que le deja paralizado de cintura para abajo.

En las coordenadas del drama se conjugan el amor carnal y el espiritual. La impotencia convierte al protagonista Clifford en un tipo peculiar. Se desarrolla la parte anímica mientras queda anquilosado por la impotencia la parte carnal. Triunfa Lord Chatterley en las finanzas. Mientras su esposa, Connie, bella y elegante, se aburre en la jaula de oro.

Con tales prolegómenos ya tenemos cocinado el pisto de este plato fuerte y provocador servido en forma de fábula pero muy amarrado al presente; es evidente que todo aboca al adulterio. Encuentra la lady el amor con un miembro de la servidumbre al que va a visitar en su cabaña y vive intensos momentos de  delirio maravillosamente descritos por la solerte prosa de Lawrence. Epos y Pathos manos a la obra. Sin embargo Ethos o la fuerza moral se inhibe. Los Cielos muestran su rostro inescrutable ante las pasiones. No dictaminan una sentencia, no dicen si esa acción está bien o está mal. La naturaleza marcha de espaldas a la ética. Los predicadores desde sus púlpito de mármol pondrán el grito en el cielo. E inútilmente se desgañitan. Bramarán los puritanos. Tendrá solución la cosa? Me parece que no. El ser humano no cambia mientras avanza el progreso y se dispara la carrera de adelantos tecnológicos.
El estudio de los personajes es perfecto lo que acendra el interés de la acción (cuando tomas el amante de Lady Chatterly entre las manos no puedes dejarlo hasta llegar al punto final y yo he vuelto a releer esta obra al cabo de cuarenta años y he visto plasmado en el libro episodios de mi vida e incluso de la sociedad en medio de la cual vivo donde el sexo de alto voltaje es una fuerza la fuerza de la Red) de este texto profético que anuncia la llegada de un tiempo nuevo, la caida del imperio británico - Mellors sirvió en la India en regimiento de lanceros como teniente del ejército colonial - la irrupción de las masas embrutecidas que piden ser dominadas y sometidas a la férula de pan y circo y,  sexo ,por supuesto.

Por primera vez en la lengua inglesa se describe con todo detalle, sin caer en el barrancal de la pornografía, la mecánica funcional del coito, los lugares recónditos de la MUJER el sexto ojo del cuerpo humano que no es lo que se dice muy estético, la exuberancia de falo. Lawrence repite una palabra prohibida pero que forma parte del lenguaje coloquial británico cuando se cabrean (los yanquis lo repiten a cada momento con razón y sin ella. Es la palabra “fuck”

Es esta obra un homenaje a Príapo en un intento por resucitar el sincretismo de las deidades mitológica. El autor nos revierte a los cultos ancestrales paganos y escribe sin rubor las palabras prohibidas en inglés pero que están a toda hora en el lenguaje de la calle en los chistes verdes o en los gags de los cómicos caricatos: fuck, prig, cunt, de forma triunfal, sin dar de lado a lo violento y sucio de los olores, las diferentes posturas que despiertan el sector oscuro y ninfomaníaco de la protagonista; la pasión viene de la mano de la curiosidad, ese morbo por conocer y experimentar. Eros y Tanatos son dos hermanos gemelos. Al caer en las redes de Cupido nos hacemos novios de la muerte.

Es un clásico pero a este adalid de la literatura inglesa sus paisanos le negaron el pan y la sal.

La Iglesia de Inglaterra puso  los libros de Lawrence en el Índice. Fue procesado por el tribunal Supremo bajo la acusación de atentar contra la moral y las buenas costumbres.

Parece ser que resulta un pecado para los cursis y eso de remar contra corriente de la ramplonería y el convencionalismo imperante descubrir la cruda realidad.

Si bien es cierto que Old Bailey levantó el interdicto hoy las obras de este tremendo escritor, nefasto para algunos, siguen en la alacena de las novelas raras y curiosas. El nombre de D.H Lawrence para los ingleses no ha podido resarcirse de los baldones y sambenitos que pesaron sobre él.

 

JUEVES SANTO EN SEGOVIA HACE SESENTA AÑOS. VIENDO PASAR LA PROCESIÓN

Posted: 23 Mar 2016 03:25 AM PDT







 

VIENDO PASAR LA PROCESIÓN

Antonio Parra

 

Era Jueves Santo y en Segovia nevaba. El capirote es un poco cegato y hay tela que tapa el globo ocular. El penitente tiene que saber donde va. De ahí esa mirada de los capuchones de Semana Santa que a mí me asustaban desde niño y podían ser tan amedrentadores, como los zangarrones de Carnaval. ¡Uh.Uh¡  Que te asusto.¡ Uh. Uh!  El coco. Luego ese capirote ridículo que no era sino los viejos remilgos del alma colectiva de un pueblo que temblaba a la Inquisición y tenía que hacer muestra y profesión publica de fe en mi Segovia, y eso que allí hemos sido de siempre cristianos viejos. También a los relajados al brazo secular del Santo Oficio lo vestían con una túnica morada, les tapaban el rostro y les subían en un jumento.

A la hoguera se iba siempre cara atrás. Las procesiones son remembranza enigmática de aquel abigarrado mundo. Había triunfado el catolicismo. Casi nadie explica cómo perviven tales representaciones del fervor popular. Por unas horas aquellas masas férvidas quitaban a Dios de las manos de los curas y lo sacaban a la calle bajo estandartes. Era también un mundo gremial. Ciudades divididas en barrios. En el horizonte las cofradías. Las hermandades competían como en un campeonato de mus por exhibir el mejor cristo y la imagen de la Virgen más viva. Nosotros éramos de los Dolores de Santa Eulalia, por otro nombre Nuestra Sra. De los Siete Cuchillos. Antiguamente sector textil, mayormente tintoreros y peraíles.

Por las calles de mi pueblo aquella noche que nevaba (era la acción de los vientos exhidras o favonios que para los romanos anunciando lluvia traían primavera) porté mi cruz y camine descalzo y con cadenas por el piso helado. Bajo el capuz sonaban en mis orejas sonaban determinativas las profetas del santo Profeta “Di mi cuerpo a los que me herían y mis mejillas a los que me mesaban el cabello: no aparté mi rostro de los que me injuriaban y escupían. El Señor era mi auxilio” [Isaías 50,5,10]. A lo largo de mi vida he sabido lo que es la calumnia y el gargajo de las bocas purulentas pero mis lomos estaban bien amarrados. Sint lumbi vestri precinti (hay que atarse los machos) otras palabras que recordé al ceñirme el cíngulo o la soga de esparto de cofrade  Ninguna asechanza a mi salud no obstante a pesar de aquella burrada de caminar descalzo y con una cruz que pesaba ciento veinte kilos a la costilla. Sólo agujetas un par de días pero luego como si tal cosa. ¿Milagro?  No lo sabría explicar pero algo hay.

 Uno se siente reo no sabe por quién y con complejo de culpa. La culpa. Oh félix culpa. Luego lo comprendí, era gente menos aficionada a los toros que a los autos de fe. Allí siempre gustaban las procesiones y cabalgatas. Pasos. Carrozas. El Santísimo Sacramento. La tarasca de Corpus. Las fiestas de la Catorcena. La Piedad de  Aniceto Mariñas. El novenario de la Fuencisla. El gallo de san Pedro. La espina de Santa Rita de Casia. Gigantes, cabezudos y estafermos por San Juan de Junio y hasta el brazo  incorrupto de San Antonio María Claret he visto yo desfilar bajo los ojos solemnes y ensimismados del acueducto porque todas las procesiones las de la Semana Grande y las otras confluían en la Plaza del Azoguejo.

No había cine, pocos teatros y muchas ganas de aprender y de ver cosa. Los rostros de aquellas grotescas tallas y esos cristos moribundos, sanguinolentos, llagados y con la expresión de la agonía, los pelos lacios, hirsutas barbas y esas vírgenes atormentadas de expresiones compungidas blondas de seda, justillos de encaje, y moqueros de puntilla, siendo así que las lágrimas eran de cristal, arrastrando mucho peplo y mucha joya bajo el palio de brillantes se me metieron alma arriba. Fueron sensaciones perdurables. Que llevo marcadas en lo más profundo de mi ser.

 ▬¿Por qué suelta usted tanto latinajos en sus escritos, Ejusmodi?

 ▬ Toma por que va a ser porque parece que retumban en mis oídos los ecos del canto de la passio que hacían a tres voces los chantres de mi catedral –Dimas, Jerónimo y don Bernardino, el bajo Jesús, el contralto, la sinagoga y el tenor, cronista)

 Y aquellas voces, aquella melodía, suenan como un grito inmortal en mi memoria. El ámbito de las procesiones era una plástica de rigor. Sermones tallados en imágenes de cartón piedra o en madera de Espirdo. Una teología que entra por los ojos y de la que a lo largo de tus días no podrás deshacerte jamás. Lo mismo que el sonido lejano de clarines, timbales y tambores. O el silencio vibrante del Cristo de los Gascones. Nos llevaban a todas. Recuerdo un Domingo de Ramos que mi hermano Nano agarró un perra porque quería que los subieran en la borroquilla de Jesús del paso en la que el Señor hacía su entrada triunfal en Jerusalén.

      ▬Yo quiero ir ahí.

      ▬Hijo mío que esto no son los caballitos. Es Jesús que pasa camino de Jerusalén; tírale un beso

      ▬ Yo quiero subir al burro. Pues sí, pues sí y sí.

Y el Naneras se revolcó en el barro poniéndose perdido el traje de marinero recién estrenado. Le tuvieron que calentar el canto, mas ni por esas. Él berreaba aún con más fuerza.  Había cogido tal perra que se había puesto muy burrito.

 Estábamos en la acera de la calle de Muerte y Vida viendo pasar la procesión y los berridos de mi hermano que estaba de antojo creo que se escuchaban en la Escarelillas de San Roque a la otra punta. El deán de la comitiva, don Fernando Revuelto, que bien me acuerdo de su nombre y de su prócer figura casi dos metro medía, nos miraba de reojo y un canónigo pertiguero estuve a punto de acceder a los deseos del enano y ponerle sobre los lomos del borriquillo de cartón en lo alto del paso.

      ▬¿Y ahora qué hacemos, Desiderio?

  ▬Auparle en lo alto del paso,  don Fernando

      ▬Y si le seguimos dando el gusto nos pide la luna. ¡Condenado nene!

      ▬Déjenlo ustedes, señores curas, déjenle que está burrísimo –terció mi pobre padre.

Aquel día  Naneras se acordó de la tunda que le dieron por ser Domingo de Palmas. Y se lo tuvo merecido.

 Las procesiones duraban tres horas y era casi media noche cuando regresábamos a casa, mis hermanos medio derrengados y despeados de tanto estar de pie horas y horas, los pequeños dormidos en brazos de mi  madre. Mi padre nos llevaba a la gigantilla o en cuello.  Papá cógeme que me canso.

En el cielo asomaba solemne y compasiva la luna de Pascua. Sólo comíamos torrijas el jueves y el viernes y los soldados que desfilaban y los que estaban cubriendo carrera con el ánima del fusil mirando para abajo.  Por la radio sólo ponían saetas y canto gregoriano (ojalá volviesen aquellos días) y  las calles se llenaban de un sorprendente mujerío. De las hermosas Manolas con el rosario de cuarzo y la mantilla que iban a velar a Cristo muerto. Los hombres se metían en las tascas a beber una limonada que hacía que se te doblaran las piernas y una cazalla que llamaban los taberneros matajudios, especial de la casa para los días santos.

 Las pítimas que se cogían eran procesionales. En las iglesias el monago no tocaba la campanilla y los santos de los retablos estaban tapados tras un lienzo nazareno.

      ▬¿Por qué está triste la luna, papá?

      ▬Porque se ha muerto Dios.

Y las campanas de las catorce parroquias y de los treinta y tantos conventos y monasterios de Segovia estaban toda la noche tocando a muerto. Y hasta el Río Clamores lamía las murallas y la hoz del Pinarillo embebecido de silencio. Toda la ciudad estaba de duelo.

 Ese mundo de mi infancia es el que quise recuperar yo hace unos años cuando me vestí de nazareno. Detrás de la Dolorosa de Santa Eulalia la de los artilleros con las insignias de las lombardas al través sobre el montón de granadas en el peto de la carroza. Los cabos gastadores cubrían armas. Nos habíamos puesto el hábito a la bajada de la cuesta de Cantarranas, enristré las cadenas eslabonadas a un brete que servía de cerco a los pies y yo debía de ser un espectáculo porque el metal al contacto con los adoquines tintineaba que las llevaban los demonios o como si acabasen de aterrizar toda una división acorazada en plena Calle Real. Los grilletes y los golpes de rebenque era una escena antigua de los viejos disciplinantes. Condenados a galeras por Jesucristo. Al fin y al cabo todos somos cómitres y remeros de la vida. Túnicas moradas y hermanos mayores con hábito de galas, muy distintos al de los vulgares nazarenos con aires prepotentes subiendo para arriba y descendiendo para abajo, dándose mucha importancia.

      ▬Siga la fila, penitente, y ese capirote va de medio lado▬ ordenaba el Cofrade Mayor como si fuese un mariscal  de campo dándose aires

Estos capuchones impertinentes eran los capataces y comisarios de la procesión. Los que te metían en vereda y hacían guardar la línea. Y te daban un poco de aguardiente de guinda si desfallecías Mi cruz pesaba un huevo. La habíamos traído de Valsaín y las cadenas  eran especiales. No sé cómo resistí en aquella tarde fría de nevasca los pies desnudos detrás de mi Virgen de Santa Eulalia. Cada uno tome su cruz y sígame. Me hacía mucha ilusión seguir al Señor. Le pedía por mi familia. Por mis hijos. Le agradecí haber salido con  bien de una grave enfermedad (había estado dos años con unos dolores tremendos de barriga  y pasaba las  noches en un grito). De vez en cuando mi vista se concentraba en las aceras.

Algunas mujeres me miraban con compasión, los niños, aterrados, y algunos hombres descreídos como si aquello fuera una broma. Inquiriendo con los ojos. Pero tú de que vas tío. Y yo con los míos les respondía: por  una promesa, sí por una promesa. ¿Sabe usted?

 Horas antes de que comenzara el desfile penitencial unos graciosos habían esparcidos cristales y puntas por el firme de la calzada  por donde había de pasar  Dios.  Ninguno de los nazarenos se lastimó, ¡qué cosas!

A la catedral llegamos derrengados pero airosos y con una ganas trágicas de mear. No me aguanto. No me aguanto. Ay que me lo hago. Preguntamos a un canónigo que nos miró de arriba abajo, como si fuereamos la escoria de la sociedad. Con un gesto de superioridad y como diciendo pero mira qué chiste (ya sé porque le llamaban el chistoso aquel tonsurado) como si los hombres fuéramos ángeles y no estuviéramos sujetos a las leyes imperativas de la fisiología.

Cuando haya WC en las iglesias, ermitas y catedrales, la humanidad habrá dado un paso importante. En la sacristía de la iglesia mayor de Segovia había un triste evacuatorio rudimentario. Nos vedaron la entrada a los nazarenos pues estaba reservado a clérigos, y personas consagradas y nosotros éramos vulgares penitentes. Pecadores del montón así que buscamos el rincón más oportuno, salimos al enlosado de los autos de fe y exoneramos nuestras vejigas bajo las dovelas de los postigos. Meadas de caballo o mejor dicho de verdaderos padres de la iglesia. Por debajo del halda de nuestras túnicas de nazarenos salía un chorrete cálido y espeso. Orinamos junto a la pared de la fachada más impresionante, la del Oeste, de todo el gótico flamígero. Es la puerta de Santa Bárbara una especie de Sarmental en Segovia donde yo he visto lucir las más impresionantes puestas del sol. Que cada uno cargue con su cruz. Que cada palo aguante su vela. Creo que desde su camarín la atalajada Virgen de los Dolores miraba para nosotros con compasión como diciendo: “pobres”.  Los canónigos empezaban ya a cantar el “Stabat Mater” y empezaban las horas santas ante los monumentos. Se había muerto Dios.