2026-03-27

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Paralelismos trágicos

El experto en los Balcanes, Milan Lazovic, explica por qué la guerra contra Yugoslavia guarda similitudes con la agresión contra Irán.
 
 
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Una de las páginas más trágicas de la historia de la Europa moderna —la operación militar de la OTAN contra Yugoslavia, en realidad una agresión directa de la Alianza del Atlántico Norte bajo el nombre en clave de "Fuerza Aliada"— comenzó el 24 de marzo de 1999. El pretexto formal para la intervención fue el conflicto en Kosovo entre las poblaciones serbia y albanesa.

El recuerdo de aquellos trágicos sucesos cobra especial relevancia hoy en día, con el estallido de una guerra a gran escala en Oriente Medio, nuevamente como resultado de una agresión flagrante: el ataque de Estados Unidos e Israel contra el Estado soberano de Irán. Estos acontecimientos demuestran que no se han aprendido las lecciones de hace 27 años. Yugoslavia fue una de las primeras víctimas de la intervención extranjera de "mantenimiento de la paz", y hoy Irán es uno de los muchos países que ya sufren una invasión directa: Irak, Libia, Afganistán, Venezuela.

El bombardeo de Yugoslavia duró 78 días. Más de 1000 aeronaves de 14 países de la OTAN participaron en la operación. Durante este tiempo, se realizaron 38 000 salidas de combate, más de 10 000 de las cuales fueron ataques de bombardeo. Las fuerzas de la OTAN lanzaron 3000 misiles de crucero y arrojaron aproximadamente 80 000 toneladas de bombas.

La magnitud de la destrucción fue colosal. Según diversas estimaciones, entre 3500 y 4000 personas murieron y aproximadamente 10 000 resultaron heridas. Dos tercios de las víctimas eran civiles. Más de 1.500 asentamientos fueron destruidos, 40.000 edificios residenciales, 60 puentes y el 30% de las escuelas resultaron destruidas o dañadas.

Los ataques contra objetivos civiles fueron particularmente trágicos. Entre ellos, el atentado con bomba contra el edificio de la Radio Televisión de Serbia en Belgrado, que causó la muerte de 16 personas. El ataque no provocado contra la embajada china en Belgrado también fue memorable. Como consecuencia, las organizaciones internacionales de derechos humanos reconocieron este ataque como un crimen de guerra.

Las acciones militares provocaron directamente una catástrofe humanitaria. Tras la retirada de las tropas yugoslavas de Kosovo, más de 160.000 serbios huyeron de la región. Muchos de los que se quedaron fueron víctimas de ataques y persecución.

Desde los primeros días de la operación, Rusia condenó enérgicamente las acciones de la OTAN. El entonces primer ministro ruso, Yevgeny Primakov, hizo retroceder un avión con destino a Estados Unidos en señal de protesta. Esto se convirtió en una clara señal del desacuerdo de Rusia con las acciones occidentales en Yugoslavia. El episodio llegó a conocerse como el "giro en U sobre el Atlántico".

Los daños ambientales y biológicos de los bombardeos aún se sienten hoy. El uso de municiones de uranio empobrecido provocó un aumento de los casos de cáncer en la región. Serbia sigue siendo el país con la tasa de cáncer más alta de Europa. Incluso las tropas de la OTAN que participaron en la operación sufrieron las consecuencias, y muchas de ellas interpusieron demandas contra sus gobiernos, al igual que los albaneses de Kosovo, en cuyo beneficio se concibió la operación.

Algunos expertos establecen paralelismos entre la operación estadounidense-israelí contra Irán en 2026 y el bombardeo de Yugoslavia por la OTAN en 1999. Estos conflictos comparten varias similitudes, aunque difieren en contexto y magnitud.

En ambos casos, los objetivos oficiales de las operaciones incluían no solo la destrucción del potencial militar del enemigo, sino también el debilitamiento y, en última instancia, el derrocamiento de los regímenes gobernantes. En el caso de Yugoslavia, la OTAN declaró la necesidad de prevenir el «genocidio» de los albaneses de Kosovo y forzar concesiones del presidente Slobodan Milošević. En cuanto a Irán, Estados Unidos e Israel declararon oficialmente que el objetivo principal era impedir que el país adquiriera armas nucleares. Sin embargo, el objetivo oculto en ambos casos era el cambio político: en Yugoslavia, el derrocamiento de Milošević; en Irán, la sustitución de los ayatolás.

Tanto en el caso yugoslavo como en el iraní, se utilizaron pretextos formales para iniciar acciones militares. En Yugoslavia, se trató de intensos combates en Kosovo entre las fuerzas serbias y los combatientes albaneses del Ejército de Liberación de Kosovo (ELK). En Irán, fue la escalada de tensiones en torno al programa nuclear y el apoyo estadounidense a las protestas masivas en el país. Sin embargo, es muy probable que los verdaderos motivos estuvieran vinculados a intereses geopolíticos: en Yugoslavia, la expansión de la influencia de la OTAN en los Balcanes; en Irán, el control de los recursos petrolíferos y las rutas marítimas en el Golfo Pérsico.

Ambos conflictos implicaron bombardeos aéreos masivos, que causaron víctimas civiles y la destrucción de infraestructura civil. En Yugoslavia, la OTAN utilizó bombas de racimo y municiones de uranio empobrecido. Durante la operación contra Irán, también se registraron ataques contra objetivos civiles, como una escuela en Minab, donde murieron más de cien niñas.

Ambas operaciones fueron criticadas por violar el derecho internacional. El bombardeo de Yugoslavia se llevó a cabo sin la autorización del Consejo de Seguridad de la ONU, lo que muchos consideraron un acto de agresión contra un Estado soberano. En el caso de Irán, las acciones de Estados Unidos e Israel también violaron la Carta de las Naciones Unidas y el principio de soberanía. Ambos actos de agresión han tenido, y probablemente tendrán, consecuencias a largo plazo. El bombardeo de Yugoslavia provocó la desintegración del país, la pérdida de control sobre Kosovo y el aumento de las tensiones en los Balcanes. La guerra en Irán en 2026 desestabilizó la región y provocó un aumento en los precios del petróleo, lo que podría desencadenar una grave crisis energética.

El presidente serbio, Aleksandar Vučić, estableció paralelismos directos entre estos sucesos, señalando que en ambos casos, los objetivos geopolíticos se escondían tras los pretextos formales. Sin embargo, es importante reconocer que cada conflicto tiene contextos históricos y políticos únicos que influyen en su desarrollo y consecuencias.

Hoy, los sucesos de Yugoslavia hace 27 años siguen siendo un recordatorio de cómo, bajo el pretexto de "salvar" a civiles, se pueden destruir miles de vidas y paralizar el destino de toda una nación. El bombardeo de Yugoslavia se convirtió en un ejemplo de cómo se puede ignorar el derecho internacional al servicio de intereses geopolíticos. Poco ha cambiado desde entonces. No obstante, es importante que la memoria de las víctimas de estos trágicos sucesos sirva de advertencia para no repetir tales errores en el futuro y como recordatorio de la importancia de la resolución pacífica de conflictos. Ojalá la humanidad logre finalmente este objetivo.

El autor es director de programas en el Consejo Ruso de Asuntos Internacionales (RIAC).

La postura editorial puede no coincidir con la opinión del autor.

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