MI PESAME A LA FAMILIA COLUBI
Le echaremos de menos los que nops sentábamos a la sombra del
centenario carvayo de la plaza de Soto de Luiña con un pequeño icono de la
Inmaculada que custodia al pueblo y la iglesia de origen románico que fue
hospicio y lazareto de peregrinos. Esa estatua
del peregrino que mira para los que vienen caminando como si quisiera
darles acogida a la capital del valle de las Luiñas fue obra realizada por encargo suyo suyo. Era
un hombre diserto que sabía muchas historias pixuetos, abogado de carrera y
escribía bien. Coincidí con él en un
viaje organizado por la peña de jubilados cuya alma promotora era Paco Albuerne
y fuimos a Santiago. Siempre que nos encontramos por la calle larga donde su hija
tenía una tienda abierta nos saludábamos:
─Adios Colubi
─Adios Antonio
─¿Sabes que tu apellido es ruso? En ese idioma significa “con
caridad y amor”
─Pues soy pixueto por los cuatro costados y por dos veces.
La última vez este verano lo vi pasar. Iba con bastón y estaba
algo más vieyín. El saludo de siempre. Era mi ultimo adiós. Descanse en paz
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