CON DERECHO A COCINA
Si voy pa la romería llámenme golfo. Si me quedo en la cocina me dicen marica, reza un viejo adagio asturiano. Para mí se acabó el tiempo de holganza.
No voy
a romerías excepción hecha de la santa Anina de Montarés. El resto del año mi
refugio es la cocina. Es como estar viéndolas venir. Detrás de la talanquera no
me amurcan los miuras de la vida. Ya Góngora decía:
Almuerzo
como un tudesco
Después
de decir misa
Por verano en el jardín
Si
es invierno en la cocina.
El sueño de los españoles en el siglo de Oro tener chimenea y huerto para vivir como un maestresala. Ande yo caliente, ríase la gente
En aquella casa que teníamos en Valdevilla, Segovia, años cincuenta del pasado siglo, los inviernos lo pasábamos cerca de la cocina, aquella cocina de leña.
El receptor de radio vestido con un faldón como el Niño Jesús de Praga en lo alto de la palomilla escuchando Peticiones del Oyente EAJ49 Radio Segovia, jugando al tute, haciendo los deberes, jugando a los acertijos.
El comedor era la sala noble y sólo se utilizaba para cuando había una fiesta Nochebuena, el bautizo del ultimo hermano, el día de San Pedro… hoy vivimos desparramados delante el televisor; se nos está poniendo la cabeza cuadrada. Han desaparecido las cocinas económicas y aparecieron las microceramicas. Ley de vida.
La llegada de lo digital no solo
desplazó a lo analógico porque el móvil se ha convertido en el rey de la casa. Por
eso y por mucho más yo añoro aquellas casas con derecho a cocina, vivíamos juntos
pero no revueltos. Con un retrete comunal y ropa tendida en la ventana. Para yantar
el cocido y los enfermados tomando sopas frugíferas
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