TALASOCRACIAS CONTRA IMPERIOS TERRITORIALES: RUSIA Y CHINA. USA, ALEMANIA Y GB LLEVARÍAN LAS DE PERDER (memorias de un corresponsal de prensa)
Nunca fui uno de esos corresponsales
"empotrados" por lo que me choca el candor e inexperiencia
del hombre en Moscú de TVE, el asturiano Carlos Franganillo,
al que acaban de otorgar en su pueblo el premio Salvador de Madariaga (aquel sabio profesor
de Oxford al que decían "tonto en siete idiomas", bastante mal
escritor, un chisgarabís en política, mediocre historiador pero cuyo nombre
sonó mucho en mis años ingleses pues era masón), y no es que lo haga mal del
todo el chico pero incurre en uno de esos defectos a los que nos tiene
acostumbrados el periodismo anglosajón que es la tercería y un enviado especial
debe de ser un impávido y no tragarse toda la información que le ponen sobre la
mesa, no creerse las historias de la CNN o los cables de
Reuter. Un buen corresponsal ha de ser un púa, un poco mal pensado, darle la
vuelta a los argumentos y al revés. Esta táctica les volvía tarumba a los
norteamericanos cuando yo trabajaba en la ONU. Me enorgullece haber llegado a
la cima del periodismo después de haber representado las dos corresponsalías en
Nueva York y Londres y que me quiten lo bailado. Con Franco no me rasparon ni
una sola crónica. Ahora no puedo publicar. Esta democracia es un círculo
blindado en el que no entra nadie, closed shop, y existe una
censura subliminal mucho más ferrea que en los años de la Oprobiosa Hube
de renunciar al despacho que me legó Feliz Ortega en la tercera planta porque
tanta información me atosigaba. El edificio Azul era una viborera del espionaje
universal y una casa de putas.
Era la era Kurt Waldheim un
austriaco, fino de cabos y experto diplomático al que acusaban los judíos de
haber pertenecido a las SS y hasta que no acabaron con él no se quedaron
conformes. Actualmente, con Baquimun (ese coreano de nombre
impronunciable) es la masonería la que lleva las riendas en un primer intento
por el establecimiento de un gobierno universal entre el East River y el
Hudson.
Todos los días pasaba por mi
oficina un californiano pequeñito, la uñas a la manicura y la voz
chillona, estaba hecho un propagandista de su causa, odiaba a los árabes,
y que se llamaba mr. Levi y me leía la
cartilla de lo que era mi obligación de contar, según él, a los lectores
de los cuarenta y tantos periódicos de la cadena. No le hacía ni puñetero
caso.
Le mandaba yo hacer gárgaras a Mr.
Levi que pertenencia al lobby proisraelí que entonces barrenaba
contra el austriaco y me encorajinaba que mis despachos fueran vigilados por un
operador de la IBM con base allí, el gordo Herby soplón de la CIA. muy amigo
de José María Carrascal por ABC y de
Valverde el de Ya. Con tanta premura los dedos se me
volvían huéspedes.
En una ocasión subí a la cafetería, dejé
una gafas muy molonas que había comprado en Londres y me las robaron. Ahí acabó
mi entusiasmo por la Organización de Naciones Unidas. Opté por trabajar desde
casa en Staten Island. La ITT montó un télex en una de las habitaciones y desde
aquella tronera a mi periscopio no se le escapaba una. Mejoró mi rendimiento y
largaba a veces hasta cuatro despachos al día a Madrid.
Conseguí ilustrarme, hablar con la gente.
A la isla de Staten empezaron a llegar judíos de Rusia y Ucrania, el gobierno
americano les facilitó casa y les dio boletos para ir a comer gratis a los
restaurantes de la zona. Eran los tiempos del final de la guerra fría.
Comenzaba la guerra de las galaxias. Los rusos les sacaban una
cabeza en desarrollo espacial y en las armas nucleares a
los norteamericanos pero estos batían a sus oponentes en computadoras y en
derechos humanos que fue el caballo de batalla al terminar la era
Leónidas Breznev. Se notaba cierta distensión pero las espadas
estaban en alto y esto estuvo a punto de costarme a mí la carrera por mor de un
despacho que envié hacia mediados de julio de 19 77 contando el suceso de un
satélite espía ruso que había sido derribado por la vigilancia estratégica en
el estado de Nebraska.
Una llamada al poco rato del Departamento
de Estado me notificaba que, si no rectificaba aquella información que toda la
prensa USA daba como una avería para demostrar que los rusos iban a la
zaga de los americanos en la tecnología de estos chismes, tendría que
abandonar Nueva York al punto. Yo me desdije en una crónica aunque al
mismo tiempo me convencí de haber dado en la diana; había logrado
un scoop.
El de Pyresa les había marcado un gol a
los del YA, la EFE, Radio Nacional, TVE, los vascos y al catalán de la
Vanguardia que no sé si era J.M Massip. Jesús Hermida,
Carrascal y Cirilo Rodríguez con su meritorio Felipe Maraña (Felipe Sahagún que
hoy escribe en el Mundo, y que es un gran tipo, mucho más enterado
que el zafio de Julián Martínez conquense que no sabía
escribir y fue el el que sucedió al cubano Antoñito Sobrino en
la delegación de EFE, de quien por otro lado grato recuerdo guardo
tanto de él como de su esposa Ángela pero tiene la mente
programada por los sabuesos que le lavaron el cerebro en los cursos de
Columbia) se subían por las paredes.
Reagan era por aquel entonces solo un
poderoso gobernador del poderoso estado de California y no había aun empezado
el pimpampum de los artefactos en los cielos pero yo lo vislumbré
desde mi atalaya.
La de Carter fue una época apasionante con
las revueltas de Jomeini, echaron al sha, hubo líos en Panamá con
el Cara de Piña Noriega, crisis del petróleo, conque el personal se volvía
histérico a la cola de las gasolineras de Long Island cerradas por falta de
crudo.
Nueva York daba una sensación de vértigo.
Era como vivir en las alturas, mi primera oficina fue en el piso 44 de un
rascacielos en Waterside Plaza y esa sensación no se me borrará nunca como
aquella tarde en que me pasé tres horas en los jardines del complejo
discutiendo con un rabino askenazi sobre España los sefarditas la reina Isabela
la mención de su nombre le hacía escupir al buen leví o el griego que me servía
el fardel de periódicos que pesaban casi tres kilos el ejemplar del New York
Times de los domingos tenía trescientas páginas la mayor parte publicidad y me
regalaba vino de Chipre.
Desde el asombro neoyorquino el mundo
parecía muy pequeñito. La lectura del Times del que se hacía
lenguas mi predecesor el gran gallego Manolo Blanco Tobío y
que para él era un ritual a la hora de desayunar me abrió los ojos del
porvenir. Cada mañana publicaba el rotativo historias increíbles. Aquello era
un verdadero geiser de la actualidad más que un noticiero. Mucha
tela que cortar, mucho tema y más problemas a los que hincarlos el diente.
Yo les daba la vuelta a las historias del
famoso matutino global, dirigido por Schultzer al frente de una plantilla de
redactores y escritores judíos y acertaba.
Piensa mal y acertarás, sus intereses no
eran los intereses de mis lectores a los que yo intentaba de contar cada tarde
y cada mañana cómo era la vida en América qué pasaba en la Medicina, en la
industria del automóvil, en la aeronáutica, en la industria farmacéutica
y del armamento en los múltiples aparatos electrónicos que se inventaban,
al tiempo que hacía una semblanza de personajes que me encontraba en la calle.
Cuando había que sacar el incensario pues todo eran alabanzas al Tío Sam pero
con frecuencia el garrote tenía que estar a mano y había que
sacudir.
Ay América la bella... toda ella
engalanada de millonarios y de monedas fragmentarias- dollars nickels
and dimes- la tierra de la oportunidad donde algunos triunfan y
la mayoría fracasa, bronca lucha en la cual hay que atarse los machos,
medir los palmos que piso y obtener una cierta sabiuría de calle o stret
wisdom, que es como ir a la universidad.
Cuando uno llega a la Gran Manzana las
tres palabras que más saltan a tus oídos es dólar, "shit"
(cagada) y "fuck" (joder). No me gustaba la capital planetaria.
Es inhóspita, maleducada (nadie te da los buenos días ni te da las gracias o te
pide excusas como en Inglaterra, los ingleses están a todas horas con el sorry
a vueltas), puesto que sólo en esta jungla de asfalto hay un parque el
Central Park que era muy peligroso en los 70 y la gente vive compartimentada y
encajonada en jaulas de muchos pisos donde hay que utilizar el elevador
constantemente y al tocar los picaportes la estática te arreaba una descarga,
lo que da idea del nivel de energía y de hiperactividad de NY. En la
corresponsalía traté de seguir los pasos de quien
fue mi antecesor y modelo Félix Ortega y su mujer Dulce
En verano te torrefactas y el aire se
puede cortar con un navaja, y en invierno te arrices con las
nevadas, una noche de febrero se congelaron las cañerías de casa pero a los dos
días hacía una temperatura primaveral, el clima es allí drástico y
cambiante.
Con todo y eso, viví una experiencia
única, fue un tiempo apasionante que me curtió como profesional una
profesionalidad que tengo bien acreditada pese a mis mermas porque yo nací al
periodismo en las tabernas de Fleet Street donde el personal arrastra el
impacto de las tres fatídicas"D" inherentes al oficio de
plumilla (deprimido, dipsómano, divorciado) y lo que "ganaste con la
pluma lo perdiste con la copa" según dice mi mujer. Y yo le contesto
que los periodistas vamos por la vida con la cruz a cuestas o portando sus
dolores sobre los hombros como san Cristóbal. De vez en cuando hay que parar y
echar un trago para olvidarse de tantos sinsabores. Es un poco la imagen del
"santo bebedor". No soy un asceta pero puedo estar sin comer y sin
beber largos días. Sin escribir no y me siento orgulloso de mi carrera. Google
y los blogs son en mis años provectos una válvula de escape y un tablón de
salvación. Y sobre el teclado de mi programador personal hago jogging mental lo
que me abstrae de las miserias que me rodean y me reconcilia con la vida y con
el mundo. Mi pluma no se la vendo a nadie ni he puesto en almoneda mi
conciencia como muchos para que la compre el diablo. Soy un asendereado de la
información donde me han salido y se me han caído los dientes que tuve que
hacerlos retorcidos para sobrevivir porque si no te comen. Hoy el corresponsal
en el extranjero es un títere en manos de los grandes poderes que marcan el
territorio de la globalidad. Mi sueño hubiera sido ser corresponsal en Moscú.
-Hubieras rizado el rizo, maestro.
-Ya pero se me pasó el arroz
Por ende digo que Franganillo no
lo hace mal. Acaso sea el mejor de toda la peña la profesión ahora adolece de
imparcialidad porque al corresponsal de prensa en el extranjero le han
convertido en agente del gobierno siguiendo el camino trazado por los enviados
especiales de la segunda guerra mundial: David Dimbleby el de
la BBC que "se inventó el Holocausto" el primero que llegó a Bergen
Belsen, Alistair Cook (sus cartas desde América las escuchó
Inglaterra durante cuarenta años) o Edward Murrow, Frank Capa,
que estuvieron en la guerra de España junto Ernesto Hemingway. Walter Cronkite,
un señor de la noticia al que me cupo la suerte de admirar y de escuchar. John
Hersey del Chicago News que reveló a los norteamericanos el horror de
Hiroshima. En Europa destacaron Oriana Fallaci, Curzio Malaparte el
amigo de Mussolini, gran escritor, guerra en el Este, Kaput, o Wilhelm Weiss el
director del Volkishes Beobachter de Berlín
durante la segunda guerra mundial. ¿Estamos hablando de periodistas o de
propagandistas?
No lo sé pero mi deontología profesional y
mi ética apuntan a otros objetivos, van por otros caminos y es la misión de
educar, divertir si se puede, informar no desinformar y analizar el calado de
la noticia para que no te den gato por liebre.
En la crisis de Ucrania a ninguno de los
misioneros de la noticia se le ha ocurrido reportar que Kiev fue una de las
capitales más bonitas de la URSS a orillas del Dniéper, el rio de los cosacos,
buenos cristianos ortodoxos porque no ha leído a Tarás Bulba del
genial Gogol un ucraniano que escribía en ruso. Que Kiev la Santa se halla a
ciento y pico kilómetros de Chernóbil, lugar del siniestro o atentado
nuclear de 1986 que recordó al mundo los horrores de una
conflagración atómica a la que ahora parece propicio Obama con sus
adláteres.
Que los ucranianos se distinguen por su
trabajo, su sentido del humor y su acento un tanto ácidos que tanta
hilaridad causa entre los rusos.
Que les gusta el tocino y el aguardiente
con pepinillos. Que Crimea siempre fue rusa hasta que Nikita Jruchef en
1954 que había nacido en una ciudad ucraniana. Kalinovka, en la
frontera misma y dentro de la provincia de Odessa la cedió a una de la Unión de
Republicas Socialistas, un hecho sin importancia a la sazón, puesto que el país
se componía de muchas republicas federadas y divididas en distritos, y una
de las características del fenecido sistema soviética era la armonía en la
convivencia de etnias, lenguas y culturas.
Fue Crimea epicentro de la paz y de
la guerra donde se gestaron no pocas crisis es esta península, donde los
inviernos no son tan perversos como en Moscú.
Allí iban a veranear los barín (nobles)
y gran parte de los dramas de Chejov se desarrollan en la ciudad balneario
donde los moscovitas acomodados iban a tomar las aguas . Es para los rusos
la Marbella española.
Curiosamente, tanto la revolución que
destronó al zar como el desmoronamiento de la Unión soviética iba a ocurrir
allí. Pero Crimea ha sido siempre rusa, es la llave del Mar Negro, sede de su
base naval del Mediterráneo, estratégicamente indispensable para la flota,
donde vencieron los rusos a los turcos y a los ingleses y luego ocupada por el
general blanco Wrangel durante la guerra civil. En Yalta se
firmó el armisticio de las potencias beligerantes en su victoria frente a
Alemania. Rusia no ha sido una talasocracia a diferencia de Inglaterra o
Estados Unidos, sino un imperio terrestre pero ha tenido una vocación naval, a
sabiendas de que la hegemonía de una gran potencia no puede recabarse sin el
dominio de los mares como canta GB en su himno nacional "Oh Britania
rule the waves" y que ha tratado de proyectar desde su escuadra del
ártico desde Vologda hasta la península de Kamchatka en el mar de Japón.
Todo eso es lo que está en juego. Putin
cuenta con el respaldo de su pueblo aunque los rusos no quieren la guerra pero
Obama, al secundar el putsch de signo fascista (los ucranianas
poseen una tradición antisemita que puede cotejarse en los libros de historia)
que derribó Yanukovski puede que haya metido la mano o la pata
en un avispero del que le costará trabajo salir indemne.
La maniobra no puede ser más burda y hasta
el ex secretario de Estado Kissinger se ha llevado las manos a
la cabeza.
Va a ser el buen pueblo ucraniano el que
padecerá las consecuencias de estos dislates y no esos señores de la guerra y
el clan zionista. He aquí, pues la segunda guerra mundial se coció mediante la
intriga y animando a los dos bandos, una situación tan peligrosa que va a dejar
pequeño a Adolf Hitler de quien pueden considerarse
émulos los actuales mandamases de la Europa de los mercaderes: Merkel,
esposa de un rabino, Cameron, quien por lo visto es
descendiente de sefarditas como la jefa del FMI madame Laguardia o
Legarde, o Hollande feligrés de la sinagoga más
importante de Paris, Barroso hebreo de Coímbra y Shirley Ashton nacida
en Golders Green donde está enterrado el judío más famoso de la historia
después de Jesucristo: Carlos Marx.
Desde mi tronera avizoro esta movida como
un jaque mate a la ortodoxia rusa de la que Kiev con sus lauras o grupos de
monasterios que se extienden hasta la región de Galitzia y
de Eupatoria que va a ser defendida paradójicamente por Putin
un ruso de origen hebreo. No se trata de un plante estratégico sino el
pronóstico de una de las muchas guerras de religión tomando como rehén al
pueblo ucraniano en su mayor parte ortodoxo o uniata, aunque Ucrania es un
pisto de creencias y de culturas aunque a diferencia de Kosovo en sus
provincias domina los cristianos viejos y no los musulmanes.
La historia vuelve por donde solía pero en
esta guerra de información o desinformación en que nos sumen veo falta de
acucia y de perspectiva, un pecado imperdonable para un informador en regla. El
gran poder utiliza a los periodistas como perros o falderos o les ayudar a
"su"misa de monaguillos.
No son periodistas sino propagandistas,
plumillas serviles a las ordenes de ese Moloc moderno encarnado en la persona
de Barracón Obama, el negro zumbón.
En una confrontación con el eje
Rusia-China los americanos tendrían que mojarse y llevarían las de perder.
Rusia es un país misterioso, inconquistable por las armas como se
demostró durante las guerras napoleónicas y con la derrota de la
Wehrmacht, cuando los tanques de Gudarian sucumbieron en la
estepa.
Por las maulas, tretas y añagazas y la
guerra sucia a la que son tan proclives los gringos (ellos pegan el puñetazo y
luego echan la culpa a un tercero), a lo mejor, tal vez, pero esto es poco seguro.
No les arriendo la ganancia a menos que Obama quiera pegar fuego al planeta.
Mi ética profesional, lo diré para
concluir, fue siempre la defensa de la paz y de la vida como declara el
salmo Exquisivi justiam et odivi iniquitatem
ESPAÑA
MI NATURA
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