2026-03-31

 


LA DIETA DEL TRAPENSE

 

 

 

Cuando estuve suspendido de empleo merced a un ukase de la corrupta doña Espe, iba y venía a Arévalo. Las murallas del castillo donde pasó su infancia la Reina Católica le brindaron protección al pobre Villeguillo judío de raza y español de nación. Visitaba la trapa arevalense que se alza sobre un mogote a la vera del río Adaja. Quise hacerme trapense pero el padre maestro o starez me dio a entender que mi monaquismo es muy diferente al usual. Creo que el ideal contemplativo de austeridad es el sumo bien al cual puede aspirar el ser humano. Y un buen escritor es aquel que contempla y se aleja de sus semejantes para estgar más cerca del corazón humano. Había cola para ingresar en el noviciado de aquel monasterio. Gente que quería huir al desierto para encontarse con Dios y consigo mismos.
Lo que más me gustaba amén del canto gregoriano era la dieta que seguían aquellos benditos frailes. Algunos eran centenarios. No probaban la carne en todo el año y sus colaciones eran de lo más frugal. He aquí la refacción diaria de un trapense: dos onzas diarias de pan, una ración de sopa a media mañana, verdura al mediodía y un plato grande de col a la cena todo sin sal. Sin vino. Algo de leche de oveja para los enfermos.
 Los trapenses son monjes blancos cistercienses, una rama escindida de los benedictinos. Su regla fue reformada por Runcé en el siglo XVIII. Aparte de la estricta observancia del fundador san Bernardo los cistercienses vivían en comunidad, dormían en dormitorios corridos, rezaban en la misma iglesia, y se entendían por señas. Pero la mímica era una forma de hablar y los padres del desierto mastizan que el control de la lengua es uno de los primeros tramos en el arduo camino de la perfección. Por otro lado, la vida de conunidad supone en muchos casos un sacrificio porque hay que aguantar al compañero. Con lo cual  siempre surgían problemas, querellas, fisparidad de pareceres y faltas a la observancia.
El aislamiento trapenmse a la manera cartuja copia la Regla de San Bruno y fue todo un hallazgo porque el aislamiento facilita al eremita su camino a la santidad. Los monjes permanecen incomunicados y la comida les es servida en su celda. sólo se juntan para el rezo de las nueve horas canónicas. Eso y su abstinencia de la carne y el vino quizás constituya la causa por la cual los trapenses sean los más longevos entre el personal de vida consagrada. Representan la cumbre del ideal ascético aunque no todos valen para afrontar esa renuncia al mundo, sus parlerías y vanidades

ESPAÑA MI NATURA

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