2026-03-02

 

EL VERDADERO ROSTRO DE JESÚS

 

Ayer tuve un sueño y creo que se me representó Jesús, el manso Jesús. No era ni alto ni bajo ni grande ni pequeño ni guapo ni feo aunque su rostro haya sido la fuente de inspiración de todos los artistas de todos los países de los siglos de atrás y de los venideros. Esta proliferación de la imagen de Cristo es una prueba más que demuestra su existencia física en el mundo. De su persona y de su divinidad ha dimanado eso que llaman filocalía: el amor a la belleza, el gozo estético del todo está bien y del amaros los unos a los otros. La verdad es que al trasluz de mis sueños me pareció algo regordete. Que no en vano le llamaban borracho y comilón y políticamente incorrecto los fariseos. Para ellos el dulce Jesús tuvo palabras terribles y de la pulla aun se están resistiendo. Por eso se revuelven como lagartijas porque la raza de víboras y de de sepulcros blanqueados –algunos pueden ejercer de gaditanos y algunas son bibliotecarias en Logroño- no son algo a existir. Siguen vigente. Más que aspecto de judío el Señor me pareció un griego amante de la buena conversación y de los placeres de la buena mesa. Sus rasgos eran homogéneos y de una serenidad perfecta Nada intolerante excepto con los arriba señalados los que decían que Juan que comía y ayunaba era un muermo y él que se juntaba con putas publicanos y pecadores era un borrachuzo y un tragaldabas. Su acento era como de payés. La Biblia no lo dice expresamente pero lo da a entender: es un paleto, es un Galileo. La criada que la noche del prendimiento cuando se encuentra con Pedro le espeta a bocajarro: por tu deje (loquella) se nota a la legua que eres galileo. Y Pedro y Jesús eran paisanos. ¿De Nazarea podrá salir algo bueno? No era más que un nazareno al que echaron de la sinagoga de su pueblo. Y tu eras de los que andabas con él vuelve a decir la maritornes –las mujeres suelen fijarse mucho, están en todo, son archidetallistas- y niega lleno de miedo, proter metum Judeorum  (por miedo a los judíos) y otra vez Cefas nuestro querido Pedro:

       -Nescio quid dicis. Pero qué dices tú, tía?

Y huye por miedo a los judíos el discípulo jefe lleno de terror. Así era Jesús, el dulce Jesús. Todo un hombre con sus grandezas y su miseria. No se expresaba en un buen acento de leguleyos, el de los profesores de Oxford o el de los maestros de la ley que interpretaban los salmos a la puerta del templo. Era un poco de pueblo, comía con publícanos y perdedores. Andaba con putas y de toda esa gente por ahí que circula lampando, no predicaba en las sinagogas sino en pleno campo y enseñaba el mensaje de su padre por medio de imágenes sencillas en palabras que pudieran entender los segadores de Cafarnaun, los de la caravana que cruzaban Judea camino de Tiro y Sidon y los pescadores que faenaban su barca en Tiberiades. Sus fans, sus seguidores, el lote de los incondicionales del Maestro de Justicia eran los “anewin” los parias de la sociedad israelita de su tiempo muy dividida entre fariseos, saduceos, zelotes y esenios. Jesús se transformó en la voz de los que no tienen voz, una voz clamando en el desierto y sigue clamando todavía y murió entre un ladrón, Gestas ,y un terrorista, Dimas, seguramente un zelote uno de aquellos judíos exaltados que aspiraban a sabotaje limpio y espada en mano echar a los romanos de Palestina...

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