ONEGA VOZ DE TABACO
NEGRO
Otro que cascó. Se
conoce que andan llamando por ahí en eso. Fernando Onega ─Fernandiño─ era un
gallego enxeibre no sé si de Lugo o de las Rías Bajas, de esa escuela de
periodistas gallegos que trajo Rosón a la Prensa del Movimiento: Pedro Rodriguez,
Pedro Pasciual, Celso Collazo y demás un poco a la sombra de Julio Camba y de
Cela.
Discretos reservados
de esos que se dicen que cuando los ves en una escalera no sabes si sube o
baja. Y si les preguntas algo te responden viceversa. Tenía cara de seminarista
misacantano con sus lentes de montura de oro y su voz de tabaco negro.
Adolfo Suarez lo fichó
como ayuda de cámara y hasta creo que le buscó novia una chica abulense. Le
escribía los discursos, puedo prometer y prometo y lo prometía con su voz de
tabaco negro.
El fuerte aroma de los
“Ducados” se elevaba sobre el techo de aquellas redacciones estábamos todos
dando voces, sonaba el tableteo de las Olivetti como ametralladoras al husmo de
la noticia y el reportaje. Humo. Aquel humo era puro incienso, olíbano sagrado
sobre el altar de la diosa actualidad.
La muerte de
Fernandiño me ha llenado de tristeza. Fue mi director en ARRIBA que dirigía
desde la planta noble de aquel edificio de Castellana 142 que recordaba a la
ONU siendo tan solo una caja de cerillas. Jamás me capó una crónica.
Era discreto, diserto
e irónico aunque gallego sus perfiles eran eslavos. Un lago en Estonia se llama
Onega y un hermano suyo o su padre escribió un libro muy voluminoso sobre los
judíos en Galicia.
Cuando se desmontó
aquel andamiaje de los periódicos estatales, algunos como yo nos quedamos
yertos compuestos y sin novia, pero Onega, la Rosa Montero que era roja más que
una amapola hicieron un carrerón, Onega se convirtió en estrella de la Cope y
la Montero en prima dona del País.
Este predicado corrobora mi aserto de que el falangismo que los crió a sus pechos era un movimiento aséptico y ecléctico; para trabajar en aquellos periódicos de la cadena no se preguntaba al aspirante quién era, qué pensaba, de dónde venía y adónde iba. Lo mismo que en la Legión.
Actualmente eso es muy difícil, más
complicado, los plumillas han de resignarse a vivir de limosna y tocar muchos palillos para entrar en un periódico. ¿Es esta la libertad que nos prometían?
Pobres de aquellos que
cometan la torpeza de pensar por su cuenta al
carecer de flexibilidad de vertebras adecuadas para prosternarse ante el
gran jefe al que no verán jamás pues la bestia sin rostro nunca enseña la patita. Yes wuana.
Los francotiradores están prohibidos y sólo se
les permite garabatear mensajes en la Red. Como yo. Si no te arrodillas ante el
imperio y le haces la palinodia a Trump y a otros indeseables vas listo. Onega
fue de los últimos eclécticos. Su voz de tabaco negro no se extinguirá. Será
siendo propagada por las ondas en el espacio cibernético. Descanse en paz
Onega. Hoy yo quiero lanzar desde este humilde blog un réquiem por aquella
época. Cuando sólo fumábamos tabaco negro.
miércoles, 4 de marzo
de 2026
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