GRACIÁN OTRA VEZ
Huyendo de las izas y rabizas de la Red, de las entelequias patrias y de las mentiras a mogollón del declinante poder americano, el ángel de la literatura tomándome de los cabellos igual que a Tobías, me transporta a Calatayud volando sobre los de Soria alma de España y me deja en Calatayud en la plaza cerca de la casa donde vivió la Dolores.
Voy al encuentro de uno de los escritores
favoritos de mi juventud, hubo un tiempo en que quise ser como él mitad
conceptista mitad culterano, con un poco de jesuita con mala leche y algo de
morisco porque Gracián provenía de una vieja familia mahometana asentada en
Aragón. Para libre Aragón.
Ingresó en los
jesuitas porque era la orden que no pedía ejecutorias de hidalguía. El ser descendiente
de moros o de judíos no era un requerimiento para profesar. En el P. Baltasar
encontramos de forma subliminal algo de las lecturas solapadas del Alcorán: el
fatalismo, un cierto pesimismo sobre la condición humana (está escrito, maktut : sea la voluntad de Alá) la valentía, un
respeto a la mujer inexistente en occidente y sobre todo ese amor a la libertad
plasmada en la naturaleza.
Decía Shopenhauer que El Criticón es el mejor libro escrito en
el mundo. Un poco exagerada la evaluación pero apostilla el valor intrínseco de
este texto que tiene la forma de novela dialogada entre Critilo y Andremio,
está dividido en crisis o capítulos y se cifra en cuatro partes correspondientes
a las cuatro edades del hombre: infancia y pubertad, juventud, madurez y vejez.
Es curioso; el autor siendo religioso hace pocas manifestaciones por no decir ninguna
al cristianismo.
Todo son referencias
al supremo hacedor, a la lucha entre el bien y el mal y a la exaltación de la
virtud o virtus en el sentido pagano.
La vida es un viaje del tálamo al túmulo. Así y todo, su obra es la de un gran
moralista.
Gracián habilísimo en jugar con el lenguaje le
saca punta al acumen de sus paranomasias. “El
trato de la trata” “ojo al cargo y a la carga” “oirás y huirás” “perdió el
mundo y el mando”. Él es un escritor
de escritor, nada ñoño, sino viril recio como Aragón y el vino de
Cariñena que “adementa” (esos primorosos caldos debieron alegrar un poco su
triste vida).
De su biografía
sabemos que fue capellán de los Tercios Viejos
en la guerra de Cataluña, que era algo deforme, corcovado en una larga
chepa y un ojo bisunto, el pie valgo o descabalgado, que tenía mal carácter,
que se llevaba mal con sus superiores y estuvieron a punto de echarlo de la
Compañía.
Misógino. Siempre que
tiene oportunidad, habla mal de las mujeres. No debió de conocer la gracia de
dios y en su vida se comió una rosca. Pero el Padre Baltasar era un genio, lo
que se dice un genio con mala uva, ornato de las letras españolas.
domingo, 19 de abril
de 2026
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