2025-11-08

 EL PURGATORIO, BENEDICTO XIII EL PAPA LUNA, EL CISMA DE OCCIDENTE Y SANTA CATALINA DE SIENA

 
 
A partir de la preocupación sobre los últimos trances nace una cosmogonía que se centra sobre la preocupación que ata la vida humana al más allá. Vivimos en perpetua y tenaz tensión trascendente.  De otro modo, la religión - lo que “religa” en sentido etimológico - carecería de sentido. ¿Cuál es él propósito de todo esto? ¿Es absurdo todo cuanto rodea a la condición humana? Santa Catalina al descubrir el Purgatorio halla una tercera vía, pero también tiende un puente hacia lo dantesco. Era una imaginación genuinamente italiana. Después de su viaje de tres días por las regiones de ultratumba vuelve para describirnos un mundo envueltos en llamas, donde se escucha el gemir y los ayes de los amarrados en blanca para toda la eternidad. También parece ser que vio al Padre Eterno, a Cristo con sus atributos de gloria, embutido en la toga de justo juez. Hasta Santa Catalina, se tenía una noción un tanto más vaga de lo que ocurre después de la muerte. San Odilón, abad de Cluny, promovió la fiesta de Todos los Santos para orar por los que fallecían y a los que, en virtud de los rescates presentados por la sangre, pasión y muerte del Salvador, se creía en el Paraíso. Gozando de la luz de Dios. Empero, el argumento de la monja dominica de Siena aquilata un poco más y advierte que entre los corderos de Jesucristo y los cabritos de Satanás hay una categoría intermedia de clasificados, que no han lavado todavía sus culpas lo suficiente para presentarse ante el trono del Padre. La filosofía del Purgatorio, de la que nadie se había atrevido a hablar hasta entonces, es una caja de resonancia de los dictados de las religiones hindúes sobre la reencarnación. El alma, para llegar a Dios, ha de experimentar diferentes vidas y mutaciones. La existencia de ese lugar equidistante entre la luz y la sombra de los benditos y los malditos, lo que se llamaba limbo o seno de Abraham antes, confirma la sospecha de que lo que hay detrás de la muerte pertenece al terreno de la alegoría. La Biblia no se expresa de una forma contundente respecto a los novísimos y, sí, utiliza un leguaje metafórico: gehena, estercolero, el lugar del llanto y del crujir de dientes, etc. No todo es tan simple como a primera vista parece. Hay también que estudiar el contenido de los mensajes y visiones de Catalina a la luz de la época en que fueron formuladas.
Su filosofía refleja el ambiente de luchas entre güelfos y gibelinos y la agonística de trono y altar en que vive la península transalpina del siglo doce al quince. Italia y toda la cristiandad vivían en ese ambiente de tensiones, un auténtico purgatorio. Esa proyección escatológica será una constante fija en el “ Weltanschaung”[1] medieval. Al socaire nacen los grandes himnos de la liturgia de Difuntos el Dies Irae y el  Liberame, Domine.


Bien se conoce que el ser humano arrastra cadenas. A la sazón, la vida era dura, breve a causa de las múltiples plagas y enfermedades y sujeta siempre a los arbitrarios designios de un déspota, que pudiera portar tiara (güelfos) sobre sus sienes, o corona regia (gibelinos). Fuera el emperador, el papa, el rey, el dux o el conde o el señor del castillo al cual estaba sujeta la behetría, el pueblo vivía en régimen de vasallaje. Los hermeneutas y tratadistas medievales se impregnan de esta cosmogonía o visión falsa de Dios, en la cual la Trinidad aparece como un señor justiciero, de horca y cuchillo, con derecho de pernada incluso. ¡Qué lejos está de la visión que proyecta sobre nosotros la Biblia de que Dios es amor!  Por eso, los santos de aquel tiempo que, a través de la iluminación y de las gracias particulares, frecuentan el trato con el Ser supremo, a duras penas conseguirán zafarse de estos prejuicios del tiempo en que viven. Ni tampoco de la complicada y retorcida psicología italiana con sus filias y sus fobias.
El Padre Eterno luce su majestad en lo alto sosteniendo un globo terráqueo en la mano diestra. Aparece sentado con tiara y vestido de capa pluvial. Cristo bendice. Es un joven maduro con la barba partida en contraposición a su Padre siempre representado como un anciano. El Espíritu vuela en forma de paloma de la que se irradia un flujo de rayos concéntricos del sol que arrasa. Por antonomasia, es el vivificador. 
Al contrario, al diablo se le representa hirsuto y tiznado de hollín como un negro[¿prejuicios racistas?] , que agita el rabo entre carbones encendidos y a la agachadiza se acerca o huye al infierno. San Miguel entra en escena en su atuendo de guerrero (galea, yelmo, espada y una loriga de cuero) trayendo el ponderal o balanza con el que pesa las almas. Santa Águeda muestra sus pechos tostados. Santa Catalina mártir apoya sus dedos en la rueda. Un cochinillo yace a los pies de San Antón. El distintivo de Santa Inés es una guirnalda. A cada santo de la lista le corresponde una cosa inanimada como instrumento de santificación.
No hay que perder de vista tampoco in hecho irrecusable: la descubierta del Purgatorio corre paralela a un tiempo de mortandades y epidemias; 1348 es el año fatídico de la Muerte Negra. La guadaña de la peste bubónica esquilmó las tres cuartas de la población europea. Aquel flagelo se creyó obra de un castigo venido desde lo alto. La doctrina del tercer lugar, en el cual expían la culpa los pecadores, pero del que el alma sale al cabo de un tiempo — antes era el limbo de los justos o el seno de Abraham, o la Laguna Estigia donde aguarda Aqueronte, según las religiones mitológicas— en definitiva venía como anillo al dedo a los predicadores que desde el púlpito no se cansaban de fustigar la depravación de costumbres de los prelados de la curia. Este es un tiempo en el cual triunfa la Retórica.
Otro dominico, Vicente Ferrer, iba recorriendo las iglesias de la cristiandad exhortando al arrepentimiento y defendiendo al que él creía el papa legal, el de Aviñón, su paisano el valenciano, Benedicto  XIII, mientras que Catalina de Siena enarbolaba la causa del papa romano, Gregorio XI.
Muchos vieron en la gran mortandad que sobrevino el año 1348 una seña del enojo divino con los cristianos a causa del Cisma de Occidente.
 La palabra purgatorio se las trae. He aquí que encuentra fácil arraigo. Se empieza hablar de que dentro de la comunión de los santos hay tres cabezas: militante, triunfante y purgante.  Los condenados al estercolero de Jerusalén o gehena no cuentan.


En tiempos de cambios como fue el final del XIV los adivinos y agoreros incrementan su prestigio. De la curación o de la predicción de dolores inminentes, reales o imaginarios, pero temibles siempre, viven los videntes charlatanes en sus vaticinios propicios o infaustos para una humanidad que ni se corrige ni enmienda. Siempre fue igual. A veces el sacerdote viene a ocupar el puesto del hechicero tribal. La teología de la comunión santificante, siempre maravillosa, vino a dar el espaldarazo a un negocio que andaba en baja. Las animas benditas se lo pagarán y ellas nos perdonen, pero todo hay que decirlo; el purgatorio incrementa las ofrendas del cepillo a barrisco. Los sufragios se combinan con enjuagues. Hallaron una verdadera mina. Cristo jamás habló del purgatorio. Él es el perdón. Cuando se refiere a la “gehena” o estercolero de la Ciudad Santa lo hacía en sentido traslaticio. No cabrán lugares inmundos en la Iglesia de los pobres. El infierno y el purgatorio pertenecen al lenguaje altisonante de los ricos. Su ambición, su soberbia, su cólera, su afán de poder ya ha hecho de este mundo una caldera constante de Pedro Botero. El Dante Alligheri ya avisaba cuando puso al papa Bonifacio VIII en el orco a cuyas puertas hay escrito un epígrafe: “Quienes entréis acá, abandonad toda esperanza”. Le estuvo bien empleado. Porque, a pesar de ser papa, era un hombre maligno.  Era francés...  
Todo esto se comprende a la luz de la lucha de la Investiduras, del cisma de Occidente, en el cual los italianos siempre barrían para casa, y del escándalo de las Indulgencias. No eran pecados de Cristo sino de su Iglesia. Para perdonar a estos papas y obispos indignos quizá fuera inventados la doctrina del tercer lugar con sus repulgos maravillosos. Siempre será mejor que la nada o que el horno crematorio.
 Dios elige para el dolor.
Pocos sabrán entender estas razones y apostillas. A la Iglesia no se la hace de menos porque se expongan puntos de vista, que son el resultado de a investigación y de la hermenéutica apologética, porque el amor de Dios y la revelación no son estáticos sino evolutivos. Es como el descorrimiento del velo de un gran escenario. El lenguaje divino se articula de manera contradictoria. Se mueve por otras coordenadas. Mide con diferentes patrones. Nuestros imperativos categóricos de conciencia son incapaces de percibir ese timbre misterioso en que vibra el aliento del Señor. Dios escoge al que quiere, pero lo elige para el dolor. Su elección se transforma en gracia paciente. La paciencia ante las adversidades reviste una de las señales incontrovertibles de la santidad. Es su gran santo y seña.
A la bendita de Siena los propios frailes y hermanas de la Orden Tercera, cuando entraba en éxtasis, la echaban de la iglesia de la Misericordia a puntapiés. Catalina permanecía impávida ante las calumnias. Igual que una columna dórica. No alzaba la voz incluso cuando estuvo en juego su propia virginidad y reputación, como cuando iba a asistir a aquella enferma de cáncer la cual la acusaba de ser mujer mundana, pagando con moneda de ingratitud todos sus desvelos. Los recursos y ardites del gran embustero carecen de límites. Se disfraza para arremeter en las ocasiones más impensadas e increíbles.
Otra vez, la llamaron puta y borracha. Solía tomar vino a las comidas y lo recomendaba a los enfermos como medicina. A un tinajero de Florencia, proveedor de algunos conventos, cuando se le acabó la mercancía, la propia Catalina hizo un milagro semejante al de las Bodas de Canán. Hizo que de la canilla de una cuba afluyese vino, igual que de una fuente irrestañable. Durante tres años no hubo vendimia, pero las existencias del milagroso tonel no se acababan nunca. A tan acerada invectiva, tan corriente en aquellos días, como ahora, respondió con una frase épica:
— Benditos los prostíbulos y las tabernas de mi Dios.
Sentía Catalina una gran admiración por María Magdalena, pero, defensora a ultranza de la continencia que nunca se desgranó la flor de su pureza, le daban mucha pena las mujeres de la calle, tanto como los beodos, porque todo el mundo se metía con ellos, porque eran la irrisión. A todos recordaba que Jesús comía y bebía y se trataba con publicanos y pecadores. He aquí un ser puro que de nuevo desenmascara a los fariseos, los que se precian de incontaminados. Ahí está una de las pruebas fehacientes del amor por el Esposo. Benditos los prostíbulos y las tabernas del Señor.


Asida a la roca de la oración, Dios permitía que su sierva fuese mal tratada por los demonios. Tales vejaciones cobraban apariencias diversas, porque los recursos del Embustero son inagotables. Unas veces eran tormentos físicos. Cuando avistaban la ciudad de Florencia una tarde, en que regresaban cansadas al convento ella, Alessia y la hermana Lisa, el diablo entró en el cuerpo del asno en que cabalgaba la santa y dio con sus huesos en tierra. Quedó maltrecha y tuvieron que llevarla malherida. Otras, el maligno actuaba por conducto de personas de su entrono, casi todos de vida consagrada, que criticaban sus ayunos y calificaban sus arrobos de burdos montajes, para cebar el monstruo de su vana gloria.
Tuvo detractores y enemigos numerosos entre el clero y los miembros de la Orden de Predicadores, en la que era profesa, que no perdían ocasión de menoscabarla y dejarla en ridículo. Italia era por aquellas fechas un semillero de intrigas y de odios. Florencia se había levantado contra Pisa. Venecia le había declarado la guerra a Roma y Génova no quería saber nada de Milán. Por causa de las pasiones políticas, la cristiandad era una casa dividida. Los caminos estaban trufados de forajidos y de asaltantes. La confusión reinante entre güelfos y gibelinos, ya consignada, —aparte de una tensión religiosa entre la Santa Sede y los burgos libres— existía la codicia por las rentas de la Iglesia que hizo que los papas huyeran a Aviñón.
En Florencia, adonde iba con las bulas papales, como embajadora de la Silla Apostólica, un día, quisieron matar a Catalina. Salió ilesa milagrosamente de aquel percance ocurrido en 1373. Siguió postulando por el regreso de los papas a la Ciudad Eterna, pero las repúblicas de Venecia y Florencia eran refractarias a aceptar la soberanía pontificia sobre un elevado número de bastiones que pagaban pechas al Dux y a los condotieros. Eran los últimos coletazos del duelo trono altar que tuvo en pie de guerra a los cristianos de occidente durante el Sacro Imperio. Decían que la diaconisa del papa era una mala mujer, una loca histérica que fingía comunicaciones con Jesucristo y que tenía tratos, al igual que Gregorio XI, con el diablo.
Estas voces señalaban que su padre era un borracho y que había nacido en el seno de una familia en la cual vinieron al mundo nada menos que un cuarto de centenar de vástagos. Eso era cierto. Catalina hacía el número vigésimo cuarto. Su padre, Jacobo, murió relativamente joven y tuberculoso, quien sabe si como resultado de esos excesos nupciales. Por lo que toca a su madre Teca, ésta era una sencilla y pobre mujer que tenía mucho miedo a la muerte.  Lo veremos adelante.
— A nosotros no nos engañas. Sabemos quién era tu padre, un cornudo, que le daba al cristal y tu madre, una odalisca que no hizo en su vida más que parir —así le habló a la santa el diablo durante una de las frecuentes comparecencias ante Catalina, a la que intentaba perder, a sabiendas de que la obra que ésta intentaba acometer mediante una reforma eclesial por arriba y por abajo, por dentro y por fuera, le iba a suponer la pérdida de muchos adeptos.
En Florencia su persona se convirtió en blanco de las invectivas del alto clero. La persecución contra ella en aquella ciudad fue terrible.
Otra en su lugar, ante tan graves insultos, hubiera tomado las de Villadiego, o quizás intentado arrancarle la lengua al bellaco que los profería. Catalina de Siena, una verdadera amazona en la lucha contra los malos espíritus, ni descompuso el gesto. Este silencio, tanta paciencia, era  signo evidente de que ella había bebido del cáliz del dolor, ese vaso de elección que al principio sabe ácido y repugna como un vomitivo, pero que acaba siendo paladeado como delicioso néctar.  Aguardó a que pasase la tormenta y regresó a Roma cuando en el Conclave de 1378 Urbano VI sucedía a Gregorio XI.


El lenguaje de Dios— conviene repetirlo —- llega de forma insólita, y por conductos inexplicables. Sólo lo escuchan los que sufren, porque Él amó a Job y encuentra en la paciencia de los crucificados su mejor baluarte: “patientia opus perfectum”[2]. Habla por boca de los pequeños y despreciados, por ser la humildad agradable a sus ojos. Esto es un aserto incomprensible para los ojos de la carne. Por lo pronto, suscita sonrisas de autosuficiencia y mofas aviesas que mortifican y santifican a sus siervos. Pero la verdad será alguna vez descubierta y atestiguada. La longanimidad de la monja de Siena es la longanimidad de Job. Con ella a flor de labios todos los justos de la historia desafiaron al diablo.
Ella vivió en una coyuntura histórica en el cual el poder temporal había establecido pactos y asensos con el Vicario de Cristo, que permanecía aherrojado por cuestiones de estado, y prisionero en las querellas del siglo. Su incómoda actitud no conformista con las manipulaciones de las que era objeto por el rey de Francia el romano pontífice se transforma en grito de rebelión para reformar la Iglesia, morigera las costumbres disolutas de las personas consagradas.
Pese a lo cual, las Catalinas de Siena de hoy  (no se las ve, pero están en alguna parte) siguen siendo el hilo conductor de la voz del Señor. Los eclesiásticos, lejos de mostrar unos deseos fervientes de reformas, inculcadas desde el mandato del Vaticano II, y convertirse a Cristo, se devanan por el poder. Nadie pudo ahogar su voz de la misma forma que los medios más poderosos de comunicación se verán inermes para hacer callar a aquellos que piden un cambio de rumbo. Ellos sufren. Son tachados de locos y de visionarios, pero ellos denuncian los pactos con el diablo. Porque Jesús, a lo que parece, no fue tentado en vano, hace pensar en aquellos papas prisioneros de Aviñón.


Con palabras de Ajab al profeta Miqueas “ tus profecías no anuncian sino el mal y calamidades “[3]  acusaron a la bendita toscana de ser el aguafiestas de su siglo. Sin embargo, ella con su espíritu de clarividencia predijo que se acercaba un tiempo nuevo, de grandes carismas. Lo cual así fue, porque los papas retornaron a la Ciudad Eterna desde el Sur de Francia y la cristiandad conoció una era de esplendor y de influencia como no ha conocido jamás. Tres siglos de gloria ininterrumpida. Lo mismo puede decirse en la tesitura actual. María no nos abandona. Pasarán los tiempos de tinieblas. Serán glorificados todos aquellos que en nuestros países mal llamados demócratas, de los que viven a la sombra del gran consenso, y se enfrentan solos y desamparos como los primeros cristianos en el circo, a las garras y colmillos de la Bestia.

 Comuniones místicas.

Singular prestancia cobra así esta monja fundadora[4] y reformadora, a la luz de los acontecimientos de 1999. Esta doctora de la Iglesia no fue sólo un epítome de las cristianas virtudes que practicó hasta el paroxismo sino un aviso a los navegantes. No pasarán. No se saldrán con la suya, porque la Iglesia no es un papa, ni un obispo, ni una cuadrilla de seglares o de algún que otro alumbrado, sino que pertenece a la inspiración verdadera del Espíritu Santo. La sangre de los mártires que se vierte en el más absoluto anonimato y oscuridad les grita a los impostores el consuetudinario golpe de atención, el clarín de llamada:

- Y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella.

Sus secretarios ponían por escrito el contenido de sus revelaciones o el tenor de lo que conversaba durante sus encuentros con el Amado. Se refería sin cesar a la necesidad de una transformación. Quería una Iglesia moza y moderna, no aletargada en las disputas feudales. Hablaba de la iniquidad

 



[1]Weltanschauung: visión del mu

 A SOCIEDAD ESPAÑOLA empieza a acusar el zarpazo del glonalismo, el buenismo, el papa Francisco, el obispo de almería, la vicepresidenta ewl ministro Zoido cualquier ocasión es buena para chupar cámara y acaparar votos. Ocasiones como ésta todos los dias un funeral a la corrupta democracia hispana brindan ocasión a los políticos para hacerse retratar. Lo del pobre niño muerto es lo de menos. Doña suzana la sultana estaba allá y esa dominicana que fue chica de alterne en un bar de carretera, casose con un cliente viejo al que birló los cuartos y dejó morir de un derame cerebral. Una mujer fría calculadora, desalmada y la razón de este funeral es que los padres del niño eran de Podemos. Siento asco por la hipocresía que me circunda. Pobre niño, dulce Gabrielillo, tú fuiste la victima de los desafueros de tus padres hasta que en la bella parte del cabo de Gatas apareció la Quezada otra Semiramis. En Texas ya se sentaría en la silla electrica pero aquí mucho general mucho ministro, mucha lozana andaluza y todo una mina para los carroñeros y carroñeras de nuestros medios inmediatos desmedidos y desmediados. Grabriel Cruz, descansa en paz, angelito, pescaito, ruega por España. A ver si desde arriba consigues contar la coleta del sicario o sicaria que te mató, victima inocente, afrecho terrible de Moloch al que le gusta la carne fresca e inocente

 



AMIEL

 

Un memorialista simpar fue este profesor ginebrino de quien puede decirse que de los años que vivió tres folios cada día escribió. Es parte de mi triunfo y m condena aferrarse a la escritura como ancla de salvación y de perdición. De diecisiete mil páginas consta su diario. Federico Amiel apuntó día a día las intercadencias de su espíritu estados de ánimo y las cosas más fútiles como sus defecaciones erecciones y asuntos del quehacer cotidiano traslados, las clases el parecer de sus alumnos las reacciones políticas o las intercadencias metrológicas cuando soplaba el viento sur de los Alpes. He vuelto a leer el gran estudio psicológico que hace dél el Dr. Marañón releyendo su obra que manejé por primera vez en 1966. Amiel es el epitome de los memorialistas. Es un género descubierto por los ingleses pero yo creo que este erudito suizo que escribía en alemán y en francés los supera. Mucho fárrago ciertamente pero viene a decirnos que la vida del hombre no es heroica. Las horas de sus días están circunscritas al aburrimiento y al tedio de la vida que se repita. Amiel es el mito del eterno retorno. Solterón empedernido, narcisista, egoísta, nos coloca en la senda de la modernidad. Ser para la muerte. Su vida fue una preparación para ese destino inexorable del hombre. No tenemos experiencia de la muerte y el trance se ha de improvisar y murió con gran paz a los sesenta años de una enfermedad pulmonar. Amiel fue un hombre anodino psicológicamente vulgar relata Marañón pero de una gran capacidad meditativa. No fue un pensador sino un pensativo, adalid del auto análisis. Un melancólico introvertido. Posee esa terrible lucidez de los cardiacos, algo que se refleja a lo largo de los miles de páginas de su Journal intime. Esfuerzo titánico de redacción. Suplicio de Tántalo condenado al tormento de las Danaides. Llenar la botija para después descargarla en lo alto de la montaña. ¿Después qué quedará? Nada. Un tímido sexual cargado de sentimientos de culpa y un complejo de inferioridad sexual rayano en lo eunuco y el gonocorismo y sin embargo Marañón con su ojo clínico advierte que la virilidad de los tímidos como Amiel se contrapone al donjuanismo que cosifica a la mujer como objeto de placer. Don Juan ocultaba en lo oscuro el perfil de un alma femenino mientras que los tímidos esplendentes como en este caso alientan un alma superviril. Para Amiel que sublima esta baja tendencia de los instintos inferiores deifica a la mujer a la que considera la dueña y alma de sus aspiraciones superiores a la totalidad. En ella encuentra su ideal un ideal que tal vez nunca encontrará. Sublimación de la maternidad y complejo de Edipo. Para Amiel la cifra y compendio del ideal femenino lo representa la pintura de Leonardo Da Vinci... le asustaba la brutalidad de la cópula carnal como acto físico. Pesan en él sin embargo las incongruencias y contradicciones de los que piensan y escriben demasiado. Su esteticismo anda en danza con la misantropía narcisista que busca la mujer perfecta. Este desistimiento le entregó a una castidad forzada y viril. Amiel era demasiado macho todo lo contrario de un impotente a decir de sus biógrafos. Así y todo conoció el amor físico. Echó sólo un polvo en su vida con Philine una viuda madre de una de sus alumnas. Al cabo del encuentro sufre una crisis de desencanto y ¿el amor era eso? Se pregunta en la entrada de su diario aquel 6 de octubre de 1860. Quería casarse con el profesor pero éste, un tanto morugo y calvinista, no estaba por el himeneo y Philine se va a Berlín. Hubo otros semi amores hacia los que Amiel el profesor de estética algo cretino da calabazas. Debió de ser un tipo insufrible y banal victima del egoísmo que le condujo a la soledad. Marañón estudio su personalidad farragosa y memorial como antagonista del mito de don Juan contra el cual el escritor desde su cigarral toledano despotrica constantemente para agraviar a Tirso de Molina que fue el que lo introdujo en la literatura castellana.

 

LAS CASAS CLERIGO MALVADO Y DISMINUIDO SEXUAL

 

Las Casas era un encomendero de la Española (hoy Santo Domingo) que debía de tener problemas sexuales y fue rechazado por las indias. Esta flaqueza le condujo a la decisión de hacerse cura a los cuarenta años. Sus criticas a los españoles que tenían aventuras con las indígenas parece ser que fueron motivados por la envidia. ¿Era impotente? Mala cosa los celos. En cualquier caso la merma de su naturaleza le obliga a desplegar su energía en otros ámbitos diferentes a la sexualidad. Representa la idea del clérigo obtuso y malvado sin empatía, sin sentimientos hacia los demás, un fenotipo que se da con frecuencia en el clero católico. Se convierten en pederastas, asesinos, manipuladores, conflictivos. el padre Bartolomé mientras predica la caridad hacia sus semejantes fue un defensor de la esclavitud y es un abanderado de los negreros de Tierra Firme. De naturaleza intrigante, realiza varios viajes a España para entrevistarse con el Rey Fernando casi moribundo y después con el cardenal Cisneros al que no convence. Sin embargo, como buen trepa consiguió granjearse las voluntades de los flamencos que acompañaban al emperador Carlos V. Como los indios no valían para el trabajo Las Casas logra una premática regia para importar a las Antillas cien mil esclavos negros apresados en el Este de África por los laceros portugueses. El clérigo como le llaman sus detractores choca abiertamente con el pensamiento de aquellos españoles trasterrados que se casaban con las mujeres aborígenes, tenían aventuras y muchos hijos. La idea del mestizaje es una de las glorias de la conquista que obvian en su consideración los hispanófobos. El español creía que el indio era persona humana y una criatura de Dios algo que no va a ocurrir en la conquista por los anglosajones de América del Norte. Ellos pensaban que los pieles rojas en estado salvaje no eran seres humanos pues como señala Ramiro de Maeztu "para un español no hay superioridad de unos pueblos sobre otros o de unas clases sociales sobre otras. Todo español cree que lo hace otro hombre lo puede hacer él"

RIDÍCULOS SOMBREROS Y PAMELAS

 Con sus ridiculas pamelas de color rojo la May zamnquilarga paso corto y cara de padecer de una bilis hepatica se despacha contra los rusos. Por mi experiencia de corresponsal recuerdo que en 1972 Sir Alec Douglas Hume expulsó a toda una colonia de diplomáticos soviéticos. Ahora los ingleses vuelvben a las andadas pero la señora May que quiere ser una nueva Thatcher tiene que pensar que Rusia no es Argentina y consta con un arsenal nuclear capaz de hacer desaparecer del mapa a la Perfida Albión en un par de embites. She is a warmonger como la mayor parte de los ingleses que son una nación invadida por el Isdlam y no cuentan con un ejercito capaz de enfrentarse a los rusos. She talks a lot of bullshit. Ojo con Putin. Él no atacará se defendará la infantería rusa es una consumada experta en las tactica poliorcetica. Está hecho el ruso para resistir