2026-03-25

 


DUBLIN ´S PAPER BOYS








Los tiempos son duros y la esperanza se derrumba pero hay que escribir y yo quisiera escribirte de una larga parrafada la historia de mi vida que no sé si te interesa ni tampoco si serás capaz de entenderme pues la verdad no soy un ser humano fácil de entender. Quizás no pertenezca a esta época ni a ninguna época pero he aquí que esta noche de octubre empiezo esta narración que yo quisiera alcanzase la totalidad de doscientos cincuenta folios, densos, pergeñados narración de mi vida. Se entienda o no, me interesa a mí solo, pues Dios me entiende y yo me entiendo. Acabo de fumarme una pipa y es la madrugada. Estoy preocupado por ti querida Helen y algo decepciona porque Teresita realizó el milagro del reencuentro y la localización pero seguimos en las mismas que hace veinte años. El tiempo pasa y las cosas y los hombres pero mis sentimientos son firmes y sigo pensando en ti hija extrañada todos los días. No sé cómo comenzar esta narración de mi vida en la que haré acopio de lo real y lo irreal mis realidades y mis sueños. Soy algo autista y estoy vivo, sustentado por la fe y alimentado por la esperanza. Ante mi mesa de trabajo tengo una foto en blanco negro tomada en Dublín un viaje que realicé allá en 1973 y fue una peregrinación literaria a la tierra encantada y superliteraria regada con guinnes de Joyce y de Molly Malone tiempos revolucionarios, Levantamiento de pascua, melenas y contestación como las que muestran estos chicos vendiendo un periódico en la esquina. Él mira para la izquierda entre sorprendido e irónico hacia un lugar de la calle que se pierde en la lejanía y ella al ángulo opuesto mostrando un titular de una hoja volandera que no agradaría a tu abuelo Graham Hugh The tory torturers. Él es moreno camisa blanca chaqueta de pana y pantalones muy batallados que la pernera les queda corta. Me recuerdan a los pijoflautas. Estos dos tios acaso sean los antecesores del Iglesias y la Montero su señora. El aire de la mañana parece diáfano sin las brumas del Liffey y existe un encanto/desencanto de las cosas que siguen acordes con el pasado y con el porvenir en la ciudad vieja. Siempre todo será igual esa es la fija porque no somos sino estadística. Estamos ante dos descamisados que venden las noticias poco antes de que se instalase en Fleet Street la gran revolución tecnológica y de la llegada de Rupert the Murder que se corresponde entre nosotros los españoles con el tal Polanco. Sí, Helen, el mundo cambió y esta escena callejera de los setenta me parece antiquísima como las melenas y la chaqueta de cordobán dulce pana del descamisado la fibiella bien tiesta los pantalones pesqueros con botas de las rebajas de Marks&Spencers las piernas algo toradas y los pantalones que necesitan una mano de la plancha. Hullo mate? How are yee? En su mano izquierda sostiene la primera plana de un tabloide revolucionario pero todo lo que quiere la prensa es escándalo, my friend, aplícate el cuento, chúpate esa, y la derecha el cigarrillo de aquellos años inconscientes, un Number six entre los dedos y las piernas un macuto el de sus escasas pertenencias y mira para su izquierda en espera de alguien que no acaba de llegar pues será seguramente Godot. A us lado su chica no muestra excesivo entusiasmo va con los pantalones campana las botas sucias y también atenaza un bolso entre los pies ella mirando siempre en dirección contraria reclinado el culo contra el escaparate de una tienda de discos. Bach queda en lontananza y elepés los setenta fueron la época más musical de la historia del mundo. La tienda de madera chapada debe de ser muy antigua y tiene todo ese sabor dublinés de Joyce pintando la escena. En la esquina un rubio se reclina indolente contra una farola pantalones ceñidos americana de estilo y camisa a juego con zapatos de tacones chúzame la punta y la melenita inconsciente que se llevaba entonces. ¿Adónde habrá ido a parar toda nuestra Beatlemanía? Ver la escena me remite a la audición de los programas de Raúl Matas en Radio Madrid. Cruzando la calle pasa por la acera de enfrente y ante las cristaleras de lo que parece ser un banco un pensionista embutido en su gabán y la cabeza a resguardo de los vientos fríos con una visera. Le acompaña seguramente su señora pero a esta no se la ve y precede a un tipo que nos muestra su calvicie y un bolso de mano. Debía de ser un sábado día de hacer la compra. Una luz bálsamo de primavera irradia la escena que nada ha de ver con la acrimonia del letrero del periódico en primera página: los toreros unos torturadoras pues también es verdad. A mí nunca me ilusionó esa derecha británica que esgrimía como anagrama un cruzado en la mancheta superior del Daily Express. Pero esta fotografía es el arranque querida hija de muchos recuerdos y de aspectos de mi vida que permanecen inefables o quedarán para el anonimato que no te sabré decir nunca ni a tus preguntas responder leche. Los dos chicos newspapers boys en la esquina de una calle de Dublín pregonando prensa revolucionaria me trae la fábula de un empeño que no pudo ser aunque aquí estamos, Helen. Ni se muere padre ni encentamos la olla. Los pensionistas que transitan y el otro melenitas que se recuesta en la Farola una instantánea de mi existencia que se cruzó en el camino tiempo de blanco y negro. Yo quise ser reportero o más bien corresponsal de guerra pero sueño en otras cosas vivo en un mundo de papel. ¡Viva la infantería española de los tercios viejos! Aquel Tassis que organizó la red de comunicaciones militares de Carlos V por toda Europa. Era Tassis un vivandero vive dios piloto a la mira de las zabras que bojaban la costa británica. Os quisimos invadir, Helen, pero el tiro nos salió por la culata como tantas y tantas veces. Firma. Yo no firmo ni mi testamento. Los correos a los Países Bajos tardaban quince días desde Roma o desde Madrid y había que pasar por Francia infestada de hugonotes y llegar a Ostende después con toda la impedimenta y todo el pan de munición. ¿Dices que descarrillo? Pues sí. La vida me ha enseñado a componer novelas sin argumento siguiendo la carrilada de la vida que por cierto carece asimismo de lógico. Somos estrellas filantes. Ailantos pensativos a la vera del río. Arcabuces y picas es lo que necesitamos. ¿Ha entrado la fuerza? Y yo me imagino soldado por un día encuadrado en las banderas de Su Majestad en el ajuar de combate: peto, escarcelas, brazaletes, celada y manoplas pero ya mi pólvora está mojada y hoy cumplo los sesenta y dos. Voy a la lucha del carnero. A toparme. A pelear. Pero para, échate un trago. Bebe que no es vino. He preparado para tí un tarro de oximel un buen jarabe para la resaca así mi nivel de conciencia se esparza. Es una forma que tengo  de pelear contra la corrupción del aire que trajo la peste. Camino abajo, llegan los alguaciles capitaneados por su barrachel.  Por mí vienen aunque no es la hora. Vamos andando. No hurté el cuerpo a la lucha, estuve expuesto a toda clase de enfermedades. No me digas pero esto es fabuloso, Helen. Si quieres conocer cómo era tu padre tendrás que adentrarte en un mundo mito pero no te aflijas quita tus pesares. Yo soy el alférez Alonso de Contreras me reencarno mira mis armas arcabuz pica espada y rodela y con todo este ajuar hago el pase de revista espero la llegada del veedor con la soldada y me hablan del desbaste de las guarniciones italianas. Italia mi ventura. Mi regimiento se llama el Tercio de Cerdeña. Fabuloso ya me dirás. Sólo el trabajo engendra la virtud sólo la virtud engendra el honor. La estadística de mi vida es dura y los datos muy pobres pero vita militia est. En mi unidad estamos bastante apiñados pero no importa. Me crié en un seminario que era como una inclusa y di con mis huesos en este regimiento que parte hacia Flandes huyendo de las coordenadas de la desinformación de los servicios de orden de la retaguardia, el alpechín de los malos deseos y el légamo de las peores pasiones. La muerte por otra parte bien sé que ya empuña el segote y, mientras doy haces y siego con el dalle el prado jardín de mi vivienda, encuentro un segador o araña que ha construido perfectamente su vivienda. Fabuloso. En realidad, hija de mi vida a la que desconozco no soy uno sino muchos hombres porque muchos son los diablos que moran en mí. Los Dublin boys tocan el banjo y yo hago de contrabajo y me baño en aguas de ajonjolí mientras el diablo orza por la espetera. Ya digo que hay muchos demonios los que tienen residencia dentro de mí y no los domino. Se me escapan, se me encabritan, Helen, mientras yo hago lo posible por sujetarlos y tirar de la rienda. Desveno pensamientos ideas y proyectos pero no me cumple. La sagena de mi pensamiento anda algo bota por más que mi sensibilidad sea harto afilada. Me presento ante mí Maestro. Soy el pobre lisiado de la mano seca. Habete fiduciam, ego sum nolite timere. Signa autem temporum non pòtestis scire. Las frases del evangelio hacen eco en mi memoria poseen mucha más fuerza en latín mientras sueño con el serafín de seis alas que cruza por los cielos de la urbanización y toda la vertical se ilumina le veo portar un hexaptérico o relicario con la huesada de los mártires, o de los muchos hombres que padecen tribulación por la justicia. Viltroteo las calles; tambien fui periodista pero esta tarde tendré que vermelas con el chino ese murciano de mal vivir el Vespasiano Diarrea que se sienta en su proedia de honor en el ministerio frente al ordenador tal que parece un héroe mítico. Vendrá con un almoflate y le rebanará la cabeza. Hice la prososcopia de su rostro y me dio un hombre sarcino igual al cerdo. Fue estudiante de Alcalá y a lo mejor gastó abolla. Me pierdo y recupero en el ámbito de lo fabuloso oh pan de los cielos pues allende desto hubo una refacción milagrosa; comieron todos y sobraron doce espuertas. Elpidia se llama mi novia que nos es otra cosa que la Esperanza. Tú eres mi Elpidia, Helen, mi esperanza o ton ouranon pues como sabes hablo griego lo aprendí en Alcalá y abrirás al leer esto tus ojos como cuévanos. Vamos marchando una de calamares. Hoy empecé una dieta, peso 127 kilos y creo que cuando este escrito este memorial hoy es día de lluvia 18 de octubre de 2006 rebaje a los noventa porque nadie quiere paces con los gordos, somos descastados de la sociedad, nos rechazan por mucha sabiduría e inteligencia que llevemos en dentro del alfomar.  Me dijo una rusa una vez  eres feo viejo y gordo y se te han caído los dientes de arriba y abajo te quedan unos pocos raigones empastados y endodonciados. Amaste sobremanera los libros, Miruello, desestimando otras cualidades que son de recibo en la sociedad el bien parecer la fuerza física el sonreír a tiempo, hablar palabras holgadas que no hieren. Estaba el Escarramán en la barra del Kiss y este mes de agosto asesinaron a Manolo que a esto volveré si me dejan pero no conviene apresurarse. En esto de escribir conviene la parsimonia del monje. Soy todo buena voluntad y tesón pero con frecuencia fracaso, hijita mía de mi corazón, a la que desconozco. Eres mi sangre que camina por las calles de Londres y allá te va mi bendición. Elpidia mi amor, esperanza de los pueblos compañera del soteros y el eleuterios cristo liberador. Aparta estas correas de mí. Muchos le niegan la historicidad de sus milagros pero recuerdo lo que nos decía el Padre Muñana: “se apiadaba ante las turbas, le daba pena toda aquella multitud de hambrientos y desconsolados”. Por ellos quiso volcar como hace un archivero con los memoriales documentos legajos y tumbos el orden natural. Es preciso que de vez en cuando surja el milagro para ir tirando, para seguir viviendo. Fárfaras dirán los descreídos porque menudo son los ateos que tanto abundan y yo estoy suscrito a un blog de internet que airee las propuestas de los que no creen en dios. ¿Por qué escribe usted Miruello el nombre del santo de los santos en minúsculas? Porque si nos paramos a pensar nunca vimos a ese buen señor y hasta puede que sea una prolongación de nosotros mismos, excrescencia de nuestra imaginación. Oh franquicia de los higos del rey denarios y sestercios el dracma de la viuda y el tributo del cesar. Estaba Mateo alcabalero en su telonio de la misma forma ojo alerta a ver quien pasa y qué se dice con que yo me hallo en el chiscón de escribano esta bella mañana de lluvia en que hago tiempo antes de ir a vérmelas con el Vespasiano del archivo de los palimsepstos. Tienes mucha imaginación. Pero ¿qué quieres que haga? España y yo somos ansí señora. Especulo sobre la importancia del delfín que es de todas, todas, el delfín eucarístico. Así al menos nos lo decía el padre Muñana en sus platicas en aquella capilla dorada cuyos ventanales daban a la sierra. Sigo en la tronera y mis horas se eslabonan unas con otras. Enchufo la radio pero escuchar al Cantamañanas me infunde crispación y hastío de la vida española. Oh mi país ¿qué fue de mi pais? Prefiero a la Deutsche Welle que no pierdo tiempo y por lo menos aprendo alemán. Se me quedan algunas palabras no todas pero creo haber alcanzado un nivel en el que domino el sentido de la frase. Es el aburrimiento de la trinchera el peor enemigo del soldado. Pero hoy me siento flex pues evacué consultas con el inodoro y cagué recio y en unos minutos bajaré a correos y allí la buena de Maribelme pagará el giro que me ha llegado de la venta de un libro. Ha sido un mal verano. Erifos hizo estragos en mi cuenta corriente maldita tentación la del vino a las comidas y la copita de orujo después que no son una ni dos puede que hasta diez. Mi alcoholismo intermitente me lleva por la calle de la amargura, Helen. Si te haces de miel estás perdido. Lo que hace falta es un poco de voluntad. Decir no a tiempo. Tascar el freno y corregir la rienda. Por corregir yo hoy corregí bien y vengo a dar en lo mismo que decía Delibes: mi inspiración depende del humor con que me levanto de la cama y si he dormido bien. Me fumé dos pipas. El tabaco a la vez me hace mal y bien pero este memorial, de afectos, Helen, va a ir de corrido y sin los servicios auxiliares del humo. Esperé demasiado de la vida y eso puede ser un handicap, ¡pachasco! Hoy ha llovido mañana hay lodos y nadie podrá correr sin echar atrás los codos. Una verdad de Pero Grullo, mas sencillamente fabuloso 

 

 

 

Posted: 27 May 2018 11:35 AM PDT


















LLANTO POR MOLLY MALONE

 

In Dublin fair city where the girls are so pretty... los que amamos a Irlanda hoy estamos de funeral pensando en los miles de infantes no nacidos trucidados en el vientre materno. La guadaña de la muerte sube en la carretilla de la dulce pescadera de pelo rojizo y ojizarca a la que amamos y cantamos en nuestra juventud. Eire se ha hecho abortista unciéndose al carro de heno de los que niegan la vida en esta Europa crucifija en el palo a la que le han subido toda esa gentuza jarca infernal de los que promulgan los derechos humanos y niegan el derecho a nacer. Las aguas del Liffley el río de Dublín el río más literario del mundo bajan turbias, tintas en sangre de los cadáveres del gran infanticidio. Es el río de Joyce, de Swift, de Erskine, de Bernard Shaw, de Keats. Cantábamos dulces baladas en las barras de Main Street al son del banjo y empapados de Guiness. Mientras, Molly Mallone empujaba la carretilla cargada la cesta de berberechos y mejillones. La pescaderita murió joven el año del hambre cuando se arruinó la cosecha de patatas. Durante mis años ingleses viajaba con frecuencia a la Irlanda mítica a ver las cruces de san Patricio y me encontré pecios de la Invencible. En County Cork hallé un pueblo de gente bajita y morena que se ufanaba de ser descendientes de un galeón de la Armada que se hundió durante una galerna. Los supervivientes del naufragio casaron con mozas de allí. Irlanda es eufónica y torrencial como la música del violín. El gaélico materno que hablaba en la vieja Erín los celtas fortaleció al inglés y es un venero de poesía que recorre por las venas de la literatura inglesa. Nunca entendí el conflicto del Norte pero estuve en un mitin en el cual hablara De Valera por última vez. Fue en la primavera de 1973 y aquí van las fotografías que tomé y que se publican por primera vez. Creo que a partir de hoy Irlanda ha dejado de ser católica.

▬ Esa es una mala noticia, Paddy


















Posted: 27 May 2018 04:48 AM PDT

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EL LIBRERO VALDÉS DE OVIEDO
 
Antonio Parra
 
Los porches de la antojana del Fontán tiran lo suyo, y no solamente en la vida literaria de una ciudad - de vez en cuando hemos de acudir al truchimán ovetense en un afán de descompresión y oniromancia para que nos interprete nuestros sueños de orbayu y borrinas en lo altu el puertu y veamos el ángel dicen posa los pies como una perícopa mística arriba del todo de la torre calada de san Salvador- sino también en la de los individuos y en la de los pueblos. Valdés cargado de libros me ayudó a llevar la cruz y ha sido y quiero que sea muchos años en vida de los dos mi Cirineo.
Los lares tutelares, manes y penates de Ovetum-Jovis Templum- por míos los tengo. Paul Morand perentoriamente dijo que los ángeles tienen sexo, bajan a la tierra a hacer el amor con las hijas de los hombres, y hasta se echan novia, como me pasó a mí una vez en Oviedo, voto a bríos. Eso nos pasa a todos. Le ocurrió también a Tigre Juan: que se enamoró. Iba a cortejar detrás de los montes; era sangrador, barbero, echaba la buena ventura a las clientas, santiguaba y escribía cartas en romance a las novias analfabetas. Hombre de muchos oficios, pobre seguro; así que tigre vendía botones y carretes, no daba puntada sin hilo, leía las rayas de la mano pues ya digo era un tanto quiromante.  Su chiscón en la plaza del Fontán era una romería. El personaje de don Ramón tan facticio y tan real a su vez creo que su espíritu monta guardia con los angeles tutelares de la Cruz de la Victoria en alguna buhardilla en los soportales de la catedral. Es un punto de referencia con soporte veraz más allá de los convencionalismos onomásticos. La buena prosa como las buenas catedrales y ambas se dan en tal caso están construidas para suscitar entusiasmo elevando los ojos por encima de esta mediocridad sin horizontes de tejas abajo.
GLOSAS DE OVIEDO Y DUBLÍN



En ese sentido Oviedo es algo más que una ciudad. Como el Dublín de Joyce, el Londres de Maugham o la Alcalá del Buscón. Para mí no es solamente un punto de referencia estético. También una norma de vida, punto de encuentro y arrancada, cifra y compendio de mi peripecia vital. Toda la culpa puede ser la tuvo el gótico flamígero de las catedrales nuevas.
Una ciudad de provincias puede ser un archivo del pasado y un laboratorio del porvenir.  Por eso es menester de tarde en tarde regresar al parque San Francisco y colocarse al pie de la torre bisunta que tan bien diseñara Gil de Hontañón para desplegar el catalejo una tarde cualquiera a la hora de la siesta y guiados por la mano perita del deán de Clarín que empuña el catalejo esparcir la mirada. Escribir es mirar hacia adentro. Y es llorar sobre regazos desconocidos. Es ser un poco cotilla intelectual.
Al husmo de tales indiscreciones bajamos desde Pallares hasta Oviedo la Gentil. Toda una peripecia vital, un placer estético, un bello y dulce sentir sonando al fondo la cítara de los salmos que se devanan en cada libro. Oviedo templo de Jupiter y de este étimo hereda su calidad genitiva de la jovialidad. Lo tonante y jupiterino queda para otros casos. Nos parece la ciudad más alegre del mundo y la que más pronto se va a acostar puesto que se asela casi con las gallinas. Es genial y deífica en todo. Hasta en su toponimia. Más que una ciudad un mundo literario a retaguardia y a solas con su pasado meditando delante de ese albalá o alfiz que nos explicaba Camón Aznar en aquellas lecciones suyas magistrales es todo un misterio de la arquitectura. Son tres arcos ciegos en un pasadizo, tres pilares - ¿inspirarían a Pérez de Ayala?- inescrutables y mayestáticos como la Santa Trinidad. Estamos ante una de las diócesis más antiguas de la cristiandad. La Toledo ultramontana. Todo eso lo cuenta para el que quiera escuchar o entienda su lenguaje de piedra el alfiz de la Corrada del Obispo. Carillón románico de San Salvador al que protege la aguja de la catedral de Vetusta arropando también los tejados de San Tirso. Esto es el pasado. El futuro lo avienta la sonrisa enigmática y algo nerviosa de Leticia Ortiz, una menestrala busto parlante convertida de repente, el cuento de Cenicienta hecho verdad, en princesa de Asturias. Como Gonterodo. Como doña Tota la Asturiana.



Oviedo, acérrimo baluarte contra la barbarie y cuna de civilizaciones, madre de España y abuela de pueblos como las Corderas antaño paciendo mansamente en el sel, enseña el azul de sus colores hidalgos liberales y el rojo y gualda del toldo de la tienda de Tigre Juan, libérrimo en su talante, mas duro de pelar. Su creador Pérez de Ayala lo vació en molde español a no poder ser más. Vio en su persona al último pícaro que llegaba de la guerra de Cuba de servir al rey. No es un estafermo ni el mascarón de popa de una nave que se hundiría en Cavite sino un ser de carne y hueso. A veces hasta me parece que cobra realidad y me lo encuentro circulando por la calle La Magdalena. Y con él a don Fermín de Pas, a Ripamilán con su voz perezosa de chantre. Paseando detrás dellos está aquel Capitán Veneno de don Armando, veterano de la guerra de Melilla, que parecía un ogro y avanzaba por el parque San Francisco semejante a Polifemo aquel gran danés del que se encaprichaban todos los incluseros. El gigante pese a su catadura era tierno y le regaló el “King” que así se llamaba el perro a un niño huérfano. Estaba solo en el mundo pero desde aquel día tuvo un perro. Todos estos personajes fruto de la imaginación de los grandes maestros astures de la pluma se amontonan con los recuerdos de varones que yo conocí, ovetenses pro que me hicieron bien: Avello, Gabriel Tuya mi querido suegro, los hermanos Cepeda, Pedro Pascual qui transierunt ut naves, sicut nubes, velut umbra pero que perviven en la memoria y ahí están, hagámosles un hueco, bajo las ventanas bigeminadas del palacio de la Balesquida. Otros son los que entonan cánticos con su lengua de llama columpiándose ingrávidos sobre el estribo de un botarel.
BELLEZA
  En sus voces se plasma toda esa belleza ornamental y visual del flamígero de las últimas catedrales las denominadas nuevas: Salamanca, Oviedo y Segovia. Oigamos el cántico viejo de los coros. Escuchemos la voz del Serafín.
Oviedo es para mí todo un conjunto de vivencias personales.  Es algo que en España le ocurre a mucha gente desde que descubrió el rumbo y el aire de Pilares. Que ya no podemos vivir muy lejos del Fontán. Cuando le digo esto a Valdés, que me mira con sus ojos risueños, entre burlones y bondadosos, de monje laico, creo que me entiende. Estuve yendo y viniendo desde que era mozo y paraba en una fonda al lado de la estación que daba en los desayunos el mejor café con leche de Europa entera.



Siempre le encuentro a pie de obra inmerso en sus catálogos. Es un pionero de las ventas por Internet y uno de los fundadores de Iberlibro. Para mí su tienda en la bajada de Gastañaga es como un pequeño mizrav donde acudo a lavarme las heridas y a purificarme. Hay demasiado polvo en los caminos. Él siempre está dispuesto a otorgarme una palabra de consuelo. No le falta sentido del humor y al igual que todos los ovetenses a los que conocí no se toma a sí mismo demasiado en serio. A los libros, esos libros con lomeras de panza franciscana y tejuelos al oro en piel de becerro, sí. Siempre está a punto de pasarme el dato que desconocía de tal libro o cual autor o a contarme alguna anécdota. O la historia de la última biblioteca que compró que siempre suele ser la de un cura. En este país siempre andamos en danza detrás de los curas con el vergajo o delante con el cirio en la procesión. Lo que no obsta para decir que fueron gente bien organizada y que sus archivos eran los mejores antes de llegarles la hora del defroque.
Conozco a José Manuel y a su esposa Isabel desde el año 79. Siempre están juntos al lado de los pucheros del quehacer catalogador o la colocación de resmas. El catálogo es para el bibliólatra como la rueda de Ictión. Sus vueltas no se acaban nunca. Todas las mañanas hay que limpiar las cuadras de Anteo. Sacar a calderadas libros y más libros pero otros vienen a volcarse sobre su mismo lugar. La tarea no acaba nunca. Pero aquí están José Manuel e Isabel tanto monta monta tanto, dulces esposos para echar una mano a los ilustrados de todo el mundo y a los que abren su Web con el deseo de conocer.
En ellos encontré siempre si no cariño un poco de consuelo y ese qué tal oh que a los ciclotímicos como yo nos hace tirar palante. Valdés es bien trabado de hombros aunque no muy aventajado de estatura. Epítome del perfecto bibliopola llegó a los libros a través de su amor a la escritura. Por sus manos pasó la bibliografía más selecta que se ha publicado en este país incluso en el mundo. Parece a causa de su fervor por el verbo y la palabra escrita un tataranieto de aquel Juan Párix que utilizó por primera vez los caracteres móviles e imprime el incunable más antiguo Los Sinodales de Aguilafuente, al ladito de mi pueblo. Desde entonces la magna caterva de bibliotecarios, bibliótafos, escoliastas, cleptómanos y opositores no han parado de darle al diente.
VERSOS SATÁNICOS
Hermosa profesión y a la vez triste la de los libreros de ocasión. El lance los vuelve tolerantes y a la vez apasionados. Dura, en estos tiempos de versos satánicos y que deja escasos márgenes. Azorín ya lo contó en un genial artículo: el hombre de por vida vive atado a sus libros, mas estos le sobreviven. Entra en las casas después del médico y del notario. Por eso buena parte de las existencias de las librerías de segunda mano se nutren de enajenaciones de colecciones privadas o públicas [cuando fenece una institución o se produce un cambio político parece que estorban los libros de antaño] así como de defroques de bibliotecas sacramentales. Los religiosos es casi lo único que legan al morir: libros. Hay que tasarlos con bastante paciencia. Valdés la tiene y sus modales son casi de médico de cabecera a la hora de tratar a enfermos o desamparados de la letra muerta. Todas las mañanas tiene que hacer la autopsia a un centenar o más de cadáveres antes de firmar el parte de defunción o enviar a estos tomos inservibles a la cámara de gas.



Por desgracia el Leteo ¡ay! también aguarda a nuestras aspiraciones a la gloria. Hoy muchos libros publicados mueren a los quince días cuando les sacan de cartel pero el Parnaso sigue distinguiendo con el laurel de la eternidad a los que vivirán eternamente. Shakespeare, Clarín, Quevedo, Victor Hugo, Tolstoi, Pérez de Ayala. Dolores Medio...
Uno se baja del Alsa, se toma un café en cualquier tupi y sale disparado hacia la costanilla donde Valdés tiene su escaparate.  Es la sede de las Nueve Musas y a uno le entran deseos de releer a Azorín para describir cómo es un librero de lance con la misma solercia con que lo haría el Maestro de Monóvar, quien por cierto era también asiduo de estos establecimientos. Valdés es un asturiano jovial, de frente amplia y bondadosa sonrisa. Está sentado frente al ordenador. A su lado hay muchos libros. Cerca se sienta también su mujer que trabaja sobre un estrado o ambón desde el cual empaqueta los envíos. También, cabe las fotos sepia, y los ejemplares antiguos de A Urbe condita edición de Amberes traducción yuxtapuesta media holandesa. Aquí el tiempo se detiene. Es un remanso a la sombra de la espira de Vetusta. Sobre unas cajas se expanden ligarzas y legajos obra del expolio seguramente de un archivo sacramental que es como califican los técnicos a la biblioteca de los curas. Un poco más allá yacen el breviario de un cura latino con los cortes muy sucios y una novela de Corin Tellado. Su propietario a lo largo de su vida presbiteral les dio una buena soba a este libro de horas entonario. “Domine, labia mea aperies. Et os meum nuntiet gloriam tuam” no hay nada como los salmos ¡Oh los bellos himnos y lecciones de aquel oficio divino! Únicamente los perversos pueden maldecir estas donosuras de la edición en piel con atajos litográficos y marmosetes de finiquito capitular con una frase al uso:
-¡Bah! Latinajos.
 
SIN LOS POBRES CURAS



Osada es la ignorancia. España se queda sin curas, van muriendo las rectorales ¿Qué hacer con estos viejos ejemplares del culto preterido y sobreseído - el profesor Miramamolín Suances del que ya sabemos para donde tira se frota las manos ante los hechos consumados; no cabe vuelta atrás- y con toda esa literatura pietista acumulada en el cuarto de atrás de las sacristías? Ocupan demasiado espacio. Además ya no se lee y se medita nada. La televisión es el gran factótum.  Nada que hacer por ejemplo con los “Puntos” del P. Vilariño. El síndrome de la iglesia vacía mientras se ríe Satanás de la inconsciencia y falta de prudencia de los nuevos catequistas que quieren por lo visto borrón y cuenta nueva, empeñados en convertir al Vaticano en una oenegé, ha desterrado de los anaqueles y del mundo de los vivos a todo este cúmulo de letra muerta. Ya no lo quieren ni los traperos. Estos libros son pignorados por unos céntimos en los mercadillos o van al contenedor de desperdicios. Les acompañamos al brasero de la moderna inquisición los que tenemos una mentalidad moldeada en ellos. Nuestras glosas nunca verán la luz. El Establecimiento los considera dinamita pura. Nos resignamos pero no nos rendimos en la esperanza de que algún día se tire de la manta, se cambien las tornas y los engendros metafísicos fruto de la imaginación del profesor antedicho y sus pedisecuos vuelvan al índice, mientras nuestras novelas y nuestros ensayos salgan del limbo.
Por eso venimos a Valdés pues vemos en su persona una especie de mesías, espéculo de tolerancia. Buen alfaqueque de la bibliografía, pagó los rescates de muchas obras olvidadas que vuelven a ser. Con esa mira se ha pateado los caminos de la patria a golpe de acelerador. He aquí un redentor de cautivos, por la vía bibliófila, el buen Valdés.
Ciertamente algunos de estos mamotretos son infumables e ilegibles pero no hay regla sin excepción y siempre aparece la perla en el muladar. En el campo de la bibliofilia toda España es hoy tierra de moros.  Parece como si nos hubieran colonizado los extraterrestres. Un páramo se abre ante nuestros ojos. Todo cuanto no se someta a férula o reciba el nihil obstat del gran censor demócrata queda fuera del aprisco y ay de los solos. Todos a morir por dios. Los púlpitos hicieron mutis por el foro y los curas están en otra onda. Les estorba su pasado. Se sonrojan de sus propios libros incluso los de los Santos Padres. Se ha renunciado a la teología y todo está en función de los dictámenes del gran cofrade orwelliano. Así que vivimos tiempos de verdaderos autos de fe y la quema inmisericorde o la descatalogación intencionada de autores rebatidos o con orden de expulsión de todas las sinagogas están a la orden del día. Y tales almenaras son perpetradas con alevosía y nocturnidad, ascuso y a excusañas siempre de refez y de refilón sin dar cuartos la pregonero. ¿No queríais caldo? Pues ahí van tres tazas. Todo se hace ahora a cencerros tapados.





Mucho disfrutaría el maestro Azorín en esta biblioteca, verdadero oasis de paz y de bonhomía en el corazón de Oviedo y eso se aprecia sobre todo cuando se llega desde Madrid. Falta esta tarde Alberto, el hijo único de los Valdés. A Albertín lo vimos crecer; nos encantaba el despejo y la inteligencia del chaval. “Esti guaje será algo. Vanos a sacar de probes, mira lo bien que se expresa y lo bien educau que yé y lo saladín”. Hoy con la carrera recién terminada es un iniciado en biblioteconomía con lo que quiere decirse que recogerá la antorcha. Berto- Albertus Magnus para los que hacíamos tertulia en los veranos de los ochenta en la rebotica del librero y escritor para hablar de política, de religión, de coses y de tiempos que no volverán- yo creo que iba para la lumbrera de la Iglesia pues estudiaba en los dominicos y seguramente que será un hombre importante pues ya desde entonces despuntaba al igual que los dos hijos de Ponte Mittlebrun, el niño y la niña. La fía de Ponte va a emparentar con los Borbones. Habrán de tirar voladores en el Sotrondio (no os asustéis pecados míos, ni saquéis la cabeza los mis remordimientos). Salve y honra merece el que a los suyos se parece. Que por cierto acontece ahora que me acuerdo que le debo un gallo a Esculapio. Acabo de contar sesenta y me estoy volviendo como Sócrates al pensar en la otra ribera. Y también le debo dos mil duros a Ponte por el arrendamiento de un 127 de una vez que vine al Fontán y me vendieron la burra mal capada con aquella puta boda. Que al sobrino del rey no le pase con la chica de la catasta a la que de pequeñina traía yo caramelos cuando venía de Londres lo que me pasó a mí con su tía Clara; algo vale que luego en el Mercau de la Pola la cosa se enmendó con otro consorcio que ni me esperaba pero esta vida es una caja de sorpresa y aquí el que aguanta gana. Existe una ley de las compensaciones y a cada uno la vida lo va poniendo en su sitio caguen ros. Todavía me estoy palpando los machos que ni sé como salí de aquella por pies y a uña de caballo y a fuerza de lingotazos de ginebra, hermano bebete tu propia vida breve, apura el cáliz del desamor. Muyeres. Una real moza pero más rara que un perro verde. La culpa como siempre la tuve yo por meterme en tales tremedales.
LONGANIMIDAD INGLESA
 Buena gente.  Les pido perdón y lo que dicen los ingleses let bygones be bygones. Pero lo de aquel himeneo fue una historia. El mayor fracaso de mi vida me aconteció en un lugar que yo consideraba el paraíso: el parque de San Francisco. Dios me perdone y nos perdone a todos y haya dado paz y felicidad a la otra pues gracias a ella encontré a ésta. Todo se embrolla. Parece muy complicado pero en fin a lo hecho pecho y no sirve darle vueltas.



A este otro José Manuel no le debo nada. Es mucho mejor persona y creo que hasta mejor escritor. Lo que pasa es la del otro que en este país el candil tiene que lucir bajo el celemín por cojones. También es Valdés mucho mejor persona y no tan ambicioso. Villano en su rincón pasa una existencia sosegada propio del Beatus ille horaciano que aquí el que resiste gana y por ahí en eso hay bastante cabrón. Lo que pasa es que no publica. ¡ A ver cuando vemos en letras de molde esas poesías, Jose!
Él escribe para el cajón. ¡Qué remedio!. Que no está el manto la Magdalena para tafetanes ni el alcacer para zampoñas ni el verde para pitos.
Uno a fin de cuentas no es más que un peraile de la literatura. Pudiera haber nacido en Zocodover o en el Perchel malagueño o el Potro cordobés o el Arenal sevillano pero me nacieron cabe la Puerta el Socorro muy cerca del Azoguejo. La misma patria tengo que Pablillos el Buscón. Por eso me tira el Fontán y busco su querencia vivencial en que amasé pietismo con vida airada, esteticismo y clastomanía, con vela votiva en una mano y en la otra tea incendiaria. “Iskra”, pues. Lenin lo recomendaba cuando envió a sus dinamiteros al Palacio de Invierno. Desconozco el término medio. Yo voy a lo mío. Ahora al cabo de tanto tiempo tengo las manos vacías y una punción muy severa en el corazón. Me he ganado mi propio infierno a pulso. Fui pecador.
 Vivo cerca de Lavapiés que también fue lo suyo en sus tiempos hasta que lo tomaron los chinos. No sé si mi Madrid tendrá pepsina suficiente para hacer la digestión de tanto étnico como está llegando en oleadas pero eso no me lo digáis a mí. Toda la culpa la tiene Gallardón internacionalista de que España esté cambiando de piel y de color. A este paso pronto nuestra picardía se acabó. Pronto empezará la cultura del melting pot. Ellos nos meterán en su puchero y coceremos cual cangrejos borboteando por las asas.



Me opuse a este estado de cosas que tenemos hoy. Por decir la verdad fui perseguido pero en Oviedo siempre estaba Valdés para echarme una mano desde su chiscón a la sombra de los botareles de San Salvador. Él y yo somos el gótico flamígero de la generación del 68. Fui a Oviedo con avales pues el deán que concluyó la catedral ovetense se llamaba Arias Dávila y era de mi pueblo. Y de ahí todo lo demás. Aprendía a amar la literatura en Clarín, padre y profeta nuestro. Escribía como tañendo un violín. Aun escucho la prima de ese registro. A contar con sentimientos y narrar lo que veía de la mano experta de un Palacio al que con tanto denuedo menoscaban los que lo fusilaron.  Otra burra mal capada. No fiar mucho de los críticos. Pero mi padre espiritual, el  espejo en el que quisiera haberme mirado como escritor, por su alcurnia espiritual y sus tendencias a la anglofilia y por su clasicismo ático, pensador y narrador libérrimo como libres son las auras que soplan por el Fontán, es Ramón Pérez de Ayala. Un dandi, un sportman del buen decir.  Con su escritura elegante dejó marcadas las posibilidades de la lengua castellana.
También al igual que él por lo que me toca de consorte y de advenedizo, llevo a Asturias en la armadura de mis huesos y al igual que él quiero ser enterrado bajo polvo asturiano “hasta el día de la restitución suprema”. De Vetusta y de Pilares soy un fifty fifty y a escote aunque me nacieran en Segovia ya digo. Mala sombra. Me sitúo en la parcela de la historia de España que me ha tocado vivir como un testigo de excepción. El furibundo nacionalismo aldeaniego de Ibarreches y Roviras no van conmigo. Prefiero el regionalismo astur que te hará siempre vibrar ante la noción de las dos patrias ahora que nos van a meter a todos en el mismo saco de lo global y yo protesto.
Suenan a lo lejos como despedida a este cronicón violines clarinianos



El violín clariniano es contrapunto de la gaita ayalina que parece retumbar por todo el valle mientras don Armando ataca la melodía del paisaje con su clarinete; por el cabo del estrangul en forma de melodía mana un torrente de belleza. Llega hasta mi alma el mensaje de la purificación.  Fueron tres ases y ya vienen los coros sonando desde Covadonga. Allí la noción de España nació arropada al manto de la Santina pequeñina, galana y belicosa. Bajó del cielo e instaló sobre el perfil de los montes el perfil de la gran patria. Nosotros somos quien somos. Vivan la historia y sus cuentos. Hay que darle la vuelta a los versos de Blas de Otero. Por eso en esta hora difícil en que todo se va al carajo venimos en búsqueda de la querencia umbrátil de los bosques. Hayedos míticos, robledales y blimeales como los de Artedo. Numen hic est. Aquí está el dios o la diosa. Porque para nosotros el concepto divino se enfunda en mujer. Cada verano voy por los caminos que llevan a Pravia. Silo y Mauregato rezan las letanías de los caminantes en el iconostasio de  Santianes. Percibo voces lejanas de monjes que cantan en griego. La tebaida se instala en el reducido término de un ajarafe. Digamoslo bien alto. Somos de Cristo y no podemos ver a Mahoma. Ese prejuicio va en el torrente de la sangre que respalda la muerte de muchos por siglos y siglos en la defensa de la Cruz. Hasta aquí los godos y los mozárabes vinieron huyendo de muchas sarracinas como el 11M. Y las que nos quedan porque los demonios de la modernidad han resucitado a Almanzor con su cimitarra y los tiempos en vez de tolerancia y convivencia de las tres culturas - qué risa- han traído fanatismo, reivindicaciones y suspicacias. Coja el diaño a los tornadizos y que Santa María nos valga. Santiago, cierra España. Que se les atraganten a unos los priscos y a otros les dé el Señor resignación para que en el martirio resistan y entren al cielo blandiendo la palma. Numen est hic. Voy camino del recuerdo y entro en la cueva de las xanas donde estas señoras rueca en ristre se peinan cabellos de oro y tienden su melena sobre las aguas del lago Enol. ¡Qué grande eres Valdés. Tú desde Asturias libro va libro viene me enseñaste a descubrir a España! Y eres un gran escritor. Lo que pasa es que los grandes autores de esta hora undécima bajo sospecha y flotando sobre sus cabezas una nube de caveats y de conjetura se ven obligados a escribir para el cajón. Y de este gran reportaje que es la vida abocáramos al colportaje y a la venta ambulante.  Después de todo no es deshonra ganarse la vida vendiendo misales. A los usurarios que les den...  Con un canto en los dientes. Nos arbitramos el porvenir desde el trono de la prudencia. Nos derriban mas no nos rematan.


SOLIPSISMO EN CONCLUSIÓN


Pronto llegaremos a puerto. Nuestra nave entra en dique con todo el trapo empavesado. Escribir y vender libros es lo mismo: una tarea apostólica. Sirve de composición de lugar y ayuda a hacer examen de conciencia porque después de todo a las puertas del oráculo de Delfos había un letrero que decía: “Gnosce te ipsum”. Allí una de las nueve musas recibe a los adeptos peregrinos con un ojillo entornado.  En el jardín se escuchan los susurros del bosque. Pérez de Ayala tiene un estilo que arrasa agotando la forma y el concepto fundiendo esencia y accidente. Es nuncupatorio. Irrebatible. Como sois con frecuencias los asturianos, Valdés. Que dígotelo yo. En Pilares había, según lo pinta el argumento de Urbano y Simona ,  cuarenta conventos de monjas y la Vetusta de Clarín se conmueve con el adulterio de Ana Ozores con un canónigo. Es el “tijé”, el “fatum” o fuerza ciega del destino el que nos arrastró hacia una mujer bajo los soportales del Fontán - Tigre Juan y yo amábamos a la misma: un ser etéreo- y de cuyas garras nos rescató un libro. ¡Oh divino Miguel! Valdés fue nuestro buen cirineo. Me ayudó a llevar la cruz de aquella noche insoportable. Le estoy muy agradecido desde entonces.


 


ANTONIO PARRA


 


 

SE MARIA NUNQUAM SATIS DEDICADO A LA VIRGEN DEL ROCIO

Posted: 27 May 2018 03:44 AM PDT






Los servicios sanitarios trasladados al lugar sólo pudieron certificar la muerte del hombre




Resultado de imagen de la inmaculada concepcion


                                  
 
LA PURÍSIMA
Antonio Parra
Todo el mundo en general a voces, reina escogida, dice fuiste concebida sin pecado original. Este verso lo cantaba Sevilla y fue un jesuita de allí por nombre Maldonado el que luchó por la noble causa de la virginidad de la Teotokos. La cosa viene de largo.
El lábaro de la Purísima ya flameaba en los espontones de las picas de los tercios viejos de Flandes. El catolicismo español tan sui generis siempre pugnó por esta causa durante el medioevo, la edad moderna y parte de la contemporánea, en contra de los bolandistas franceses. Un sector de la Iglesia lo consideró creencia que arranca de los griegos, nunca dogma de fe. Pero Sevilla se salió con la suya y un tal día como ayer de 1854 Pío IX lo define como artículo de la fe para alegría de los defensores de la Simpecado. Sevilla se salió con la suya. Por eso llaman desde entonces y desde mucho antes a Andalucía la Tierra de María Santísima.
Su color el blanco y el azul. Y esos eran los colores de los vándalos. Y los vándalos eran pueblos góticos no semitas. Lo de la bandera verde vino después por concesión de Blas Infantes a los pendones almohades. En Madrid como en Linares veinte mulas son diez pares. Esa es la fija. Luego llegan los mixtificadores y tergiversan los hechos a conveniencia. Al Andalus eran como llamaban los invasores mahometanos a esta región colonizada por estos pueblos de la antigua Germania, originarios de a orillas del Báltico, una zona temida por los romanos, puesto que allá estaban las partes infidelium y la oficina gentium (fábrica de gentes porque en contra de la esterilidad de las matronas imperiales las mujeres bárbaras no dejaban de parir) que descendieron hacia el sur, en compañía de suevos y alanos, destruyendo todo cuanto encontraron a su paso.
Así vinieron las hordas de Atila. Desde Andalucía pasaron a Numidia y al norte de África. No dejaron un monumento a su paso. Eran famosos por su respeto a la mujer, su castidad, y su clastomanía. De ahí ha quedado la palabra vandalismo. Los peores no son gamberros que acaban con las marquesinas de la parada del autobús. El vandalismo más temible lo practican los tergiversadores de nuestras páginas sagradas y tienen voz y vopto en el parlamento y una silla en las tertulias mediáticas.


Por un privilegio especial la Sede Romana concedió el permiso a todos los curas españoles de vestir en el Día de la Inmaculada de azul, un color que no es de rúbrica en la liturgia latina y sí lo era en la griega y en la mozárabe.
Así que las misas de esa fiesta se sacaban de los cajones casullas y ternos de color índigo y zafíreo. Era el color de Nuestra Señora. Miro atrás y me embarga la nostalgia al recordar aquellos días de la Purísima en los años seminaristas. La campana nos levantaba una hora más tarde. Había quiete en la huerta y vino y pasteles en el refectorio. Estábamos dispensados del pensum y cuando pasaba el prefecto no teníamos que alzar el bonete de cuatro puntas pues era un día en que se relajaba la disciplina, un gran día en España, coincidente desde la edad media con las “Fiestas del obispillo”. Sacaban al latino más renacuajo y le ponían en la cabeza una mitra, en la mano un báculo y sobre el pecho una cruz pectoral; en el dedo un anillo sigilar y hala a pontificar, esto es: mandar.
Los del  seminario mayor tenían que servirle a la mesa y hacer sus mandados a los del seminario menor. Obediencia de cadáver. Con el obispillo - dejad que los niños se acerquen a mí- los párvulos tenían toda la autoridad y potestad. Eran obispos y príncipes por un día, de igual manera que por Santa Águeda mandan las mujeres en Zamarramala. Los últimos serán los primeros. Al soldado raso le convertían en coronel y al general en cabo primera. El mundo para que vaya como dios manda a veces hay que ponerlo patas arriba alguna vez, siquiera a título de excepción.
Ha sido un bello jornada invernal con el sol flojo calentando las bardas del hastial de mi m orada. El vecino me arrebató una porción de mi jardín y tuve que arrancar mis árboles. No importa. Madrid sin gente era un paraíso. Se podía circular sin agobios y la gente parecía de buen talante. Estos interregnos o treguas de Dios en medio del frenético y caliente otoño que llevamos vienen bien al personal que se lanza a la carretera tratando de huir en viaje a ninguna parte en las desbandadas fin de semana. Todos buscamos un poco la huida. ¡Qué mala sombra! Hasta de nosotros mismos nos espantamos. Y mañana otra vez a la brega tras el lapsus.
Sus horas invitaban al recuerdo reflexivo. Para todos los españoles son entrañables estas fiestas de la Purísima cuatro días antes de las de Santa Lucía cuando las noches son más largas que los días, y empiezan a decrecer ya, en la antesala navideña descendiendo por la cuesta pina que nos conduce hasta el tope de San Silvestre.
La fiel infantería honró ayer a su Patrona. Se ha vaciado de su contenido religioso esta solemnidad. Sin embargo, gracias a Dios, no nos la quitaron del calendario laboral. Los milagros del Señor ocurren a cencerros tapados y el numen divino que mueve a todo un pueblo puede sumergirse y emerger al cabo de un trecho como un Guadiana solitario.


Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol y calzada de luna y su testa coronada de las doce estrellas. Todo un símbolo de la que aplastará al dragón. Esto es de la Escritura de una forma inapelable precisamente cuando reaparece la media luna, cada vez con más fuerza sobre el horizonte, que Ella hollará bajo sus pies. La liturgia de este día parece que se dispara hasta la locura en los ditirambos de la hiperdulía o culto a la Virgen que quiere decir: “too much” pero también dice la Patrística: “de María numquam satis” contradiciendo aquel “ne quid nimis” estoico. Su oficio es como una borrachera de piropos. El salmista no se reprime y se entrega a una incontinencia verbal. La Deipara es un enloquecimiento de hipérbole y de felicidad porque simboliza a la mujer la que depara la vida desde el hospicio de su vientre y la triunfadora del amor. María mar amargo insondable, creado para amar. La vida nació del agua de su útero. Ella ostenta  primacía sobre los cuatro elementos. La mariología es una de las ramas de la teología más enrevesados e inasequibles. Nos acerca a arcanos tan impenetrables y profundos como el de la procesión trinitaria.
Grandiosa e inefable es la semántica. Entre las denominaciones con que se la determina, huerto cerrado, fuente signada, paraíso de delicias, hermana y esposa mía, genitriz y paridora del Verbo. Too much. Nos perdemos. Sin embargo, este pueblo no se ha cansado de pregonar estas alabanzas que nos revierten a un culto ancestral a Cibeles, a Rhea, Diana, Visnú. María- y que nos perdonen los teólogos si decimos alguna burrada- es la bisagra de conexión entre el sincretismo pagano y la Revelación neotestamentaria. “El Señor me poseyó en el principio de sus caminos. Desde la eternidad fui ordenada y desde la antigüedad antes de que fuera hecha la tierra. Todavía no existían los abismos y yo ya había sido concedida”(Prov. VIII-22-24).
 De cualquier manera, insondable y entrañable es este galimatías marial, tan complicado como la manera de ser de los españoles. Apenas queda aldea por remota e insignificante que no se dirija a ella bajo una advocación local cuya llamada se confunde con el grito telúrico de la tierra. Es algo telúrico, ilógico, visceral. Porque sí.
Cuento y no acabo. Pues es mucho lo que sería capaz de contar. Pero me pierdo en este refugium Christianorum, Dulcinea de los caballeros andantes que andan un poco perdidos y huérfanos por la vida.  Es el venero que subyace sobre todo este andamiaje. Aquí idealizamos a la mujer y sin embargo los que de niños fuimos maltratados o sentimos el abandono e inconsistencia de las que amamos -Eva fue fraguada en el barro pero Ella suplió esa merma- acudimos a su amparo. Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genitrix. Y lo mismo ante nuestros descalabros conyugales o ante las improcedencias, arbitrariedades y despotismo de nuestras compañeras de trabajo. Ella es depositaria del amor eterno. Las otras, no.


 Esa obsesión con la virginidad y con la transmisión de la especie la tienen todos los pueblos aunque sea un atavismo romano. Vértice y ápice de todas estas aspiraciones y zozobras humanas, María las congrega en su figura. Como una versión de la pura deidad transformada en mujer. Y nada digamos de toda esa imaginería barroca dedicada a exaltar su concepción inmaculada. Sin este misterio no hubiera habido arte religioso en el que tan prodigo y profuso son la pintura y la escultura españolas. Estamos seguros en contra del feminismo reduccionista imperante con sus despotismos y desvaríos Ella conculcará la cabeza del dragón de la apostasía. Otrosí, la Media Luna bajo sus pies es de una actualidad preocupante.

He pasado una dulce y ociosa tarde repasando papeles y hojeando mi viejo breviario. La iglesia católica en el oficio divino, en los himnos y oraciones en esta festividad dúplice de primera clase con octava común, se suelta el pelo y gracias a España es una de los fiestas más solemnes del calendario cristiano.

Entretanto, tenía enchufada la onda corta. La Deutsche Welle hablaba de los problemas del Islam en Alemania y Radio Kiev hacía llamados para combatir la intolerancia y el antisemitismo. Dejemos bien sentado que algún viejo códice mozárabe ya llamaba a María “aljama de los judíos” y Berceo pedía para este pueblo la protección marial: “eya velar”. Ojalá.

Este Día de la Purísima fue para quien suscribe una jornada de paz en medio del hermoso Adviento. 

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