2026-03-25

 

VUELVO A TOPRDESILLAS CONVENTO SANTA CLARA DIEZ AÑOS DESPUES Y MIS OJOS MIRAN HACIA UN MAPA INGLES. DOÑA JUANA Y DOÑA CATALINA AHERROJADAS EN TRODESILLAS Y EN PTGERBOROUGH

Posted: 27 May 2018 12:31 AM PDT

a doña JUANA LA MALTRATÓ SU MIRADO TAMBIEN LA MALTRATÓ LA HISTORIA




 
 
 
JUANA LA LOCA

 

Paso por Tordesillas. Al bajar la cuesta del río me da en la cara la brisa de la vega. El Duero pasa raudo sin hacer caso de la historia y de los muchos rostros que se miraron en el espejo de sus aguas. Pasa  lamiendo los muros enrejados del convento de  claras y en lo alto del ventanal lloran los espectros del ángel negro dela locura de la reina doña Juana. ¿En verdad estaba loca? El río va cantando su canción molinera a lo largo de los siglos.

Vengo de moler morena

De los molinos de arriba

Duermo con la molinera

No me cobra la maquila


 Yo pienso que era una mujer rebelde e iluminada a la que no casaron con un mocito barbero sino con un príncipe flamenco que la maltrataba. Pero a la hija mayor de los Reyes Católicos la iba la marcha. Pensando en estas cosas me entra tristeza siempre que paso por Tordesillas y me entran ganas de beber vino de Cigales. La historia de España en su grandeza iguala a la de Roma pero ha sido maltratada por los historiadores y en general por los españoles de a pie y más ahora que se expurgan los textos de nuestras crónicas y a las mocitas del COU se les niega el derecho a saber quién era doña Juana la Loca. El bulo se entrevera con la leyenda entre nosotros por culpa del caciquismo cultural y el lameculismo hacia todo lo extranjero. La historia da versiones terciadas. Me conmueve la desventura de esta reina que pasó gran parte de su vida en este lúgubre convento estrechamente vigilada por un carcelero ilerdense que se llamaba Ferrer. Su hija pequeña Catalina se asomaba al ventanal a ver jugar al marro a los niños del pueblo. Desde el mirador les tiraba monedas. Un buen día la princesa Catalina y su hermano Fernandico no se asomaron al balcón. Su padre Fernando de Aragón se los llevó. Doña Juana desesperada iba por las dependencias de su encierro llamándoles a grandes voces desesperada. Iba con los cabellos desgreñados y las faldas rotas. A los españoles nos duele la desventura de doña Juana solemne y comunera. Que es un poco la desventura de España. Sin embargo, vivió vida larga más que Isabel y   que María muertas de sobreparto a las que sus padres mandaron casar con el rey de Portugal. Los reyes católicos hicieron del matrimonio de sus vástagos una cuestión de estado que salió mal. Catalina la mujer de Enrique VIII también encerrada y repudiada en un castillo del Lancashire su fracaso matrimonial abriría la puerta al cisma anglicano.

En cierto modo Peterborough y Tordesillas en su melancólica serenidad se asemejan. Las atravesé múltiples veces a lo largo de mi vida. Las espiras de la catedral de Peterborough donde está enterrada Catalina me recordaban el recinto del convento de clarisas donde doña Juana pasó más de cuarenta años prisioneros.

Traicionada por su padre el maquiavélico Fernando que hablaba de pactos y no guardaba ninguno y fomentaba la paz para a continuación hacer la guerra. Vigilada por Cisneros. Su aversión hacia los frailes hizo caer sobre la reina sospechas de herejía. Su marido Felipe Hermoso la pegaba palizas y después de la zurra la hacía una barriga. Seis hijos tuvo en siete años de matrimonio. Sobre doña Juana I al igual que sobre su abuelo Enrique IV pesa el baldón del escarnio y la ignominia. Me parece que la historia ha sido injusta con estos dos monarcas castellanos.

Si en Tordesillas me asaltaban a mí pujos alcohólicos y me daban ganas de escanciar vino de la ribera para espantar la pena, al cruzar Peterborough, camino de York, al regreso de Londres, me daban ganas de beber cerveza. Y de emborracharme al efecto, para conjurar los espectros que vagan como murciélagos goyescos por nuestros anales. Y es que sentía pena hacia las dos reinas castellanas que tuvieron poca suerte en la vida.

El alemán Pfandal ya ha dicho todo lo que sabemos de doña Juana.  Su biografía sobre Juana la Loca es un tour de force. No es nuestra intención enmendarle la plana ni tampoco revivir las películas de Juan de Orduña que deleitaron nuestra infancia: La Leona de Castilla y Locura de Amor pero el semblante de esta reina preterida y desafortunada: ▬ era más guapa que sus otras dos hermanas Isabel y Catalina y más fuerte que el Príncipe de Asturias don Juan al que una noche de amor la de sus desposorios con su prima Margarita de Austria llevaron al sepulcro… dijeron los cronistas que el heredero no pudo aguantar el ardor erótico pues como diría un inglés “he died on the job” muriendo a pie de obra ▬.

Sabemos que se casó enamorada de Felipe el Hermoso un petulante belga que en su corte tenía un harén flamenco. El destino de una reina por aquellos días era parir, sufrir y padecer celos,

 Viajó a Antwerp en una nave alta de castillos que zarpó desde Laredo. Tuvo una travesía muy azarosa. Las tormentas en el Canal de la Mancha temibles en otoño arrastraron el barco hasta el puerto de Plymouth. Allí fue bien recibida y agasajada por su hermana Catalina viuda del rey Arturo que se acababa de casar con Enrique VIII. A los pocos meses nacería María Tudor, pronto recluida en el castillo de Kimbelton. Juana y Catherine complutenses de pura cepa vidas paralelas pasaron su infancia en Granada y su madre se encargó de que tuvieran ambas una buena formación humanística bajo la tutoría de Beatriz Galindo a la cual llamaban la “Latina”.

Posted: 26 May 2018 03:29 PM PDT


Turguenev diario de un cazador

 

A Turguenev lo leí en París el verano del 64 estando en Paris campo de trabajo años de hambre y pasión por la literatura lo que ganaba arrastrando cajas lo invertía en libros de bolsillo. Diario de un cazador y Adolescencia impresionaron mi sensibilidad por la delicadeza y veneración de este autor ruso el mas europeizante por la naturaleza. Turguenev fue como un primer amor en letras cirílicas. En sus libros se plasmaba una melancolía hecha hombre. Un artista puro reencarnación de Hamlet. En su Petersburgo natal se vivía la facción entre zapadnieki y vostokniki. El este y el oeste. Aquel barín se siente europeo y se dedica a viajar por Alemania. En Paris conoció a una española Paulina Rubio de la que se enamora pero es un amor imposible. Entonces regresa a la patria imbuido del pesimismo de Schopenhauer y escribe el último de sus libros “Humo”. Todo se desvanece. Sopla el viento y las hojas de los árboles se vuelven para el otro lado. El mito del eterno retorno ni más ni menos.

 

Posted: 26 May 2018 10:44 AM PDT


JUANA LA LOCA LA LEONA DE CASTILLA

 

Paso por Tordesillas convento de claras mirando a la vega del Duero puente romano. El río contorna una curva de ballesta y sigue camino y se hace medio portugués. Hay en el desvío de la A6 un puticlú semejante a un lazareto que tiene una herradura en la azotea y allí viven su encierro las monjas del amor y el sexo, oficio viejo. Nunca paro yo en estos sitios pero me deslumbran con sus luminosos anuncios de luminosos reclamos intermitentes de tentación y no deja de sorprenderme que a un tiro de ballesta del lupanar carreteril mercenario se encuentre el monasterio de monjas donde doña Juana a la que llamaban La Loca pasara encerrada 47 años de su vida bajo la tutela vigilante de un protector y verdugo. Se trataba de un cura valenciano un tal mosén Ferrer carcelero con sotana al que mandó poner Fernando de Aragón, una sinrazón del político que para Maquiavelo era espejo de príncipes, de los príncipes cristianos. Aunque poco cristiano parece el hecho de enchiquerar a una hija después de haber mandado envenenar a su marido Felipe el Hermoso. Cosas de la política. Decían los romanos que el arte de la política se basa en los mismos principios de la guerra. Tito Livio no hace otra cosa que referirse a los jurgia o tensiones de la guerra de las Galias.

 Los barrotes que cuelgan por las ventanas hacen pensar al viajero que ha pasado muchas veces por este pueblo sintiendo en los ijares y hasta en la rabadilla una sensación poco confortable. Desplácenme las cárceles. No estuve encerrado más que una vez en una comisaría una noche de la que no quiero acordarme. Toquemos madera.

  Quizás Tordesillas sea un lugar con un poco de cenizo poblado de fantasmas que acuden a bañarse en la ribera espigando remembranzas de su vida de encierro. Dan ganas de salir pitando pero había que hacer parada obligada porque está a mitad de camino de las vías de acceso a Galicia, Portugal y Asturias desde el centro de la península.

Toda la vida es cárcel si bien se mira el cuerpo cárcel del alma, la isla cárcel de la mar, la llanura de la montaña, el matrimonio cárcel del amor (por eso las matan porque no pueden soportar a esas verdugas), la letra cárcel del espíritu al que traiciona y mata y así sucesivo aunque esto sea poco consuelo para este caminante encerrado en su bordón y sus sandalias que va por el mundo disfrutando de su soledad, la conciencia bien tranquila.

Ahora va a Compostela a alcanzar la perdonanza pero antes subía y bajaba hacia las Asturias en un renolt y hacía parada para dar agua al caballo en un mesón que hace esquina en la vertiente de bajada regentada por un tabernero portugués bisojo suspicaz y algo hijoputa que aguaba el vino y echaba demasiada guindilla a los garbanzos. No vuelvo más. Pues no vuelvas a mí que me importa. La causa de la desazón del viajero no era el fondista bizco algo enamoradiño que tocaba el laúd y le cantaba romances a las clientas sino todo el gafe que se acumula en esta villa en cuyo castillo en cada siglo vivió una reina presa. Ahora es capital de una autonomía  El viajero que una vez iba acompañado por su parienta en uno de sus muchos viajes se encaró con aquel Macías de ocasión y le dijo: --a mi señora nadie le hace música solo yo, sabes—y se armó un trifostio. Al cabo de muchos años conjeturo que las malas palabras y el funesto lance en que casi tiramos de navaja se debe a una malhadada brisa de energía negativa que besa las piedras, los álamos y las torres de esta villa que llaman Tordesillas. Suspiros de aquella reina encerrada. ¿Estaba verdaderamente loca doña Juana? Tal vez sí y tal vez no. Lo que entiendo poco es porqué los historiadores se han empeñado de hacer de su persona una caricatura. Es un reducionismo absurdo amasado en etiquetas, sambenitos, lugares comunes, serpentinas de verano. Para que luego venga Nieves Cocostrina la de Radio 5 y profiera uno de sus coprológicos, negrófilos o lotófagos que no son sino una deformación de la realidad ¡qué voz de carabinero y qué cara más que el cemento armado tiene la tía esa! Ni mucho menos ni la última de los Trastamaras estaba tan loca como dicen, ni don Enrique IV era tan impotente como asevera Marañón ni Felipe II tan prudente como le pintan. Tanto los cronistas nacionales como los extranjeros sobre todo los ingleses y los franceses entran a saco en el tema. Y resultan que no escriben historia sino leyenda negra. Castilla uno de los reinos cristianos más ricos psicológica y culturalmente de toda la cristiandad ha estado en el ojo del huracán. Rodeados de enemigos los de fuera y los de dentro, nos crecen los enanos.

Acabo de leer una biografía de Ludwig Pfandal sobre la primogénita de los Reyes Católicos. Es la máxima autoridad sobre doña Juana pero Pfandal es alemán y lleva el agua a su molino. Aun así guiado por su pluma y en una traducción magistral y castiza que hace de la obra Felipe Villaverde [Madrid 1938 Espasa Calpe] he vuelto a revivir las fascinaciones que sembró en mi alma este personaje del cual tanto hablan los libros y rebobino la película sobre el tema que hizo al respecto Florián Rey con Aurora Batista como protagonista. Todo quedó grabado en mi imaginación. Para nosotros no fue doña Juana la Loca sino la Leonade Castilla, impulsora del movimiento comunero, la difamada, por cantar las verdades del barquero la llevaron prisionera.  Nadie escapa al Destino: Tocas, vestidos de brocado, se escucha en toda la película el eco de musiquillas madrigales y romances. – quienes son esas zagalas de donde traerán el son… del pinar de Ávila son... barras aragonesas que en Castilla son -.

 Y aquella nave en que embarca la flota real alta de castillos que tuvo una singladura azarosa. Los navegantes acabaron en Inglaterra. Enrique VIII  agasajó a los náufragos en el palacio de Windsor y al regreso se incendió el polvorín de la nao oneraria y sus 150 tripulantes con más de 25 mujeres de las que llaman soldaderas volaron por los aires. Aciago personaje. Tristes destinos. Alianzas matrimoniales. Connubios interesados pero la reina castellana estaba loca de amor por aquel apuesto príncipe flamenco. Un borgoñón amante de la buena cerveza la caza y las mujeres. Doña Juana moría de amor y de celos.

Le preparaba escenas a su esposo, no permitía que entre sus azafatas hubiera ninguna mujer joven y hermosa y esta celotipia sólo se aplacaba en el tálamo.

 Seis hijos en seis años de matrimonio. No se puede achacar al borgoñón que no cumpliera que bien cumplió y de ahí quizás radicase la locura de la heredera de Castilla aunque decían que era cosa de familia –su abuela portuguesa también tuvo que ser internada en un quitapesares y su bisnieto Carlos fue otro caso de demencia arrebatada- pero lo que al principio era leve se fue agravando hasta transformarse en histeria.

Una idea importante que maneja Pfandal en esta semblanza de la prisionera del castillo de Tordesillas y que se escapa a otros cronistas del común es el afán de crear una iglesia española leitmotiv del reinado de Isabel y Fernando.

Ellos se topan con la oposición o el antagonismo de Roma en su deseo de extender el evangelio por toda la tierra. No se discutía la primacía del obispo de Roma pero se invocaba una cierta autonomía en lo temporal. Los reyes católicos nombran con el placet del papa a los obispos. Se invoca el derecho a recusar los rescriptos pontificios y el derecho de apelación a los tribunales eclesiásticos.

 El romano pontífice siempre tendrá prelación en lo espiritual pero en lo temporal la tarea compete al monarca y a los ordinarios diocesanos en cuestión de disciplina.

Grandes obispos como Alonso Carrillo se pasaban al igual que Cisneros los decretos de la curia romana por el forro. Se da la circunstancias que dichas aspiraciones nacionales en lo religiosos provocarán diferendos con San Juan de Letrán pero era una reforma necesaria. En el norte las iglesias nacionales van a dar lugar al cisma anglicano y al movimiento luterano.

Don Pedro González de Mendoza el gran cardenal de España hace hincapié en este asunto sin ser ello menoscabo para el obispo de Roma como piedra angular de la iglesia. Y Cisneros, su sucesor, aquella galga en pieles, aquella trompa de elefante (por su gran narizota) y la muerte andando, como le denominaban sus enemigos,  se escandalizó mucho durante su larga visita a la Ciudad Eterna. Allí se topó de manos a boca con la corrupción, el puterío y la venalidad en cuestiones como las Indulgencias que pondrían a Lutero en pie de guerra. Tras mucho hacer antesala en los palacios de la curia al fin consiguió lo que le instigó a hacer aquella peregrinación: cartas dimisorias del papa autorizándole al curato de San Torcaz. Al regreso fue a visitar al Arzobispo Carrillo el primado y éste no sólo rompió los papeles que traía el pobre clérigo de Tordelaguna en las alforjas, sino que lo mandó encerrar en la cárcel episcopal porque dentro de su diócesis no admitía otra potestad que la suya.  Buen peje que fue a pescar, pues menudo era don Alonso un hombre generoso pero por las buenas que a las malas nadie lo entraba en razón. Vivía el primado de España suntuosamente en su palacio de Alcalá, tenía toda una corte, era aficionado a la nigromancia, echaba las cartas y creía en la crisopeya que es el arte de trocar los metales en oro y por si esto fuera poco tenía un hijo bastardillo habido con una mora al cual amaba tiernamente el señor arzobispo. Se llamaba Troilo y mandó que lo enterraran en su compañía.

 Allí se pasó Ximenez de Cisneros a la sombra trece años de su vida – es el omen que persigue a los genios el estar enrejados- entre curas disolutos, borrachos y zumbados. Luego de ser puesto en libertad cambió el nombre de Fernando por el de Francisco y se hizo fraile mendicante. Por su autoridad y rigor- era un reformador claro está y una de las lumbreras de la iglesia española al que no sé por qué no lo elevaron a los altares- la reina Isabel lo escogió para confesor y a su muerte fue nombrado regente. Ni Fernando de Aragón ni el emperador Carlos V le agradecieron los servicios prestados. Murió en Roa en acto de servicio cuando iba al encuentro de Carlos V que arribaba a Laredo desde Gante.

Cisneros es un personaje clave para entender el largo reinado en prisiones de doña Juana de Trastamara la hija mayor del matrimonio formado por Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. La siguió Isabel casada con Manuel de Portugal. Murió de sobreparto. Catalina esposa de Enrique VIII. Repudiada y desterrada. Su tumba podrá visitarse en la ciudad inglesa de Peterborough. Isabel la que sería la mujer más bella de Europa. Casaría con Carlos V. Yace en granada. Destapar su cadáver y ver en qué para la gloria del mundo hizo santo a Francisco de Borja que mudó su estado cortesano por el de jesuita. Por último, el príncipe don Juan en quien estaban fundadas sus esperanzas. Le llamaban el juan bautista castellano precursor del reino de cristo.

 Lo casaron con una princesa austriaca Margot muy guapa y de buenas partes a los 19 años. El pobre príncipe no aguantó la luna de miel y dicen que lo cogió con tanto ardor que hasta triginta cognitiones in eadem nocte  (nada menos que 30 coitos de una sentada) y murió a pie de obra. Como dicen los ingleses on the job. El 4 de octubre de 1497 rindió tributo a la muerte. Su esposa la reina Margarita nueve meses después parió en Alcalá un hijo, fruto de aquella ardorosa y breve relación.

El niño nació muerto y la pobre Margot regresó a su país. En Viena siempre guardaría un recuerdo amoroso hacia España. La muerte del infante don Juan sembró de dolor las tierras castellanas, fue un caso de sebastianismo popular y manantial de leyendas, un suceso que conmovió al vulgo y que dio pábulo a multitud de composiciones literarias y musicales idealizando a aquel príncipe de Asturias. Pero en realidad el heredero era medio tonto. Un viajero alemán decía que se le caía la baba y tenía un labio inferior harto prominente. Hablaba con frenillo, nos informa Munzer.

Esta desgracia fue el peor golpe para un reinado triunfal como el de la reina castellana quien barrunta nubes negras sobre el horizonte en medio del cielo radiante que ilumina el sol radiante de la unidad de España. Su hija Catalina le escribe cartas tristes desde Londres. Su hija Isabel acaba de bajar al sepulcro en Coimbra y por eso a la hija que va a venir al mundo la bautiza con el mismo nombre. Su esposo Fernando siempre anda liado con alguna. Ella guarda silencio y ausencias. Modelo de princesa cristiana y de esposa enamorada no le hace ascos a la rueca ni tampoco al misal ni al libro de horas. ¿Un mito? Quizás pero Isabel una mujer de una profunda y universal visión moldeó su alma en los tórculos del dolor. Le preocupaba sobre todo la salvación de su alma. Dios prueba a los que elige

de mi libro SEMINARIO VACIO

Posted: 26 May 2018 02:39 AM PDT


ACERCATE DIACONO (iste confesor I)

 

No bien había concluido sus abluciones en aquella fuente de tres caños, gluglú sedante e infinito bebiendo a morro, tragos que confortan las entrañas, tantas veces abrevada pero la sed no se le acababa, fuente inextinguible –había una cruz de piedra sobre el brocal- y de que despachara con buenas palabras al padre Cantamañanas  que se volvió a la gloria el hombre con las inflexiones y ladeamiento de los palomos cojos, bastante penitencia llevaba pero el querido reverendo padre jesuita se salvó a trancas y a barrancas, el que soba no mata, a dar a los ángeles puericantores sus dulces charlas vio otra sombra como la de un obispo vestido de pontifical pero este obispo gastaba barbas y sus ropajes y su capa pluvial recamadas de oro evidenciaban la pompa del rito oriental. Pudiera ser san Vicente. Pudiera ser san Atanasio. Pudiera ser san Nicolás en persona o pudiera ser el propio patriarca Alejo el que le impuso las ordenes sagradas una mañana alegre de mayo en Londinum, cruzó las estola sobre sus hombros y le dio la facultad para portar la eucaristía y salir con ella a bendecir con el humeral y las hijuela tras la puerta de los dones, la estola sobre el pecho en bandolera siempre cruzada. Atar y desata. Supo, y desde aquella imposición de manos, lo tuvo bien aprendido que nadie se puede atribuir sin blasfemia la potestad de representar a Cristo en la tierra, que el tufillo de la clerigalla católica es hediondo, cruel y malvado y que muchos diablos pululan por el Vaticano vestidos de clerguiman o de sotana y que en el cupo los había ñoños, pederastas, un exorcista de Alcalá de origen rumano se llevaba la palma, maltratadotes del alma y que los obispos, alimentados de tocinillo, practicantes de una moral hipócrita, se habían hecho secuaces de la impostura, y él, recién ungido diácono, iba en pos de las banderas de la verdad, promulgando sus diaconías, que en Roma en los últimos papas había habido uno Pablo VI que murió loco o acaso endemoniado, que a su sucesor que sólo pontificó 29 días lo envenenaron y subió a la cátedra de san Pedro un polaco con maneras de gauletier nazi que iba a sustituir la religión de la Salvación por la del Holocausto, el que puso la Iglesia a los pies de los caballos. Él siguió muy de cerca las vicisitudes de aquel pontificado plagado de megalomanías y de una soberbia eclesial que desconocía fronteras. A su muerte vendría un bávaro de origen judío que había militado en las Juventudes Hitlerianas. Hablaba con una voz amanerada y muchos de su corte papal murmuraban si no tendría Su Santidad un poco de ramalazo. Fue cuando estalló el escándalo de los curas amariconados, ebofílicos y de grandes abusadores que metían mano en los confesonarios y a los nenes les tocaban la pilila.

El estigma de la mentira saltaría a la luz porque no se pueden ocultar de tapadillo las inclinaciones perversas. Leva de curas maltratadotes, abusones, camándulas, malas personas y gente poco de fiar. Él ya estuvo en autos de lo que pasaba porque había leído AMDG de don Ramón Pérez de Ayala. Narrando las vilezas que se cometían con los educandos en aquel internado de Gijón. Nunca le comprendieron, lo maltrataron y cuando fue a pedir ayuda le cerraron la puerta. Pero Cristo cuya ternura y misericordia eran infinitas se había apiadado de él y le había permitido acercarse a aquella fuente que restañaba su sed de amor hacia el género humano, mientras sus compañeros eran enviados a parroquias de la sierra donde tenían aventuras con la mujer de algún carretero o le tocaban la parranda a la rajita a algún niño/a de la catequesis. Cuando se enteraba el obispo todos a tapar tierra al asunto y el interfecto era trasladado de parroquia o lo enviaban a misiones.

¿Había o no había Purgatorio? Claro que no pero aquellos sufragios habían sido la vida de la iglesia desde los siglos medios. En el negocio de la muerte se instalaban los vivos.  Y, si alguien protestaba, decían:

Las Animas Benditas se lo pagarán.

Había llegado la hora de hacer balance y de ajustar cuentas. De echar al anticristo y a la impostura que ocupaban el trono de la Iglesia.

 Aquel anciano de voz dulce,  al darle la diaconía, le había hecho participar de esa visión del mundo nuevo, de ese concepto de servicio y de entrega, que era el sacerdocio y que él ahora arrastraba en sus malos pasos por lupanares, tascas, mercadillos y hospitales. Fuerza de la gracia del Espíritu Santo que a veces va por arriba y a veces es dinamismo que no se ve pues va por abajo. Muchos son los llamados pocos los escogidos pero él había sido elegido. Pertenecía al Cenáculo. Estuvo en la fracción del pan, y metió la mano en la llaga. ¡Ah Jerusalén! lejana, abroquelada en sus normas y sus principios, atada de pies y manos a las filacterias. No había tabernas en la santa ciudad para echar un trago, ni bailongos y discotecas, sólo templos, y soldados con metralleta.

 Todo aquella serie de normas legalistas de fariseos, todas aquellas trampas saduceas, que ataban a los seres humanos de pies y manos eran de lo que vivían los levitas y la corbona de las monedas de la ofrenda. Creían andar por la libertad y vivían encadenados no sólo a sus pasiones y a sus vicios sino también a sus mentiras y cambalaches perfectamente legales y democráticos. Sí, se lavaban las manos hasta setenta veces al día pero las tenían manchadas de sangre; rezaban la Shemá, pero aquellas palabras al desgaire no eran la verdadera Shemá de Israel. Abrid Señor mis labios para que cante todos tus salmos. Yahvé apenado y dolorido miraba para otra parte ante las reverencias e inclinaciones de los adulteros. Eran los que apedrearon a la pecadora. A Él quieren despeñarlo desde el pináculo de su sinagoga y eso que eran paisanos y conocidos ¿qué harían con Él si fueren extraños?

 En tonos tan escogidos como el ferial y el mayestático cantaban los himnos procesionales. En el undamarisde aquellas letanías venía después el paso y era nuestro querido profesor de Lógica el querido don Chespi alias Chepillas  o don William pues era inglés y había nacido en el mismo pueblo que el Cisne de Avon, no había perdido su acento cockney hablaba lanzando muchos perdigones y escupitajos mientras explicaba a Aristóteles. A los de los bancos de delante los ponía hechos unos cristos con sus silogismos que llegaban de rebaba.

▬ Eh todo ese banco de ahí atrás, a la calle. Cuando estamos en clase no se habla.

Eran cinco los filósofos y con las mismas cogieron el banco de madera a rastras fuera del aula y luego volvieron a entrar tan campantes. A don Chespi se le escapó una maldición en su idioma nativo:

You bloody bastards...[1]

Uno de los alumnos, Monteguí, que era judío o catalán, converso eso sí, no lo recuerdo a punto fijo y que hablaba perfectamente la lengua de don Chespi tratando de seguir el mamoneo se atrevió a decir:

Sir what do you mean[2].

 Pues quiere decir lo que oís y en castellano con todas las letras: vuestras madres, unas santas pero vosotros unos perfectos mamones.

Y siguió explicando el tema de la semana con los ojos inyectados de ira soltando una mansalva de perdigones. Los de adelante tuvieron que aguantar una lluvia dorada en medio de los silogismos, los corolarios, las proposiciones y los nego minorem subsumptam. Los de detrás estaban que se descojonaban. Para acabar su clase el inglés tuvo que hacer de tripas corazón y administrar la proverbial flema británica en grandes cantidades, pensando para sus adentros quizás qué hago yo aquí, por que me vine a este pueblo, abandonando mi religión anglicana a mis padres y a Mary mi girlfriend, la cual hasta que se murió no cesó de llamarme papista y traidor en sus cartas. Desde luego soy un romántico y tuve la desgracia de enamorarme de España, puta España, castles in spain, castillos en el aire, un atajo de tarugos y de fanáticos católicos, sois peores que los irlandeses, pero me enamoré de esta jodida ciudad y me ordené de presbítero, hice oposiciones a cátedras y saqué un beneficio en el coro, voy a cantar a las tres de la tarde hora de Tercia con los del cabildo catedral, si me echo la siesta o llego tarde, el racionero Bernardino que tiene muy mala leche me pone falta y me quedo sin estipendio. William, esta noche no cenas en esta tierra de herejes. Con lo bien que hubieras estado tú en tu isla, hubieras podido ganar una cátedra en Cambridgre, tal vez la mitra de York o Canterbury… te dio por leer a Chesterton… te enfrascaste en los sermones del cardenal de Newman y volviste a la fe romana... has coqueteado con la gran puta… fuiste a Roma a ganar el jubileo y por la plaza de san Pedro viste merodear al diablo disfrazado de meretriz... te vendieron la burra mal capada. Te pagaron sus favores con indulgencia plenaria... eres un iluso y tozudo como buen inglés…”. Y vuelta la burra de sus remordimientos. Se decía:

 “Pero  no sé qué coños hago yo aquí domando  potros entre estos cafres, explicando lecciones que no entiende ni su padre y además no sirven para nada pues va a venir el concilio y todos estos libros, todas estas tesis serán carne de la hoguera y se acabó lo que se daba… y pa cuando me muera no quiero que me sepulten aquí entre inquisidores I am free thinker… bloody hell[3].Ay infelice que mala pata”.  Creía que sólo le escuchaba su alzacuello de canónigo pero Monteguí que poseía la alacridad y desfachatez de los de su raza pensaba que Chespillas estaba pensando cosas raras y le miraba con ojos burlones como diciendo:

-What are you thinking about, brother[4] ?

Los ojos del otro se entornaban al tiempo que le lanzaban excomuniones y anatemas:

-You fucking jew[5]

Luego. Cuando se le pasaba, don Chespi el Inglés era un bendito de dios. Daba la vida por los hermanos. Gran parte de sus annatas iban a parar a los más pobres del barrio de San Lorenzo o  de san Esteban. Le escupían, lo acanteaban y lo sacaban en procesión y él iba subido a la tarima como si nada, sin rechistar cual oveja camino del matadero,  el manteo arrebujado junto al vientre escaso, pues como buen inglés era frugal, comía poco y no se zampaba las comilonas de sus colegas de coro en el Bernardino o en la Tropical que buenos cochinillos se metían entre pecho y espalda aquellos tonsurados de capa y muceta y, sentado en su cátedra como si fuera un trono, dejaba que la comitiva integrada por siete seminaristas le portara a hombros  cantándole de rechiflas el iste confessor en fabardón el Iste Confessor. Un cruciferario abría carrera por todo el aula portando la cruz alzada.

 Tras el venía fumándose un puro  de los buenos don Fausto toda la sotana constelada de medallas por la pechera con las cruces que le impuso Franco por méritos de guerra pues el querido profesor de filósofos había chupado toda la guerra como pacer de la columna de Castejón y tenía, amen de un cuerpo taladrado de metralla  y un patriotismo a prueba de bomba, una brillante hoja de servicios, se le cansaron las manos de bendecir a los moribundos y se le hundieron los brazos de tanto sacramentar novios de la muerte en Badajoz, en Garabitas, la Universitaria, Cerro Muriano. En Belchite, en Brunete donde le arrearon cuando estaba celebrando misa sobre los relejes de una tanqueta, con sus pies fatigados por el polvo y por la pólvora de aquella fratricida conflagración en la cual él creyó defender la causa de España y de Dios. Había sido capellán de la Quinta Bandera, ungido a los valientes con el crisma y los oleos cristianos preparándolos para la muerte, a la que ellos en un arranque de heroísmo llamaban “fiel compañera”. Ahora enseñaba Metafísica en el seminario un poco a regañadientes y eso en sí en latín porque para él hasta el ama que le servía tenía que estar práctica en la lengua de Horacio...

 Se fumaba buenos vegueros e iba a confesar a los presos y a decirles misa a las monjas de San Plácido. Se le ladeaba un poco la cabeza y ya no miraba un paso al frente sino de través. No estaba tan seguro al paso que iba al mundo de sus convicciones antiguas. ¿Para qué le había servido ganar la guerra si los rojos con el apoyo de las logias y de los judíos volvían a mandar otra vez y estaban infiltrados hasta en el Vaticano? Se le parlaban los pulsos pensando y le rilaban un poco los dedos por las pejigueras del Parkinson pero como era creyente no se desesperaba, tal vez sería la voluntad divina. Hagamos de tripas corazón pues "no hay mal que por bien no venga", le había oído decir al Caudillo una vez que éste le invitó al Pardo a una cacería.

 Le llamaban el cura rico las malas lenguas y no era rico en dineros sino en ciencia y en libros porque tenía una gran biblioteca el antiguo soldado. Consideraba que la pluma y la espada han de ir juntas por eso tenía tantos amigos militares y a su casa venían a verle algunos poetas locales como Quintanilla, buen vate que publicaba sus versos en el Adelantado.

 Le ofrecieron una mitra pero él no quiso ser obispo. Había sido buen cazador y dicen que a cazar con él en los campos de Traspinedo vinieron a acompañarle los generales Yagüe, Varela, Buruaga y otros muchos.

 Su confesionario –era el penitenciario de la diócesis- estaba lleno a todas horas porque tenía fama de ser cura de manga ancha de haber batido el record de desechar a toda una bandera de la legión a en veinticinco minutos. Absolvía en menos que se persigna un cura loco. No hacían preguntas escabrosas a sus disciplinados ni daba charlas, no se arrimaba, ni acariciaba a los niños como el pobre Mañanas. A él no se le podía ir con mariconadas. A los hombres de voz bronca y velada por el tabaco les preguntaba por las semenceras, las maseras y las cosechas y si habían llegado ya las cigüeñas a los campanarios. El era el encargado de decir la misa de cazadores cuando aun no había despuntado el alba sobre la sombra alargada de la catedral que era como un gran ciprés de piedra labrada velando el sueño y la vida provinciana de los segovianos.

- Dicas dicas in sermone latino... Dicas enim.

-¿Qué hay que hacer don Fausto para hablar tan buen latín como usted?

-Pues fijarse mucho y hacerse con la gramática de Goñi y el diccionario de Miguel.

 Miguel Delibes figuraba entre sus amigos predilectos. Los viejos mutilados de guerra, los veteranos del Tercio venían a visitarle a su casa que estaba detrás de la cárcel y al verlos el canónigo se llevaba un alegrón.

-        ¿Cómo estas muchacho?

-        Algo viejo y achacoso, mi querido pater coronel–

-        ¿Y en qué compañía?

-        La plana mayor de la quinta bandera.

-        Ah sí, ahora que dices tu cara me suena.

Franco le había ascendido a coronel por méritos al valor. Tuvo la laureada a la punta de los dedos pero prefirió que se le dieran al corneta de su sección.

  Decía don Fausto que estaba hecho un cohete con mucha metralla en los entresijos pero siete tiros en el cuerpo y avanzando.

-        Así me gusta.

-        Oye te acuerdas cuando nos coparon los rojos en Teruel. Hacía un frío del carajo veinte bajo cero exactamente pero defendimos el seminario como jabatos. Ostias pero eres tú.

 Y el capellán castrense, al reconocer al antiguo camarada que salvó el pellejo y salió indemne del infierno de Teruel dejaba de ser el canónigo bien asotanado que hablaba bajo canturreaba ante los becerros catedralicios y con gran prestigio en el cabildo de la santa iglesia mayor para convertirse en un guripa de tantos hablando recio y expresarse en la jerga del lenguaje cuartelero poco cultivado y sin melindres. Joder, ostias de puta padre. Su cagamento favorito era cagarse en los huevos de Mahoma y por esa jodida tendencia tuvo sus más y menos con el capitán Ahmed que mandaba el tabor de refuerzo cuando los regulares les hicieron el relevo.

- No diga mal de Profeta. Eso está muy feo.

-Pero no ves que no miro para el cielo y si no se mira para arriba los cagamentos carecen de categoría blasfema. Se convierten en simples tacos.

-Ya pero esas palabras suenan a sacrilegio en las orejas de un musulmán.

- Si no blasfemo contra Alá pero es que esos putos rojos nos están trayendo por la calle de la amargura, nos han matado está tarde a tres muchachos. Además me sale el mozo de la ribera del Duero que llevo dentro. No sabes como nos cagamos en todo lo divino y lo humano por aquellos pater.

-Ya pero nuestros imanes no blasfeman como vosotros. En eso los moros os aventajamos a los cristianos.

-Pues llevas razón. También es verdad.

 El pater pidió perdón y el sacerdote católico y el fervoroso defensor de Mahoma donde las dan las toman se reconciliaron en un abrazo de paz. Alá que todo lo mira y todo lo protege desde arriba debió de mirar aquel gesto de reconciliación con beneplácito. Aquí no hay moros ni cristianos. Hay los que luchan contra Dios y los que le defendemos porque lo amamos.

El cura y el capitán de regulares sacaban su petaca y se intercambiaban tabaco, formulando sus buenos deseos para que aquel infierno de Teruel se acabase pronto.

-Tú volverás a tu jaima con tus mujeres y yo a mi catedral con mi ama que está sorda como un tapión y tiene mala leche pero que te va a hacer un cuscus de puta madre pues su padre sirvió en la intendencia de Larache que te vas a chupar los dedos, mustafá.

 Don Fausto no llevaba armas, sólo un cristo clavado a su correaje. Se movía como una ardilla entre las posiciones, saltaba las trincheras y cruzaba las alambradas y las calles de Teruel sin desenfilada jugándose el tipo allá donde perecieron tantos en la plaza del Torico.

-        Ese cura tiene un par de cojones. Son muy finos oye.

-         De Valladolid. De donde son los pijos pero anda, anda, que a valientes nadie les va a la mano.

 En alguna ocasión, menospreciando su pellejo, saltó a los blocaos enemigos para confesar a algún soldadito moribundo de los rojos. Que tambien son españoles, españoles equivocaos ostias pero tambien españoles y si podía lo llevaba a rastras echándose al herido al hombro como el buen pastor con la oveja descarriada a las espaldas y lo pasaportaba hasta las líneas nacionales. En los fregaos en los sectores rojos se escuchaban ayes  y maldiciones pero tambien un ay virgen santísima y había algún combatiente que, herido, pedía confesión. Un cura. Un cura.

-Alto el fuego que venga don Fausto.

-Ahora mismo-

-Poned el bozal a los cañones, parad las ametralladoras, cesad el combate. Os enviamos al cura y vosotros nos mandáis una de esas milicianas tan cojonudas que hoy están de imaginaria. ¿Vale el canje?

-Vale. Pero como nos hagáis una encerrona os vais a enterar...facistas.

El comisario daba la orden;

- Parad el fuego muchachos.

 Y aquellas treguas de Dios se intercambiaban comida, mujeres y tabaco y noticias de sus respectivos pues para bochorno de la historia sucedía que a un lado y a otro estaban un hermano en un bando y un hermano en otro, un padre y un hijo, dos de un mismo pueblo el uno luchando por la republica y el otro por Franco.

Don Fausto, cansado, pues había visto mucho, y no se asustaba de nada y menos de los pecados que algunos creían muy gordos y a él le parecían menudencias disparos de un 635, la pistola que tira tiros de señoritas, él que estaba avezada a escuchar la música tremebunda de los organillos de Stalin o los cañonazos del “Abuelo” una batería de costa que tenían los rojos defendiendo las posiciones de la universitaria los milicianos y que lanzaba peladillas que dejaba unos embudos de veinte metros. Pum. Pum. El silbido de las balas y el rasgar del aire de los pacos no eran lo que se dice música celestial. Los pecados de sus penitentes sí. Las mismas monsergas, la misma canción guerrera. “¿Y que me dicen estos? Que se la machacan cuando se les pone gorda, que se quieren tirar a la maricarmen la mujer del vecino, o si les aprieta el deseo montan a su pollina en la cuadra, la que se tira pedos. Los cagamentos que cuando se dicen no se mira al cielo no ofenden a Dios. Y dicen que van al baile a restregarse y arrimar el material, que juran y blasfeman que no van a misa los domingos, que en unas vísperas estando borrachos pincharon a un bravonel que les quería quitar la novia o se jactaba pregonando que las mozas de su pueblo Escarabajosa de Abajo eran mejores que las de Escarabajosa de Arriba. Celos y procelas. Tormentas en una taza de té… Y que le birlaron a un tendero toda la caja, que por una parcela y un mojón le metieron en el culo toda una perdigonada cuestión de lindes y demás perendengues. Y así sucesivamente. ¿Bueno y qué? Siempre fue así, nunca cambiamos.

-Reza tres avemarías al acostarte, hijo, propón tu enmienda y ahora di el señor mío Jesucristo.

Acércate diacono.

▬ ¿Qué? Adsum. Presente.

 Que no te vayas de putas que a ti, baranda, te gustan las faldas más que la leche que te dio tu madre. Hombre hay que sujetarse. Y ya sabes: haz lo que yo para vencer la tentación. Si la dejas quince días, ella te dejara un mes, y, si la dejas un mes, ella te dejará un año y, si la dejas un año, ella a lo mejor ella te deja toda la vida. Ya sabes que las mujeres son el aguijón del diablo, el ventalle de Aquilón que cuando nos sopla nos derriba.

 No había sacerdote más casto ni tampoco más cachondo en toda la diócesis ni hombre más sano en muchas leguas a la redonda.

 Para evitar habladurías le sirvieron toda su vida amas de llaves viejas y tuertas muy poco agraciadas por lo general. Tampoco soportaba a los que se entregaban al amor de los efebos. Al capellán castrense no se le podía ir con mariconadas porque te echaba a puntapiés de su presencia. Luego se arrepentía y subía a tu cuarto y te pedía perdón.

 Me he pasado tres pueblos, estuve un poco fuerte contigo; perdóname chaval.

 Y, al marchar, dejaba un cigarro puro sobre el pupitre que uno se fumaba a escondidas en la camarilla,  el filosofo al que le había dado su padre y permiso para fumar pues don Fausto exquisito en sus gustos y limpio de alma bebía vino sólo de la ribera y fumaba lo mejor de Vuelta Abajo[6].

En la tarde de confesiones, se retrepaba en la balda y pensaba en los haces de sus campos de Transpinedo, en sus viñas y en sus parvas en sus conejos y en sus liebres en sus trojes y en sus viñedos de albillo que daban muchas cantaras de vino del bueno, vino de la ribera. No escuchaba mucho al penitente. con una oreja hacía que oía y con la otra pensaba en sus galgos. Cuando confesaba pensaba irremisiblemente que mañana tenía que ir de caza. Porque todo era lo mismo. Los escrupulosos no podían confesarse con don Fausto porque les cortaba en seco, trataba a batacazos a las mujeres. Aquí no estoy yo para escuchar rollos ni para guardar, perros señora. Si te pega su marido, no seas tan puta y si se emborracha todas las noches, llévale por buen camino, hazle que vaya a misa y al rosario, que confiese y comulgue por pascua florida y si no, pues aguantoformo. El cielo es camino de abrojos. Aquí estamos siempre de duelo.

No en vano y acaso justamente ya en aquellos tiempos se había ganado el lauro de machista, cuando aun en el mundo el feminismo no había asomado la oreja ni había hecho acto de aparición lo que llaman violencia de género. Hoy no se opera con cloroformo ni es muy popular el aguantoformo. No nos aguantamos a nosotros mismos y claro así está el patio.

Acércate diacono.

 Plakón[7]

 El había venido el dulce Jesús a liberarnos de todas las ataduras. Lo que atéis en la tierra será atado en el cielo y al que tú bendigas será inscrito en la nómina de los santos y al que maldigas réprobo será por todos los siglos. Le habló en ruso:

       Diakon, prestupiti. Acércate diacono

       ▬ Ya sdiej,gospodi. Estoy aquí, señor. Adsum

       ¿Cómo es que te lavas?

       No estoy limpio, patriarca.

El agua seguía manando, chorro de linfa, produciendo un sonido acariciador de brisas mañaneras y murmurios de rosario. Allá adentro en el templo mariano sonaban las melodías de la Salve. Cantaban cuatro viejas carabinas que habían madrugado para el rosario de la aurora que se celebraba todos los miércoles. Misterios gloriosos. Se escuchaban las codas rezagadas pero tiernas del Amante Jesús mío y Sálvame Virgen María.

 La madre de la belleza los presidía desde su camarín estatua siempre en pie como un perenne Akathistos[8]. Recibiendo las suplicas y quejas. De nuevo el turco estaba a las puertas de Constantinopla. Todo el Oeste era una ciudad alegre y confiada y estaba a las puertas de Moscú. El patriarca cabe el brocal de la fuente de allá venía para salvar a la iglesia. Habrá un tercer milenio. Los días de Roma la gran putana la gran embaucadora están contados pero la iglesia se salvará volviendo a sus esencias, a sus raíces apostólicas. Entretanto. Los malos cristianos seguían comiendo bebiendo fornicando servidores del vientre y sus halagos y, adoradores del rey de abajo que el de arriba nada sabemos, se entregaban a la buena vida y hacerse putadas unos a otros. Comamos y bebamos que mañana viviremos. Estaban todos muy preocupados todos de sus respectivos esqueletos olvidando que la carne es para la tierra y que la vida verdadera yace en los confines del espíritu.

La tranquilidad del aire mecía los pámpanos pues ya era a finales de verano... Arriba sobre las rocas grajeras las chovas iniciaban sus laúdes saludando a la alborada. Desde alto de aquellas peñas encaramadas, los impíos que en esta vida nunca faltan habían defenestrado a la Despernada pero la dulce Raquel a la que el sanedrín de Segovia acusaba de adulterio pidió a la Señora que la salvara. Una judía siempre tiene que echar una mano a otra judía y no era solo judía era tambien mujer formada del barro de Adán. Sopló Dios sobre el lemo y surgieron los senos amamantadores, el cabello hermoso y tentador, las piernas deslumbrantes, el bello púbico centinela del vientre y cancela de la pasión. En su boca puso sonrisas arrobadoras y una lengua falaz, melodiosa voz de Circe y las sirenas desde aquel día se peinaban entre las rocas llamando a los incautos marineros a la sima y puso también en su lengua devoradora de hombre el aguijón del escorpión y la sinuosidad de la serpiente. Eva se parecía unas veces a la animadora rubia de bote que en el salón de baile los domingos cantaba desde el estrado canciones americanas imitando a Marylyn Monroe y otras veces era la viva imagen de una vestal caladas sus túnicas transparentes técnica de paños mojados que ponía a los soldados de un regimiento de caballería alcalino como una moto

Échelos bromuro en el agua mi capitán a ver si bajamos la fiebre. Si no, no va a haber quien lo resista. Joder.

Eso digo yo. Joder.

Todo en ella era transparente y a la vez oculto como todo aquel que fue creado para el engaño y la seducción. Circe quería ponerle los cuernos a Queronte que remaba en su barca sin enterarse y cuanto más largo era el remo más barría para casa, los navegantes se anegaban en la laguna Estigia y la moneda que llevaban entre los dientes para pagar al barquero no les servía de nada. Unos se ahogaban profiriendo vivas a la republica y otros cantando el carasol y diciendo vivas a España...

Los mortales se sumergían en la laguna Estigia y al nacer eran condenados al Tártaro. Esa es la fija. Miguel mientras tanto pesaba las almas. Le seducía aquella visión. Era completamente nueva y maravillosa. Venus, según la versión pagana no brotó del barro como una campanilla de los caminos que florece en las riberas tras la lluvia, había nacido de las aguas y el Señor le dijo pare y la mujer parió hijos, muchos hijos y preparaba la comida y  hacía la colada pero la mujer probó del fruto del árbol prohibido y vinieron las voces, los gritos, los desengaños, los miedos, los recelos, las enfermedades que anunciaban la muerte y el hombre y la mujer perdieron el estado de gracia. Palo y mala vida. Parirás entre dolores... Pues vaya. Nos echaron a todos del paraíso y desde entonces a silbar a la vía y nos pusimos a cantar a coro las benditas estrofas de la Salve que nos describe como desterrados hijos de Eva que gemimos y lloramos en este valle de lágrima pero los impíos, los que ordenaron despeñar a la pobre Raquel, querían enmendarle la plana a Yahvé. Nada de enfermedades, nada de trabajos y trajeron móviles, ordenatas y utensilios que servían para incrementar su comunicabilidad pero los hombres y las mujeres sobre los que pesaba la maldición del pecado original estaban más solos, más incomunicados cada vez, desconfiaban unos de otros, la tecnología aportó mucho ocio, mucho parado y orates en las plazas públicas bustos parlantes o se iban al gimnasio a contaminarse de microbios mientras hacían músculo. Las cadenas quedaron inundadas de bellas locutoras  que contaban historias horribles con sus caras perfectas. Eran tan guapas como diabólicas. Anunciaban al Anticristo. Los sanedrines controlaban los discos duros de los bancos, de las magistraturas, de los silos nucleares y el mundo se llenó de sonidos de cajas registradoras, del llanto de las viudas de los guardias civiles asesinados, y de los estertóreas blasfemias de Luzbel proclamando su rebelión contra el Altísimo. Se enfrió la caridad, cundió el miedo entre los justos desparramados por el mundo o escondidos en sus agujeros. El que más chifla capador y allí sólo tenían derecho a voz y a voto la magna caterva de los hijos de puta que estafaban, engañaban, otra vez aquí la raza de víboras y de los sepulcros blanqueados copando los pulpitos, subiéndose a los estrados, escribiendo paginas y paginas que solo eran refritos de NYT e impartiendo por los micrófonos las consignas al oído. Todos eran la voz de su amo. Estaban vendiendo a España por treinta monedas. Sintió pena y rabia a la vez.

      Acércate diacono

        Adsum

      Hoy hacen falta diáconos como tú.

      ¿Quiere  Su Beatitud que entonemos el Evangelio en fa bardón?

      Eso es para eso te llamo.

      Os asiste el numen del Espíritu. Os defiende la espada de san Miguel.

Y así la formula –diakon prestupiti- se repitió hasta tres veces según la norma de la vieja liturgia greco-bizantina y el diacono pudo entrar por la cancela de la puerta de los dones portando el pan y el vino que lavaron la culpa. Se le encogieron un poco los ánimos pues magna era la misión que le encomendaba el obispo. Nada menos que proclamar la verdad a unas gentes que se alimentan de mentiras, lleno de peligros y de testigos falsos. Pero bebió del agua de vida, le vino bien aquel lavacro después de una noche insomne rodeado de magdalenas y de moritas que suspiraban por el regreso a su tierra de la cual les desarmaron los desalmados que habían resucitado las viejas costumbres medievales de ominoso tributo de las cien doncellas o de la usura. Los del City Bank cobraban una tasa de atraso de hasta el 30 por ciento.

      ▬ Sí, yo soy Lorenzo. Aquí está tu diacono

      ▬ ¿Podrás beber del cáliz que yo he de beber?

Sintió que aquella voz poderosa le convocaba a altos destinos y se sentía casi sin fuerzas. Pero dicen que la fortuna ayuda a los audaces. Y como el apóstol Pedro, que fue a Roma al encuentro de su martirio él subía a Segovia para ser crucificado.

 Vio gatear hasta los escarpes del alcázar la sombra de Judas. Bien sabía él que era demonólogo que al diablo le privan los pináculos, anda siempre por las chimeneas y por aquellos lugares donde observe sin ser visto. Ojo que las paredes oyen.

      Pedro llévame contigo yo tambien quiero ser crucificado y que me pongan boca abajo pues no soy digno por mis pecados y negaciones de recibir la corona de pie sino al revés.

Tomó el nazareno y ya atravesaba los puentes de desafiantes tajamares del Rasemir y del Eresma mientras los impíos celebraban parlamento en lo alto de una peña sobre el caso de la adultera. Unos decían que arrojarla desde la cumbre del desfiladero y otros que arrastrarla de la cola de una yegua pero el más viejo de aquel concilio de Anás y Caifás aseveró suspender la ejecución hasta el día siguiente.

      Hoy es sábado, hermanos, y no es bueno que en sábado se vierta sangre. Lo dice la Ley.

En estas estaban cuando el marido que se encontraba en el tribunal pues fue juez y parte que por lo visto se lo había montado con un capellán optó por la salida más expedita. Fue aquel Jacobo el que empujó a la pobre muchacha al vacío. Raquel amante de su capellán se había hecho cristiana y rezó a la Virgen mientras su marido la insultaba como un poseso…. Puta…. Puta fornicadora... recibe el castigo. Entonces bajaron los Ángeles y tendieron sus alas de pluma como colchón de salvación y la Despernada salió indemne, superó la ordalía. Resulta que era inocente. Desde aquel día aquel paraje se llama el de Esther o María del Salto que es así como lo conocemos los segovianos muy devotos siempre de la Madre de Dios. Ella vele los pasos del pueblo judío y procure su salvación. Mientras tanto los ángeles del cielo entre las melodías de las chovas y el reír de los jilgueros acometían el canto del Querubín que es bálsamo de añoranza del cielo a los que lo escuchan:

      Diacono, acércate.

      Da. Sí, señor, aquí me tienes.

Y en esto diciendo ya estaba ante la plaza del seminario, temblándole el alma de añoranza y de piedad.

(Continuará)

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