EL ANDAO. EL TIO
COLODRO. EL TIO MONAGO. GREGORÍN Y OTROS
-¿Que hay bien y tú la
familia bien?
-Todos buenos. Y en
salud.
-Eso es lo que hace
falta.
Al tío Colodro ya le
han dicho unas cuantas misas pero su fantasma se me aparece. ¿Es el Colodro o
su hermano Victoriano al que decían Vitines, entenado o de un costado y que por
aquí llamábamos el “andao”. Misterios del lenguaje de mi pueblo.
Bien se trasiega
este vinillo de la tierra y calma la sed. Mucho tiempo sin volver por estos
tesos. Una eternidad que no lo cataba pero aquí en estas bodegas de la ladera hurgándole
las entrañas al monte pues se excavan en plena roca se está bien. El descanso
del guerrero. Mi primo Juan José al que no veía desde hace mucho tiempo matiza:
“Y por muy poquito dinero”. Me llevo una grata sorpresa cuando éste me enseña
un fajo de papeles.
Son mis artículos que
ha sacado de la impresora. Me sigue, sabe que estoy vivo por mis artículos de
vistazoalaprensa.com. Mejor halago no puede existir para este plumilla.
Gracias, primo. La sangre tira. Tenemos la misma nariz. Impronta de familia.
Mi hija la Helen la
inglesa que ha dado señales de vida al cabo de mucha vida y mucho tiempo no
puede negar que pertenece a la estirpe. Es una nariz galinda. La de mi tía
Paulina, la de mi madre, la de mi prima Leo y la de mi ahijado Marianito. En
fin perdonen estas expansiones y desahogos sentimentales pero hacía mucho
tiempo que no pasaba una tarde tan feliz bajo la sombra de los almendros que
flanquean la entrada de la bodega milenaria.
A tres o cuatro
leguas de por aquí están los arribes del Duero zona de Sacramenia “con la
venia”, Valtiendas “para que me entiendas”, Moradillo “y su parada ¿quedó
preñada la yegua? Y no fue el garañón sino el céfiro que la empreñara”,
Aldeasoña “dormida en un empalme de caminos, territorio bisulco”; Membibre para
molinos y de cimbel, Peñafiel”; Castro “los chivos”; Torreadrada “las cabras”;
El Caserío de San José “gente garrida”. Por los Valles nunca pasar que te
pueden acantear y San Miguel mucho barro y poca miel. Para beatos Fuentepiñel,
y Fuentesoto cagaberros que se crían en Peñacolgada por donde alza la pata la
zorra cuando a ella la da la gana”.
A por roñas íbamos al
pinar. Y si quieres pan vete al batán que allí hay un perrito que caga poquito
le alzas el rabo y le das un besito. A la bumburabara. A la bumbureros juego
tenemos. Amagar y no dar. El que se ría paga la nbola, etc.
Cosas de la mi tierra. Las viejas palabras
parece que me estallan en la cabeza y me traen un violento del ayer tramontando
la vuelta de los carros donde más de uno hizo molino cuando subía a las eras
cargado de haces. Los recuerdos están vivos y no parece que haya pasado medio siglo.
Aquí cada lugar
tenía un patrón de reconocimiento y el personal lo cantaba en el soniquete del
“prefacio” gregoriano para entretener el aburrimiento de la faenas de los
largos veranos entre colleras, trillos, horcas y garabatos, hoces, zoquetas. Había
que llenar la botija y mover las abarcas. No usábamos
calcetines sino piales y aquel calzado tenía una cierta semejanza
con el coturno romano. ¿Qué fue de tanto afán?
Fuentesoto se reclina
sobre un valle al pie de una fuentona manantía a la que nunca vi seca y que
este verano lleva más agua que nunca. Con la torre de San Gregorio centinela
montando guardia sobre el morrillo del somo que vigila todo el cotarro dando la
espalda a Tejares, el anejo y que honra a San Mamerto. Cuando los de Tejares
bajaban a la fiesta por San Pedro siempre había leña pero eso fue ya hace mucho tiempo.
Cada pueblo de esta
comarca que dicen comunidad de Villa y Tierra tenía un apodo o remoquete y la
gente se lo pasaba bomba llamándoles nombres cuando no había prensa rosa ni
televisión. Y una personalidad propia, una manera de entender el mundo y hasta
un acento característico. Gran parte de toda aquella tradición oral hoy se ha
perdido, mas he ahí un filón que sigue sin descubrir y está aún por investigar
para filólogos y etnólogos. Enólogos abstenerse porque desde que irrumpieron
aquellos catavinos y pincernas para los que el mosto no era lo que era sangre
de Cristo y no la toqueis más que así es la rosa lo el fruto de las cepas ya no
es lo que era. Se ha vuelto arisco y cabezón.
De “polvos” como decía
mi abuelo Benjamín el hombre que más ha influido en mi vida. Parece que escucho
todavía su voz y su dicción empedrada de refranes y de esa sabiduría de los
hombres de campo. He venido a visitar su sepultura y beso la cruz blanca de
mármol que preside el cuadradillo de tierra donde duermen sus restos en la
esperanza de la resurrección. El trece de julio se cumplieron justo 49 años;
aún percibo su presencia. El Justo nos dice el Eclesiastés no muere del todo.
Así es.
. En algo, volviendo a
las rivalidades de campanario, había que entretenerse. ¡A ver! Algo brutos sí
que eramos pero no del todo mala gente. sólo cuando el vino no se nos subía a
la cabeza. Yo recuerdo escuchar a mi abuelo las tardes de trilla aquellos
cantares que la voz anónima del pueblo sacaba por aquí y corrían de boca en
boca hechos, dichos, fazañas, desacatos y otras truculencias. En mi infancia me
crucé con los últimos juglares que recorrían estos hontanares y adradas como
una reliquia de la España del Cid. Tuve la suerte de vivir en mi niñez los
últimos resoles del esplendor de la edad Media con todo lo que eso conlleva.
Toda esa riqueza de expresiones, tonadillas, retahílas, giros, donosura y
diferencia en el decir sedimentó en mi alma un poso de literarios afanes. Un
empeño quijotesco sin perder de vista a Sancho.
Antaño
acariciaba sueños de gloria que no pueden ser aunque esas cosas nunca se saben.
Ahora la escritura es desahogo y terapia. Rescribir y vivir. Soñar y regoldar
todos esos sueños sobre el papel. También rezar al llegar escucho los coros de
Resurrección y la voz fantasmal de los monjes se esparce meliflua por todo el
valle. San Bernardo llegó desde Claraval con doce monjes, abrieron un fundo en
Pecharromán, que está de la fuente matriz a un tiro de piedra y nos enseñaron a
labrar la tierra y plantaron majuelos siguiendo los consejos de Virgilio en las
“Geórgicas” de quiero mi viña en cuesta.
Esa tradición fue el
origen del Vega Sicilia. Ese caldo famoso no era superior al que pisaba mi
abuelo en el viejo lagar romana y luego combinaba en la cubeta manso néctar
escondido entre las duelas de roble. No se inventó en el mundo mejor
quitapesares. De niños si caimas malos nos daban sopilla. ¿Cómo no nos va a
gustar el soplen y marchen?
Fuentesoto posee una
vida interior. Es como un legado místico de hortus conclussus. aquí
los cistercienses establecieron el primer jardín de María en Castilla la
Vieja.la huella templaría quedó estampada en los chimorretes que orlan la fachada de la vieja torre de San Gregorio.
Es la cruz visigótica de palos iguales. Tomas imitan a la de la Victoria del
tesoro de Chindasvinto. Con su sentido de protección apotrocaica.
Fue el signo que vivió
Constantino el cielo tras la batalla de Puente Milvio. Héroes, mitos, tradiciones,
leyendas y creencias pero todo forma parte de un acerbo común. Una forma de
vida al pie de la cruz. Que dio forma a la gran síntesis y cohesión a un pueblo
de múltiples etnias e hijos de muchas leches aunque no el melting pot o el coctel
molotov olla presión que cuando estalle - yo no lo veré pero los que me conocen
dicen que tengo algo de profeta- puede ser terrible para mi patria
descangallada en plena vorágine totalizadora. Vendieron la tierra y por eso
ahora algunos hacen montón. Aunque, ojo. Con el mucho quito y nada
pon pronto se llega al hondón.
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