2025-10-08

 

FUENTESOTO SEDE DEL CISTER

Antonio Parra

El papa Benedicto XVI ha nombrado a un jesuita como su portavoz de prensa y para celebrarlo (ya les veníamos anunciando que este pontificado iba a deparar sorpresas que hacía falta un relevo, el revirement) me voy a la bodega de mi pueblo con los de mi cuadrilla. Ya van flaqueando un poco las fuerzas pero el vinillo de la ribera sigue igual de tieso.

-¿Que hay bien y tú la familia bien?

-Todos buenos. Y en salud.

-Eso es lo que hace falta.

Al tío Colodro ya le han dicho unas cuantas misas pero su fantasma se me aparece. ¿Es el Colodro o su hermano Victoriano al que decían Vitines, entenado o de un costado y que por aquí llamabamos el “andao”. Misterios del lenguaje de mi pueblo.

 Bien se trasiega este vinillo de la tierra y calma la sed. Mucho tiempo sin volver por estos tesos. Una eternidad que no lo cataba pero aquí en estas bodegas de la ladera hurgandole las entrañas al monte pues se excavan en plena roca se está bien. El descanso del guerrero. Mi primo Juan José al que no veía desde hace mucho tiempo matiza: “Y por muy poquyito dinero”. Me llevo una grata sorpresa cuando éste me enseña un fajo de papeles. Son mis articulos que ha sacado de la impresora. Me sigue, sabe que estoy vivo por mis artículos de vistazoalaprensa.com. Mejor halago no puede existir para este plumilla. Gracias, primo. La sangre tira. Tgenemos la misma nariz. Impreonta de familia. Mi hija la Helen la inglesa que ha dado señales de vida al cabo de mucha vida y mucho tiempo no puede negar que pertenece a la estirpe. Es una nariz galinda. La de mi tía Paulina, la de mi madre, la de mi prima Leo y la de mi ahijado Marianito. En fin perdonen estas expansiones y desahogos sentimentales pero hacía mucho tiempo que no pasaba una tarde tan feliz bajo la sombra de los almendros que flanquean la entrada de la bodega milenaria.

 A tres o cuatro leguas de por aquí están los arribes del Duero zona de Sacramenia “con la venia”, Valtiendas “para que me entiendas”, Moradillo “y su parada ¿quedó preñada la yegua? Y no fue el garañón sino el céfiro que la empreñara”, Aldeasoña “dormida en un empalme de caminos, territorio bisulco”; Membibre para molinos y de cimbel, Peñafiel”; Castro “los chivos”; Torreadrada “las cabras”; El Caserío de San José “gente garrida”. Por los Valles nunca pasar que te pueden acantear y San Miguel mucho barro y poca miel. Para beatos Fuentepiñel, y Fuentesoto cagaberros que se crian en Peñacolgada por donde alza la pata la zorra cuando a ella la da la gana”.A por roñas íbamos al pinar. Y si quieres pan vete al batán que allí hay un perrito que caga poquito le alzas el rabo y le das un besito. A la nbumburabara. A la bumbureros juego tenemos. Amagar y no dar. El que se ría paga la nbola, etc. Cosas de la mi tierra. Las viejas palabras parece que me estallan en la cabeza y me traen un vioento del ayer tramontanda la vuelta de los carros donde más de uno hizo molino cuando subía a las eras cargado de haces. Los recuerdos están vivos y no parece que haya pasado medio siglo.

 Aquí cada lugar tenía un patrón de reconocimiento y el personal lo cantaba en el soniquete del “prefacio” gregoriano para entretener el aburrimiento de la faenas de los largos veranos entre colleras, trillos, horcas y garabatos, hoces, zoquetas. Había que llenar la botija y mover las abarcas. No usabamos calcetines  sino piales y aquel calzado tenía una cierta semejanza con  el coturno romano.¿Qué fue de tanto afán?.

Fuentesoto se reclina sobre un valle al pie de una fuentona manantía a la que nunca vi seca y que este verano lleva más agua que nunca. Con la torre de San Gregorio centinela montando guardia sobre el morrillo del somo que vigila todo el cotarro dando la espalda a Tejares, el anejo y que honra a San Mamerto. Cuando los de Tejares bajaban a la fiesta por San Pedro siempre había leña pero eso fue ya hace mucho tiempo.

Cada pueblo de esta comarca que dicen comunidad de Villa y Tierra tenía un apodo o remoquete y la gente se lo pasaba bomba llamándoles nombres cuando no había prensa rosa ni televisión. Y una personalidad propia, una manera de entender el mundo y hasta un acento característico. Gfran parte de toda aquella tradición oral hoy se ha perdido, mas he ahí un filón que sigue sin descubrir y está aun por investigar para filólogos y etnólogos. Enólogos abstenerse porque desde que irrumpieron aquellos catavinos y pincernas para los que el mosto no era lo que era sangre de Cristo y no la toqueis más que así es la rosa lo el fruto de las cepas ya no es lo que era. Se ha vuelto arisco y cabezón. De “polvos” como decía mi abuelo Benjamín el hombre que más ha influido en mi vida. Parece que escucho todavía su voz y su dicción empedrada de refranes y de esa sabiduría de los hombres de campo. He venido a visitar su sepultura y beso la cruz blanca de mármol que preside el cuadradillo de tierra donde duermen sus restos en la esperanza de la resurrección. El trece de julio se cumplieron justo 49 años; aún percibo su presencia. El Justo nos dice el Ecclesiastés no muere del todo. Así es.

. En algo, volviendo a las rivalidades de campanario, había que entretenerse. ¡A ver! Algo brutos sí que eramos pero no del todo mala gente. sólo cuando el vino no se nos subía a la cabeza. Yo recuerdo escuchar a mi abuelo las tardes de trilla aquellos cantares que la voz anónima del pueblo sacaba por aquí y corrían de boca en boca hechos, dichos, fazañas, desacatos y otras truculencias. En mi infancia me crucé con los últimos juglares que recorrían estos hontanares y adradas como una reliquia de la España del Cid. Tuve la suerte de vivir en mi niñez los últimos resoles del esplendor de la edad Media con todo lo que eso conlleva. Toda esa riqueza de expresiones,tonadillas, retahilas, giros, donosura y diferencia en el decir sedimentó en mi alma un poso de literarios afanes. Un empeño quijotesco sin perder de vista a Sancho.

 Antaño acariciaba sueños de gloria que no pueden ser aunque esas cosas nunca se saben.ahora la escritura es desahiogo y terapia. Rescribir y vivir. soñar y regoldar todos esos sueños sobre el papel. también rezar al llegar escucho los coros de Resurrección y la voz fantasmal de los monjes se esparce melíflua por todo el valle. San Bernardo llegó desde Claraval con doce monjes, abrieron un fundo en Pecharromás que está de la fuente matriz a un tiro de piedra y nos enseñaron a labrar la tierra y plantaron majuelos siguiendo los consejos de Virgilio en las “Geórgicas” de quiero mi viña en cuesta. Esa tradiciómn fue el origen del Vega Sicilia. Ese caldo famoso no era superior al que pisaba mi abuelo en el viejo lagar romana y luego combinaba en la cuibeta manso nectar escondido entre las duelas de roble. No se inventó en el mundo mejor quitapesares. De niños si caimaos malos nos daban sopilla. ¿Cómo no nos va a gustar el soplen y marchen?

Fuentesoto posee una vida interior. Es como un legado místico de hortus conclussus. aquí los cistercienses establecieron el primer jardín de María en Castilla la Vieja.la huella templaria quedó estampada en los chimorretes que orlan la fachada de la vieja torre de San Gregorio. Es la cruz visigótica de palos iguales. Tomas imitan a la de la Victoria del tesoro de Chindasvinto. Con su sentido de protección apotrocaica. Fue el signo que vivió Constantino el cielo tras la batalla de Puente Milvio. Hewroez, mitos, tradiciones, leyendas y creencias pero todo forma parte de un acerbo común. Una forma de vida al pie de la cruz. Que dio forma a la gran sintesis y cohesión a un pueblo de múltiples etnias e hijos de muchas leches aunque no el melting pot o el coctail molotov olla presión que cuando estalle - yo no lo veré pero los que me conocen dicen que tengo algo de profeta- puede ser terrible para mi patria descangallada en plena voragine toralizadora. Vendieron la tierra y por eso ahora algunos hacen montón. Aunque, ojo. Con el mucho quito  y nada pon pronto se llega al hondón.

 

JUAN DE LA JUSTA EL QUE MATÓ LA SERPIENTE

 

No me sentía cansado tras el largo viaje desde Asturias con mis setenta y seis años a las espaldas fresco  como un cohombro. Trepé por la escalera 24 veces y desde el cerro saludé al paisaje castellano. Para honrar a los veinticuatro monasterios que, mandó hacer el rey Alfonso VI los veinticuatro pueblos de Villa y Tierra los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Era un conjuro para aplacar las tristezas del Quietorium de la Monda y el fuego fatuo Perfilábanse las montañas azules al otro lado de las cárcavas las tierras frías y el gran morro de las adradas. Y por el sendero del via crucis subía yo con la cruz a cuestas como Cristo con todos los pecados del mundo sobre los hombros. Me dolían las costillas. En el paño de la Verónica  enjugaba mis lágrimas y se estampaban los rostros de las mujeres a las que perdí, pecador de mí. Pungente y clara se escuchaba por todo el valle de la dulce Deri desde la cama del hospital de Londres donde la operaron del tiroides:

─You have hurt many people (hiciste daño a mucha gente)

Cuando la dieron de alta firmó el divorcio. Una compañera de crujía la indujo a tal determinación que acabó con nuestro matrimonio. Traté de explicarle que no me dieron permiso en la escuela. Sufrí una depresión. I had a break down y todo se fue al carajo

 

 El pantocrátor pintado sobre el ábside milenario me miraba con sus ojos fríos bendiciendo desde la serenidad de sus dos dedos alzados ─dextera Patris─ y sus ojos grandes cuando decía misa sobre el ara sepulcral. Un ángel negro de seis alas me servía de acólito y allí estaba Juan de la Justa el que la serpiente matara. Había bajado por la escalera de caracol de costadillo porque era corpulento. Quién había gastado aquellos peldaños seculares? Salieron todos de su tumba a la hora de alzar y les escuché decir con voz trémula “Señor mío y Dios mío”. Al lado de los resucitados estaban dos querubines vestidos de túnicas blancas guardando las espaldas a los  miles de difuntos del Requejar. Podían ser millones y asistían a la ceremonia con gran devoción. Algunos no entendían las plegarias porque su presencia en el mundo tuvo lugar antes del cambio de rito gótico. Muchas mujeres sentadas a la morisca invocaban a Dios en árabe y sus oraciones se elevaban a lo alto como jarchas. Habían resucitado para ver a Dios. Un coro de querubines atacaba las estrofas de la misa de Ángeles y el eco de sus voces se esparcía por la campiña en un largo kirie elisión. Juan de la Justa el que mató la serpiente cantó el credo en eslavónico. Aquella pretensión me reaseguraba en el presentimiento de la presencia de Dios en el paraje. Dios había bajado a mis manos como en la primera misa cuando pronuncié las mágicas palabras de la consagración ritual en latín y en ruso:

─Eto telo moié. Hoc est enim corpus meum… Priniete y adite (tomad y comed)… i ese si krobi maia ese sabui moie gostablenie grecóv ( Bebed todos de este caliz de mi sangre que será derramada por vosotros y por muchos para la redención de los pecados)

Estaba conjurando la presencia divina que es inefable invisible incomprensible inabarcable hasta el infinito que sólo se entiende a la luz de la Fe. Mi plegaria desafiaba al universo y yo estaba allí abajo a la luz de las velas del icoostasio bajo las altas arcadas pisando los huesos de mi hermanita Henar, de mi hermano Juanjo, de mi padre, de mi madre de mi abuelo Benjamín de la señora Apolonia el ama del párroco Cirilo todos enterrados en las fosas sepulcrales de la monda.

Juan de la Justa el que a la sierpe mató había sido soldado en la campaña de Rusia. Fue repatriado a España con una pierna de menos. Un disparo de los organillos de Stalin segó su extremidad Fue el más pobre del pueblo. Con la humilde pensión que le quedó pasaba hambre. “Yo fui a luchar contra el comunismo. Los rusos no me hicieron nada pero el régimen soviético estaba dirigido por feroces caníbales y se hacía lengua de la valentía de los soldados alemanes que lo trataron con deferencia y mantuvieron la disciplina den medio de la retirada que ellos denominaban defensa elástica. Contaba que aquella guerra la habían organizado un sanedrín malvado y que el pueblo alemán y el ruso la padecieron en sus carnes la locura de los estadísticas y políticos. En su alcoba tenía un retrato del Führer y decía que el holocausto era una treta propagandística  para ocultar los crímenes de la segunda guerra mundial.

─No digas eso en público, Juanito, que si se enteran los caza nazis te meten en chirona.

─Me es igual. Ya para lo que me queda.

El desparpajo y la sinceridad del pobre mutilado consiguieron que el fervor y la admiración que yo sentía hacia los rusos se enfriasen un tanto. Rusia es el molde de un enigma. Empiezas a deshojar la cebolla desde el cepellón y nunca llegas a la última muñeca.

─Nunca se sabe cómo piensa un ruso. Las reacciones de los eslavos son un enigma. No piensan como nosotros según me dijeron algunos camaradas que fueron deportados a los campos de concentración siberianos.

Con todo, aquella misa seca no me pareció un sacrilegio. Formaba parte de un sueño que yo tuve para ensalzar aquellas piedras templarías erguidas sobre el áspero mogote entre pedruscos seculares y zarzales de escaramujo. Volvía al centro. Se cerraba el círculo. Estaba de nuevo de bruces  ante el enigma de misterio de mi existencia con mi cruz a cuestas y las sienes taladradas del escritor olvidado y arrinconado igual que el montón de huesos de la monda. Remé contra corriente. Quien se atreve a ir por libre y enfrentarse a los dogmas de una sociedad global paga su culpa. ¿Es esta sociedad libre?

Cerré el portillo de san Gregorio después de encender una vela en la tumba de los míos  y me fui a una tasca de Sacramenia. Pedí vino de la tierra. Conjuré mis penas ante el dolor y el olvido y la persecución de la que fui objeto. El vino me daba fuerzas, no me gustaba beber, buscaba en el caldo de la viña de Noé al terapeuta.  Tuve que separarme de mi mujer cuando supe que el cuarto de mis hijos no era mío. Su naturaleza tan dada al coqueteo y a la ninfomanía la había hecho sucumbir a la tentación de un afer con un compañero en su centro de trabajo. Un día la descubrí cuando se desnudaba sendos moratones en los glúteos y otro menor en el pecho izquierdo. Me dijo quie se había pegado un golpe con la pierna. La repudié y consciente de que aquello era un castigo que me había enviado la providencia por haber sido degradado como sacerdote y por haber andado malos pasos por la vida me divorcié y a la jubilación compré una casa vieja en Asturias. Estuve entado de cometer una locura pero me fugué del hogar a la chita callando y ya libre de semejante atadura me sentí un hombre feliz que es liberado de su oprobio. Deseché la idea de convertirme un verdugo más de la violencia doméstica que recitan con fruición las emisoras que salen al éter dando parte de los crímenes pasionales. Era una verdadera epidemia sobre la cual se soportaba el sistema como la peste de Trump genéricamente denominada Covid. Un guarismo. El gran sanedrín tiraba la piedra y escondía la mano. Fue tal la conmoción física y psicológica que aquella afrenta supuso que dejé de ser hombre que me abandoné a la anafrodisia. Soy un “stoltzi” digno de abrazar una de las sectas de la ortodoxia rusa la de los castrados que se me emasculaban a sí mismos por amor a Cristo y para no caer en la tentación de la carne y puedo decir co el salmista que la mujer son la cátedra del diablo y el aguijón del escorpión y esta era una de las razones por la cuales veía la pornografía en la red consolándome del pensamiento de que el amor no existe. Es una reacción química. Todo fue difícil. El árbol del Campo del Alfarero me invitaba a colgarme de una de sus ramas con la misma soga con que se ahorcó el discípulo traidor. Rubicundus erat Judas et Rubicundus erat Trump. En mi casona llevaba una vida eremítica. Escuchaba la música de las olas rompiéndose contra el acantilado. Empecé a ver el mundo con ojos cibernéticos. Mi vida se hizo virtual. Me sumí en un mar de “fake news”. Manejaba el ratón con tanto ahínco como el rosario. Me ofrecí a Cristo en oblación para redención de aquellas pobres modelos que se desnudaban y acariciaban el clítoris en las salas del Masturbador General. Todas ellas eran rebeldes como yo un pobre cura degradado. Me rasparon los dedos en Londres. Yo había sido ordenado por un obispo bonachón y complutense una alegre mañana de junio de 1967. Estuve prosternado como media hora al grito de “Recumbant omnes” mientras el coro de la colegiata que construyó Cisneros entonaba las letanías de los santos. Luego la orden de “levate” y yo me arrodillé ante el obispo de cara cuadrada que había sido tallada como un hacha, me miró con dulzura y ató mis manos con un lazo blanco al tiempo que imponía sus manos sobre mi cabeza, manos que olían bien dedos perfumados que resplandecían con una sortija de rubí. Éramos veinticuatro los ordenandos. Sólo quedó uno del cupo. Los otros pidieron dispensas y cogaron los hábitos. Había llegado la estampida la gran evacuación del Concilio que vació los seminarios. A veces sueño en este momento de gracia. El raspado de los dedos fue  más desagradable. Me convertí entonces en un réprobo, un apostata Fue un gran momento pero no tan sublime como el instante en que contraje matrimonio en un juzgado de Harlow (Essex) con Aderita. Puede decirse que en Alcalá no sentí nada. No escuché el revoloteo de la paloma del espíritu Santo ni los ojos del águila caudal que me convertían en un sacerdote santo. Para mí aquella era una ceremonia casual. Yo había llegado a cura para tener un pasar y un respeto. El sacerdocio no representaba sino un oficio cual otro cualquiera. Ni fu ni fu por dentro aunque por fuera mi semblante fuera alegre y bello como el de un misacantano. Me desposaba con la Santa Madre Iglesia. Al menos eran lo que oí decir a mi madre que fue la madrina de mi consagración

 

 

II

 

El día de san Jorge se levantó temprano. Cantaba ya la alondra en las ramas del quejigo de la casona echando sus primeras yemas. Fue al ordenador (había convertido la vieja cuadra en biblioteca y despacho con la mampostería dando protección a los libros amontonados, la chimenea donde ardían los rescoldos del tuero de la noche pasada, cerca de la consola ante cuya pantalla el septuagenario inasequible al desaliento pasaba muchas horas aporreando las teclas) y una noticia le entristeció al borde del llanto y es que la juventud actual está asesinando la ortografía. Ello obedecía a una consigna:

─Delenda est Hispania

La lengua es compañero del imperio. Ya no hay imperio que valga. Nos aplasta la bota de Soros. Las naciones mueren cuando la lengua común es asesinada y la erradicación de las normas ortográficas era el primer paso esta inicua estrategia. Entonces dijo:

─He de ir a honrar a mis difuntos. He de visitar el cementerio de san Gregorio donde reposan mis antepasados. Ellos durante más de diez siglos desde el románico, el gótico, el plateresco, el barroco, en el tiempo de las luces, de las paces, las guerras, las gripes, las epidemias se expresaron en castellano. Con ella nacieron y murieron, amaron y cantaron, hicieron negocios. Me indigna este asesinato pero no era nada nuevo. Ese fue el intento de los bolcheviques para darle la puntilla al ruso cambiar la ortografía suprimir ciertas letras del abecedario.

La orden partía de las altas esferas del Sanedrín que tira la piedra y no esconde la mano, se sirve de sus cipayos. Los bolcheviques la pusieron en práctica en 1905 por medio del gran profeta de la revolución marxista Vladimir Maiakovski y ahora en España por medio del bocazas del Coletas y su adlátere Julio Rodríguez "Julito el rojo" el general apostata un espía del NOM israelí la implementan entre nosotros. Había que hacer astillas la lengua de Nebrija, Cervantes, Quevedo y Pérez de Ayala, Clarín, Galdós. Baroja, Miró. Marañón etc. Estaban deseosos de cantarle el gorigori. Fue un plan que fracasó . el profeta del cambio Maiakovski, el que decía que había quemar los textos de Chejov, Tolstoi, Turguenev y Kuprin acabó pegándose un tiro cuando supo que su mujer le ponía los cuernos con un comisario. El ex cura cargó con un poco de pan un termo de café y una enfilada para aguantar las seis horas de viajes y al volante de su viejo 2C se dispuso a cruzar Pajares. La radio del coche rebuznaba noticias sobre las elecciones desde las plataformas del gulag mediático. ¿Quién va a ganar las elecciones? El que mande don Iván porque las urnas las carga el diablo. Los tertulianos se entregaban a su filatería incontenible. Todo era un paripé. Cambiaban de ondas y allí los coloquios verdeaban la boda de Rociito ─qué gran tema rediós─ con el ex picoleto, la hija del ex boxeador, el novio de la Campos, el nuevo look de doña Leticia, gossip de evasión para no hablar de los menas que nos enviaba el rey alauita en patera para que los mantuviéramos he aquí un país dado al compadreo el chismorreo y la murmuración. Nos dan la vara. Nos comen el coco con todas esas nimiedades. Fortuitamente burló la vigilancia de la Guardia Civil al entrar en Castilla le dijo que iba a un entierro. Los campos estaban verdes y frescos, las casas cerradas de los pueblos vacíos. Un azor planeaba al borde de la carretera avistando sus presas. La bondad y serenidad del paisaje contrastaba con la nerviosidad y parloteo de los programas matinales de las emisoras. El país estaba nervioso.

 Para el Soguillas empedernido lector y esforzado escritor, sus textos se amontonaban inéditos en la cuadra de la Requejada junto a algunos libros que pudo publicar nunca distribuir porque con la inquisición hemos topado. A los nuevos autores por no echarlos vitriolo a los ojos les mandaban al limbo del anonimato. En España los literatos andan todos metidos en un cajón. Había que estar agazapado cada uno en su conejera hasta la exasperación, aprendiendo a ser ex hombres. Se trataba de acabar con el Logos y la eterna sabiduría y adoptar la norma redhibitoria de la renuncia. Apagó el receptor y escuchó la voz del obispo el día de su ordenación mandando a los diáconos que se iban a ordenar de presbíteros el cuerpo a tierra:

Procumbant omnes.

Habían pasado muchos años casi medio siglo pero la voz episcopal retumbaba en su memoria. Un pájaro alisaba sus alas sobre el hilo del tendido eléctrico. En Medina del Campo se detuvo a mear y a tomar café. Pensó que la mano de la Providencia le había sacado de tantos apuros en la existencia que fue una lucha a muerte contra el mundo la carne y los hombres. Estaba vivo. Era un jubilata que bien podía decir con San Pablo "Conservé la fe" a pesar de que todo en su vida fue un gran fracaso una catástrofe. Por eso tenía que acercarse al ara donde se guardaban las cenizas de sus antepasados. Otra parada en Arévalo para arrodillarse ante la Virgen de las Angustias. Al salir del templo la plaza del Arrabal estaba llena de puestos de mercaderes. En los caleros  de la iglesia de Santo Domingo habían anidado una pareja de goloritos padre y madre llevaban alimentos en el pico a los recién nacidos. Arévalo honraba a su patrón san Vitorino que debían de ser la continuación cristiana de las fiestas de la Refifugia que mantenían solemnemente los arévacos. Compró soplillos y pan regañado en una tahona puerta por puerta con la iglesia de san Martín. ¿Qué soy yo?, preguntaba Soguillas... un resistidor berberisco mitad cristiano y mitad judío. Mi alma va sellada por las tres culturas aunque lucharé a muerte por la defensa de la cruz de Cristo. De los moros heredé su fanatismo, de los judíos la tozudez y de los cristianos el amor al vino eucarístico.

En un apostadero de la A6 era la hora de yantar, el pan regañado arevalense sabía a glorias lo mismo que los soplillos. Que aproveche buen mordisco. A la paz de Dios. Un transportista portugués dormía en la cabina de su camión, una pareja de jubilados masticaba unas tajadillas de una fiambrera. Les dio los buenos días, no le contestaron. La gente se ha vuelto medrosa y suspicaz. Otra vez enfiló la autovía, prendió la radio. Los hierofantes radiofónicos seguían ahora hablando del virus de los fallecidos la noche anterior y de los internados en cuidados intensivos. Lo adelantó un Peugot francés en el cual viajaba toda la familia. La esposa iba cubierta con el almaizar que le daba aspecto de monja. Es saludó con la mano... "Bis millah" y ellos deferentes respondieron con el mismo saludo "Bis millah havivi". Id con Dios.

Tuvo que parar junto al santuario de la Fuencisla para hacer pis (dolamas de la próstata) y para cantar una salve a la Virgen en agradecimiento por el buen viaje. La Fuencisla sitio emblemático le recordaba los recesos de  sus tiempos de seminarista, largos paseos congelados en el invierno y calenturientos por los ardores de la canícula. Se puso a cantar el padre nuestro en ruso:

"Otse, isi esi na nebisiex

Da siatsie imiatvoié

da pridiet tsertsco tvoii dviedi nas

Da vudet volia tvoia

Iako na nebesi i za ziemli

Xlev nas nasusni dazni dnesi

I ostvi nam dolgi nashi

Iakose i mui ostabliem dosnikom nasim

I vvedi nas vo skuseniei

 No izbavi nas  nas ot lykavago

Amin"

Una monja que limpiaba el santuario escuchaba el rezo con atención y dijo que le gustaba mucho aquella oración... Es el padrenuestro, hermana... pues que Dios le bendiga... y a usted.

Resolutivamente no quise entrar en Segovia el pueblo donde vino al mundo porque allí no le trataron bien. Le pasó lo que  a Santa Teresa cuando los segovianos la acusaban de andar metida en amores con Juan de la Cruz su capellán. "De Segovia ni el polvo de las zapatillas" y se sacudió el calzado en san Pedro Abanto donde siempre paraban carreteros. Enfrente había un letrero sugestivo:

─Más vale aquí mojarse que enfrente ahogarse

Justo al lado corrían placenteras las aguas del Eresma.

Por fin alcancé a ver la torre de san Gregorio que se perfilaba sobre el páramo con la majestad de un obispo sedente a horcajadas sobre el lomo de los siglos, testigo de nuestra historia, en su cátedra guardando la memoria de mis difuntos. Llamábamos nosotros aquel cerro El Somo. Era el final del camino. El pueblo estaba vacío. Nos habían robado el alma. Habían matado la lengua asesinado su ortografía. Encendí una vela y me puse a llorar agarrado a la verja del camposanto. Aquel era mi muro de los lamentos la torre del cementerio de Requejar.

 

 

III

No me sentía cansado tras el largo viaje desde Asturias con mis setenta y seis años a las espaldas fresco  como un cohombro. Trepé por la escalera 24 veces y desde el cerro saludé al paisaje castellano. Para honrar a los veinticuatro monasterios que, mandó hacer el rey Alfonso VI los veinticuatro pueblos de Villa y Tierra los veinticuatro ancianos del Apocalipsis. Era un conjuro para aplacar las tristezas del Quietorium de la Monda y el fuego fatuo Perfilábanse las montañas azules al otro lado de las cárcavas las tierras frías y el gran morro de las adradas. Y por el sendero del via crucis subía yo con la cruz a cuestas como Cristo con todos los pecados del mundo sobre los hombros. Me dolían las costillas. En el paño de la Verónica  enjugaba mis lágrimas y s estampaban los rostros de las mujeres a las que perdí, pecador de mí. Pungente y clara se escuchaba por todo el valle de la dulce Deri desde la cama del hospital de Londres donde la operaron del tiroides:

─You have hurt many people (hiciste daño a mucha gente)

cuando la dieron de alta firmó el divorcio. Una compañera de crujía la indujo a tal determinación traté de explicarle que no me dieron permiso en la escuela. Sufrí una depresión. I had a break down y todo se fue al carajo

El pantocrátor pintado sobre el ábside milenario me miraba con sus ojos fríos bendiciendo desde la serenidad de sus dos dedos alzados y sus ojos grandes cuando decía misa sobre el ara sepulcral. Un ángel negro de seis alas me servía de acólito y allí estaba Juan de la Justa el que la serpiente matara. Salió de su tumba a la hora de alzar y les escuché decir con voz trémula “Señor mío y dos mío” junto a él vestidos de túnicas blancas comparecían casi todos los difuntos del Requejar. Podían ser millones y asistían a la ceremonia con gran devoción. Algunos no entendían las plegarias porque su presencia en el mundo tuvo lugar antes del cambio de rito. Muchas mujeres sentadas a la morisca invocaban a Dios en mozárabe. Habían resucitado para ver a Dios. Un coro de querubines atacaba las estrofas de la misa de Ángeles y el eco de sus voces se esparcía por la campiña en un largo kirie elisión. Juan de la Justa el que mató la serpiente cantó el credo en eslavónico. Aquella pretendencia me reaseguraba de la presencia de Dios en el paraje presencia divina que es inefable invisible incomprensible inabarcable hasta el infinito que sólo se entiende a la luz de la vez. Juan de la Justa el que mató a la sierpe había sido soldado en la campaña de Rusia. Fue repatriado a España con una pierna de menos. Un disparo de los organillos de Stalin segó su extremidad Fue el más pobre del pueblo. Con la humilde pensión que le quedó pasaba hambre. “Yo fui a luchar contra el comunismo. Los rusos no me hicieron nada pero el régimen soviético estaba dirigido por feroces caníbales y se hacía lengua de la valentía de los soldados alemanes que lo trataron con deferencia y mantuvieron la disciplina den medio de la retirada que ellos denominaban defensa elástica. Contaba que aquella guerra la habían organizado los judíos y que el pueblo alemán y el ruso la padecieron en sus carnes. En su alcoba tenía un retrato del Führer y decía que el holocausto era una treta propagandística  para ocultar los crímenes de la segunda guerra mundial.

─No digas eso en público, Juanito que si se enteran los caza-nazis te meten en chirona.

─Me es igual.

El desparpajo y la sinceridad del pobre mutilado consiguieron que el fervor y la admiración que yo sentía hacia los rusos se enfriasen un tanto. Rusia es el molde de un enigma. Empiezas a destapar y nunca llegas a destapar el rostro de la última muñeca.

─Nunca se sabe cómo piensa un ruso. Las reacciones de los eslavos son un enigma. No piensan como nosotros según me dijeron algunos camaradas que fueron deportados a los campos de concentración siberianos.

Con todo, aquella misa seca no me pareció un sacrilegio. Formaba parte de un sueño que yo tuve para ensalzar aquellas piedras templarías erguidas sobre el áspero mogote entre pedruscos seculares y zarzales de escaramujo. Volvía al centro. Estaba de nuevo ante el enigma de misterio de mi existencia a cuestas con mi cruz a cuestas y las sienes taladradas del escritor que se atreve a ir por libre y enfrentarse a los dogmas de una sociedad global. Cerré el portillo de san Gregorio después de entender una vela en la tumba de los míos  y me fui a una tasca de Sacramenia. Pedí vino de la tierra. Conjuré mis penas ante el dolor y el olvido y la persecución de la que fui objeto. Tuve que separarme de mi mujer cuando supe que el cuarto de mis hijos no era mío. Su naturaleza tan dada al coqueteo y a la ninfomanía la había hecho sucumbir a la tentación de un afaire con un compañero en su centro de trabajo. Un día la descubrí cuando se desnudaba sendos moratones en los glúteos y otro menor en el pecho izquierdo. Me dijo que se había pegado un golpe con la puerta. La repudié y consciente de que aquello era un castigo que me había enviado la providencia por haber sido degradado como sacerdote y por haber andado malos pasos por la vida me divorcié y a la jubilación compré una casa vieja en Asturias. Estuve tentado de cometer una locura pero me fugué del hogar a la chita callando y ya libre de semejante atadura me sentí un hombre feliz que es liberado de su oprobio. Fue tal la conmoción física y psicológica que aquella afrenta supuso que dejé de ser hombre que me abandoné a la anafrodisia. Soy un “stoltzi” digno de abrazar una de las sectas de la ortodoxia rusa la de los castrados que se me emasculaban a sí mismos por amor a Cristo y para no caer en la tentación de la carne y puedo decir co el salmista que la mujer son la cátedra del diablo y el aguijón del escorpión

 

 

IV

 

Había nacido a la sombra de la catedral cerca del rollo donde ahorcaron al pare del Buscón y “obisparon” a su madre por alcahueta. Los jueves ponían el puesto los pelaires en la plaza del Azogue, triduos y novenas y el toque de clamor en la torre Carchena junto a la huerta del Judío ires y venires dares y tomares sin ton ni son. Los largos paseos en silencio durante las horas del quiete en las tardes de retiro espiritual. Aprendió juegos de manos y era un experto en tirar al guá con las canicas. Sus padres siendo pobres a la edad de once años lo metieron en el seminario una boca menos. El fantasma del Domine Cabra aleteaba como un pájaro de mal agüero por tránsitos y corredores de aquel caserón. Aprendió a escanciar espondeos en latín y a entusiasmarse con la mitología. Los dioses oscuros eran el precedente de todo aquello que amó y aprendió. Aulas del sufrir y del resignarse malos olores y hacinamiento. Le gustaban las mujeres y tuvo una novia que eran diez años mayor que le enseñó viejas técnicas ancestrales. No se lo digas a nadie. No lo diré. Túmbate y lo hagamos como los señores. No se lo dijo a naide siquiera al confesor aprendió a fingir y a ser hipócrita. Aquello era lo mejor del mundo la gloria de dios cuando abrazaba a Maritere y se sumía en el pozo sin fondo del amor aquel cuerpo tiritando y en convulsiones que olía  unas veces a pescado y otras a lavanda,. tan dulce como un vaso de malvasía. Tú te tumbas y ahora el sesenta y nueve. A la viuda lo que más le gustaba era el misionero. Así todos los veranos. Cuando sea cura serás mi ama de llaves y podremos gozar más libremente. No se lo digas a nadie. El gozo de aquellos pecadillos secretos le alegró toda la vida. No hay cosa en el mundo más dulce que aquellos revolcaderos en el pajar o al amparo de un escaramujo bien tupido a la vera del Río Peces para hacer el amor con la fresca. Había laido en un Padre de la Iglesia que la mujer tiene entre las piernas el aguijón del escorpión, es cátedra diabólica. Era san Pacomio que el pobre no se había comido una rosca por eso escribía tales barbaridades de las sacerdotisas del gusto que son lo mejor que hay en la vida. Pues yo, reverendo padre, me arrepiento de todo corazón pero me gustaría asistir a esas clases que daba el Cojuelo en las universidades venéreas y que me pique esa avispa ¿Y tú vas a ser cura? No me queda otro remedio. Le gustaban los veranos porque podía tener encuentros con la Tere y al rey y a la inquisición chitón. El seminario era una cárcel pero toda la vida es cárcel. El año 56 hubo una gripe y desalojaron as aulas mandaron a todos para casa. En el delirio de la fiebre menudeaban los encuentros con su novia. No me importas que me pegues el morbo. Fueron sus mejores amores en la vida los de los tiempos de peste. Iba aprobando todos los cursos. Los superiores le tenían por un santico y lo proponían como modelo de buen seminarista. Era diligente, aplicado, nada murmurador, asistía a las celebraciones litúrgicas con devoción, en los tiempos de silencio caminaba por los pasillos con la cabeza de medio lado. Aquí tendremos pronto un san Luis Gonzaga. Los ángeles le están preparando la aureola para subirlo a la hornacina. Sanctum habemus: Quintiliano el hijo de la Aldonza la lavandera del Eresma. Era la admiración de todo el seminario. Aquellos buenos operarios diocesanos pese a su bondad y dedicación a los postulantes no daban una El Soguillas al escuchar aquel juicio de su maestro de novicios se reía para sus adentros y seguía suspirando por la Tere. En las noches de pesadilla como tenía poluciones nocturnas y “lo suyo” se iba para arriba in continenti e irremediablemente. Conque, se daba furiosamente a la masturbación pero era avisado y cauto que no caía en el escándalo de algunos de sus compañeros a los cuales se les escuchaba gemir en medio del ruido de los muelles del jergón. Él no tenía vocación pero lo disimulaba. Tendría asegurada la vida y como había oído decir a más de un párroco eso del celibato es una marranada. El voto de castidad que no cumple nadie nos permite tener acceso carnal a todas las mujeres que se nos pongan delante solteras, vírgenes, casadas, putas espirituales e incluso monjas. La teta de novicia era manjar suculento. Así que Quintiliano un verdadero buey muto no decía ni media palabra de sus interioridades. Se agazapaba y aguardaba deshojando la margarita de su zorrería. Aquel centro, antigua casa de la Compañía, fue el lugar donde aprendió sus mañas y salió convertido en un pícaro de siete suelas. Vaya un tío por dos reales, buen pájaro estaba hecho Quintiliano el Soguillas

 

V

Ya estoy inoculado contra la pandemia. Ayer me puse la inyección en el hospital de la Misericordia de Avilés regentado por las hermanitas de San Vicente de Paul la toca blanca esa toca enorme que parece un avión la cruz al pecho y el rosario a la cintura. Radio Florito se pasa la santa mañana tardes y noches dándonos noticias de los altibajos de la pandemia. Cómo evoluciona todo esto. No se informa de lo verdaderamente importante de donde salió el morbo, cómo se trasmitía la cepa, quien trujo el bicho, en qué probeta lo incubaron la madre que lo parió si fueron los murciélagos o los chinos de Wujan. Hoy tantos muertos ayer tantos contaminados. Se desinforma y se nos confunde. Eso es tomar el rábano por las hojas. Don Híspido Estadístico juega al chito con nuestros temores de algo hay que morir pero que se mueran ellos. Salimos del Notejode, librándonos de unas para meternos en otra, en el Nosajodio, la pescadilla que se muerde la cola vueltas y vueltas al trillo y no es que me quejo no porque entré en el bombo de los escogidos pero a muchos colegas les ha saludo la hoja roja y pronto dejarán de fumar. Los españoles que fuimos durante mucho tiempo carne de cañón, carne de horca y carne de prostíbulo, ahora nos hemos convertido en carne del tósigo letal del Covid, desde que la pandemia habitó entre nosotros en el maldito año bisiesto de 2020.  Les dirá un funeral ese Fray Buscón el del pelo blanco que anda saqueando a los ricos para dárselo a los pobres y él, receptada el donativo de los famosos a los que acude con frecuencia al no haber sarao o fiesta donde no esté invitado o no se cuele este páter que es un vivales,  se guarda los cuartos quedándose con el santo y la limosna. Dios confunda a quien no espabila y este fraile es un lince para la pasta. Huele los dineros a leguas de distancia. Nunca te dirán lo importante por los micrófonos de Radio Florito que dirige un colombiano que ha saltado desde la panza del caracol. Imposta la voz presume de voz y se mete con los venezolanos y con los cubanos. El hipócrita ve la paja en el ojo ajeno y olvida la viga en el suyo. Colombia es el país  que parió más prostitutas. Es el vivero de la gran meretriz. El de las putas de Internet las más guarras, indecentes y desvergonzadas, ─toda la coca es manejada por potentados impresentables─ del mundo las que montan por la Red esos numeritos de esperma blanco cuando les viene el deleite y grandes mamadas. Todas hablan español y uno al verlas siente vergüenza de su idioma castellano. Es una nación aprisionada entre las garras de la bestia. Colombia me parece a mí que tiene la forma de coña buscando el gran carajo. Nicolás Maduro me parece un tipo mucho más digno al menos patriota pues no se rinde ante el bloqueo comercial de los gringos que quieren asfixiar a su patria matándola de hambre, anhelantes de su petróleo. Venezuela y Cuba humilladas y ofendidas no agacharon la cerviz. Colombia es el gran burdel de los EE.UU como lo fue Cuba en la ´poca de Batista. García Márquez se le iba la fuerza por la boca mucho palabrero para luego nada decir y es que ha caído particionero en manos del sionismo solipsismo que nos ahoga como esa serpiente que avanza por el mundo enrollándonos al cuello con sus pestíferos y letales arillas. Pues ese es el jefe de Radio Florito emisora de derechas de toda la vida sucursal del Maligno, director un tal don Verbilindo, más dura será la caída. Como no tengo otra cosa que hacer: oír radio, ver novelones por la tele y estar aditivo a los chats porno de la red en la cuadra en la que vivo pues me entero de todo o a lo mejor no me entero de nada. Me lavan el cerebro con una de esas mangueras municipales con las cuales nos refrescábamos las pantorrillas cuando éramos niños mientras cantábamos el “aquí no llega bombero tu manga riega y si llegare no me mojare”. Estamos calados hasta los huesos. Estamos todos hechos cisco. A don Puertas no le cuadran las cuentas y hace numeritos al objeto de reducir demografía y para ello pone cuatro remedios: pornografía, conflictos regionales, desamor y virus. Vacía las aldeas.  Si serán elucubraciones mías. Mis amigos me llaman negacionista pero yo me considero un tío legal. Sus emigrantes se largan a vivir a las ciudades donde viven hacinados y expuestos al morbo cainita, que es como llaman algunos epidemiólogos de nuevo implante socarronamente. Don Guillermo va y compra a bajo precio las tierras pignoradas y las vende o las explota al máximo exponente. Así es como se hicieron millonarios los Rochild con sus palomas mensajeras y sus inversiones millonarias durante las guerras napoleónicas. La serpiente no deja de crecer y de arrastrarse. Llena de baba o de lefa el suelo que pisa escupiendo sus fauces el veneno de la entraña con  lengua retráctil y allí donde toca el escupitajo de la gran culebra no vuelve a crecer la hierba. Yo la vi cómo se arrastraban por las crujías de Cuidados Intensivos del hospital de la Misericordia de Avilés mientras una enfermera peruana muy amable me vacunaba contra el Covid. Su voz era dulce y cantarina como el de una sirena. ¿Por qué estas alegre, hermana? Porque hay que cantar cuando se lucha contra la muerte. No se podía dar un paso por las salas. Los viejos ─les tocaba el turno a los nacidos entre 1942 y 1945 éramos una buena peña de setentones en la flor de la senectud─ como ovejas que llevan al matadero todas para el arrastre. El rubio don Donando ahora está muy callado pero no paraba de darnos la murga con los chinos quería hacer la limpieza étnica una verdadera sarracina como antes se llamaba y empezó a gobernar por tuiter a los chinitos les voy a meter un brazo por una manga pues hay que ver lo que ha cambiado el mundo cuando yo era niño los frailes repartían huchas por el Domund para que saliésemos a cuestar por los chinos y ahora son estos hombres de tez amarilla y ojos oblicuos, al socaire de Mao con su libro rojo y Chu-en-lai, nuestros colonizadoras. Llegan hasta nosotros con un libro de Mao en el bolsillo. Es un libro rojo en caracteres chinos que lanza profecías inexorables. Europa se ha dormido. Kaput. Morirá de su propio éxito. Son ellos los que nos leen la cartilla de Fumanchu. A mí me parece que don Donado el rubio con esa melena de camionera de la Ruta 66 un nabab del ladrillo con las cuatro reglas mal que bien aprendidas fue el culpable en razón a que temía su competencia, les mandó los padrinos escondido en un tarro fatal donde se guardaba el especifico que suelto en el aire y dejado por correr por las cañerías o almacenado en la cabina de los aviones había de causar la muerte de millones de seres humanos. Juegan al trompo con nosotros. Promulgan la eutanasia y aplican anticonceptivos. Sobra gente en el mundo. A pesar de todo la vida sigue siendo bellas. Las terrazas de los bares están repletas de gente que toman piscolabis con mascarilla. Muchos factores que yo no acabo de entender se mezclan en este totum revolutum de la peste aviar verdadero flagelo del género humano del que todo es confuso tanta información de mezcolanza desinforma. Por lo visto el año bifronte dos veces veinte del siglo XXI fue el año de Nostradamus el de gemir y crujir de dientes. No nos pongamos trágicos. Sea lo que Dios quiera. De algo hay que morir.

 

VI

 

RUINAS ROMÁNICAS DE SACRAMENIA y RANDOLPH HEARST II

 

Antonio Parra

 

Mi prima Ana Tuya de la que me dijo mi tío Pepe que iba a ser una mujer muy inteligente- y Pepe conocía bien al mundo y a las gentes- confirma el pronóstico de su llorado progenitor gijonés aunque él era un ovetense de pro pues ha dado muestras en este foro de sus conocimientos sobre el arte románico pues por lo que veo se ha pateado en compañía de Paco su prometido todos los caminos de Castilla la Vieja y en su última intervención en este foro dice una verdad como un templo y es que el responsable de la venta piedra a piedra del  monasterio cisterciense de Santa María de Cardaba al plutócrata Randolph Hearst fue su dueño un coronel de caballería que se apellidaba Rojo y al que llamaban el Colorao. Lo debió de heredar cuando la desamortización de Mendizábal aquel judío de la rama de los Rotschild que confiscó a la Iglesia católica gran parte de sus bienes inmuebles  o Manos Muertas y se lo repartió entre los amiguetes. Las llamadas Cien Familias. La racha sigue y esta gente tiene much mando via banqueros y tema Opus y sus obispos libeláticos. Como aquel monseñor que vi yo en el YA hace unos años con la cruz pectoral clergyman y pantalones vaqueros. En el pantalón de atrás llevaba estampada la bandera de las Estrellas y Barras. Por poco no se la coloca en los fondillos para mejor parecer y estar más cerca de los cojones. Nació en España una nueva clase de terratenientes bajo el halda de Isabel II la borbona isabelona (los males siguen) y a la que llamaban la Isabelona. Bien. La historia me la conozco bien y la expuse en mi libro “Viva Claraval o elogio de la vida contemplativa” que el lector puede bajar de  manuscritos.com al precio de siete euros. En este libro me sale un poco la veta del cisterciense que llevo dentro y la indignación por ver las piedras templarias de mi región expuestas en plan parque temático en los Claustros al norte de Manhattan. Publiqué sobre el asunto no pocos artículos monográficos y gracias a  Dios y Sancta María algo conseguimos. Por ejemplo, la iglesia románica de Fuentesoto que es todo un misterio arquitectónico  del siglo XII ha sido reconstruida y cubierta de aguas en los últimos años –estba hundido el tejado pero no la cúpula- fue revocada y reconstruida con bastante decencia. Incuria de los siglos y crisis de los valores cristianos que podrá tirar algún siglo más. Pero la historia de la exportación de los sillares y capiteles dek coto de Cardaba es toda una novela de caballerías digna de un escritor de lance. El comprador era nada menos que el magnate Hearst un ciudadano Kane digno del capitalismo. Fue el propagandista a través de su cadena de periódicos en los estados Unidos del infundo y la contumelia del desastre del Maine. Los norteamericanos se dieron un autogolpe y acusaron de la voladura de este barco surto en la bahía de La Habana de ser autores del sabotaje – una mano negra colocó una bomba de muchos kilos en la sentina del buque al lado de la santabárbara- y el Maine saltó por los aires. Los yanquis declararon la guerra al Reino de España. Un asturiano el almirante Villamil salvó nuestro honor inmolándose con todos sus hombres a bordo del destructor “Furor” que salió al encuentro de la escuadra yanqui sabiendo que iba a una muerte segura. Cervera se salvó y los propios norteamericanos le rindieron honores de héroes en la Quinta avenida. Manda huevos. Un testigo de este gatuperio fue el gran novelista cubano Alberto Insua y yo lo pongo en solfa en otro libro que tampoco encontró editor; “De Sagasta a Ansagastegui España entre un tupé y de un recorrido Pero para los españoles la guerra siempre fue cuestión de cojones. Los del Maine fue un ataque masivo con mucho terror psicológico muy del estilo de las normas estratégicas de West Point y de Anápolis: sólo se ataca y con contundencia masiva cuando se está seguro de la operación. Guerra a lo bestia sin consideración de mujeres niños ancianos niños. Todos van para allá. La táctica volvió a repetirse en el holocausto de Dresde. Bueno pues Hearst era un warmonger típico que quiso llevarse las reliquias sagradas de media Europa a los USA. Embaló monumentos no sólo en España en España y en Italia. También compró ruinas en Inglaterra. Sin embargo por lo que pudiera tener su actitud de profanación pues ya lo decía el Señor si vosotros callais hablarán las piedras parece que estas adquisiciones no le dieron buena suerte al responsable de nuestra guerra del 98 en que se derramó tanta sangre joven española –“he added injury to the wound”- le dieron  mala suerte en los negocios y en el crack de 1929 toda su fortuna se vino abajo. Las piedras estuvieron empaquetadas en un puerto norteamericano hasta que fueron adquiridas en una subasta y compradas por un marchante que las revendió al ayuntamiento de Miami y al de Nueva York respectivamente donde se abrieron parques temáticos. La verdad sea dicha que esto las salvo de la ruina pero el hecho es un acicate a la reflexión a quien corresponda: lo mal que cuidamos los españoles habitantes de la cultura de la queja de nuestro patrimonio. La archivística y la historia del arte o los tesoros de la literatura castellana debían de enseñarse como asignatura regladas en las escuelas de primaria. Pero ese tema mejor non meneallo. También por ese cabo de la cultura andamos muy en la ruina y España sigue un poco en manos de los herederos de Ciudadano Kane que controlan la canilla de la información. Gracias, Ana, por tu brillante aportación a este blog.

 

sábado, 26 de abril de 2008

DÍA DE SAN BERNARDO EN FUENTESOTO

 

Un año más y siguiendo una tradición secular perdida pocos años antes de la guerra civil y resucitada en tiempos de la democracia, Fuentesoto honró al glorioso san Bernardo con la procesión a la ermita de san Vicente de las Povedas, camino de Pecharromán.

Dedicada a Vicente aquel diacono aragonés mártir de la fe, cuyo culto estuvo extendido en la Hispania visigótica, es uno de las joyas románicas mejor conservadas —sólo un ábside semicircular cubierta de bóveda de cañón tres lucernas o saeteras y guardapolvos con adornos de taqueado jaqués, figuras geométricas y adornos florares en los capiteles, en la parte interior se representan animales y obispos, que corroboran la suposición de una mano mudéjar, respetemos al Islam— edificado c.1135 en piedra caliza. Seguramente, formó parte de una “anillo de oro” o círculo de monasterios de monjes blancos que sustituyeron el anacoretismo (aquella zona del Duratón es comarca de cuevas como la de los Siete Altares de Sepúlveda) por el monaquismo. Los solitarios de esta Tebaida segoviana en zona apartada y abrupta optaron por la vida en común.

Los monasterios del Cister eran lo más parecido en los siglos medios a los “kibutz” israelíes de hoy. Eran centros de producción y feudos de defensa. Allí se abrazaba un género de vida austera de trabajo y plegaria, también de estudio porque el “armorium” o cuarto de los libros era tan importante como el refectorio y el dormitorio corrido, vida en común.

Pero no sólo rezaron. También trabajaron, plantaron viñas, cavaron huertos y araron tierras. En los majuelos de Sacramenia, Pecharromán, el Vivar y Valtiendas se pisaba una uva que, transformada en mosto, daba el mejor clarete del mundo.

El Vega Sicilia y los excelentes caldos de la ribera del Duero zona Peñafiel fueron el descubrimiento de estos frailes blancos que todas las tardes cantaban himnos en honor de la Virgen María y tomaban un jarrillo a las comidas. Ellos trajeron el vino y el canto gregoriano. Eran monjes soldados.

Tengo entendido que Ben Gurion copió algunos capítulos de las Constituciones para el Estado Hebreo de Bernardo de Claraval, aunque sustituyendo la palabra Dios por la Roca de Israel.

El monje ideal, apartándose del mundo, goza de las buenas cosas de la existencia: el trabajo, el reposo, la quietud, la amistad sin los líos del amor y la familia, la caridad con el prójimo, abraza la virtud en menoscabo del vicio, aun sin perder de vista la fragilidad de la condición humana que con frecuencia sucumbe a la tentación. Ora y labora. Huye, calla, llora y reza es la receta del Talmud en la lucha contra las fuerzas diabólicas y el espíritu maligno que nos rodea

Hay rasgos misteriosos o que no se comprenden en la personalidad de este bienaventurado abad borgoñón, el cual a lo largo de sesenta años de vida pobló Europa de casi dos centenares de monasterios desde el Humber inglés en la frontera con Escocia hasta el Duero y desde el Loira hasta el Danubio y el Vistula. Eran vergeles, jardines de María, remedando el “hortus conclussus” de la Biblia, ¡qué descansada vida la del que se aparta del mundanal ruido! situados en valles apartados a orilla de los ríos y en Castilla los muros sagrados de estos monasterios como los de Sacramenia se convierten en alcázares fortificados. Visión del locus amenus pero sin bajar la guardia, que el enemigo acecha.

Por fuero de Brañaseca otorgado por el rey Alfonso VII el Emperador surgieron los aportillados o caballeros prevenidos en frontera. Los esclavos podían manumitirse al socaire de esta norma y los musulmanes gozar de libertad dentro del territorio castellano. Así como los judíos. Parece que hubo dos aljamas importantes una en Sacramenia y otra en Sepúlveda.

Claro que esto no se cumplía siempre porque los monjes soldados al llegar la primavera llamaban al arma y tenían que pelear contra los invasores del sur. A juzgar por las adarajas o ladrillos sin terminar de ser colocados se aprecia que las iglesias de san Vicente y las de san Gregorio no pudieron ser terminadas porque se acabó el peculio, por las prisas de la llegada de una aceifa o porque el enemigo las derribó.

Son misterios que suscitan la meditación del que contempla estas sagradas piedras. Otras plumas más cualificadas como las de Quadrado o las de mi paisano el doctor José María Costa Arribas— en las páginas del Adelantado— disertaron, con más autoridad que la mía, sobre las peculiaridades de esta comarca en la franja ulterior de la provincia en todos sus aspectos (lexicográficos, aperos, refranes, trajes, modos de labrar y construir, usos y costumbres incluso el sentido del humor que es muy peculiar según nos ha descubierto el gran escritor, musicólogo y etnógrafo  Joaquín Díaz.)

Sin embargo al que suscribe le cumple el orgullo de que mis paisanos no hayan hecho caso omiso hacia mis prevenciones sobre el valor histórico de estas joyas ocultas en sus predios.

Ya en 1968 publiqué (ya ha llovido) un reportaje en Diario SP “Ermitas abandonadas en el camino de Sepúlveda a Peñafiel, era el título, con unas excelentes fotos de Santiso. Hoy san Vicente que por aquellas fechas era un muladar está abierta al culto y los “corines” mote con que se designaba en la comarca de Villa y Tierra a los de Fuentesoto con gran esfuerzo adecentaron la iglesia de san Gregorio. Que san Bernardo confesor y san Vicente mártir los bendigan. Loores y vida larga. 

 

FUENTESOTO MIS RAICES TEMPLARIAS

 

La iglesia de san Gregorio (la torre) es un enigma histórico que desde mozo me intrigó. Alzada sobre un teso en un promontorio con vistas a los valles del Duratón y donde nace una fuente termal que, después de regar la vega de Fuentesoto y Pecharromán, pasando por en medio de cuevas prehistóricas donde en la alta edad media vivían en reclusión eremítica monjes mozárabes que huyendo de las persecuciones sarracenas encontraron refugio por estas soledades lindantes con la Pedriza sepulvedana, constituye otero descubierto y señero. Este parece ser el caso de san Frutos y sus discípulos san Valentín y santa Engracia. La invasión muslímica trajo consigo el chaqueterismo y el donjulianismo.

Hubo sin, embargo, prófugos que no se adaptaron a los principios del Alcorán y de la Media Luna. Querían encontrarse con Jesucristo en el apartamiento y el menoscabo del lujo, la perversión y relajadas costumbres del reinado de Witiza. Algunos incluso puede que fueran arrianos. El concepto de unidad católica no se había alcanzado todavía entre los visigodos que consideraban al papa como un obispo de tantos siguiendo la tradición oriental. La palabra catolicidad no se consolida hasta Carlomagno lo que no fue óbice para que el cristianismo de forma misteriosa se extienda por el continente europeo. Y en España tras la conversión de Hermenegildo. El paso del arrianismo al catolicismo le costaría al rey la cabeza.

Estas comunidades ascéticas siembran de fervor y anhelo de perfección la alta edad media. Se colige a juzgar por la estructura cuadrangular y cimborrio (debió de haber un campanario exento) el de que se aprecia hoy y resiste a la intemperie de los siglos fue de época románica. Estaprimitiva iglesia de arte asturiano sería arrasada en una de las primeras razzias del fundamentalismo islámico. También desaparecieron las comunidades de solitarios.

Durante el reinado de Alfonso VI que casado con la reina Constanza intenta repoblar las tierras al otro lado del Duero con colonos y monjes franceses son desalojados los musulmanes en virtud del Fuero de Brañosera.

La epigrafía que aun lucen las paredes de la pequeña sacristía del templo está en latín con caligrafía gótica francesa y, pese a las dificultadesy borraduras, he conseguido describir e interpretar lo que dice. Fue seguramenteel protocolo de consagraciónde esta iglesia de san Gregario a cargo del propio monarca Alfonso VII el hijo de doña Constanza que pide protección a Jesucristo y encomienda su alma con la dedicación delara y esta torre pidiéndole valimiento.

Es un mensaje escrito hace 900 años que gracias a la salubridad del clima castellano y a pesar de haber estado casi a la intemperie porque el aire y la luz entran sólo por una aspillera se conservan intactas. Hace unos años enjalbegaron pero la tinta volvió a aparecer debajo de las manchas. He aquí un misterio un verdadero enigma

Las palabras borrosas en un elegante gótico picudo que he podido transcribirson las siguientes: gratiam, valeam(pueda) praemiavi (recompensé) turres (torres) trude (echar fuera)quatenus (hasta que) aeternamgratiamhabeam (hasta conseguir la vida eterna) meis torres addero (añado a mis fortalezas) xtus (cristo)trude (conduce) enim (pues) praesta (permite, garantiza)

Traducción libre o interpretativa a mi cargo: “Dedicamos este altar con la torre añadida para la salvación de mi alma y que Cristo me valga hasta la hora de la muerte y me de vida eterna. Señor, sé nuestro fiador, muéstrame tus caminos, aleja a nuestros enemigos, conduce a mis ovejas y permite que ojala sea capaz de perseverar en tus servicios hasta la hora de mi muerte amen”.

En conclusión se trata de una fortaleza cristiana reconstruida por los templarios como demuestran  las cruces que jalonaban los adarves erigida sobre una roca. En una de las invasiones o aceifas fue destruida la torre de san Gregorio. Quedaron derrumbados los contrafuertes que sustentaban la ojiva. Sin embargo la bóveda de cañón románica no se vino abajo y comoseñal del ataque se comprueba que las adarajas o sillares del muro muestran huecos. Y lo mismo pasó con la ermita de san Vicente otra joya medieval aguas abajo del rio Peces.

Yo he nacido bañado en esta luz y por estos aires tan sanos que soplan desde un encinar cercano. Toda esta margen derecha del Duero estaba defendida por los monjes templariosque tenían aquí cerca el convento cisterciense de Cardaba y el de san Bernardo. Mitad monjes mitad soldados. La cruz y la espada. Las campanas fueron robadas por los franceses. Un destacamento de dragones polaco vivaqueó en el Hoyo Castrillo. Las campanas que debieron ser poderosísimas y de gran tamaño fueron fundidas para fabricar balas de cañón como represalia a los hostigamientos de las guerrillas del Empecinado al que escondieron de los cistercienses los propios frailes durante la guerra de la independencia.

En conjunto este singular monumento que hace las veces de camposanto está bien conservado gracias a los esfuerzos de los vecinos del pueblo que sufragaron a sus expensas los gastos de reforma del campanario afianzándola con una plancha de hierro y limpiando el husillo de la escalera una verdadera obra de arte es esta escalera de caracol de palomizo y gallinácea y dejaron las piedras del presbiterio como nuevas. Creo que su visita debiera de ser unas de las atracciones turísticas de la zona buen cordero buen vino y buen pan como el que cuecen en Sacramenia. Es la ruta de los monasterios del cister uno de cuyos claustros puede embelesarse en Nueva York el del coto de san Bernardo. Es un románico rural con algunas atalayas defensivas  dispersas como esta y la de san Miguel de Sacramenia junto con la ermita de San Vicente el diacono a la salida de Fuentesoto que ofrece unos capiteles que merecen verse por lo admirables y bien conservados.

 

 

 

 

 

tardes de mi niñez

 

Las tardes de mi niñez,  si el recuerdo no me traiciona guardan el aire serrano de estos andurriales, un espacio que yo ocupara,  andan desparramadas por estas trochas de san Pedro Abanto a la vera del Eresma. Me he llegado hasta la sepultura de mi padre enterrado allá arriba, he depositado un manojo de madreselvas y me he ido por donde vine sin dar demasiadas explicaciones a los de este pueblo que siempre fueron malos, envidiosos, criticones y no se merecen la cruz protectora que guarda su sombra desde los vanos de la Torre. Por fin redescubierto que el letrero gótico que recorre a jirones la pared de la sacristía es del siglo doce. Antes debió de existir una iglesia muzárabe con su iconostasio y antes un templo a Hermes Trimegisto y Crióforo un dios egipcio que se apropiaron los romanos y al que representan llevando un cordero al hombro. Es la vera efigie del mito del Buen Pastor al que se refería Jesús en el Sermón del Monte o de las Bienaventuranzas en el que se recogía una tradición politeísta.

No hay por qué rasgarse las vestiduras. Aquí no nos vamos a quedar ninguna para simiente ni hemos surgido por generación espontánea. La Biblia se inspira a veces en los oráculos griegos y a mí siempre me ha costado un huevo que pensar que las historias del Viejo Testamento son palabra de dios habiendo salido del cálamo calenturiento de un hombre como los demás.

 Lo que pasa es que todo se transforma y se recicla y un día de dios no es como un día de los hombres. Aquí hasta el viento que sopla trae mensajes esotéricos (“esoteros” es lo de adentro lo que no parece) y por eso les patina el embrague a tantos porque no saben ver lo que subyace. Son exotéricos o aparentes

 Aquellos frailes llegados de allende Pirineos con  bozones y otras máquinas de guerra, sus cartabones, su escuadra y la espada, y su fe, sobre todo la fe trinitaria, con el libro de los salmos, con el hilo y la plomada, adalides del Cristo Artífice sabían mirar a las estrellas y los sillares que aquí clavaron parecen colocadas ayer y tienen  diez siglos. Los esgucios intactos  de las ménsulas historiadas nos dicen que la historia, la vida del hombre, es un ciempiés, como una escolopendra avanzando lentamente camino de vuelta al edén de donde fue expulsada. Están demás los apriorismos. No hagamos demasiadas preguntas a la esfinge. Creer lo que no vimos es una virtud cardinal y uno de los principios de la gnosis.

Subo la cuesta de la Vuelta los Carros donde se espantaba hasta de los cardos borriqueros que crece por allí muy tiesos. Allí el burro del Tío Aquilino hacia molino, que hubo que ir a sacarlo  varias veces, la carreta  del Tío Farruco que iba siempre un poco cargado, tanto él como las mulas. Ya le había pegado unos cuantos besos al jarro que él denominaba su tentemozo particular. Nunca hubo en el mundo hombre más feliz y eso que no sabía leer ni escribir pero sabía muy bien hablar llamando a las cosas por su nombre, imbuido por esa cachaza socarrona de los hombres del campo.

Se me aparece su espectro cuando vengo del cementerio, sentado en un poyete de las bodegas a la sombra del almendro.

─Buenos días, señor Francisco.

─Buenos nos los dé dios.

─¿Qué, la familia bien?

─Hombre no nos podemos quejar aunque la Filomena no para de regañarme, igual que en vida. Ya sabes que de siempre fue algo cerrera. Anda uno un poco aburrido y cansado de tanta felicidad allá arriba y me dije voy a bajar a dar un par de vueltas a las hoces y de paso ver qué hacen esos, que no se os puede dejar solos.

 

Iba vestido con el hábito de templario con que lo amortajaron: sotana blanca, manto y cogolla negra y una gran cruz colorada al pecho de las que se llamaban ancoradas.

 De los cuadriles del fantasma pendía el tahalí con la espada reglamentaria de los monjes soldados. El arriaz era pavonado, la empuñadora de plata, el filo de buen acero toledano, los gavilanes adornados con campanillas sonaban algo.

 Siempre me fascinó este lugar pues aquí mayormente ocurren cosas extrañas que no deben de cogernos de sorpresa y por eso no le doy ninguna importancia a mi encuentro con el espectro del señor Francisco.

 Acabo de salir de la Torre de San Gregorio donde duermen mis mayores descanso eterno y de sacar unas fotos al epígrafe en latín─ a trozos porque las deyecciones de gallinácea y las miganduras que deja el paso del tiempo han borrado parte de la inscripción─ llegando a la conclusión de que el edificio de estructura militar fue levantado en el siglo XIII o últimos del XII cuando los leoneses y asturianos en su lucha con el Islam remontaron la línea del Duero.

 Antes, aunque no consta, puede que aquí hubiese otra construcción como ya va dicho. Hay infinidad de piedras labradas con la insignia de aquellos monjes que mandó traer de Francia Alfonso VI.

Una vez más subí a la torre por la escalera de caracol que sale de la sacristía, los peldaños están gastadísimos y el husillo es tan estrecho que apenas quepo.

Presumo que nuestros antepasados eran recios y muy pequeños. No se había descubierto la leche en polvo ni el yogur por lo que si alguno sobrepasaba el metro y medio ya era todo un cabo gastador pero podían con unas armas y un palenque que pesaran sus buenos cincuenta kilos. La torre debía de ser una atalaya de vigilancia que cumplía funciones militares. No hay almenas pero sí algunas aspilleras en el recinto. La torre de estructura cuadrada y románica estaba coronada por el campanario  que a juzgar por el hueco de los vanos, debían de ser de melena grande para que al repicar se escuchase la voz del bronce por toda la contornada. Desde aquí se tocaba a anúteba cuando el centinela avistaba que venía la razzia agarena. También se llamaba a misa, a fuego, a clamor por un difunto.  El abuelo Toribio contaba que era costumbre pasarse toda una cuadrilla arriba en la torre la noche de Ánimas. Para entretener la vela y honrar y a veces caía más de una cántara de mosto nuevo, y un perol de castañas y allí se hacía el primer filandón del invierno la noche del dos de noviembre.

Los pueblos de Castilla la Vieja no son todos igual. Cada uno tiene su propio matiz y personalidad. Berralón de Abajo- la- fuente (que ése era su nombre al completo) pongamos por caso tiene vega de altos chopos enhiestos pobos y desparramados manzanares. Es un oasis socavado como un mar muerto bajo el páramo. Hace millones de años estos terrenos estaban sumidos en un mar. Tiene altos para dar y tomar pero no se le ve. Te topas de manos a boca con el caserío nada más bajar la Vuelta los Carros. Y por cuestas que no falten y carriles para muchos carros volcar. Carro volcado todos son carriles decía el refrán.

Era pueblo de arrieros, tierra de pan llevar y de meriendas de pan y cebolla en nuestras alforjas Tiene también un cementerio y un camposanto del tiempo de los visigodos.

 En lo alto del somo hay unas ruinas  templarias con su correspondiente inscripción casi ilegible y la cruz cuadrando sobre el círculo. Todo un simbolismo del cristianismo. Cristo principio y fin alfa y omega.

La iglesia del cerro debió de ser destruida en una batida del moro Almanzor que gustaba visitar estos andurriales por primavera. Castramentaron también los romanos arriba un campamento pero de esas instalaciones ya no quedan nada y los más rancios testimonios que se rastrean pertenecen al siglo XII. Debió de haber un monasterio o un eremitorio que estuvo funcionando hasta la francesada. Napoleón que arrampló con todo de media España también se llevaría nuestras campanas.

A la antigua iglesia monástica con ínfulas de fortaleza o de castillo se asciende por una senda orlada por las cruces de un calvario . Me veo por allí subiendo o bajando entonando el Amante Jesús mío o responseando con el cura el dies illa dies irae que era el canto de los muertos en latín. Horadadas en las montañas se ven los ojos negros de las viejas bodegas que guardan los vinos de mil años. Desde lo alto podrá divisarse todo el término del Berralón de la Fuente de Abajo, y todo aquel soto del camino de las pobedas buena tierra para reumáticos y parte del anejo y algo del otro pueblo que llaman Sacravallum cuya torre románica derruida saca pecho navas abajo. Camino de la Puebla se dibuja entre el polvo blanco de la carretera los carrizos de la Fuente Caldera pero en el Berralón por dicho de eso fuentes no faltaban.

Tenemos una buena mano de ellas y de hontanares. No nace allí ningún arroyuelo chico o afluente del Paternus que es uno de los principales de nuestra hidrografía patria. Hay la fuente Colorada la Fuente la Culebra y a una que la llamábamos con un nombre un poco impronunciable con perdón: la Fuente de la Picha. El que bautizó el manantial debía de haber estado de traguillo con los de su cuadrilla porque quiso decir Dicha y le salió Picha. ¿En qué estarías tú pensando, Amapolo?

La fuente Colorada es un chorro de agua espumosa que salta de la roca por un agujero torrencial que parece mismamente la vagina de una burra. Dicen que es agua buena pero con poco cal por eso a los de Berralón o Berralín  se les caen pronto los dientes  y andarán mellados toda su vida, que, pasados los cuarenta años, todos cojos y con reuma. La fuente Caldera mana con tanta fuerza con que muchos a estas alturas nos preguntamos si no estará allí mismamente el hontanar de la vida.

De chaval yo me quedaba embelesado. El agua cristalina al derramarse de la roca y azotar los berros o el verdín colgadizo de las peñas poseía un no sé qué de erótico. Pero todo era puro e inocente, cristalino. Al agua recién nacida la acoge Apolo en sus brazos y es así como se espejan en la corriente como perlas los rayos del primer sol. Es decir que meditando en tales cosas pude llegar a comprender aunque fuera sólo un poquito en qué consiste eso de la Inmaculada Concepción y lo del rayo del sol que atraviesa el cristal sin romperlo ni marcharlo. No eran aguas termales desde luego pues allí todos padecemos de los dientes y del reuma. El pueblo estaba antes arriba por un concepto de poliorcética o defensivo muy importante en la edad media pero vino la Ilustración el despotismo ilustrado y el enciclopedismo y Carlos III mandó que se fundara abajo. Lo primero que se mandó hacer fue una iglesia cuadrada muy fea pero con una torre muy aparente y una campana gorda con un  buen badajo. La pared de la iglesia servía de juego de pelota y adosada a la pared del presbiterio estaba la rectoral que nosotros siempre hemos llamado la casa curato. A mano derecha quedan los huertos y un viejo molino y allí empieza el camino de las pobedas que llevan hasta las Cuevas de San Teodoro vigilada por otro templo cisterciense de planta hexagonal. En las peñas colgadas que adoptan a veces formas caprichosas y superficiales localizamos la cueva de la Zorra y berros exquisitos para la ensalada. Es así por eso que a mi pueblo le llaman cagaberros y no es falta porque allí alza la pata la zorra cuando a ella le da la gana. ¿Y qué más? Pues poco más, hemos descrito al paisaje. El paisanaje es harina de otro costal. Es un decorado austero y mollar, sitio apto para pocos remilgos y contemplaciones. Aquí pasé yo mi infancia pero mi infancia fue dura por estas asperidades con mucha hambre y poca prosperidad. El abandono que siento en el alma es el mismo abandono de estos paramos. Lo trato de vez en cuando remediar con píldoras de ortiga imitando al santo local san Juan de Paniagua que se revolcaba entre las ortigas del berral pero acaso para mis deliquios y disgustos sea peor el remedio que la necesidad. Mis ambulatorios por el somo me hicieron un personaje asomadero y la tristeza y la soledad de los huertos me han hablado toda mi vida de mi propia tristeza y de mi misma soledad. Entraba en éxtasis cuando me acurrucaba en la Peña del Fraile en lo que mi amigo Vicente asaba unas patatillas con algo de cebolla y un corrusco de pan duro para matar el hambre. Aquellas cuevas de San Teodomiro debieron de tener mucho misterio porque otrora fueron aposento de eremitas. Había fósiles y en los frisos del intradós de las rocas aparecían animales extraños y diferentes a los de nuestra era porque eran aves y mamíferos del cuaternario. Un ruiseñor de largo pico, ojos enormes, y con la cabeza algo más grande de lo que conocemos estaba tan bien representado que en la piedra parecía estar vivo. Debía de estar cantando en una rama de aquellas cuando le pilló la hecatombe. Aquel paraje siempre me llamó la atención pues me ayudaba a hacerme a la idea de cómo era la vida antes del diluvio universal. La roca conservaba donosas y bien cinceladas las formas de un lagarto bastante grande pero algo menor que un cocodrilo que debía de tener un par de millones de año. Estaba petrificado. Allí se esculpía un mundo animal pormenor y tan montano que uno se pierde haciendo cuentas y pasando bolas por el ábaco de la antigüedad. Una vez llegaron al pueblín unos espeleólogos ingleses y quedaron maravillados de la frescura de aquellos frisos de aquel abigarrado espectáculo de todo un bestiario plasmado en la piedra. De chico nos internamos algunos metros por aquella rupestre que decían que llegaba varios kilómetros hacia Villapolilla que era cabeza de partido judicial. Allí la imaginación popular se volcaba hasta el punto de que corrían relatos sobre el hallazgo allí de tesoros y otras maravillosas cosas. Era una invitación al ingreso en el laberinto pero para eso se precisaba todo un viaje iniciativo. Luego en la ermita románica uno también se perdía en la contemplación de las tallas polimorfas de los capiteles y las historias que contemplaban una narración en piedra de las cuatro estaciones del año. La iglesia estaba cerrada. Para verla por dentro había que ir a pedir la llave al alcalde. Hubo un tiempo por san amaro que se hacía una romería pero dejó de celebrarse aquel jolgorio de dulzaineros jotas y almendras garrapiñadas con motivo de la gripe del 17 y el eremitorio no se volvió a abrir más. A nosotros nos gustaba de guajes encaramarnos a las troneras tirar cantos o pegar voces quien anda ahí y del fondo de la iglesia surgía nuestra propia voz como un eco divino del pasado o el eco de un dios entristecido que nos llamaba desde el Olimpo. Un rapaz que era delgado como un alambre y al que llamábamos Julián Calzas alias  La Micha logró introducirse por el hueco de la ranura. Toda la cuadrilla estuvo expectante lo menos media hora para ver qué había indagado el Julián en su descubierta. Vino diciendo que había visto a dos santos y a un santo de piedra que le bendecía con su báculo.

 -San Amaro mismo

-Quisió quien será. Lo mismo es un trasgo.

-Quiá, los diablos no portan por las iglesias.

-Lo dirás tú. Es por donde más andan.

Lo que en realidad había era un osario pues encontraron varias tumbas y levantaron muchas calaveras pero con las prisas o por la falta de luz el Julián Patas de Alambre más conocido por "La Micha" y también por Morgueras, no logró enterarse. Mejor así porque los muertos le espantaban. Era un caguina. Cuando nos dijeron lo de la huesa tratábamos de evitar ir por la ermita de San Amaro a los huertos porque Pedrete el Herrero que era el más recio de todos y un poco el caudillo de la banda tenía un poco de prevención no creas. Salimos escopetados sobre todo por Noviembre cuando hay toque de ánimas y salen los hermanos cofrades a pedir limosna por los difuntos. Yo con los muertos no juego. Tomamos las de Villadiego y no paramos de correr meneando las abarcas hasta llegar al pueblo. Con las animas pegadas a los talones y fantasmas gritando hijos míos andar de día que la noche es mía y todas esas cosas de la huestia que camina y se aparece a los trajinantes en plenas noches de luna. Debían de ser los espíritus de los antiguos frailes del convento que vagaban por las inmediaciones. Seguramente fueron martirizados por los moros o por los franceses vete tú a saber. Uno tenía el cráneo hundido. Seguramente que le habían pegado con un palo o con una garrota o aquella ranura fuera el orificio de la bala de un trabuco. A la media noche se contaban haber visto ánimas estantiguas y desaparecidos. Los monjes iban vestidos de blanco pero debajo de la cogolla no llevaban sino la calavera y el habito que les tapaba el esqueleto y su mirada enterrada entre sendos cuévanos. Cantaban maitines y miraban la noche. En la vega se veían luces encendidas como de hacheros votivos. Eran los monjes de san Amaro que recitaban los oficios, entonaban responsos. Bajaban las viejas a media tarde y les dejaban unos cuantos bodigos. Vivir entonces en Berralón entre piedras viejas y polvorientos caminos tenía algo de encuentro con lo inefable. Lejos del mundanal ruido. Pisábamos piedras mágicas talladas por las legiones romanas para mostrar lindes, delimitar cipos itinerarios, y contar pasos miliarios en sus calzadas. Torres visigodas. Castillos templarios y aquellas cruces empotradas como hitos sobre los muros del cementerio que escoltaban la umbrosa veleta y los ojos del campanario que parecía un obispo sentado bajo un baldaquino de nubes vigilando el valle viendo pasar la vida de los labriegos en el afán de sus faenas campesinas, el rotar de las estaciones y de los ciclos y acogiendo en sus entrañas a los que se iban tocando a clamor o a bautizo según los días. Angelitos al cielo, o bien, se veía por la calle real a la mujer del sastre la partera zamarrear con sus toallas y jofainas de agua caliente para atender a una que daba a luz. El cementerio estaba clavado sobre el risco y En Berralón veíamos su necrópolis desde cualquier parte. La muerte estuvo siempre  presente en nuestras vidas,  acechando desde el otero. Te tirabas de la cama salías al corral y veías aquellos ojos vacíos del campanario de la torre, transparentando un lienzo de firmamento impávido. Impresionante torre de piedra alzada que nos escudriñaba las vidas y las horas. Las campanas dejaron de sonar se las llevaron cuando la francesada pero por la escalera de caracol, husillo oscuro los peldaños que estaban gastados de tanto subir y bajar, íbamos a tocar las campanas la Noche de Ánima. Más de mil años habían pasado desde que la iglesia del cerro dedicada a San Gregorio fuese consagrada por un obispo guerrero. Campanas de amor, campanas de guerra, el aviso de anúteba cuando acechaba la morisma. Diez siglos estuvieron tocando a fuego, a gloria y a clamor. El lenguaje del bronce conocía voleos y repiques. Tan tantán. Ton ton-ton. Los toques de ánimas se perdían en lontananza junto con los airosos repiques de Vísperas o el alborozo de los voleos a boda. Garita de San Gregorio. Cuesta de los Cencerros. Torre Mirona. Por eso camino habremos de ir todos. Eran ni más ni más un aviso de que la tierra, un recordatorio de que nacimos para morir. Un sacristán que se llamaba Aniceto y del que yo oí hablar por mi abuelo era el que más las conocía, el que mejor las tocaba, el que más la amaba. Su rostro y su huella también se perdieron para siempre en la raya del horizonte. Somos carne de dolor y de olvido. En aquel pueblo desde que nacíamos nunca perdíamos de vista a la huesa encaramada allá arriba. De todo el que se moría decíamos “otro que ha subido la Cuesta de los Cencerros”. O que había dejado de fumar por dicho de eso. El camino que lleva a la Torre Mirona era a través de una senda escarpada por donde iba el atajo hacia Lovingos. Era un lugar para retirarse a la soledad del clásico para reencontrarse con el Beatus Ille qui procul negotiis, etc. Tierra bronca y acérrima interesada y poco amable que solo permitía sobrevivir a los más fuertes. Si te haces de miel te acabarán amargando la vida pero la vida es ansí, chiquitos adelante con los faroles. Allí tengo enterrados yo a mis muertos; por eso siempre tengo a este paisaje transfijo en mis adentros. A él revierten mis pensamientos y mis recuerdos de niño. Puede decirse que el pasado nunca perece. Sigue vivo y al alcance la vista interior. Es el asomadero de mi imaginación. Fue el barro espiritual del que provengo en las altas parameras de Segovia. Soy polvo y lodo de aquellas tierras.

 

lunes, 15 de diciembre de 2008

 

 

 

EL PRIMER WALTZ DE MI BODA INICIO UN CAMINO DE ROSAS Y ABROJOS TIEMPOS RECIOS PERO SOBREVIVIMOS

 


















 

INGLATERRA

El primero de julio del año 60 eché mi primer piropo a la Cibeles. La augusta diosa de piedra que siempre va en carroza tirada por leones no me hizo mucho caso. Yo era un adolescente que regresaba a casa derrotado en el Correo de Santander. Mi padre vino a recibirme en un jeep del ejército donde metimos los avíos de mi pobre ajuar el colchón, el baúl y la sotana.

─Anda que buena tienes a tu madre, con un disgusto que casi se nos muere, cacho perro.

Bajé la cabeza y le dije a mi padre que me pondría a trabajar de lo que fuera incluso si picapedrero y así lo hice pero pronto me di cuenta de que tampoco valía para albañil, no sabía cuajar el cemento en una obra. Lo mío eran los latines y el inglés.  Ínterin mamá dio a luz a mi hermana pequeña a la cual llevo 18 años y nos trasladamos a vivir a Madrid desde Getafe. Allá quedaba el pueblón manchego envuelto en polvo y barro, los aguadores de la calle mayor, la iglesia de la Magdalena enorme, los paseos las tardes de domingo, el cine de sesión continua, el aburrimiento provinciano. El resonar de los tambores del cuartel de artillería al izar bandera y las misas de doce en los escolapios. En Madrid me coloqué de profesor de latín en un colegio  y por las tardes asistía a las clases del bachillerato nocturno en el Ramiro de Maeztu. El profesor Antonio Magariños, lo que son las cosas, me suspendió en la lengua del Lacio. Yo no le caía bien. Ya estaba muy viejo y se fatigaba durante las clases en las que explicaba a Tito Livio. Moriría al poco tiempo. Fue un gran promotor del deporte durante el franquismo como consejero del ministro Elola Laso del Frente de Juventudes. Cuando tuve en mis manos la papeleta del suspenso volví a sentir la maldición del jesuita tú no vales no das la talla. Fui una taberna y me emborraché. Era mi primera borrachera. Todas las campanas de las iglesias de Madrid doblaban a clamor. Había muerto el papa Juan XXIII. Al regresar al hogar (vivíamos en la calle presidente Carmona) mi madre que era muy lista debió de notar los signos de embriaguez en mis andares tremulantes, la lengua tartaja, los ojos saltones y la boca oliendo a peleón:

─¿Dónde has estado, cacho perro?

─Por ahí

─Murió el papa

─Y a mí ¿qué?

Dormí la mona y se me pasó el cabreo. Me di cuenta de que a lo largo de mi vida tendría que luchar contra aquel conjuro de Eguillor que se había repetido en el profesor Magariños que era un gallego bastante retorcido. Hinqué los codos, aprobé el preuniversitario e ingresé en Filosofía y Letras y en la Escuela de Periodismo, dos carreras a la vez aparte de las clases en el colegio san Pio V, todo lo que ganaba se lo daba a mis padres, excepto una pequeña cantidad que me reservaba para tabaco, aquellos "Celtas" largos que me hacían carburar. Estabna agotado. El verano del año 64 me fui a un  campo de trabajo en Fladbury cerca de Evesham a recoger ciruelas y fresas.