2026-01-06

  

 

MIO CID

 

San Baudilio de Berlanga, Gormaz y la paramera alta me hicieron reencontrar mis raíces muzárabes. 

No soy más que un fronterizo cerca de Jesucristo pero no tan lejos de Alá; piel bermeja, algo pecoso, orondo como Sancho el craso que posa el trasero en podios y sillas de guadamecí. 

Hoy me duelen más que nunca los quince muchachos asesinados en Gaza y los dos mil heridos por disparos a bocajarro del ejercito naZionista... ya podrán unos con piedras y hondas del pastor David, otros con fusiles de asalto ultimo modelo mira telescópica y visión nictálope.

El moro es más noble que el judío el cual nunca da la cara. El árabe pelea como un hombre y no considera homínidos a los no retajados de la ley vieja.

San Baudilio me hizo huir hoy de esta pesadilla pascual en la cual estamos inmersos.

 Esos cafres siempre matan por Navidad y por viernes Santo. No es el moro, amigos míos, el gran enmigo de España. 

Es el hebreo que camina por el mundo arrastrando la maldición de los campos de la sangre. La de los campos de Haeldama. 

Judas se ahorcó de la rama del terebinto.

Es el engaño de Raquel y Vidas los baúles llenos de arena. Siempre a golpes con los hechos. 

Me enfrento a mi ideal. El Cid tenía en Valencia un león enjaulado. La fiera se le escapó del palacio e hirió a algunos de sus consejeros. 

Era costumbre en aquellos tiempos medios tener en el corral fieras enjauladas. 

Un rey de León conservaba una onza (pantera) cerca de su palacio y Enrique IV tenía en los corrales de su portalada un tigre y dos elefantes. 

Ya sé que estas cosas de la historia de España no interesan pero conviene recordarlas.

 A algunos les traen al pairo. Los catalanes, instigados por la maldita raza, con su revolución han logrado manchar de barro nuestro siglo de oro. Pocos leen a Lope aunque sigan citando a Cervantes y los enigmas de la novela pastoril pero los de la revolución literaria del 68 han quedado para vestir santos. 

Ya nadie se acuerda de Umbral. Cela interesa poco aunque se les haga a los críticos la boca agua al referirse a Miguel Hernández ese vate oriolano cuyos versos huelen a ajo y a regüeldos de cebolla y sus estrofas saben a pelos de coño. 

Así está la cosa. No me hable usted del Cid Campeador, Villeguillo, que le tendré que llamar fascista pues, la literatura por los suelos, la gente anda un poco desorientada y descangayada yendo de aquí para allá sin norte ni guia. ¿Ha perdido la brújula el país?

 Luego vendrá Santos Hozado, tu falso amigo y te contará una de nazis. !Ah qué asco¡ 

Se ríen de uno y el pobre Villeguillo ya no se fía de nadie. Trata de conservar, eso sí, su decoro, su dignidad y su arranque.

Soria resucita en mí saudades de romancero del rey Rodrigo y de los siete infantes de Lara, las Siete Partidas que anduve, los Siete Mares que navegué, vuelta y vuelta para dar en la ensenada de Lo Mesmo donde mi nave encalla.

En la Laguna Negra estaba aquel juglar de Medinaceli que transcribió el poema c. 1140.

 A la copia de Pedro Abad le falta una hoja. 

Destierro, bodas de Rodrigo. la afrenta de Corpes. Doña Jimena la ovetense. Las parias al rey moro. que han de ser pagadas religiosamente.

 El Cid sirve tanto a cristianos como a musulmanes, defiende al que le paga, es leal aunque como cristiano guarda sus resabios arrianos: nunca besará la mano al Papa y le gusta consultar los agüeros.

Es supersticioso. Héroe epónimo en cuya personalidad se reflejan las virtudes y defectos del carácter español. Valiente, porfiado, pero envidioso. Defensor del honor de las mujeres pero al que no le importa irse de putas de vez en cuando. 

La infanta doña Urraca estaba enamorada dél y le escribía cartas de amor cuando el Sidi andaba batallando contra los almorávides por la Alcarria.

 Alvar Fañez, Martin Muñoz y Muño Gustios su criado de pro fueron sus vasallos lo mismo que Crespo de Grañón "Bocatorcida" asoman la gaita por los hemistiquios del poema épico. 

Llorando de los mis ojos estoy hoy día de sábado santo por esos mozos que han muerto con una honda de David en cada mano. Alá los tenga en su reino. Una pena que en Gaza no estuviese hoy el Cid al frente de sus mesnadas con sus valientes moritos y sus caballos de caña.

 Bocatorcida se ufana y rie de nosotros. Hablan y garlan. Santifico la duda de Poncio Pilatos. Quid est veritas? Él no fue responsable de la muerte del Salvador. 


Fue el Sanedrín. Cargan el muerto a Pilatos y he aquí que Mío Cid echa nuestros pecados nacionales a sus espaldas. 
Asesinan los fementidos y perjuros la verdad. Son fanáticos pero Babieca cabalga.
 Prepara la Tizona, Villeguillo, y la adarga. Al malvado le cortaremos las barbas. ¿Tambien las orejas? No; que no vaya mi crónica desorejada. Nos afrentan las hijas, nos dilapidan la esperanza, dan la vuelta al argumento. Tú campeas, buen Cid. Escucho la música de los Nibelungos. 
Este tiempo no es épico. No cree en las epopeyas pero tú adalid de la verdad te enfrentaste al  mismo Papa, cuando quisieron cambiarnos la Fe. 
Vivan los siete infantes de Lara. Sigamos el estandarte del obispo don Jerónimo que trota con la cruz alzada contra Roma por la calzada de Quinea la vieja estrada que unía Astorga con Bibilis.
 Atienza peña fuerte. 

¡Qué buen vasallo si hubiese buen señor¡ Ruy Díaz  el de Vivar fue victima de la envidia y del morbo visigótico que asuela a la catolicidad. 
Predicáis la caridad pero ¿El amor donde está?
 Quiñoneros y mistureros. Difamadores y delatores. Contra ellos se enfrentó el protagonista de nuestro primer cantar de gesta, libro en el cual se plasman nuestras primeras correrías. La lanza de fresno, el astil y el fierro tajador. 

Alza el pendón, alférez mesnadero, que trotabas sobre una yegua embrazando el escudo en el que un dragón se pintaba con la loriga de mallas, el belmez de tela acolchada y el almófar o capucha moruna. 
Buen Cid, estas eran tus armas galopando por las parameras de Gormaz. 
Huesas y calzas y el yelmo de Mambrino. Tocaban atambores y detrás de la mesnada venían mulos de altos borrenes, el brial de mi dama y sus bordados de ciclatón, mantos de armiños ordalía y juicios de Dios. 
Todo por Castilla la gentil bajo el cielo de la limpia cristiandad

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