KUPRIN
CONSUMATUM EST (II)
Seguimos con Kuprin, uno de los cuentistas rusos mayores, en
cuyas versiones aparece el enigma contradictorio de ese país, de esa literatura
con reminiscencias evangélicas. Consumatum
est una glosa de las últimas palabras del Gólgota y de la vía dolorosa que
el autor traslada a un manicomio donde envejecen y aguardan a la muerte entre
ronquidos, insultos disputas y añoranzas un grupo de ex hombres que fueron
grandes figuras del teatro, militares de carrera, galanes de Petersburgo de los
que nadie se acuerda ni nadie viene a ver. Bobrob estaba enamorado hasta los
huesos de una damisela pero lo dejó a la puerta de la iglesia para casarse con
otros. Tristezas del desamor. La condición humana es imprevisible. Transcurría el
año 1899 en el Asilo para Viejos Artistas Salaviano- Lavinski va al café
Cafarnaum y regresa al preventorio borracho como una cuba. Esa es la acción. A la
mañana siguiente se arrepiente de lo que había dicho y hecho gracias al vodka y
cuenta su vida triunfal. El resto de compañeros le dicen que pare, que ya se
saben la historia, que se repite más que la cebolla. Uno de los asilados dice consumatum est y entrega su alma a Dios.
Todo queda desdibujado y confuso como la vida misma pero es un cuento
maravilloso. Creo que los rusófilos si nos fiamos de su gran literatura y de su
liturgia percibimos una realidad poco acorde con la realidad porque detrás de
estas escenas llenas de ternura y resignación evangélica están las putas de
Internet. Esa mesalina insaciable que se tira a cientios al día insaciable
furor uterino. Es bella pero su hermosura se marchita. La vemos caer. Rusia puede
ser un país brutal y a la vez tierno y amoroso como su poesía. Pero no hay que
fiarse demasiado de los espejismos. Todo él es un enigma
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