2026-05-16

 AVE COLOR VINI CLARI

primeros trancos de una novela onlines



EL ESTUDIANTE DE ALCALÁ QUE SE REENCARNÓ EN ARCHIVERO


La impresión que tuve cuando en el año 2009 llegué a Alcalá una madrugada de enero a cumplir con mi último año de archivero[1] hube la impresión tenaz de que yo había estado allá antes, quizás una vida pretérita, había paseado por aquellas calles, guarecido del sol y la lluvia bajo los soportales del Calle Real, haber tenido a un físico la bacinilla mientras practicaba una sangría a un paciente de bubas en el hospital de Atarazanas por cuyas crujías iba y venía un postulante cojo que era cojo y calvo y hablaba con ese tonillo de los de Azpeita proflglando su discurso de concordancias vizcaínas, trayendo orinales y pericos, gasas, sanguijuelas y pomadas, con mucha diligencia pero con algún asco pues había tomado el oficio de enfermero como penitencia por los pecados de su vida anterior, que el veterano de las guerras de las comunidades aseguraba haber sido muchos, y por los que lloraba constantemente hasta salirle surcos en las mejillas de los regueros de tanto llanto, inflamado de orgullo humano y amor divino - yo no lo vi, claro, me lo contaron los que daban ejercicios-, pero cuando lo dicen… Iba el buen donado arrastrando la pata chula que la tenía tiesa desde que le pegaron un zambombazo en el castillo de Pamplona. Decían que había sido soldado, acérrimo del emperador- y como buen realista nos miraba por encima del hombre a nosotros pobres comuneros- y que estaba allá viviendo de la caridad de unos teatinos aunque se juntaba con alumbrados y gente de dudosa procedencia. 

También me había cruzado con otro estudiante zambo, corto de vista y largo de lengua, el que luego tendría entre sus dedos la pluma mejor tajada para contarnos cómo España por defuera y por de dentro con sus versos castellanos, con sus decires, coplas y donaires, en verso y en prosa. Éste andaba con los cuadrilleros dando novatadas y cobrando el portazgo a los novatos del convite al banquete nada más ingresar al pupilaje, La Patente, que se dice, y a unos les arrebataban el sombrero a otros les ponían perdida de gapos la capa nueva, o les traían un jarro para darles a beber cerveza y no era cerveza pues aquella maldita encella había sido utilizada como sillico donde meara toda la cuadrilla a escote, y de hoy en un año; a otras les mandaban echar calle arriba a la pata coja y les lanzaban piedras mientras el cachicán del rey de gallos prorrumpía en estentóreas risotadas:

-¿Ponen las gallinas?

-Creo que sí. Ya es san Antón. La gallina pon y cacarean las pitas por los corrales, que las estoy oyendo, y se está bien al sol.

-De ¿Dónde es vuesa mercé?

-De Carrión de los Condes, señor.

-No me digas señor. Dime coleguita. Y ahora para ver como andas de recursos te vamos a mantear.

-No. No por vida de mi madre.

Protestas inanes. Entre cuatro o cinco trajeron una cortina de paño morado con las que se atapan los altares en tiempos de Pasión y alzaron por los aires al palentino una y otra vez. Lo subían, lo bajaban y hacían como querer dejarlo caer en el santo suelo hasta descoyuntarse como si fuese una manta palentina a la que la doméstica zurra el polvo en el balcón. Uno de los manteadores dominado por el estro profético había leído el futuro y pronosticó la llegada de guerreros por el aire.

-Así volarán algún día los paracas[2].

-Bajarme de aquí fementidos, hideputas.

-No. Bartolo, no aguanta, no seas caguita. Los soldados de Cristo han de soportar todas las pruebas con buen talante.

-No ésta- exclamó el palentino- que voy a vomitar.

Implacables no se apiadaron de las voces que daba el neófito que no paraba de gimotear y de proferir ayes y de llamar a su madre.

-Ay madrecita mía que mal día amaneció para mí.

-¿Cómo te llamas?

-Teofilo

-Pues Teofilo te vas a acordar del día de san Antón hasta tu graduación cuando vuelvas a tu obispo con tu bonete y tus cartas dimisorias de misacantano.

Poco después corrieron el gallo y hubo otras bromas, muchas jácaras. Decían que el masto lo había traído de Mastrique un luterano con lo que fue mayor el ahínco con que le sacudían estopa al animalito y el enojo con el que le arrancaron el pescuezo aquellos malos cristianos. 

-¿Qué hacéis hijos del gran demonio?

-Pues no lo ves. Cortarle la cresta al hereje.

-Al hereje. Al hereje- gritaron todos a coro. 

Los estudiantes estaban ya beodos. Puede decirse que al cuadrillero mayor de estas justas que era un teólogo portugués que de allí a poco iría a parar como capellán santiguador a uno de los tercios viejos creyendo que el ave era el que más zurraba al rey de gallos y cabalgó su jumento a los cuatro pies exhibiendo su trofeo chorreando sangre hasta la plaza.

Tan divertidas escenas no las padecí yo, que siempre me suelo hacer el longuis y escurrir el bulto en tales situaciones de pintar bastos, por vivencia material, aunque sí espiritual. Creo que las había leído en algún libro picaresco o a lo mejor fueron una nefasta experiencia de los estudiantes de latinidad de los que formé parte en la vida que me precedió.

Iban avanzando las nubes del entrelubricán y remejaban las sombras los campos yertos con alguna claridad. Amanecía dios igual que entonces sobre las riberas del Henares, y la vida tiritaba bajo la helada, se escuchaba el campanil de las clarisas, y en otras muchas iglesias de la población anunciando que ya habían dado cuenta de maitines y laudes. Sobre la cúpula de la catedral de los Santos Niños las cigüeñas complutenses que son las más elegantes y majestuosas de la península ibérica – se las nota en el volar- descabezaban su último sueño con su singular modo de dormir a la pata coja pues la cigüeña según dice el refrán alta vive, alta vuela y en lo alto toca la castañuela.

-Diga usted que sí. Cigüeñas vigilantes del Henares donde las ninfas moran crotorando silogismo. Son la viva imagen de la castidad, la fidelidad y la paciencia.

A Teofilo por fin lo dejaron en paz los tunos y vino a recogerlo una mujer que, movida a piedad, lo llevó a su aposento donde lo lavó, cepilló su capa llena de salivazos e indignidades.

-Hijo, te han vuelto eccehomo. Dichosos muchachos.

El manteado nada dijo pero las caridades de la dueña le hicieron revivir. Fue al arca y extrajo un bodigo de la última cocedura cortó el corrusco y se lo entregó junto con un dedal de aguardiente. Su desfallecimiento se debía no al manteamiento sino que no había comido en dos días.

Alcalá lo resucitaba de la misma forma que me reencarnó a mí. Pues yo también volví en la españolísima ciudad a la vida por un complicado proceso de metempsicosis intelectual. Podía ser uno de aquellos estudiantes y continos que arrastraban la loba sin mangas y flameaban becas al viento multicolores cada uno con el color y la divisa del colegio del que procedían (granate el de los ildefonsos, amarillos los de atarazanas y verdes los de san Marcos, blancos los cistercienses y dominicos. Acabada la cátedra de prima aquel abigarrado mundo de estudiantes era un espectáculo. Teólogos y minoristas usaban sotanas y los canonistas portaban un bonete de tres puntas en la cabeza que entre los jesuitas era bisunto. Poco después de entrar yo al Estudio General los licenciados en Artes empezaron a gastar balandrán cubridero por cima de los hombres y teja (sombrero sin alas que llevaron los clérigos españoles toda la vida).

Como venía aterido y en tren de cercanías no había calefacción, para entrar en calor me arrimé a la barra de una taberna e estaba frente por frente de un gran seminario vacío de traza neogótica. El chigrero un rumano por nombre Ventila salió a servirme. Le pedí un aguardiente de los Carpamos zwuiska de 40 grados.

-Bona zwuiva.

-Buenos días.

Se sorprendió Ventila de mis conocimientos de la lengua románica hablada a orillas del Ponto por los soldados de Trajano que guarda su raíz latina en conjugación con muchos aditamentos eslavos y turcos por lo cual conserva una prosodia endiablada.

-Sé también decir Xristós enviat[3].

-Ahora no es Pascua.

-Si me das otro chupito de ese coñac hablaré no sólo el rumano sino el griego, el búlgaro y hasta el húngaro que no es idioma indoeuropeo.

-Birak[4] - repuso Ventila que era de una región del Danubio frontera con Hungría, frotándose las manos. A la legua se notaba que aquel fondista extranjero no era tan cruel y áspero como los taberneros nacionales gente odiosa y encanallada y que sabía seguir la corriente a los borrachos y aguantarlos. No echarlos a la calle o pegarles.

Sin embargo aquel aguardiente de los Cárpatos tenía poco que ver con aquel vino chirle que nos servían en el refectorio los días de fiesta de guardar y con el que ayunábamos el viernes Santo para refrescar el gañote de nuestros queridos domines cuando andábamos a pupilaje. De mis labios surgieron cantos de alabanza al dulce néctar traicionero que pasa bien pero luego habrá que mearlo. Entra acariciando Baco en sus dominios y se apodera. Los que sucumben a los falaces halagos de la bebida saben que no hablo a humo de pajas:

Ave color vini clari

Ave sapor sine pari

Tua nos inebriari

Digneris potantia

Oh felix venter ubi intraris

Et felix guttur

Quam rigabis

Oh felix os

Quod lavabis

Oh beata labia[5]

Y a través de aquellas coplas tabernarias en latín surgió el monje giróvago que llevo dentro de mí. Los parroquianos me admiraban por mi capacidad de ingesta y el don de lenguas aunque estaba inspirado más por Baco que la Blanca Paloma. A sus ojos yo era un resucitado, un español que no se parecía a esos otros españoles taciturnos y reconcentrados en sí mismos del siglo XXI que nada tenían que ver con sus predecesores y me deseaban buena madrugada. Buona diminuta. De todas las horas del día era la amanecida la que más me gustaba. Puerta por puerta de la cantina del dacio estaba la iglesia ortodoxa. Celebraban la navidad. Olía a incienso. Un orfeón esparcía por la nave de la antigua católica preces de un maravilloso y concento retando a las preces que decía deprisa un diacono muy gordo desde el antifonal. Prostérneme en tierra y besé los santos íconos y los ecos de la plegaria diaconal me transportaron miraculosamente al sopista con poca fortuna que había sido hará lo menos quinientos años.

Clareaba el día y Alcalá se había transformado. La vía del tren volvía a ser la estrata romana que había sido durante mil años y los regimientos ilustres como el Villaviciosa XIV volvieron a su antiguo ser de los castra romanos donde practicaban los equites las artes desultorias. Recordando que allí estuvo de asiento la Victrix o la invencible con todos sus escuadrones y acies los cuales dieron el relevo a los tercios viejos los que combatieron en Italia y en Flandes. Por el camino pasaban estudiantes. Me sumergí en aquel bullicio juvenil de mozos camino de la docta casa, la universidad recién fundada por Gonzalo de Cisneros. Y aquel gentío buscando las aulas entremezclado con los escuadrones de soldados que salían al campo a ejercitarse en la instrucción de sus armas me recordó la gran verdad de que la pluma y la espada son hermanas y que la lengua va de cómitre con el imperio. No hay vuelta de hoja. Todos llevaban capa corta, un puñal al cinto, y en la otra cadera colgaban del cinto los cartapacios, las pizarritas los plumieres y los recados de escribir. Confundidos entre la multitud se veía a algún catedrático de mucetas coloradas, amarillas o azules según la disciplina que enseñaran, tocados de la orla con plumas de avestruz. La cátedra de prima comenzaba a las ocho de la mañana. Un bedel somnoliento se acercaba al estrado precediendo al profesor batía sus palmas y formulariamente rezaba una oración luego de lo cual abría las puertas del aula y exclamando en voz alta Propinquate, alumni, lectio incipit se dirigía a los estudiantes y luego al facultativo: magíster, aperta est cátedra . Los pupilos llenaban el aula. Por falta de bancos muchos se sentaban en el suelo. Todos portaban recado de escribir y rayajeaban las palabras del catedrático sobre un palimpsesto en forma de pizarra que luego pasaban a limpio los oidores. Sólo se hablaba en latín. Transcurrida hora y media regresaba el ujier valonado luciendo un espadín y un sombrero chambergo y volvía a dar unas palmadas.

-Satis.[6]

A esta señal el catedrático se quedaba con la palabra en la boca y los alumnos salían al patio en medio de un gran alboroto.

Pasaba entonces un fraile benito cuya presencia de padre del desierto discordaba con la de la alegre muchachada. El benedictino caminaba con los ojos bajos y el rostro inclinado tapándose con la cogulla. Avanzaban todos atropelladamente. Si veían a alguno de su aldea iban a darle los días y a recibir nuevas de la aldea. Los más vivaces espantaban el frío y los sabañones arrojándose bolas de nieve. Uno de los proyectiles alcanzó a un catedrático de hebreo en todo el occipucio. Rodó por los suelos el bonete bisunto en medio de los gritos y juramentos del Dómine en la lengua que enseñaba y el cual yacía por el suelo cual largo era buscando a tientas las antiparras que también se le habían caído y sin las que no veía dos en un burro. Sonaron a su lado carcajadas, maldiciones y porvidas. 

Uno de los tunos dijo:

-Comed nieve de una vez, padre mío, ya que nunca os empacharéis de jalufo.

Montó en cólera el cristiano nuevo y retumbaron excomuniones por la Calle de la Hueva

-Pronto pagareis bien caro vuestras truhanerías. Os vamos a echar del mundo, voto a bríos.

Se encocoró el estudiante el muy cabrito hizo la señal de la cruz, después el buz y acto seguido empezó a gritar al hebraísta:

-Marrano… Marrano. Cómete tus biblias. Eres hereje, luterano encubierto y alumbrado.

Oído esto, el catedrático que debía de ser converso cobró temor y levantándose como pudo y sacudiéndose el barro y la nieve de la sotana tomó el portante y enfiló por una calle adyacente pues alguien había mentado al Santo Oficio. Con la bulla se hicieron presentes los corchetes. Los estudiantes de que los vieron pusieron aina pies en polvorosa. La concurrencia asistía alborozada a la escena y todos se hacían lenguas de la puntería con que aquel bellaco había descalabrado al converso pero al pasar junto al portal de la iglesia de la Compañía le echaron mano los alguacilillos, lo trabaron, manearon y subiéndolo en un asnillo las manos atadas; él caminaba cara atrás como los condenados a muerte y así lo llevaron preso a la cárcel del arzobispo. Cuatro días a pan y agua y cien azotes. Lo soltó el alcalde bajo advertencia de que si incurría en otra travesura semejante de descalabrar a un “judío” iría a galeras. Así que por san Antón la gallina pon. Se había acabado Michelmas y empezaba el de Santomatía. El más frío y desabrido. Estudiantes a estudiar pechando contra los cierzos rigurosos que os arrebatan la capa cuando salís del portal y la nieve y el pedrisco jugaban al chito con nuestros respetivos cogotes cuando no eran gargajos de algún truchimán imbele pero maligno. Había venido yo de sopista con mi amo que era de Soria y que se llamaba don Martín de Agreda y bajo la vigilancia de su ayo Muriel de Torrelaguna el cual por ser paisano del Cardenal tenía fuero. Nuestra lavandera era una tal Doña Guiomar que aparte de la colada se encargaba de planchar el hábito y coser los botones que eran 75 en recuerdo de los 75 azotes que dieron a Cristo. Habíamos venido desde la alta paramera aquellas navidades por muy malos caminos en una recua de jumentos pero con buenas alforjas y provisiones y una no menguada bolsa pues nuestro señor y padrino el Duque de Agreda era hombre rico. Conducía la recua un arriero morisco el cual en cuanto nos descuidábamos nos sisaba hurgando en nuestros bolsillos estando dormidos y el maldito cuando nos topábamos con una cruz de humilladero se reía o le lanzaba gargajos. Iba en su mula cantando lilailas y no faltaban zalemas y abluciones al alba y a la atardecida ante nuestras propias narices. Pasado Almazán nos encontramos con una estantigua que llevaba el cadáver de un fraile que había muerto santo en Andalucía a un pueblo de Castilla. Recalamos en Aranda en una posada donde a mi amo le robaron un crucifijo de oro que traía. Fue un asunto de picos pardos. Don diego se dejó engañar por unas izas que operaban en conchabanza con unos malandrines, el uno era su cohén y el otro su rufián. Era gente muy despiadada como también lo era el arriero morisco aquel Antón Muñoz fanático de Mahoma. Y a la que nosotros bajábamos para Alcalá por el camino real de Francia subían soldados de las últimas leves que iban a combatir por nuestro rey y nuestra santa religión a Flandes. Unos llevaban escapularios que les regalaron sus madres como por ejemplo una imagen de san Vitorino todo llagado después del tormento al que fue sometido en Panonia. Debía de ser bisoño. Un furriel contaba que en la guerra los santos y las reliquias no sirven para nada. Sólo el valor y la fortuna. Pasábamos mucho frío porque los días fueron perversos. Hacíamos hogueras y a veces Antón Muñoz perdía su ruta borrada por la nieve y blasfemando contra todo lo divino y humano perdía el tino aunque no se acordaba del maldito Mahoma. Únicamente de Dios y la Virgen. ¿No ahorcarían a aquel malvado?



[1] Me tocaron unos años difíciles de la transición cuando la globalización mandó al desván al arte, a la literatura, el buen gusto y vino la ginecocracia embalada. Seguía siendo a mis 64 años un escritor en barbecho, un autor en busca de editor.

[2] En Alcalá desde los años 50 está ubicada de guarnición la Brigada Paracaidista

[3] Cristo resucitó

[4] flores

[5] salve color del clarete, salve sabor sin igual, dignate emborracharnos con tu divina potencia. Dichoso el vientre que te porta, dichoso el gañote que regarás, oh feliz boca y dichosos sean los labios que estampan un beso al jarro.

[6] Basta

 

EVARISTO CASARIEGO Y EL LENGUAJE DE LA MAR

 

En Cudillero donde vivo hay dos voces para designar a los marineros y a los de tierra adentro. Unos son pixuetos y los de la aldea caizos. Para él los marinos son de mejor índole que los labriegos.

Esa misma distintiva se da en don José Pereda al referirse a los “pejines” y a los callealteros.

No quisiera meterme en un tremedal en el cual soy lego pues de lenguaje marino aquí el que sabe es Sacha Marqués con toda la cuadrilla de amuravelos con su sermón a vera de dársena el día de San Pedro. Así he sentido una admiración tremenda por la solercia y propiedad de lenguaje que maneja Evaristo Casariego.

Sus libros son perlas del buen decir y del entusiasta conocimiento. Sabe describir como ningún otro incluso superando a Galdós un combate naval en “Con su vida hicieron fuego” cuando la fragata “Mar Céltico” que comandaba el teniente don Francisco Menéndez (Quico) se enfrenta a un transporte moscovita el “Nikolaev” al grito de a quema maquinas y proa a él.

Se rindieron los ruskis, el capitán se pegó un tiro por negarse a arriar pabellón, pero toda la tripulación quedó a salvo al entregarse todos prisioneros.

 A Quico le dieron por la gesta la laureada de San Fernando.

 En esta novela se alude a nordesteadas, al viento borguil, noche celada, rezón, soltar amarras, espaldillas, tolete, chiscón, estaca, aduja, viento de bolina, mar bella. Tomar la barra y lo contrario soltar amarras.

Casariego es admirable no sólo por sus facultades descriptivas también por las narrativas.

No se puede dejar de la mano a esta hermosa novela que es un canto a Asturias y a sus esforzados hijos depositarios de un oficio en el cual trajinaron durante siglos. Estos marineros cantabros enseñaron a navegar a media Europa.

Dice el novelista luarqués al cual lo nacieron por lo visto en Tineo que él prefería el trato de los hombres de la mar a los callealteros por su lealtad y por su religiosidad. Si no sabes rezar entra en la mar.

A este respecto uno de los capítulos más impresionantes es el que dedica al rescate de un grupo de derechistas que huyendo de sus perseguidores se refugiaron en la cueva de Albelda donde sólo podía acercarse el ser humano con marea baja.

Pues bien, zarpa con una motora y remando a proeles se llega hasta ellos.

Subieron y uno de los del grupo se acordó del cristo de los marineros que preside señero el paisaje de Luarca en una ermita colgando sobre el acantilado.

¿Qué hacemos con el cristo? Nos lo llevaron. Treparon  la escarpada senda, desclavaron la imagen del retablo, un cristo con faldellín y a rastras lo bajaron.

 Lo remolcaron a la sirga y así llegaron a otro puerto ocupado por los nacionales, el de Tolones. Este catolicismo a machamartillo fruto de una tradición secular sale a relucir, pero sin beaterías.

“En Febrera los católicos se clasifican en tres grupos: Los que se comen los santos y huelen a cirio e incienso, los que van a misa por compromiso y por último están los descreídos, los ateos” se habla en cambio sin remilgos de un cierto anticlericalismo que el autor debió de padecer dado su carlismo liberal.

 El párroco era un sacerdote sin tacha, pero enseñaba el catecismo a fuerza de sopapos. Sin embargo, si había un enfermo o un pobre en la parroquia acudía a visitarlo y le metía unos duros debajo de la almohada. En las rectorales los días de romería se comía y se bebía a lo grande. A los postres el café con gotes y un buen cigarro puro.

El cura de Canero cuenta una historia que le había ocurrido con un feligrés un carlista vasco que apenas hablaba castellano y trabajaba de carpintero de ribera.

Tenía una bicicleta y muchos días se le veía pedaleando por las aldeas del concejo. Iba a mozas.

 Un día se le presentó una llorando. El vizcaíno la había dejado embarazada y no se quería casar pero al poco tiempo se presentaron más. Hubo hasta cinco a las que había hecho madres. Ellas sucumbieron a sus encantos galantes.

El cura lo llamó para echarle un rapapolvo.

─Pero hombre, Iñaqui, ¿cómo haces eso? ¿Qué tienes tú que las vuelve locas?

Y él dijo:

─Bisicleta, padre, bisicleta de Eibar

Humor típicamente astur. Coña marinera. Habría que leer a Casariego en estos momentos

 

15 de febrero 2023

 ¿SASTRES VIENEN? AL INFIERNO VAMOS. PEDRO SÁNCHEZ EN LAS ZAHÚRDAS DE PLUTÓN

 

 

Quevedo desplace a Menéndez y Pelayo

 

 

 

En el siglo XVII se produce la apoteosis de la lengua española. Los conceptistas la visten de corto buscado la frase pugnaz que deje al aire el concepto mientras los culteranos prefieren escribir largo y pomposo. El epígono del conceptismo es Quevedo. De los culteranos, Góngora. Pese a la interacción entre ambas tendencias los cervantinos quedan al margen. Menéndez y Pelayo escarnece a don Francisco de Quevedo mientras se hace todo mieles para Miguel de Cervantes un escritor que fue considerado el sumo de la perfección pero menos atractivo. Incluso los mas férvidos entusiastas cervantinos jamás habrán leído el Quijote. Entretanto probarán siempre las mieles del Buscón y del Lazarillo. Quevedo diga don Marcelino lo que se le antojé supo pulsar los mejores registros del idioma con sus asimetrías sus antitesis sus exageradas paradojas. Don Francisco nunca se alborota pero pinta en sus paginas la mejor caricatura del barroco. Cuando se aparta de la sátira  nos sale un místico o un moralista como demuestra su libro “La política de Dios y el gobierno de Cristo! O “Vida de Marco Bruto”, en las Zahúrdas de Plutón regresa al humor. Un retablo de los estamentos sociales en la España de Felipe IV. Dejen pasar a los sastres. ¿Sastres vienen? Al infierno vamos cuenta con mucha cachaza el narrador de las zahúrdas una visita al infierno. “Comenzoseme a hacer áspera la morada y desapacibles los zaguanes, fui entrando con unos sastres recién llegados que iban medrosos con los diablos. En la primera morada encontramos siete diablos escribiendo sin parar. Preguntaronme mi nombre, dijele y pasé… llegaron unos remendones y dijo uno de los diablos deben entender los zapateros que el infierno no se hizo sino para ellos, según se vienen  por acá.

Estamos ante un primer plano de la escatología católica, una visita a las calderas de Pedro Botero desde las perspectivas de lo que indica la teología católica sobre los Novísimos y vemos en medio del fuego del infierno a los sastres cortando el paño a los zapateros lesna en ristre y a los cocheros meneando el látigo y pidiendo dineros a los demonios.

En la visita de los chistes vemos al marques de Villena el nigromante ni palabra mala ni obra buena dentro de una redoma donde destilaba sus conjuros hecho jigote.  En estos tiempos donde la patraña hace sus conjuros y unos y otros en la España esperpéntica rinden culto a lo mendaz la lectura de don Francisco de Quevedo Villegas puede resultar recomendable. Pedro Sánchez parece un personaje salido de las paginas del Buscón aunque sin la gracia de aquellos pícaros y perailes. No dice una verdad ni a ciegas y por más que lo aspen. Ahí va por el mundo luciendo sus chaquetillas cortas que están dejando a España con el culo al aire.

 

jueves, 23 de feb

CANTO A GALICIA museo de Cela. La madre del escritor era una bella señora inglesa. Por ese el escritor proclamaba que era medio inglés

 
















 

OSTENSORIO

 

Aquel tragaluz desde donde vigilaba

Por la rendija tus carnes prietas

Escusón de los austrias

Y ahora me arrepiento

De mi gentileza

Pero Xto es la clave del arco

Y a mí el pasado se me atraganta

Malo fui

Y pecador

Trono de Dios

Tabernáculo aristócrata

Una bendición solemne

A la maldad católica

Es reue mich

Besos poselovat para ti

Recuerdos de crueldad

Yo era un lirico

Con alma de romancero

Poco nos val

Ahora me vienen esos pesares

El alma pusimos al retortero

Todo está en venta

 

Beneditio Dei

Hecha la reserva

Dios yace en esa hostia

Ostensorio de la dicha eterna

POR SER AYER SAN ISIDRO ME VOY A LOS TOROS

 ANDE YO CALIENTE, RIASE LA GENTE PERO LA GUERRA CONTRA EL NARCOTRAFICO Y LAS LANCHAS ASESINAS ES TAREA DEL EJERCITO QUE DEFIENDE NUESTRAS COSTAS Y NO DE LA BENEMERITA

 

Toda España practica la moral del avestruz y encerrada en su concha practica la moral de Góngora:

─Ande yo caliente ríase la gente

Pues todos los días de funeral y ahí está la ministra de los papos caídos que no dice nio mu. Que la Guardia Civil se coma el marrón y aguante mecha. Nuestros soldados son para mandarlos a Ucrania o para escoltar los portaviones gringos. Pero bueno saliendo de mi concha más abroquelada que la de un galápago me voy a los toros. La plaza de las Ventas de bote en bote. Suenan clarines y timbales. Vuelve la fiesta. Tres espadas con sus cuadrillas saltan al albero para jugarse la vida frente a seis toros astifinos. 

Son valientes, guapos, derramando juventud y ágiles que cuando aprieta el morlaco ellos de un brinco saltan la barrera. Ayer cogió a un espada y por poco le salta el ojo.

 El diestro fulminó a su enemigo a la primera después de curarse en la enfermería. Pañuelos al viento. Aclamaciones por todas las andanadas repletas y una oreja. El quinto de la tarde prendió a un banderillero. Lo levantó por los aires y rehiletes al suelo. 

Fue un susto pero hay que tener agallas para enfrentarse a esos morlacos cuatralbos. San Isidro labrador estuvo ayer en las Ventas y milagrosamente evitó tres cornadas mortales. Pero esta es España.

 Que siga la fiesta. 

Me fumé un veguero de buena vitola en el tendido y vine contento para casa mientras uno de los diestros abría la puerta grande y era portado a hombros

 

16/05/2026

 CIRUELAS CLAUDIAS

Bebíme un piezgo de sidra anteanoche y hoy me aflige el “clavo” de la resaca. Salí a la huerta, espléndida mañanita de mayo y encontré consuelo mirando para los tres ciruelos damascenos que dan escolta a las hortensias en un ángulo del jardín. Enveraron ya a punto de dar fruto.
Bajé a la bodega y tomé un tarro de mermelada de las ciruelas claudias que ocupan otro lugar árbol salutífero. Tres cucharadas mojadas en vino y se me pasó como por ensalmo la resaca. Confío en los remedios que al pobre mortal ofrece la naturaleza. Según los naturistas la ciruela endrina en su jugosa drupa en tiras de mucilago y carnosidad vegetal lleva un analgésico que hace el oficio de detente bala a los hervores de la ebriedad del día después.
Es un analéptico que restablece las fuerzas esquilmadas por los eufóricos vapores del alcohol. Por esto y por otras razones soy un amante de este árbol rosáceo de flores blancas que vino a Europa desde Siria (el ciruelo de Jerusalén da óptimos cascabelillos los mejores en el mercado pues dicen los Apócrifos que aplacaron la sed de Nuestro Señor cuando le dieron ganas de beber).
Existen cerca de un centenar de especies, de muy diverso sabor y consistencia del parénquima o pepita: Ciruela patrón, ciruela roja y gualda (según la cara donde le dé el sol), ciruela claudia, ciruela sin almendra, delfina, temprana que madura en agosto, de pernigón, mirabel, damascena, de flor negra, de flor blanca, ciruela uterina muy pequeña de una pulgada que madura a fines de mayo, ciruela albaricoque. Y otras muchas.
Sobre todo es de su fruto benéfico y salutífero su arrope. Recomendable para hacer pis y para hacer pos.
El mejor laxante y un remedio cabal contra la anuria óptimo excipiente diurético que recomiendan para la imposibilidad de la secreción urinaria. Que te conozco, ciruelo. Ya lo dice el refrán popular…
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Jorge Iso

2026-05-14

LITURGIA DE SAN JORGE EN LA CATEDRAL DEL EJERITO RUSO DEDICADA A SAN JORGE

 https://youtu.be/yAdqSvIdblM?si=rzuk6Y-XprhpTP_m

 DIMICATIO LA VIDA ES UN PUGILATO

 

Los romanos se divertían en las luchas en el circo y honraban a los gladiadores incluso los que perecían en la arena con coronas de laurel. Eran estrellas tan famosas como los futbolistas de hoy. Entre ellos figuraban los andábatas, los reciarios que peleaban con red y los hoplitas armados de la cabeza a los pies. El combate se llamaba “munus” y la paga que recibían auctoramentum. Los dioses cuando nacían los hombres debían de ser honrados por los sacerdotes de Júpiter con la “dimicatio”. Esto es la vida es una pelea. Acabo de ver una película de Pedro Carrasco que fue el mejor boxeador de mi tiempo y me he perdido en la añoranza de aquellos días, español, la marina te llama, el toque de retreta, la belleza de Sonia Bruno, el humor avuncular de Antonio Garisa. El buen hacer como guionista de Eduardo García Serrano.

El malogrado Carrasco casado luego con la Chipionera era una bellísima persona. Las peleas no lo dejaron sonado como a Legrá a Paulino Uzcudún. Su hija la Rociíto se hizo una estrella del mundo del corazón. Él no debió de ser muy feliz. Esto de la crónica rosa se le atragantaba pero su personalidad dio pábulo a las revistas del corazón que son actualmente el nirvana de los españoles pavisosos. El Hola mueve mucho dinero. Yo me quedo con el honor, la vida sencilla y la dimicatio latina. San Pablo decía lo mismo:

─Vita militia est.

Un buen consejo para los españolitos que meten la cabeza en la arena como el avestruz.

Al fin y al cabo Bruselas nos acaba de otorgar una millonada de euros. I ll buy you out. Hemos vendido a nuestro país a nuestra historia Todos a cobrar. La paguita a fin de mes, momios y subvenciones ¿Luchar? Que luchen ellos. Holgar es lo nuestro, culto al cuerpo. De la holganza sale la panza. Sexo y sicalipsis, paralipómenos, lo oculto no interesa. Nadie nos cuenta  los baticores de esas pobres gentes que no llegan a fin de mes. La verdad es que no estamos mal. Se vive bien. Lo malo es que vamos a dejar a nuestros hijos en precario. El que venga atrás que arree.

 

MIS FERVORES PRO RUSOS SON LITERARIOS. ME SOBRECOGE LA RUSOFOBIA

 

 

Ayer lo pasé mal,  pegado a la radio y al ordenador como solía cuando era corresponsal en Londres y NY.

Dentro de la caverna la cinta del telex perforando palabras ta-ta-ta era mi ametralladora particular disparando noticias.

Es mi vida, y estoy orgulloso de mi profesión.

Nunca fui boca de ganso. Libre siempre libre pero ya la prensa no es el Cuarto Poder sino el perrillo de aguas en las faldas del gran poder, servidora de Baal y de Mamón.

Toda la media de occidente bramaba, mugía como toro en celo, vomitaba asco rusófobo por sus bocas de gárgola. Me sentí compungido y aterrado. ¿La tercera guerra mundial? Padre perdónalos porque no saben lo que hacen ni lo que dicen.

Creo conocer bien a Rusia. He leído con unción a los grandes maestros de la novela: Turgenev, Chejov, Gorki, Gogol, Dostoyevsky, Garin, Solyenitsin, Afanasiev, Pasternak, Bulgakov.

Esta admiración puramente literaria y filosófica condujo mis pasos a la ortodoxia desde aquella misa de pascua en una catedral de Londres. Quedé deslumbrado por la luz de los iconos, el esplendor de las capas pluviales, el canto diaconal, las nubes de incienso, las santiguadas de derecha a izquierda, la salmodia y el garbo con que se movían los acólitos y turiferarios desde el ambón hasta el iconostasio.

Tuve como una visión. Un ángel bendito como a Saulo me derribó del caballo. El rito nació en Kiev hace más de mil años. Kiev la Santa. Por ende atisbo azufre y humores diabólicos en esta guerra fratricida de la cual no tienen arte ni parte los ucranianos.

Ucrania tierra bendita el granero de Europa, tantas veces invadida y machacada lleva en el ojo del huracán desde Chernobil (un sabotaje seguramente de los ingleses).

En manos de regímenes corruptos como ese Chernenko con un palacio que colocó grifos de oro en el retrete y un pueblo sufriente, apático, resignado, sus bellas mozas engrosan el pupilaje de los harenes, y burdeles de medio mundo y donde muchas señoras se ofrecen como madres de alquiler para alimentar a su familia. Parir para comer qué ironía.

Este interés por el mundo eslavo arrancó cuando era niño y me pasaba al jardín de mi vecino el teniente Ricardo que participó en la campaña Ucrania con los alemanes. Él me enseñó el grito de Resurrección:

Xristos vaskriese… po istini vaskriese (Cristo resucitó verdaderamente resucitó)

Mi vecino  a veces me mandaba  bajar hasta Santa Eulalia delante del cuartel de Artillería a comprar el ARRIBA aquel periódico en huecograbado donde escribían los mejores articulistas y redactores de Madrid.

Quiso la divina gracia que yo, andando el tiempo, emulando a tales próceres, fuese corresponsal en Londres y en NY de aquel rotativo. Hojas volanderas.

 Bajaba por la pista que perdía el culo y luego se lo entregaba al buen artillero saludándole militarmente:

─A sus órdenes mi teniente

Él se reía y con las mismas me encargaba otro mandado:

─Ahora vete al estanco y le compras al abuelo Lovingos un paquete tabaco. No digas a su yerno el maestro ajustador Conrado Recellado que se lo he comprado yo. Él pobre está a meses, sentado todo el santo día en esa silla de enea de la terraza y no tiene otra diversión que el cigarrillo.

─Eso está hecho.

─Mira, Antoñito, ya que quieres saber cosas de la campaña de la División Azul te diré que los rusos nos las dieron todas en un carrillo. Cinco mil de nuestros camaradas quedaron allá sepultados en unas tumbas que eran un palo de abedul con un listón oblicuo en el medio según la costumbre ortodoxa. Los rusos eran buena gente, y muchos de nosotros nos preguntábamos qué hacíamos allá. No nos habían hecho nada y les freíamos a tiros, yo fui herido y casi aniquilado en un pozo de tirador. Las babuskas nos bendecían y las panienkas bailaban con nosotros  en las fiestas de aldea. Sí nos dieron todas en un carrillo pero sí duro es el invierno ruso más dura es nuestra raza. Palabras de nuestro general Muñoz Grandes. ¿Comprendes?

─No

─Algún día lo entenderás. Hoy me duele un poco la pierna. Se me mueve la metralla. Seguramente mañana va a llover.

Efectivamente los cielos de Segovia empezaban a arrugarse.

 Y el teniente Ricardo se ponía a cantar “Margarita se llama mi amor” y a beber vodka.

Eran recuerdos que le quedaban de aquella campaña en el mar de hielo. Tuvo una novia polaca a la cual nunca volvió a ver. Fue detenida por la Gestapo. ¿Moriría en Auschwitz? Incógnitas.

 Sin embargo, al teniente Ricardo le quedó aquel recuerdo acibarado de la mujer que amó y que sólo dulcificaba con tientos al vodka. Y la metralla en el pulmón que no se atrevían los médicos a operar por riego de quedar en la mesa del quirófano.

 ─Antoñito, Rusia es muy grande y misteriosa.

─Sí, mi teniente, sí. ¿Algo más?

─Que creas en Dios

 

7

 

SOLO EL ISLAM PODRÁ VENCER AL ANTICRISTO. ES UNA REVELACIÓN QUE HE TENIDO. DIOS BENDIGA A LOS MUSLIMES

de cuervos y otras granjerrías

 CUERVOS

 

Hacen sus concilios en el prado, el aire de la mañana baña sus cuerpos que garlan entrambos macho y hembra. Oí decir a los rusos que no puede ser el cuervo más negro que sus alas; tengo la sensación de que me están observando a mí esos bichos. Y dan a los otros pajarillos para que tomen el olivo.

 El macho alfa de la bandada se le nota porque su voz ─los córvidos son garrúlidos, capaces de imitar la voz humana aun cuando sea menos perceptible su entonación que la de los loros, es más rajada y  los machos lucen canas en el copete a la manera de garvín pero sin los colores de la cresta de la abubilla─ me mira con sus ojos intensos observadores, negros como la endrina.

 Su vista de lince parece propia de un espía y sus patas que se mueven trabajosas sobre el pasto, exhiben garras propias de un inquisidor. Las zarpas del cuervo son tan grandes que las aves de dicha especie parecen andar a la pata coja.

 Las demás aves huyen de ellos pero el cuervo siempre atento y vigilante es el pájaro que da el aviso a la menor señal de peligro. La mitología lo corona como nefasto. Sus graznidos anuncian calamidades.

Los cuervos no rapiñan aunque puede alimentarse de mortecino pero prefieren las bayas, los higos y la simiente del trigo de los sembrados que escarban con su poderoso pico. No temen a las águilas y hacen frente al gavilán.

Siempre van en grupo como la Santa Compaña, comunicándose con sus graznidos excepto la urraca que es entre todos los glagólidos la más independiente. Más libre y circunspecta.

Viste de negro y blanco como los agustinos.

En Segovia las llamamos picazas por el grito desagradable que lanzan subidas a las ramas de los copos de la pobeda.

 Al igual que el grajo posee su misma retentiva, buena memoria, cabeza cuadrada y largo pico, pero la urraca por temperamento es ladrona, se lleva al nido todo lo que pilla y con frecuencia roba los polluelos de la puesta de otros pajarillos.

Ahí está esa tanda de grajos como deliberantes y en concilio sobre cómo acometer el estofado de una res muerta. Uno del grupo vigila mientras los otros manducan.

Ya pasaron los comedios de abril  y son vísperas de San Marcos rey de los charcos ─lo cantábamos  en rueda en la postguerra los niños de las escuelas─ porque era tiempo de lluvias en toda España. La fiesta del santo evangelista se celebra en 25 de abril.

Que llueva… que llueva… la Virgen de la Cueva… agua san marcos rey de los charcos… que llueva sobre mi cebada que ya está granada… y sobre mis uvitas que son pequeñitas, que sí que no que llueva chaparrón con azúcar y turrón”

 Este año del 23 fatídico no hay charcos pues no llueve y el personal anda con la mosca en la oreja y yo me digo qué ya lloverá pues a lo largo de mi vida he sido testigo de unas cuantas secas. La cosa tiene que ver segun los astrologos con las intercadencias y reflujos de las manchas solares.

 Por ejemplo la que hubimos en Madrid el año 65 que no cayó gota desde agosto a mayo pero en el 66 se plantó a chaparrear y casi no paró hasta el 68.

¡Puaf! se asaban los pavos y podíase freír un par de huevos en la calzada si no hubiera dejado de poner las gallinas por falta de alpiste.

Creo que esto son ciclos.

No seamos alarmistas ni apocalípticos. Hagamos una rogativa. Eso sí, pero la gente de mi país se ha vuelto descreída y no está para letanías.

 La bandada de grajos, mientras tanto, reunida en concilio cerca de un jabato muerto al pie del manzano (en esta zona de Asturias he sentido aullar al lobo y gruñir al jabalí por la noche mientras el cuervo vozna a todas horas) interrumpe su convite de cadaverina al sentir el pestillo de la verja del portillo cuando yo me acerco. Echa a volar.

Son pájaros listos, pero de mal agüero en muchos casos. No creo en supercherías, pero brujas haber haylas. Los rusos cuando ven a un cuervo o un pope se cambian de acera. los cuervos, los abogados y toda la gente vestida de negro da mala suerte, pero no seamos superticiosos

 

viernes, 21 de abril de 2023 

fue una pena pero el convivium fracasó y aquella reunión de los pipis del 55 al cabo de medio siglo se fue a la mierda. La culpa no la tuve yo. Todos se habían apoltronado en el psoe. eran rojos y a tomar viento a la farola

 




 PEPITA JIMENEZ VALERA FUE EMBAJADOR EN PETROGRADO

 

Leo a Juan Valera recios calores del veranillo de san Miguel. Pepita Jiménez era un libro prohibido en aquellos seminarios de los cincuenta del pasado siglo. Si decían que estaban “pensándoselo” es que habían rociado su espíritu de la doctrina de este libro librepensador. Es un tratado de psicología algo melifluo.

Entre tarros de miel don Juan Valera vierte cuartillos de ponzoña de forma subrepticia, oculta. Paralipómenos. El amor divino se enfrenta al amor humano. Un joven seminarista a punto de recibir las órdenes mayores durante unas vacaciones conoce a Pepita a la que pretende su padre, a quien va a quitar la novia. Viudita rica que con un ojo llora y con el otro repica. Paseos a caballos, merendolas en el campo, el juego del tresillo y el roce de las piernas de Pepita con las del aspirante al sacerdocio que se quería ir a África o a la India a convertir negritos y pasa lo que tiene que pasar.

Don Luis y Pepita hacen cacharritos. No podía ser de otra manera. A los veintidós años un hombre es un torrente de hormonas.

No conoce la vida y mucho menos a las mujeres que son harto complicadas.

Veladamente Valera  denuncia uno de los males de la iglesia latina en su prospecto de producir maricas y homosexuales con un lirio en las manos o verracos, garañones, depredadores sexuales.

Es el caso de ese  cura malacitano que se pasaba por la piedra a sus feligresas previamente de dormirlas administrándolas un brebaje.

Ahora bien, los que intentan convertir a la SRI en una cuestión de bragueta son unos tarados mentales.

La iglesia triunfó en España pese a estas minucias y para demostrarlo ahí están elevándose en cada pueblo esas torres de las humildes espadañas o las agujas atravesando el cielo de las catedrales medievales, esas ermitas, esos humilladeros esparcidos por media Europa, esos monasterios de acogida al peregrino esas universidades. Todas esas obras de arte.

Todas esas sinfonías y polifonías. El esplendor de su liturgia. En la labor educadora la iglesia es imbatible. Nos enseñó a rezar y a pensar a muchos de nosotros. En mis libros yo hablo de una iglesia esotérica lo místico lo de adentro y otra iglesia exotérica la cáscara, lo de afuera: cánones, obispos, sínodos, política,  encíclicas, visitas pastorales, happenings como el del Día de la Juventud, concilios.

Detrás de todo ello esto se esconde (paralipómenos) maraña muy complicada e inextricable la cara de Xto.

¿Qué tendrá que ver ello con ese párroco salido que le toque la pilila al monaguillo o al arcipreste que se acuesta con una de las  Hijas de María?

El volteriano Valera ataca a los curas por su flanco más débil y cuenta con muchos seguidores más de un siglo después de su muerte.

A punto de celebrarse el bicentenario del autor egabrense 1824-1905 merece la pena consignarse algo importante. Que el desastroso reinado de los borbones Fernando VII, Isabel II, María Cristina, Alfonso XII y Alfonso XIII no fue óbice para que la literatura española viviese un nuevo siglo de Oro: Mesonero Romanos, Galdós, Pereda, Bécquer, Clarín, Fernán Caballero, Espronceda, Menéndez y Pelayo que remata en los del 98.

Valera escribía unas novelas lineales, optimistas, donde todo acaba bien y tutti contenti es el caso de don Luis que se casa con Pepita y viven felices y comieron perdices.

No es un genio. SÓLO UN INGENIO pero todo el aseo de su prosa contrasta con la vida de su juventud. Asiduo visitante de los burdeles de Madrid junto a su amigo M. Pelayo y como embajador en la corte de los zares tuvo no pocos líos con marquesas y duquesas rusas pero apenas queda nada de su gestión como agregado del plenipotenciario del gobierno de Madrid ante la corte de Nicolás I. tiempo adelante se desplazó como representante de Isabel II Washington. Y a orillas del Potomac se lo pasó tan bien como en las del Lena.

Se cuenta que tuvo una amante estadounidense a la cual abandonó y ésta, despechada, se suicidó. Sus cartas a M. Pelayo que también era buen eje se hallan plagadas de anécdotas sobre lances sexuales y conspicuas visitadoras. ¿Era el egabrense un sátiro, un calavera? En sus escritos ponderados y eutrapélicos no se aprecia atingencia en el sentido de sus aficiones donjuanescas. Murió ciego en Madrid y a lo que parece nunca cesó en su afición al sexo y al trato torpe con visitadoras. Se había paseado por los mejores burdeles de España y del extranjero. Parece ser que las que más le agradaban eran las mulatas portuguesas. Amigo del general Serrano, también fue embajador en Lisboa.   

DON FRANCISCO DE QUEVEDO Y VILLEGAS ESPADACHÍN DEL IDIOMA

 QUEVEDO LOS SUEÑOS FICCIÓN Y REALIDAD

 

Tenía 28 años era un minorista catedrático recién licenciado de la universidad de Alcalá donde se especializó en las Sagradas Escrituras, es el autor clásico conoce la lengua hebrea mejor que ningún otro. ¿Era Quevedo judío? No lo sabemos. Lo que sí que es cierto es que se erige en paladín de los santiaguistas que ridiculizaban a los cristianos nuevos y querían proclamar patrona de España a Teresa de Jesús echando a las calderas de Pedro Botero al Hijo del Trueno. Los Sueños es una gira por los distintos lugares del infierno. Visión escatológica. Quevedo bosqueja con la pluma lo que el Bosco traza con el pincel. Es una meditatio mortis adobada de sátira y de critica social.

A Quevedo no le gustaban los sastres ni los boticarios, se ensaña contra los quirománticos, a los abogados los toma a cachondeo y se mofa de las mujeres y de los maridos engañados. Desgraciadamente su misoginia anuncia una realidad profética como la que vive España cuando la lucha de clases fue reemplazada por la lucha de géneros; “un mal casado tiene en su mujer una herramienta para la muerte porque el matrimonio puede ser un infierno portátil”. En los Sueños sale a relucir las habilidades de un espadachín del idioma. Quevedo sondea las posibilidades del idioma castellano haciendo esgrima con los conceptos. Es difícil seguirle en muchos casos porque en su habilidad idiomática sorprende. Es sin duda el mejor escritor en la lengua castellana