2026-06-12

 MUNDIAL 2026 UN ACICATE A LA PAZ

 

Sol de junio un verano más y en los hermosos días de plenitud cuando maduran los nísperos y encañan las cebadas rueda el balón por las altas esferas de la red. El futbol es un ahinco que nos hace olvidar nuestras miserias, depresiones y tristezas. Los gladiadores de la modernidad lucen botas forradas de oro. Los ases del balón están ahí: Messi, Maradona que en gloria está al lado de la manita de Dios y la escuadra española se nos presenta bajo la égida del mago de la Fuente que recibió el testigo de del Bosque. Aquel mundial de Ciudad del Cabo. El gol de Iniesta. ¿Ganaremos los españoles el mundial para sacudirnos el polvo de tanta corrupción y abulia política? Lo importante no es ganar. Es jugar y esperar. Soy un aficionado al futbol que los americanos llaman soccer un invento inglés desde niño cuando le zurrábamos al cuero en aquellos campos de tierra y hacíamos desollones a la sotana porque jugar de corto era un atentado a la modestia y a mí una vez el prefecto don José María que paz descanse vino hacia mí porque me había quitado el talar hecho una fiera:

─Parra, ponte la sotana.

─Padre, la sotana es nueva. Me la acaban de traer de la sastrería de Blas Carpintero. Temo hacerla desollones.

Quedé en evidencia y corrido delante de todos. Yo jugaba de defensa. Nunca olvidaría aquella humillación. Y esa fue una de las causas por la cual colgué aquella sotana nueva aunque la sotana que llevo en mi alma no la colgué nunca pues me siento cura en muchos aspectos. Del gol de Zarra en Maracaná no me acuerdo, era muy niño, pero aquellos nombres Ramallets, Panizo, Ben Barek, Muñoz. Zarraga, pertenecen al álbum de mis recuerdos legendarios de mi colección de cromos cuando jugábamos al gua.. Del primer mundial que me acuerdo fue el de Viña del Mar en Chile cuando perdimos los cuartos de final al empatar con Checoslovaquia. Luis del Sol a puerta batida mandó el balón a las nubes. Asistimos al encuentro el oído pegado a la radio escuchando a Enrique Mariñas y Matías Prats. Entonces no había tele. Toda España enmudeció. Las calles parecían vivir un funeral. Pero la Copa Jules Rimet más interesante fue la de Unglaterra en 1966: el gol fantasma de Hunt, los saltos del desdentado Nobby Stiles, las tanganas del argentino Mas, los chutes de Bobby Charlton y las paradas de Banks el meta inglés. Yo estaba en Wembley y vi aquel triunfo de la selección inglesa con estos ojos que se ha de tragar la tierra. El del 70 ganó Brasil: Rivelino, Socrates, Carlos Alberto etc. Yo estaba también en Inglaterra y la vi en nuestra tele blanco y negro. Las siguientes estaba en América y no los viví pues EE.UU no es un país futbolisitco. Al futbol lo llaman soccer. Ahora parece que revierte la tendencia y los norteamericanos compiten con un cuadro de excelentes futbolistas y no sería extraño que se alzasen con la copa para honra y gloria de Mr. Trump. El futbol es pasión e ilusión que nos hará vivir unos días maravillosos al comienzo del verano, un verano que quisiéramos sin guerras y sin muertos en la mesa servidos por la televisión sino goles y que gane el mejor

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