UN MILAGRO DE SAN FERMÍN
Me veo, como muchos años tiempo
agtrás, en una silla ante el televisor, nervioso, atardecer de calor, pasando
los dieces de mi rosario y pidiendo a san Fermín que nos diese la victoria ante
nuestros hermanos lusitanos que, jugando al balompié, son colosales.
Pues bueno san Fermín el buen obispo de las
Galias atendió mis suplicas y ese muchachote navarrico Mikel Merino marcó el
gol de la victoria.
Gora san Fermin. Cuando yo era joven también acudí
a la gran fiesta de los chistularis, corrí los toros del encierro, vestido de
pantalón blanco, el pañuelo rojo y la faja y las alpargatas de pies para que os
quiero.
La única manada que había entonces era la de
los toros bravos, no esa de los lujuriosos que encerraban a una pobre chica en
un portal para abusar de su cuerpo.
Gora san Fermín, mucho vino y música de
pífanos y chistularis. Se cantaban jotas y riauriaus y luego había pantomimas.
No teníamos donde dormir y nos
metimos en un café cerca de la Plaza del Castillo.
Allí un tipo imitaba a Napoleón
la mano entre los botones de la guerrera, algo barrigudo, el bicornio ladeado dejando escapar dos mechones
de pelo crespo.
Era el Napo. Sí el Napo es cojonudo y como el
Napo no hay ninguno, coreaba la encabritada parroquia, ebria de vino, canciones
y humor. Pantomima perfecta para partirse de risa.
Cuando juega la selección España
vuelve a ser una grande y libre, lo único que nos aglutina y que nos une. Por eso
media España cantó el gol de Miguel Merino en el descuento. Un milagro de san Fermín.
Así que gora san Fermín, camaradas y el Napo, el Napo es cojonudo… como el Napo
no hay ninguno.
Sólo cuando juega la selección
podemos sacar la bandera, nuestra roja y gualda. Es triste pero es así. A veces
ocurren milagros el día de san Fermín.
Aguardad. Todavía quedan ocho
días para cantar el pobre de mí. Así que siga la fiesta y corramos por la calle
la Estafeta luciendo nuestro pañuelo rojo y el pantalón blanco impoluto.
martes, 7 de julio de 2026
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