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1 DE MARZO 2004 ASÍ LO VIVÍ YO Posted: 11 Mar 2018 04:16 AM PDT 11M HOLOCAUSTO
QUÍMICAMENTE PURO URDIDO POR UNA MENTE FRÍA Y DEMONÍACA
Ya van seis
años. Fueron 190 muertos. ¿Arriba lo sabían? Abajo seguimos a blancas. Me
llaman de una emisora extranjera para preguntarme si los españoles se sienten
más seguros frente al terrorismo. Buena pregunta pero no sé qué responder.
Esa es la pregunta del millón que dicen los cursis pero a tientas y a ciegas
estamos. ¿Quién mató al lobo feroz? ¿Quién pondrá el cascabel al gato? La
derecha culpa a la izquierda y ésta, desde el gobierno, tampoco sabe, no
contesta y asegura no haber tenido arte ni parte en la muerte de su hermano,
mientras por la Piel de Toro cunde la sombra de Caín. ¿Etarras? No tenían
tecnología. Tampoco esa mentalidad demoníaca que colocó en raíles y vagones
de un tren descendente de Alcalá a Madrid. ¿Qué clase de fulminante emplearon
los asesinos? Tampoco están de acuerdo los forenses. Desaparecieron las
huellas dactilares y los investigadores sobre el gran bocazo que
retumbó hasta el parque del Oeste se topan con un muro de silencio que ha
sido durante un sexenio el de las patrias lamentaciones. Flota en el ambiente
una nube de intoxicación informativa que se abate sobre los españoles. Hay
mucha madeja y mucho hilo pero cuando llegas al final del ovillo te
encuentras con un laberinto. Es como entrar en el reino de las fuerzas
oscuras. Contra el cetro de un dios saturnino que no duda en devorar a sus
hijos nadie sabe con qué mira. El aire, cargado, mefítico, plagado de
embustes y contradicciones de los propios testigos, hiede a conspiración. El
undécimo día de aquel mes de marzo del fatídico 2004 España dejó de regir sus
propios destinos porque los que rigen en el país se han hecho invisibles
aunque aparentemente la autoridad viva se ejerza desde Zarzuela, Moncloa o la
Carrera de San Jerónimo. Sólo de visu, prima facie. Y mucho blabla y
dale que te pego a la sinhueso. Talk. Talk. Talk. Hablar y hablar pero las
palabras pueden convertirse en golpes de martillo que da el sepulturero para
cerrar la caja del muerto. Toc. Toc. Toc.
Se trata de
una forma de hacer la guerra psicológica en plena era nuclear causando el
menor número de bajas posibles- y digo bien, el menor número de víctimas-
pero a base de un impacto anímico gigantesco poniendo a contribución todo el
maquiavelismo porque para los que orquestan estos golpes el fin justifica los
medios, de las que son capaces los gobiernos en la sombra. Aquí ya no se
mueve nadie. Todos recordamos cuando mataron a Kennedy, cuando voló por los
aires el Dodge Dart de Carrero Blanco, cuando Tejero entró en el Congreso
pistola en mano y allí estaba José María García radiando el acontecimiento,
cuando el hombre llegó a la luna, o se cayeron las torres gemelas,
terrorífico espectáculo. De la misma forma, tenemos muy presente la imagen
muy nítida y viva de aquellos idus de marzo. España dejó de ser igual: sin
ejército pero con mucha policía. Resignación general y aceptación de los
hechos consumados. Se inauguró el tiempo de las supuestas libertades, las
relaciones humanas se han vuelto más conflictivas, se abrieron las fronteras
y han llegado a España cerca de diez millones de extranjeros, la nueva
esclavitud, el “melting pot” hispano en plena ebullición. Barbota
la olla social. ¿Explotará?
No
obstante, existe la noción generalmente aceptada de que el terrorismo pues no
hay mal que por bien no venga ha conjurado de momento el peligro de una
conflagración nuclear. Meciéndonos a todos de paso el miedo en el cuerpo.
Recuerdo
aquella mañana nítidamente. Dormitaba yo de madrugada de 2004 con la radio
encendida y en la duermevela escuchaba la cantinela de la reportera. Leía las
noticias una tal Parrilla que era la nieta de mi vecino el guardés, cuando
vivíamos en Marqués de Vadillo, de una finca toledana y me preparaba para
acudir al ministerio después de seis años de ausencia. Me había llamado la
jefa de personal en un tono de ultimátum. Había sido suspendido de empleo
pero no de sueldo cuando entraron los del PP y me habían mandado a mi casa.
Mi situación laboral y personal era angustiosa y sin respaldos. Yo flotaba
entre medias de un limbo.
-I was the dangling man.
Mi vida
pingaba del vacío. Un poco más de cuerda y habría acabado en el osario de los
suicidas. La Ministra de Cultura era la Hija del Ganadero. Yo me dije ¡qué
raro!
La
víspera había acudido a la Plaza del Rey y encontré aquello patas arriba como
si se presintiese el relevo. Todas las encuestas daban por caballo ganador a
Aznar pero la atmósfera en Cultura era la de demenagement. Por lo
visto la Aguirre, a sabiendas de que cesaba, tal vez remordiéndola la
conciencia quisiera ponerse a bien con Dios y tal vez conmigo. Pero en España
un país donde todo es posible y donde todos los gatos son pardos se montan
los tinglados de la injusticia, como estos, sobre todo en situaciones
críticas. Este país es un laberinto. Había movida. Aquel revuelo olía a
cuerno quemado. Nunca le perdonaría yo a esa señora que ayer se disfrazó de
torera por lo que me hizo. Ella representó el ápice de la persecución de la
cual fui objeto. En las alturas flotaba un hongo tóxico y se respiraba un
aire letal a pesar de las encuestas. Había sequía y las radios propalaban la
angustia de los pantanos vacíos. Se vivían momentos tensos no sólo a causa
del clima áspero sino a causa de una campaña de las elecciones generales algo
atípica. Pues si no llueve, preparad una rogativa a san Marcos. Hemos sido
muy malos y Dios castiga sin piedra ni palo.
Por aquella convocatoria a rendir cuentas tan
de súbito y a la agachadiza, asumí que en todo aquello había gato encerrado.
De lo que iba a ocurrir arriba lo sabían. ¿Servicios secretos? En todo caso
no serían los del CNI que andan siempre a la quinta pregunta sino aquellos
tipos con gabardina blanca y sonotone que bajaban por la calle de Alcalá la
noche del 23F toda la pinta de agentes de la CIA. Eso también yo lo viví.
Nunca sabremos la verdad. A fuerza de mucha información nos intoxican.
La voz entrecortada de la becaria Parrilla
anunciando el choque de trenes confirmó las sospechas de la conspiración.
Todo Madrid era revuelo. Habían llegado corresponsales de todo el mundo y
hasta puede que se hubieran fletado aviones ex profeso. ¿Quién había dado el
queo?
Todo estaba demasiado en caliente y vivo como para
despertar una confusión organizada. Fui entrevistado por una cadena sueca y
dije lo que me parecía a mí: no habían sido los moros.
En todo aquello intuí el montaje de una mano
negra de un holocausto perfecto. ¿Por quién? Los mismos que lloraban en el
duelo fueron los que levantaron la mano contra aquellos pobres conmuters inocentes.
La idea no se me ha ido de la cabeza. Durante meses y meses Jiménez los
Santos y otros compadres mediáticos no dejaron de atizar la hoguera de la
confusión. Se puede desinformar informando por el procedimiento acumulativo.
Que si las mochilas, que si las furgonetas, que si los moritos de Lavapies,
que si los guardias de la comisaría de Avilés y un tal Trashorras que
proporcionó el fulminante sacado de una mina abandonada de Tineo. Largo nos
lo fiáis y ahí estaban los del Mundo, Bernstein y Woodward a la
española, que querían atar cabos de los hilos invisibles de aquel Watergate
castizo, opera bufa, sainete, si no hubieran perecido en el incidente 192
personas quedando maltrechas más de mil, en que también había fontaneros
pero, ay, también doscientos muertos sobre la mesa.
Don Pedro Jota padece el síndrome megalómano
del Washington Post. Quiere un scoop. Le gustan las
negras. Le cogieron en un medio in medias res cuando se lo montaba con una en
un prostíbulo. Un cameraman oculto en un armario grabó la escena en toda su
lascivia.
Profesionalmente me parece un periodista ridículo
porque España no es América pero va por la vida con complejo de numen divino
de la información. Total un lío. Los españoles tuvimos nuestro 11S
en aquel 11M y las cosas siguen sin aclararse. Un crimen perfecto. Demasiados
alibis y demasiadas coartadas inextricables. Yo tengo mi propia teoría y la
expliqué ante los corresponsales suecos. Entoné un réquiem en los altares y
velatorios que se alzaron en la calle. Uno de Euskaltelevista que no
escuchaba aquel kyrie desde hace mucho tiempo quedó sorprendido de la
solercia y concento con que entoné aquel gorigori en latín y por toda
respuesta le dije que yo había sido cura. Me vieron en la tele mucha gente.
Hoy el crimen sigue sin resolverse. Ni creo que se resolverá jamás. Estamos
en manos de quienes estamos. Y el que manda, manda. También en la
información. ESPAÑA MI NATURA |
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1 DE MARZO 2004 ASÍ LO VIVÍ YO Posted: 11 Mar 2018 04:16 AM PDT 11M HOLOCAUSTO QUÍMICAMENTE PURO URDIDO POR UNA
MENTE FRÍA Y DEMONÍACA
Ya van seis años. Fueron 190 muertos. ¿Arriba lo
sabían? Abajo seguimos a blancas. Me llaman de una emisora extranjera para
preguntarme si los españoles se sienten más seguros frente al terrorismo.
Buena pregunta pero no sé qué responder. Esa es la pregunta del millón que
dicen los cursis pero a tientas y a ciegas estamos. ¿Quién mató al lobo
feroz? ¿Quién pondrá el cascabel al gato? La derecha culpa a la izquierda y
ésta, desde el gobierno, tampoco sabe, no contesta y asegura no haber tenido
arte ni parte en la muerte de su hermano, mientras por la Piel de Toro cunde
la sombra de Caín. ¿Etarras? No tenían tecnología. Tampoco esa mentalidad
demoníaca que colocó en raíles y vagones de un tren descendente de Alcalá a
Madrid. ¿Qué clase de fulminante emplearon los asesinos? Tampoco están de
acuerdo los forenses. Desaparecieron las huellas dactilares y los
investigadores sobre el gran bocazo que retumbó hasta el
parque del Oeste se topan con un muro de silencio que ha sido durante un
sexenio el de las patrias lamentaciones. Flota en el ambiente una nube de
intoxicación informativa que se abate sobre los españoles. Hay mucha madeja y
mucho hilo pero cuando llegas al final del ovillo te encuentras con un
laberinto. Es como entrar en el reino de las fuerzas oscuras. Contra el cetro
de un dios saturnino que no duda en devorar a sus hijos nadie sabe con qué
mira. El aire, cargado, mefítico, plagado de embustes y contradicciones de
los propios testigos, hiede a conspiración. El undécimo día de aquel mes de
marzo del fatídico 2004 España dejó de regir sus propios destinos porque los
que rigen en el país se han hecho invisibles aunque aparentemente la
autoridad viva se ejerza desde Zarzuela, Moncloa o la Carrera de San
Jerónimo. Sólo de visu, prima facie. Y mucho blabla y dale que te pego
a la sinhueso. Talk. Talk. Talk. Hablar y hablar pero las palabras pueden
convertirse en golpes de martillo que da el sepulturero para cerrar la caja
del muerto. Toc. Toc. Toc.
Se trata de una forma de hacer la guerra psicológica
en plena era nuclear causando el menor número de bajas posibles- y digo bien,
el menor número de víctimas- pero a base de un impacto anímico gigantesco
poniendo a contribución todo el maquiavelismo porque para los que orquestan
estos golpes el fin justifica los medios, de las que son capaces los
gobiernos en la sombra. Aquí ya no se mueve nadie. Todos recordamos cuando
mataron a Kennedy, cuando voló por los aires el Dodge Dart de Carrero Blanco,
cuando Tejero entró en el Congreso pistola en mano y allí estaba José María
García radiando el acontecimiento, cuando el hombre llegó a la luna, o se
cayeron las torres gemelas, terrorífico espectáculo. De la misma forma,
tenemos muy presente la imagen muy nítida y viva de aquellos idus de marzo.
España dejó de ser igual: sin ejército pero con mucha policía. Resignación
general y aceptación de los hechos consumados. Se inauguró el tiempo de las
supuestas libertades, las relaciones humanas se han vuelto más conflictivas,
se abrieron las fronteras y han llegado a España cerca de diez millones de
extranjeros, la nueva esclavitud, el “melting pot” hispano en
plena ebullición. Barbota la olla social. ¿Explotará?
No obstante, existe la noción generalmente
aceptada de que el terrorismo pues no hay mal que por bien no venga ha
conjurado de momento el peligro de una conflagración nuclear. Meciéndonos a
todos de paso el miedo en el cuerpo.
Recuerdo aquella mañana nítidamente. Dormitaba
yo de madrugada de 2004 con la radio encendida y en la duermevela escuchaba
la cantinela de la reportera. Leía las noticias una tal Parrilla que era la
nieta de mi vecino el guardés, cuando vivíamos en Marqués de Vadillo, de una
finca toledana y me preparaba para acudir al ministerio después de seis años
de ausencia. Me había llamado la jefa de personal en un tono de ultimátum.
Había sido suspendido de empleo pero no de sueldo cuando entraron los del PP
y me habían mandado a mi casa. Mi situación laboral y personal era angustiosa
y sin respaldos. Yo flotaba entre medias de un limbo.
-I was the dangling man.
Mi vida pingaba del vacío. Un poco más de cuerda y
habría acabado en el osario de los suicidas. La Ministra de Cultura era la
Hija del Ganadero. Yo me dije ¡qué raro!
La víspera había acudido a la Plaza del Rey y
encontré aquello patas arriba como si se presintiese el relevo. Todas las
encuestas daban por caballo ganador a Aznar pero la atmósfera en Cultura era
la de demenagement. Por lo visto la Aguirre, a sabiendas de que
cesaba, tal vez remordiéndola la conciencia quisiera ponerse a bien con Dios
y tal vez conmigo. Pero en España un país donde todo es posible y donde todos
los gatos son pardos se montan los tinglados de la injusticia, como estos,
sobre todo en situaciones críticas. Este país es un laberinto. Había movida.
Aquel revuelo olía a cuerno quemado. Nunca le perdonaría yo a esa señora que
ayer se disfrazó de torera por lo que me hizo. Ella representó el ápice de la
persecución de la cual fui objeto. En las alturas flotaba un hongo tóxico y
se respiraba un aire letal a pesar de las encuestas. Había sequía y las
radios propalaban la angustia de los pantanos vacíos. Se vivían momentos
tensos no sólo a causa del clima áspero sino a causa de una campaña de las
elecciones generales algo atípica. Pues si no llueve, preparad una rogativa a
san Marcos. Hemos sido muy malos y Dios castiga sin piedra ni palo.
Por
aquella convocatoria a rendir cuentas tan de súbito y a la agachadiza, asumí
que en todo aquello había gato encerrado. De lo que iba a ocurrir arriba lo
sabían. ¿Servicios secretos? En todo caso no serían los del CNI que andan
siempre a la quinta pregunta sino aquellos tipos con gabardina blanca y
sonotone que bajaban por la calle de Alcalá la noche del 23F toda la pinta de
agentes de la CIA. Eso también yo lo viví. Nunca sabremos la verdad. A fuerza
de mucha información nos intoxican.
La voz
entrecortada de la becaria Parrilla anunciando el choque de trenes confirmó
las sospechas de la conspiración. Todo Madrid era revuelo. Habían llegado
corresponsales de todo el mundo y hasta puede que se hubieran fletado aviones
ex profeso. ¿Quién había dado el queo?
Todo estaba
demasiado en caliente y vivo como para despertar una confusión organizada.
Fui entrevistado por una cadena sueca y dije lo que me parecía a mí: no
habían sido los moros.
En todo
aquello intuí el montaje de una mano negra de un holocausto perfecto. ¿Por
quién? Los mismos que lloraban en el duelo fueron los que levantaron la mano
contra aquellos pobres conmuters inocentes. La idea no se me
ha ido de la cabeza. Durante meses y meses Jiménez los Santos y otros
compadres mediáticos no dejaron de atizar la hoguera de la confusión. Se
puede desinformar informando por el procedimiento acumulativo. Que si las
mochilas, que si las furgonetas, que si los moritos de Lavapies, que si los
guardias de la comisaría de Avilés y un tal Trashorras que proporcionó el
fulminante sacado de una mina abandonada de Tineo. Largo nos lo fiáis y ahí
estaban los del Mundo, Bernstein y Woodward a la española, que
querían atar cabos de los hilos invisibles de aquel Watergate castizo, opera
bufa, sainete, si no hubieran perecido en el incidente 192 personas quedando
maltrechas más de mil, en que también había fontaneros pero, ay, también
doscientos muertos sobre la mesa.
Don
Pedro Jota padece el síndrome megalómano del Washington Post. Quiere un scoop. Le
gustan las negras. Le cogieron en un medio in medias res cuando se lo montaba
con una en un prostíbulo. Un cameraman oculto en un armario grabó la escena
en toda su lascivia.
Profesionalmente
me parece un periodista ridículo porque España no es América pero va por la
vida con complejo de numen divino de la información. Total un
lío. Los españoles tuvimos nuestro 11S en aquel 11M y las cosas
siguen sin aclararse. Un crimen perfecto. Demasiados alibis y demasiadas
coartadas inextricables. Yo tengo mi propia teoría y la expliqué ante los
corresponsales suecos. Entoné un réquiem en los altares y velatorios que se
alzaron en la calle. Uno de Euskaltelevista que no escuchaba aquel kyrie
desde hace mucho tiempo quedó sorprendido de la solercia y concento con que
entoné aquel gorigori en latín y por toda respuesta le dije que yo había sido
cura. Me vieron en la tele mucha gente. Hoy el crimen sigue sin resolverse.
Ni creo que se resolverá jamás. Estamos en manos de quienes estamos. Y el que
manda, manda. También en la información. ESPAÑA MI NATURA |

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