2026-04-03

 

LA SUPUESTA IMPOTENCCIA SEXUAL DE QUEVEDO. GONGORA SE MOFABA DE SUS GATILLAZOS

Posted: 06 Oct 2017 12:05 PM PDT










QUEVEDO LA CALLE DEL NIÑO

Largos paseos por Madrid al husmo de mis fantasmas intelectuales guiado por la estrella de la literatura desde mi juventud y descubrí (yo debí de haber pasado en la Villa y Corte muchas de mis otras vidas porque estos sitios tenían duende y reclamo para mí.)

Aquí las calles no son un hombre solo. Evocan una historia un amor un suceso, un encuentro o un desencuentro, tal vez el aire de un crimen como Jacometrezzo, la calle del Turco donde mataron a Prim, Antonio Grilo el crimen del sastre la Magdalena y los túneles de la casa del marques de Perales antiguo monasterio donde se decían que las monjas paridas enterraban vivos a sus infantes o la calle de Atocha donde estaba la fuente de la alcachofa pero en tiempo de mi juventud fueron los aledaños entre Quevedo Iglesia Cuatro Caminos. Aquellas estradas y calellas tenían alma o al menos así me lo parecía a mí.

Me daba la sensación de haber estado allí antes; deambulado por allí en otras vidas que tuve porque yo siempre he creído en la reencarnación. Los mesones de Bilbao donde estaban las eras del Mico y las cervecerías de Argüelles muchas cañas metí entre pecho y espalda, alguna cita con aquellas novias primerizas del Madrid de los sesenta y en ultimo termino siempre quedaba como ultima ratio  de alguna que otra tarde desaforada después de alguna copa de coñac o algún cubata para mi corazón solo ir a bailar a las Palmeras donde siempre surgía un roto para un descosido y no era consciente de que aquella casa en la calle, hoy la glorieta era la calle del Niño habitaron en su día Góngora y Quevedo. Tambien la llamaban la Casa del Tócame Roque. Burdeles y timbas que siempre abundaron en la Villa y Corte.

Don Francisco de Quevedo que a la sazón volvía rico de Italia compró el inmueble con un préstamo que le hiciera su valedor el duque de Osuna en lo álgido de su poder. Pronto habría de decaer, eclipsado por su propio hijo, el duque de Uceda y luego el Conde Duque los otros validos de Felipe IV. En cualquier circunstancia, allí vivió don Luis de Góngora y Agorte y, don Francisco de Quevedo y Villegas, fue su casero malquisto.

Pero la casa tenía bicho y los alguaciles hubieron de desahuciar a otro gran poeta de la corte de Felipe IV don Luis de Góngora y Agorte. 

El autor de Soledades era un inquilino moroso y el de los Sueños un casero implacable.

Este pleito es el origen de la sátira y de los varapalos en versos y letrillas que se cruzaron los dos genios.

A raíz de aquello ya digo se sella un odio africano entre los dos máximos vates de las letras castellanas. Una mutua antipatía que llegaría hasta la tumba.  Góngora dejó de existir en 1627. Quevedo en 1645.

Se cruzaron coplillas alusivas a la constitución sexual de cada uno saliendo a relucir cojeras, sabañones y otros vicios como el aborrecimiento del tocino que los conversos no cataban nunca. ¡Que delicia, con todo y eso, cuando ambas plumas la mejor tajadas de la lengua castellana se meten un zurrío! El insulto viene a ser entre nuestros poetas y poetisas un subgénero literario. Si se administra convenientemente puede resultar una obra de arte.

 El cordobés no se cansaría de insultar al madrileño llamándole borracho, zambo “eres tartamudo de zancas y achacoso de portante” siete ojos alcahuete y buharro y el madrileño en el mismo tono coloca a Góngora en los cuernos de la luna tildándolo de judío, maricón y mal capellán aparte de narigudo… don Francisco no callaba ni debajo del agua ▬ “yo que nunca se callar/ y solo tengo por mengua / vaciarme de la lengua y morirme por callar/▬ El contraparte se mofa de la cruz colorada que lucía en el pecho recién investido por Su Majestad como Caballero de Santiago:

La malicia y el enredo

La insolencia y el desgarro

Lo alcahuete y lo buharro

Le negociaron la cruz

Que es mirado a buena luz

Habito pintado en jarro


A las  pullas vesicantes del cordobés contesta el complutenses con ilustres rifirrafes empapados de ingenio con los que fustiga los vicios y los antojos de su tiempo. No hay peor cuña que la de la misma madera y tanto uno como otro no eran preclaros de linaje aunque siempre Quevedo se las dé de cristiano viejo pero era el único de los clásicos que conocía el hebreo y andaba por la Biblia y el Talmud como Pedro por su casa. Hidalgos de la montaña del valle de Toranzo pero una familia que realiza los oficios en la corte de camareros y maestresalas

 Quevedo dice que el habitáculo de don Luis en la calle del Niño era un antro de suciedad por donde andaban los putos de la corte y los jugadores del naipe casa llana tal vez que compró don Francisco al regreso de Sicilia

En que vivías

Modelo de hacer arpías

Estos dicterios demuestran la dicacidad de los dos hombres que mejor esgrimían como un florete primoroso las galanuras de la lengua española.

Gongorilla con su acreditada mala leche fue el que dijo del Manzanares lo de ayer meome un burro hoy me ahogo, tan poca agua llevaba el aprendiz de río, contesta:

Hoy hacen amistad nueva

Don Francisco de Que-bebo

Y don Félix Lope de Que-beba.

Pues parece ser que Góngora era abstemio y por el contrario tanto Quevedo como Lope de Vega empinaban el codo más de lo conveniente. Mientras que el fénix de los ingenios era muy querido por las mujeres a don Francisco las señoras lo detestaban y es que no debía de funcionar como es debido. “A batallas de amor campos de pluma”. Injusta y desadorado insulto gongorino contra Quevedo que podía ser un disminuido sexual pero que nunca tuvo pluma.

La tara de Góngora (dice el Talmud que quien no conoce a los hombres no conoce a los vicios) eran los niños de coro y el naipe. La polémica alcanza el paroxismo cuando dice que Quevedo y Villegas no sólo era zambo de pies sino también inhabilitado para los amores a causa de una enfermedad degenerativa. Corrieron hablillas al respecto en la casa del Tocame Roque de que una letrilla de Góngora que se titulaba “Marfisa en la estacada[1]era un venablo dirigido contra el Caballero de las Espueslas de Oro el Divino Cojo: “Entrose la daga tan desganada que su escudo aunque hendido no pudo rajar la espada”. Airoso y jovial responde Quevedo aquello de no todo el monte de Venus es orégano... ya está gastado el acero de mi espada.

 Ramon de Garciasol uno de los grandes biógrafos del autor del “Buscón” aseguro que don Francisco era genial e inestable y en esta impotencia solapada puede que estuviera la clave de su misoginia y de su fracaso sentimental con Inés de Zúñiga.

Se declaró de por vida enemigo acérrimo del matrimonio al que llama infierno portátil e himeneo tirano. Sin embargo él mismo es el autor  el soneto en que se canta al amor convertido en polvo enamorado una de los más sublimes poemas cantando al amor en español



[1]La tal Marfisa dice Garciasol era una pelirroja irlandesa pupila de la Casa del Niño a la cual don Francisco de Quevedo y Villegas frecuentaba y solicitaba

Posted: 06 Oct 2017 05:44 AM PDT


JORGUINAS EN LA COSTA O LOS FURRIELES DEL MALIGNO

 

 

No hay moros en la costa pero las jorguinas y jorguines bailan sus jorcos y aquelarres. Animal herido que busca su guarida y ahora todos lloramos los quiries. Es la hora de los furrieles del maligno. Supura Villeguillo el ládano resinoso que es pus cancerada de muchos años. Bebe la cratera de cicuta, ya no hay vino. Crescit sub pondere virtus. La autoridad pesa y en algunos se nota más que en otros el peso de la púrpura. La talasocracia de los almogávares se acabó y los felones se van de rositas. ¿Que pasará, qué va a pasar aquí? eso no me lo preguntéis a mí que no soy experto en cremología el arte de la adivinación pertenece a las veoras del Escorial y otras hierbas. Ministros tiene el gobierno. Don Tancredo sigue subido a la escalera; encaramado está y no se baja ni pa la de dios y en esa estamos. Hoy tartamudea y va a escupir sus postizos. Le hace falta mucha crema corega que se la metan por el meato auditivo hasta el crestón de su cimera bajo el tupé ridículo y me niego a más crestomatías pues estoy hoy muy triste y cabreado y a lo mejor mis coloquios dan DE REMATE en soliloquios. ¡Bah, tonterías!

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