FLAUBERT
Julio ofrenda sus ópimos
primores. Las uvas de mi parra están pintonas. Siento el gozo de ser español.
Mañana vamos de boda. Creo que Dios recompensa al justo que fue pecador. Leo a
Flaubert lo releo en aquel libro de la colección le livre de poche que compré
en Paris, ahorrando el presupuesto de un almuerzo porque yo era muy pobre,
cerca de
Vamos a la contra del sistema
pero campamos libres con el contento de haber sido fieles a nuestros
principios. Ah Madame Bovary la gran novela que me llena de amor a Francia a la
libertad y andar suelto y libre por mis vagabundajes literarios, del que se
expresa con arreglo a sus pensamientos y a su conciencia.
Porque Flaubert es un mundo que
honra a la cultura de occidente. En los días asesinos y fundamentalistas que corren
no creo que el mundo árabe haya sido capaz de producir una maravilla literaria
como ésta.
Ellos pondrán tener las jarchas
los apólogos de las Mil y una Noches (demasiado fanatismo) y un solo libro mala
cosa porque la vida es diversa y “multifaria” muchos lados muchos puntos de
vista muchas trayectorias.
No pueden ser lo de una sola raza
o los de un solo pueblo. Dios (Flaubert no creía en Él como buen librepensador)
creó a todos los hombres y mujeres de todas las razas y colores piel y
condición.
El autor de “Madame Bovary” opinaba
que la única redención está en el Arte. La poesía está por encima de la vida. Más
allá. Vivir para narrar.
Este genio francés es la
glorificación del escritor que se sienta en su gabinete despliega el catalejo y
retrata la condición humana.
Mueve su espejo y ve pasar la
vida. El artista se aísla está en el mundo pero no pertenece al mundo. Me
imagino a Gustavo Flaubert en su sotabanco mirando para el montante del tragaluz
de su chiscón. Desde el ventanuco veía el tránsito del paisaje y el paisanaje.
La fronda de los bosques de las
pasiones humanas lo cercaban. Escribía encerrado a la luz de una vela las noches largas, fumando su pipa y atiborrándose
de café en su buhardilla de Paris. Cansado de luchar contra la epilepsia y las
mermas de su gordura. En el rostro carilleno le crecieron papos y se le cayeron
los párpados.
El amor fue para él tan sólo una
experiencia narrativa. Tampoco creía en
la democracia porque la plebe es la fuerza del número y el mundo sólo circula
bajo la égida de la elite y esta aristocracia del pensamiento se manifiesta en
sus textos elegantes y armónicos.
La prosa tiene que tener según
decía altas calidades musicales.
En una buena novela siempre tiene
que haber música aunque describa el mal los bajos fondos, el desamor. Prosa de
eufonía, la pluma bien cortada y el párrafo elegante, todo lo contraria de lo
que se estila hoy. Las Fuerzas Disolventes aconsejan escribir zafio y
desmañado.
¿Muerte de la literatura en los Twiter
y los Pokemon? No se admiten estridencias cacofónicas. Kafka se alzó contra este
sentimiento y creó la antinovela de la metamorfosis del ser humano transformado
en cucaracha. Teología del holocausto.
Flaubert sin embargo adoraba
La religión, la política, las
guerras son la gangrena que trata de destruir ese súmmum bonum que era para él
la literatura libertaria. A la cual se dedicó con el entusiasmo de un verdadero
sacerdocio. Murió exhausto de este trajín después de escribir millones de
palabras y de emborronar y romper miles de cuartillas a los 58 años.
Gloria de Europa la prez de la
dulce Francia cristiana y revolucionaria que atraviesa en este instante por
malos instantes. Pero sólo nos salvarán la libertad y la palabra que para
Flaubert ateo y descreído eran la voz de Dios. Bienaventurados sean los que
como él se ufanan de no creer en Dios.
viernes, 29 de julio de 2016
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