LA NOVELA MORISCA. EL ÚLTIMO ABENCERRAJE Y LA HERMOSA JARIFA
La literatura española del Siglo de Oro es tan eximia que prácticamente abarca todos los géneros.
Dicen los entendidos que las novelas no cuentan la verdad, sólo una verdad fraccionada pero también es cierto que sin ellas no es cognoscible la realidad y la mentalidad de un país. Presumiblemente los libros hayan sido una droga para mí, pero sin ellos nunca hubiera podido vivir, ni soñar, ni embarcarme en las aventuras quijotescas de los que buscaron el Dorado o el yelmo de Mambrino.
El último Abencerraje y la hermosa jarifa descubre una realidad inexorable: los ocho siglos de convivencia de luchas y brega continuas pero también una interacción supina entre cristianos y muslimes.
El espíritu caballeresco o quijotesco sería parte de ese lote amén de una fuerte interacción lingüística y de usos y costumbres de las dos comunidades.
La lectura de esta novela nos lleva a considerar poco acertada la islamofobia de Sánchez Albornoz cuando sostiene que estos ocho siglos fueron una lucha sin cuartel. Una algarada continúa. O la pasión hebraica de Americo Castro que dice que todo en España proviene de los judíos incluso su catolicismo pasionista.
Hasta
cierto punto puede que tales teorías de ambos cronistas tengan un punto de
razón, pero no es la verdad total. La novela morisca convive con la novela
pastoril, la novela picaresca y los libros de caballerías y un corolario a todos
estos géneros literarios sería la novela bizantina. Tampoco nos olvidemos del Romancero
No quisiera ser
profuso pero en El abencerraje se exalta el amor cortés entre moros y
cristianos a través de los amores del alcalde de Ayora y de la bella Fátima. O jarifa
adjetivo que pasaría al castellano como sinónimo de buena moza.
Es un apunte que dejo
a la consideración de mis lectores en un tiempo de interpretaciones torticeras
de la historia. En mí que sigo siendo católico a machamartillo no cabe la
islamofobia. Antes bien me ayuda a entender el mundo, el trato que ha de darse
a la mujer sumisa al marido. En un viaje a Marruecos observé que en ese país hermano
no hay violencia de género. La meditación de tal extremo dejémosla para otra
ocasión
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