2026-08-29

 LA PRENSA DEL MUNDO NO DICE NI MU DE LA INVASIÓN CEUTÍ

 

Soy un meteco (extranjero) en mi propio país y hasta un ilota (esclavo) podría decirse pero llevo sesenta años escribiendo y alcancé la cúspide del periodismo  con corresponsalías en Londres y Nueva York cuando el periodismo era un juego de opiniones libres sin mordazas. 

Me partí el pecho contándoles a los españoles el engatusamiento británico en Gibraltar una colonia sefardí llave de paso del Atlántico al Mediterráneo. 

Puse al corriente a mis lectores de un sindicato de cincuenta periódicos falangistas del odio y del miedo que sienten hacia nosotros los yanquis porque nuestra conquista de America no fue un holocausto ni un exterminio con el Colt de Bufalo Bill. 

Muchos de los que me leían se sorprendieron Parra no te pases pero mis crónicas eran citadas en la oficina diplomática del ministerio de Exteriores y hasta recibí felicitaciones del palacio de Santa Cruz firmadas por el ministro Cortina Mauri. 

Mi narrativa se centró en mis hallazgos. Washington era un nido de culebras. Kissinger que ya se proponía la balcanización de la Yugoslavia de Tito quería que ocurriera lo mismo en España, un país enemigo que les había declarado la guerra en Cuba, Remember the Maine, mientras todo eran loas a Marruecos al que regalaron el Sahara con la marcha verde.

 Todo aquello yo lo viví, la hispanofobia es un hecho escatológico como es la rusofobia, por eso no me sorprende que los periódicos de Europa el empecinado Guardian el sesudo the Times el chauvinista Telegraph guarden un ominoso silencio  sobre la invasión de Ceuta. París y Alemania que siga la bola. Le Monde, Figaro,  Frankfurter Allgemein el Berliner o el Welt ni media palabra. Se callan como putas. Crucemos el Atlántico; los americanos el Washington Post y New York Times no publican ni media línea. Esto huele a puchero enfermo. Por no decir a las artimañas de la judería. 

Son planchas y consignas de la masonería. Estamos solos, deben todos ellos que vencimos a Napoleón, que colonizamos un enorme continente, que inventamos la guerra de guerrillas. Podemos ser el país más dulce y bondadoso pero cruderrimo a la hora de pelear. En la batalla sabemos luchar y moriri y ponernos el mundo por montera.



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