2026-09-15


 

EL EMPUJE LITERARIO ASTURIANO Y LA BIBLIOTECA DE CASTROPOL PIONERA EN ESPAÑA

 

Uno de los libros que más solazaron mi verano astur, puesto que en él encontré las razones por las cuales el principado fue señero en la lucha contra el analfabetismo, su afán de progreso y comercial (el mundo de los indianos) ha sido La Biblioteca de Castropol. La historia omitida". Afán de leer y de ilustrarse, editada con fotografías y fotogramas al margen por Circulo Rojo. Presentación impecable.

Creo que el primero fue Jovellanos. Campoamor era de Navia. Luego vinieron Clarín, Palacio Valdés, Pérez de Ayala Tuero y otros más. "La Regenta" de Leopoldo Alas que permaneció en uno de esos injustos olvidos hasta los años 60 figura como la mejor novela escrita en español después del Quijote, dijera lo que dijere la víbora de Asniers un tal Bonafoux.

Fue un movimiento surgido en torno al partido reformista de Melquíades Álvarez por la derecha y por la Institución Libre de enseñanza por la izquierda.

El autor de este libro que es un must  imprescindible dentro del mundillo de los archivos y bibliotecas en los cuales yo he vivido y trabajado se llama Andrés López-Cotarelo, ingeniero de Montes, pero que en esta entrega fulge como hombre de letras y gran humanista. Labor silenciosa. El lema latino de los bibliotecarios es "festina lenta" (apresúrate despacio).

 Creo que su familia es de Taramundi y que sus ancestros están muy ligados a la Armada del capitán Villaamil (no se rindió nuestra escuadra a sabiendas de que salir contra los americanos sería su muerte) nuestro héroe de Cuba cuyo monumento en la plaza de Castropol debiera de ser un sitio a visitar tan importante como Cudillero o la Playa del Silencio o la de las Catedrales.

La biblioteca ambulante de Castropol acaba de cumplir un siglo de vida 1921.

Se trata de una estrategia revolucionaria porque hasta el siglo pasado los libros yacían cubiertos de polvo en los escritorios de los monasterios, en los centones de las sacristías y en las aulas universitarias.

 El valor de aquellos códices era alto. La reina Isabel de Castilla consideraba su libro de rezos en latín como su joya más valiosa. En Alcalá, en la Sorbona, en Oxford prendían de una maroma o de una cadena los mamotretos para que nadie los robara.

En la edad media casi toda la literatura era oral hasta que aparece el primer libro en los tórculos de Guttenberg. El vulgo empezaba a abandonar el analfabetismo.

Casi todos ellos eran manuales de teología, filosofía o medicina natural. Trataban de mitología y de cultura clásica. De artes cisorias y de ciencias mágicas. Castropol rompe con todo eso. Acerca, en un incentivo de democratizar y de vencer el oscurantismo, el libro a las masas, va por los barrios de Gijón en carros o en diligencias. Trepa hasta las brañas. Se prestan los volúmenes y se cobra una pequeña iguala por su usufructo.

Acto seguido, son fundados los primeros ateneos obreros.

 El libro llega a los casinos y se instala en las aldeas. La biblioteca ambulante abre cancha a impulsos tan importantes desde el punto de vista teatral como "La Barraca" de García Lorca o "El teatro del pueblo" de Alejandro Casona asturiano de feliz memoria que estrenó la "Dama del Alba".

 Como escritor, periodista y archivero, quisiera felicitar y agradecer a López Cotarelo por su brillante trabajo. Ha creado una obra densa, desmitificadora, muy documentada, que a los que conocemos la aguja de marear sabemos el esfuerzo que significa dar a la imprenta una obra así.

Las generaciones futuras a través de sus casi 600 páginas se enterarán del valor señero de los asturianos en su contribución a la cultura española.

Los campesinos aprenden a leer y las mujeres se aficionan a las novelas rosas. Eso llegará más tarde con Corín Tellado y los seriales radiofónicos Sautier Casaseca, pero todo tuvo un comienzo. El de las bibliotecas populares.

In principio erat verbum

 

 

 

ESPAÑA UNAS RELACIONES DE AMOR Y ODIO CON EL ISLAM

 NO ABRAS QUE SON MOROS

 

En mis múltiples lecturas de autores españoles me topé con una frase de un autor del siglo XVII “no abras que son moros”. Este era el lenguaje de los comendadores y de los adelantados prevenidos en frontera, lenguaje de guerra, que se conjuga con etapas en las cuales impera el amor, la caballerosidad, la solercia y la mezcla de sangres con el tributo de las cien doncellas. Uno de las pieza más insignas del Romancero es la cantiga de Don Hueso… El día de los torneos pasé por la morería etc.

El romance cuenta cómo enamora a una morita que está lavando en el río, le pide se vaya con él, la sube a la grupa de su rocín, y se la lleva para tierra de cristianos.

La niña, pasada la frontera, y a la vista de Castila, recuerda que aquella tierra ante sus ojos es tierra conocida porque los moros la habían raptado el día de Pascua Florida y resulta que el caballero no trae a la grupa una hermosa jarifa sino a su propia hermana.

“Dios mío qué es lo que veo, Virgen Santa Madre mía, pensé que la que conmigo iría no era una mora sino una hermana mía.”

Fueron ocho siglos de pugna. España se hizo a sí misma en lucha contra el islam.

es un hecho inequívoco, irrefutable. Las relaciones con la morisma se construyeron sobre un palenque de amor y odio.

Puede que Marruecos que suspira por Granada y sueña con vengar a Boabdil el Chico en Andalucía nos vuelva a invadir pero los volveremos a echar. Es un dictamen que corre por el torrente de nuestra sangre. Está en nuestros genes.

 Así que no abras, que son moros, no te fíes. Hay que estar al loro, como lo estuvieron los aportillados de Sacramenia por un real decreto de Alfonso X el Sabio que instituyó la orden de los Caballeros prevenidos en frontera.

Los que piensen lo contrario son tontos de baba pues siempre se dijo por estos pagos una frase que sentencia el estado de cosas: “del moro la maula”

 

martes, 15 de septiembre de 2026

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