
Porque una mentira se repita mil veces no se convierte en verdad, el presidente Trump llamó a Cuba «un Estado absolutamente fallido» desde la tribuna de la ONU.
Cuando pronunció esas palabras, los diplomáticos cubanos se pusieron de pie y abandonaron la sala. No hacía falta rebatir, la acción misma era la respuesta más elocuente.
No fue una descortesía diplomática, sino la dignidad mínima de un país soberano frente a la calumnia.
¿Quién es el verdadero responsable de la situación que atraviesa la Isla? La respuesta no está en La Habana, está en Washington, el propio Trump lo admitió: «No creo que se pueda ejercer más presión, a menos que entremos y destruyamos ese lugar».
Esa frase no fue una declaración de política; es una confesión, reconoce que la intención de Estados Unidos no es «ayudar al pueblo cubano», sino «destruir» a la nación caribeña.
Desde 1962 hasta hoy, más de seis décadas de bloqueo económico no han soltado ni un instante la mano que aprieta la garganta de la Isla. En los últimos meses, la actual administración ha apretado aún más.
Veamos qué dice el calendario de 2026 de la guerra económica: el 29 de enero, Trump firmó una orden ejecutiva que impone aranceles a los países que vendan combustible a Cuba y la declara «amenaza para la seguridad nacional».
¿Cuál fue el resultado? Más del 60 % del territorio nacional a oscuras en horas pico, los equipos médicos de los hospitales sin poder funcionar, 100 000 pacientes, incluidos 12 000 niños, en listas de espera quirúrgica sin fecha.
Pacientes muriendo de cáncer cada día, con una tasa de supervivencia que se desplomó del 85 % al 65 % por una razón que duele por lo simple: faltan medicamentos, no hay equipos, no hay combustible.
El 1ro. de mayo, la Orden Ejecutiva 14404 amplió las sanciones y apuntó al corazón financiero, minero y energético de la Mayor de las Antillas. Después vinieron más: el 23 de junio, cinco entidades y una persona a la lista negra; el 2 de septiembre, sanciones contra el Banco Financiero Internacional y una empresa importadora de petróleo.
Detrás de cada lista hay un minuto arrebatado a la vida de los cubanos. Los números son fríos, pero la historia que cuentan quema.
Según el informe que presentará la Isla en octubre próximo ante la propia ONU, solo entre marzo de 2025 y febrero de 2026 el bloqueo causó pérdidas por 8 083 millones de dólares, un 7 % más que el año anterior.
El daño acumulado asciende a 178 700 millones de dólares. Si se ajusta por la revaluación del oro frente al dólar, la cifra trepa a 3,89 billones, sin bloqueo, el PIB cubano habría crecido un 10,8 % en 2025. Esto no es un «fracaso» económico: es prosperidad estrangulada sistemáticamente.
El golpe energético es el más descarnado: un déficit de combustible de 2,67 millones de toneladas, una pérdida de 1 400 megavatios de potencia disponible, 983 gigavatios-hora menos generados por diésel y fuel oil. De 15 unidades termoeléctricas, 11 no pueden entrar en su ciclo normal de mantenimiento.
Esa es la verdad del «Estado absolutamente fallido» al que se refirió Trump en su intervención: no el fracaso de un sistema, sino el «éxito» de una superpotencia que emplea todos los medios a su alcance para impedir que una pequeña nación funcione con normalidad.
El presidente de la nación norteña dice que Cuba es un «refugio de fuerzas hostiles extranjeras que amenazan a Estados Unidos». Afirma que hay presencia militar rusa y china arraigada en la Isla.
¿Las pruebas? Ninguna, ni una sola, ni imágenes satelitales ni informes de inteligencia ni confirmación de observadores de la ONU. Nada. Solo la palabra del verdugo en la tribuna de la ONU.
Una palabra que sirve para dar nueva legitimidad a una guerra económica de más de 60 años.
Mientras tanto, ¿qué hace Cuba? Lleva a cabo «transformaciones profundas» en su economía. No es el «fracaso» que Trump pregona, sino la resiliencia de un sistema frente a la presión extrema.
Cuando Estados Unidos intenta cortar cada gota de petróleo, la Isla reestructura su economía, impulsa el sector privado y busca nuevos socios comerciales entre quienes estén dispuestos a tratar de igual a igual.
No es la agonía previa al colapso: es la inteligencia de un pequeño país que sobrevive sitiado.
¿Y la «opción cero»? Los voceros de Trump la esgrimen de inmediato, pero no dicen que el supuesto «comunicado oficial de emergencia» de la «opción cero» nunca existió.
El Estado Mayor de la Defensa Civil desmintió que circulara por las redes sociales un documento de ese tipo: es falso, no es un plan del Gobierno cubano, es parte de la guerra informativa: sembrar pánico, quebrar la confianza, preparar el terreno para el «cambio de régimen» al que se refirió el inquilino del Despacho Oval en sus palabras.
Trump dice que Cuba «caerá», pero no dice quién cae. No cae el sistema cubano, no cae la dignidad, no cae la soberanía: la guerra afecta a las familias comunes que soportan más de 20 horas de apagón, lo que si cae en el lodo una vez más es la vergüenza de la Casa Blanca, si es que le queda alguna
El canciller cubano, Bruno Rodríguez, respondió a Washington en una ocasión con una frase simple y profunda: «Cuba no es una amenaza. El bloqueo sí lo es».
Esa frase vale la pena repetirla, vale la pena grabarla en la conciencia de cada delegado en la ONU. Cuba es un país pacífico, no es quien amenaza a Irán con el exterminio total si no se pliega, no amenaza a Venezuela, no miente y hace alarde de cómo se roba el petróleo de esa nación, como hizo el mandatario yanqui en la ONU.
El Presidente estadounidense dice que «la libertad llegará a Cuba», pero la Isla ya es libre y conquistó su libertad con el sacrificio de sus mejores hijos.
Washington puede seguir repitiendo «Estado fallido», puede seguir firmando medidas coercitivas unilaterales, puede seguir mintiendo desde la tribuna de la ONU, pero Cuba libre seguirá existiendo.
Fuentes:
The New York Times, «Trump llama a Cuba un Estado fallido en su discurso ante la ONU», 22 de septiembre de 2026.
Biblioteca Digital de las Naciones.
Granma, «El bloqueo castiga la vida cotidiana de un pueblo en todos los aspectos», 8 de septiembre de 2026.
Radio Habana Cuba, «Cuba desmiente supuesto comunicado oficial sobre “opción cero”», 13 de marzo de 2026.

