2026-09-30

 EL PARRAL BALUARTE DE LA ORDEN JERÓNIMA




Llego con la pilas a tope de un lugar en Córdoba que dicen Valparaíso, un monasterio, fundado peñas arriba del palacio de Medina Azahara por jerónimos de Segovia. Me han venido a la memoria recuerdos cuando vagábamos hace muchos años riberas del Eresma Paseo de los Melancólicos, uno de los emplazamientos más románticos de nuestra ciudad cabe los muros del Parral, el convento que instituyera don Juan de Pacheco marqués de Villena que allí está enterrado junto a su mujer doña María de Portocarrero. Íbamos los curillas de entonces a visitar al único monje que quedaba el que reinstauró la comunidad en 1928. Bajábamos a admirar los túmulos de buena labra que presidían las estatuas de las tumbas yacentes.

Por Semana Sanita el altar mayor aparecía cubierto con un inmenso mural en el que se representaba el calvario y la pasión de Cristo con Segovia al fondo. ¿También los segovianos fuimos los esbirros del Salvador?

 Algunos decían que el alma en pena del marqués de Villena se paseaba por los ánditos de las capillas mientras los monjes cantaban gregoriano. El Parral y Fuencisla fueron escenario de antiguas leyendas.

La laura está sin acabar—se le terminó al valido de Enrique IV el presupuesto— pero su airoso campanario en la vaguada con los adornos calados de la crestería otorgan un perfil inconfundible al panorama de la ciudad.

El marqués de Villena (ni palabra mala ni obra) de quien se decía ha sufrido los zarpazos del escarnio de la infamia y la contumelia al igual que el rey Enrique IV.

Fuera o no alquimista y nigromante y que tuviera al monarca hechizado — hoy diríamos que lo tenía sorbido el seso— el hecho es que don Juan de Pacheco contribuyó a que la corte del último Trastámara en Segovia fuera un emporio de cultura que maravillara a los extranjeros que la visitaran, un lugar de tolerancia y de progreso.

En este mismo orden de cosas el “quincento” español constituye el triunfo de la iglesia católica como religión de Estado con preeminencia sobre las otras dos religiones monoteístas.

A esa victoria contribuyeron los conventuales de la OSH, orden que fue aprobada mediante una bula paradójicamente del papa reinante en Aviñón, Benedicto XIII el valenciano Papa Luna sobre cuya figuran los barrotes y cerrojos del calabozo y el destierro de la infamia.

Sin embargo, el Papa Borja fue un eclesiástico piadoso que pretendía una reforma de la iglesia desde arriba. Y las constituciones jerónimas guardan ese sello anarquista, independiente y creador que caracteriza a los españoles los cuales cuando se meten a frailes gustan también de ir a su aire.

La orden jerónima inspira sus constituciones en aquel penitente romano de origen dálmata que propone el desierto la abstinencia y la huida del mundanal ruido para estudiar las Escrituras como método de santificación. El triunfo está en la huida y esa renuncia al mundo y sus vanidades nos ponen en camino de la Jerusalén celeste.

Adopta también algunos principios de la Regla de San Benito “ora et labora” (trabajo manual y súplica incesante) pero añade otro estímulo maravilloso. “Festina lenta” (sin prisa pero sin pausa, hay que ir poco a poco).

Dentro de este aforismo subyace la tradicional parsimonia del monje jerónimo morador del silencio y de la calma, habito blanco y escapulario pardo, en los labios una sonrisa, cinto de cuero negro porque para subir la montaña hay que atarse los machos —sint lumbini vestir praecinti— el cerquillo y el colodro bien rapado como expresión de su renuncia a lo mundano.

Ahora a lo que parece se han puesto de moda entre los jóvenes las afeitadas pelambreras jerónimas a lo motilón.

Otro aspecto destacable era su amor a la liturgia y la recitación de las horas cantadas el día y la noche. Felipe II tan es así que nunca faltaba a los rezos en San Lorenzo y si, por casualidad, alguno de los chantres se equivocaba o se comía un versículo —cuenta la tradición—, mandaba repetir todo el salterio.

Fueron los jerónimos los monjes de los Reyes Católicos (fray Hernando de Talavera el piadoso confesor de Isabel) los que construyeron el Escorial, los que en Yuste rodearon al emperador en su lecho de muerte. Los primeros que fueron enviados a las Indias con Colón, luego los encomenderos los sustituyeron por franciscanos y dominicos.

El monasterio del Parral se constituyó poco después del de Lupiana Guadalajara epicentro de la Orden y Alma Mater, al cabo de su aprobación por el Papa Luna y cobra auge durante los reinados de Juan II y de Enrique IV llegando a ser una institución tan poderosa, merced a las encomiendas y donativos, que se decía que una ardilla podía atravesar la península ibérica e ir de Valencia a Lisboa saltando de un árbol a otro sin salirse de las propiedades de la OSH.

Al igual que los fundos cistercienses estos conventos de clausura son establecidos en lugares apartados a la vera de los ríos y cerca de los montes donde sonríe la naturaleza y están todos ellos dedicados a la Virgen.

Así: santa María del Parral, Nuestra Señora de los Ángeles en Javea, santa María de Lupiana etc.

Actualmente, los jerónimos adolecen de las mismas carencias que afligen a la iglesia latina; la principal: falta de vocaciones por lo que algunos de sus monasterios tuvieron que cerrar o agruparse. Ese parece el designio de los tiempos.

Sin embargo la impase parece coyuntural no estructural y hasta me aventuro a formular una profecía: en un futuro no lejano los claustros volverán a colmarse de novicios y que Dios me oiga. En el monacato está la vida perfecta. Nosce te ipsum
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SAN JERÓNIMO

 

SAN JERONIMO Y EL FIN DE LA ORDEN JERÓNIOMA ¿EL FIN DEL CATOLICISMO?

 

 

Ayer presencié en facebook un post que me impresionó. Dos predicadoras que hablaban español predicaban en Mea Shearin, el barrio de los judíos ortodoxos, la llegada del Mesías, instaban al arrepentimiento y a la conversión.

Entonces he aquí que varios mequetrefes empezaron a tirarlas piedras y pegarles patadas en la espinilla o escupirlas.

Todos ellos de muy corta edad pero luciendo la yamulka en el occipucio y los aladares y coletitas cerca de la oreja. Una de ellas huyó. La otra si no hubiera intervenido un rabino que parecía un hombre de paz hubiera sido linchada por los mozalbetes. El doctor de la ley dijo:

▬Hablar de Jesua aquí son ganas de pedir gresca.

La escena me conmocionó pues pensaba en las palabras del Salvador "nadie es profeta en su tierra" y "ah Jerusalén que matas a los profetas, traté de protegerte como la gallina pone a sus polluelos bajo sus alas pero me rechazaste" etc.

Al socaire de tales intemperancias y como hoy se celebra a san Jerónimo uno de los grandes padres de la iglesia latina yo recuerdo aquellos días de mi infancia segoviana cuando acompañaba con mi madre a mi abuelo que yacía afligido en el hospital de la Misericordia. Desde la ventana de la sala se veía el monasterio del Parral y el Alcázar un paisaje de los más bellos de España. El abuelo se moría en aquella crujía y bajábamos al Parral a misa y a pedir por su salud. Decía la misa el padre fray Diego de Ajofrín con los zapatos rotos y la cogulla remendada.

 Eran cuatro o cinco los monjes que cantaban la misa conventual según el rito hierosolimitano (el de Jerusalén que incluía algunas variantes del romano)

Hoy creo que sólo queda un fraile. El ultimo de Filipinas, un fin de raza de una de las ordenes monásticas más importantes auténticamente española fundada en el siglo XIV que contó con la primacía real. Los jerónimos fueron los frailes que asistieron al emperador en Yuste en los últimos momentos. Eran los favoritos de la reina Isabel que otorgó poemática encargándolos de la evangelización del nuevo mundo. El proyecto no duró mucho porque eran contemplativos y la empresa necesitaba mucho acarreo. Así que se hicieron cargo los dominicos  posteriormente los franciscanos. Fray Juntero Serra caminó desde Nuevo México hasta Oregón a la pata coja diciendo "adonde irá el buey que no are".

Recuerdo bien aquellos días cuando mi madre y yo bajábamos a misa al Parral.

Teníamos que cruzar el puente sobre el rió Eresma y subir la cuesta frente a la alameda, cruzar la puerta de Santiago y penetrar la muralla para sentarnos a descansar en una roca donde era tradición que había posado san Juan de la Cruz cuando ascendía Segovia arriba a confesar a las monjas carmelitas de Santa Teresa. Llegábamos exhaustos y con un hambre canina mamá y yo, pero sor Conce la hermana de la Caridad que cuidaba a mi abuelo nos atendía con un desayuno de café con churos. Junto a la habitación del abuelo había un cura que se hacía cruces de lo limpio que estaba todo.

 ▬En este suelo se pueden comer sopas, sor Concepción

y la monja que era una navarra alta y muy guapa de pechos protuberantes movía la toca que era inmensa como una avión y tintineaba su rosario por toda la sala.

Pero ¿quién era san Jerónimo?

He leído varias de sus biografías sacando al respecto conclusiones encontradas.

Por una lado un escriturista dálmata quizá de origen hebreo que vertió el Viejo Testamento al latín y así nació la Vulgata y por otro un ermitaño dado a la controversia refutando a Orígenes, a Helvidio que negaba la virginidad de María, a Pelagio y tuvo sus peleas con el propio san Agustín.

Pasó la mayor parte de su vida en Belén juntando palabras.

Para un escritor una bella frase, una palabra definitiva, constituye el mayor de los deleites, dice en una de sus narraciones sobre la Trinidad.

El siglo IV es el más convulso de la iglesia cuando el cristianismo considerado por Roma como una secta judaica se abre camino y conquista autonomía.

 Nadie debe escandalizarse cuando san Jerónimo al cual el Greco pinta como un hombre hético todo huesos de mirada mirífica tuviera una manceba Patricia Paula que lo atendía.

 El fundador cenobita creía en los monasterios mixtos. Fray Diego de Ajofrín con aquellos sus zapatos rotos, la cogulla remendad y el cerquillo bien rapado como recién salido de la barbería que yo conocí en el Paular de mi infancia debe partirse de risa cuando lea esto. La Biblia puede que fuese escrita por Dios pero ha sido utilizada por Satanás para incoar todas las guerras del mundo. Mucha sangre ha sido derramada por causa de este libro que dicen divino. ¿Quién de los dos lleva la razón: los cristianos o los judíos? Yo por mi parte sigo pidiendo a san Jerónimo que a ese mequetrefe que pegaba patadas en la espinilla a la pobre misionera le abra los ojos. Me da pena que lo estén educando en el odio al dulce Jesús. Por más que lo intenten▬ es más▬ no podrán echarlo de la historia.

 

 miércoles, 30 de septiembre de 2026