2026-08-30

 

El escritor José Soler Puig. Foto: Jorge Oller

«Hola, ¿cómo estás? ¿Leíste Un mundo de cosas, de Soler Puig? Lo compré en la Feria. Me tiene maravillada. Es realismo mágico». Así me escribió una nueva amiga, de esas que uno conoce, no siempre por azar. Varias veces coincidimos en la 34 Feria Internacional del Libro de La Habana y, ya identificadas, procuramos continuar comunicándonos.

Puedo jurar que el mensaje me llegó cuando intentaba escribir sobre este extraordinario escritor nuestro, nacido en Santiago de Cuba, el 10 de noviembre de 1816 y fallecido el 30 de agosto de 1996, hace ya 30 años. De él, todo el mundo diría que es el autor de Bertillón 166, la obra por la que fue premio Casa de las Américas en la primera edición del concurso, la que se da en la secundaria; y que fue Premio Nacional de Literatura. 

Muchos podrían reconocerlo así; sin embargo, José Soler Puig es mucho más que estas certeras señas; y su obra, una singular creación, de entre la mejor literatura latinoamericana, de la que mucho queda por decir.

Diez años atrás, a lo largo y ancho del país, se celebraron múltiples actividades a propósito de su centenario, a partir de una comisión creada para el homenaje, integrada, entre otros escritores, por Aida Bahr, considerada ella misma «hija literaria de Soler», y quien ha dicho que nada de lo que haga pagará su enorme deuda de gratitud con el autor.

Las reediciones de varios libros de Soler Puig sucedieron entonces. En el prólogo de esa novela fundamental que es El pan dormido –que avaló Mario Benedetti como comparable a las de Carpentier y «que estaba a la altura de las mejores obras producidas por el llamado boom de la literatura latinoamericana»–, Bahr recrea una estampa digna de destacar:

«Yo tuve la increíble suerte de formar parte de esa tertulia que sesionaba casi todas las noches en la casa de la calle 5ta., No. 555, del reparto Sueño (…) y en ella realicé un aprendizaje de las técnicas narrativas mucho más efectivo que el que creí me proporcionarían las aulas universitarias. Todos los que pasamos por allí (…) guardamos un recuerdo imborrable de aquellas apasionadas discusiones gracias a las cuales, además de aprender sobre el oficio de escribir, nos acercamos a un ser humano sin dobleces, con un extraordinario sentido de la solidaridad y la lealtad».

La revelación muestra el compromiso con la literatura de este autor –que escribiera su primera novela a los 44 años, si bien antes hubo concebido un buen número de cuentos–, que ofrecía su casa para propiciar el intercambio, la pasión por la escritura, la experimentación y el despliegue de los más jóvenes; y que, feliz con lo que hacía, ponía a disposición de los otros sus conocimientos, forjados en su mayoría de forma autodidacta. 

Dignas sean de recordar también, en horas de honor a su nombre, novelas suyas como El caserón, El derrumbe y Un mundo de cosas, –la preferida del autor–. Esta última, una obra colosal que nos recuerda al García Márquez de Cien años de soledad. Escrita entre 1973 y 1981, a su argumento se asoman, por el abordaje del tema, dos nefastos sucesos que marcaron profundamente a Soler: la muerte repentina de su hijo Rafael, y más tarde la de su hijastro René.

Como un auténtico novelista lo calificó Carpentier, uno de los jurados que concedió el premio Casa a Bertillón…, traducida a más de 35 idiomas, y en la que Santiago de Cuba funge como personaje central, en tanto es la voz insurrecta de la ciudad contra la dictadura batistiana.

Convencida estoy de que aquellos nobles y justísimos esfuerzos por rememorar –con paneles, conferencias, un Mesa Redonda, y una serie radial, entre otras iniciativas– a Soler en su centenario, no fueron en vano, y la proeza de incorporar a las librerías varios de sus libros fue una oportunidad para acceder a sus monumentales obras, que con excepción de Bertillón… son muy poco conocidas.

No basta, aunque es gran distinción, con que un concurso (Premio Oriente de novela José Soler Puig, al que convoca la Editorial Oriente) lleve su nombre; ni que una efeméride nos alerte de su existencia. El mejor modo de que un escritor de su talla permanezca vivo es la lectura de su obra, una responsabilidad plural que incumbe a todos los cercanos al mundo de la literatura.

Acercar al lector a este fundamental corpus de nuestras letras constituye un acto de placer y de conocimiento, de esos que hizo a mi amiga soltar el libro, tomar el teléfono y transmitirme en un mensaje el estado de gracia que le ha provocado entrar en ese mundo fabuloso que sucede tras las páginas de un buen libro. 

LITERATURNA GAZETA

 

Recuerda el Jardín de Getsemaní...

Poemas de Gennady Krasnikov

Gennady Krasnikov

Gennady Krasnikov

 

***

Nina

Y de nuevo en letras doradas

Octubre avanza lentamente.

El mundo se compone de axiomas,

a partir de verdades comunes e infantiles.

 

No frunzas el ceño al pensar

ni bajo la lluvia, ni en la época de la caída de las hojas,

 LOA A ISABEL LA CATÓLICA ARTÍFICE DE LA UNIDAD PATRIA

 

Ha vuelto a mis manos “Cárcel de Amor” de Diego de San Pedro poeta aúlico, un libro impotable por lo plúmbeo y abstruso pero que tiene algunos puntos aprovechables precisamente a la sazón cuando se deshace nuestra unidad secular y nos podemos convertir en un reino de taifas con el moro volviendo a Granada y otras temibles posibilidades que a tipos como yo que nos hemos educado en el amor a la patria y en el tanto monta tanto monta tanto Isabel como Fernando son postulado irrenunciable.

Ceuta todo son opiniones y reclamos y opiniones abondo de los tertulianos. Sobran palabras y faltan actos.

Para dar una patada en el culo a los invasores que pasaron la barrera y han venido a comer el pan y a cagar el morral.

 Unos tíos en edad militar y con toda la testosterona a cien para fecundar españolas. Estos desharrapados traen consignas, celulares y dineros que les dio Mohamed. Panda de violadores y carteristas. ¿Dónde están los novios de la muerte, dónde los tabores de Regulares para impedir la algarada?

 Aquí nadie quiere pelear. Una trasgresión de fronteras es una declaración de guerra pero ahí tenemos al mariconazo de Marlasca el ministro del Interior corriéndose de gusto y haciéndose con su maromo una paja. Este dolor que siento por Ceuta una de las primeras ciudades españolas arrebatada al sarraceno por Pedro Estopiñán me lleva al recuerdo de mis días de la infancia a mis clases de historia y a aquel libro escrito por un tal Zahonero Vivó que traía muchos “santos” (ilustraciones) en sus páginas y una de las que más me gustaban era la de la rendición de Granada el 2 de enero de 1492. Allí aparecía la reina doña Isabel subida a su caballo acicalado con lujosas gualdrapas recibiendo las llaves de la ciudad de manos de Boabdil el Chico que lloraba y las crónicas decían: llora como mujer lo que no supiste defender como hombre. Doña Isabel carillena con su velo de seda miraba al último rey moro con compasión. Nuestro profesor de historia al explicarnos este capítulo tan importante de la historia de España porque aquel día se fraguó la unidad patria lloraba y pegaba voces. Don Ramón Alonso era un curón de cuerpo enorme debía de pesar más de 130 kg con un vozarrón de esténtor pero con la testa muy pequeña tan pequeña que todas las tejas o sombreros clericales le venían grandes y por eso le llamábamos “cabeza de garbanzo”. Era el capellán de la inclusa que entonces estaba radicada en el antiguo convento de dominicos del que fue prior Torquemada. Subía a darnos clases lunes y viernes por las escalinatas del Postigo del Consuelo que perdía el bofe y olía un poco a anís. A veces se propasaba con el vino de consumir o en las sobremesas de los banquetes curiales dándole al trinquing.

─Silencio, silencio, silencio. A ver si a alguno tengo que darle un escarmiento ─ se le oía chillar cuando no nos estábamos quieto.

Amenazaba pero nunca se quitaba la correa ni la emprendía a palos con los revoltosos. Para mí las clases de historia eran las preferidas después de las de latín. Y guardo un recuerdo melancólico de aquel dibujo del libro de Vivó, del vozarrón del “Cabeza de Garbanzo” y del almaizar elegante de la Reina de Castilla fautora de nuestra unidad mirando para la eternidad. Tanto monta, monta tanto. Este lema enamoró a los castellanos. Poetas, poetisas y cronistas se hacen lengua de su inteligencia y de su virilidad siendo una mujer fuerte como demuestran estos versos de Diego de San Pedro

Diego de San Pedro era un cura de origen judío que predicaba en Peñafiel sermones sobre el amor y pertenecía a la corte de Juan II llena de poetas y trovadores. En uno de sus poemas exalta a doña Isabel:

La más alta maravilla

De cuanto pensáis podáis

Después de la Sinmancilla

Es la reina de Castilla

Es la reina que nunca yerra

Freno del desigual

Es gloria para la tierra

Es la paz en nuestras guerras

Es el bien de nuestro mal

No la engañan los que engañan

Aborrece a los groseros

Desarma a los lisonjeros

No escucha a los que cizañan

Mujer fuerte pues que se presentó en la Alhambra aquel 2 de enero con la camisa lavada. Reina cabal que desmochó las almenas de los torreones separatistas, metió en vereda a los obispos pues la oyeron decir:

─Me placen los caballeros en la pelea, los obispos de pontifical y los ladrones en la horca.

Trajo por tanto la unidad y acabó con el separatismo y la corrupción de los nobles altaneros

 

 

AYUDEN A ESTAS MONJITAS CLARISAS PERSEGUIDAS

 https://youtu.be/76d6Kvl53FI?si=iLMWN-pw2qBJXaWB

DONA NOBIS PACEM DIOS DANOS LA PAZ

 https://youtu.be/UKQQZq-43dw?si=HVXKMhoDvJOQvpKr

A ESTA PUTA VIEJA DEL PSOE Y AL CURA TAMBIEN QUE CELEBRA EN UNA IGLESIA DE SAN JOSE DE PALENCIA QUE LA FUSILEN AL AMANECER

 https://youtu.be/PnyhZfm_a6Q?si=DJcQkIiKI2s3Khk1