2026-10-18

 ALONSO DE VALDÉS Y EL SACO DE ROMA II

 

 

 

Alfonso de Valdés parece ser que de origen asturiano, aunque nacido en Cuenca (pocas cosas se saben de su biografía, que algunos confunden su vida con la de su hermano Juan) en la última década del siglo XV y entró a servir al emperador como “motil” [1] y esta lealtad al Cesar llenará su vida de escritor y humanista acompañándole en todos sus viajes y campañas militares.

Le tocó vivir una época de cambio total en el mundo de las ideas religiosas y políticas.

Debió de estudiar en Alcalá y en Bolonia donde traba contacto con otro de los mentores de la idea imperial, el italiano Pedro Mártir  de Anghiera, e inspirador de la unidad del trono, la espada y el altar.

De esta utopía sale el conquense persuadido durante su viaje y tras asistir a las tumultuosas reuniones de la Dieta de Worms mayo de 1521 donde se dijeron cosas muy gordas sobre los pecados sospechados de la iglesia, se propugnó el regreso a la vida evangélica, se menoscabó la liturgia coral a favor de la oración mental y se pusieron en ridículo algunas supersticiones como el culto a las reliquias, la devoción a la cruz, las peregrinaciones.

El mundo católico se sembraba de inquietud y ello mueve a Menéndez y Pelayo a decir, cuando evalúa la gran prosa de los dos hermanos erasmistas, que exhalan un tufo herético.

 

Desde 1526 Alfonso de Valdés funge como latinista (por sus manos pasaban, por tanto, todas las cartas u despachos oficiales de César que habían de ser vertidos al idioma latino del alemán, del español y sobre todo del francés o del italiano) con una annata de cien mil maravedíes.

Prócer de la literatura memorialista, no dando paz a su cálamo, en su extensa correspondencia expande el entusiasmo que le causan los proyectos reformistas de Erasmo.

No era un cisma lo que propugnaba el profesor holandés sino la enmienda de algunas cosas.

Sin embargo, abrió la puerta a la debacle.

Vino Lutero, vinieron los alumbrados, vino la ira que entró en los conventos, vino la demolición de las iglesias y monasterios en la Inglaterra de Cromwell.

El autor del Dialogo de la doctrina cristiana se sitúa como cabeza de motín. Se tambalea el imperio, se tambalea la iglesia, estallan las guerras de religión en Europa y el emperador desengañado y atónito ante el giro que cobran los acontecimientos se retira a un convento de Extremadura.

Los electores de Sajonia, los rebeldes flamencos, los protervos ingleses, los curas perversos fueron los responsables de aquel estropicio pero el papado se hizo acreedor de parte de la culpa al empeñarse algunos de sus pontífices en destruir el sueño de la era imperial.

Por fortuna las cristiandades del Este que, aun reconociendo la autoridad de Roma como uno de los cuatro o cinco patriarcados con autoridad de primus inter pares, se mantuvieron al margen de la hecatombe, son la única esperanza que le queda a la Iglesia porque ellos velaron por la tradición.

Su alejamiento y su enclaustramiento en un mundo medieval puede ser que salvara a la iglesia guardando la tradición, la espiritualidad ortodoxa, los sacramentos.

Hoy el patriarcado ruso es un poco la reserva de la fe tan castigada por el materialismo occidental y presenta la cara de un cristianismo alegre, vivo, sin adobo, sin maquillaje, que atrae a los sencillos.

 

Juan de Valdés y su hermano quizá se equivocaron en la forma de presentar su mensaje pero  nunca en el fondo que vuelve su mensaje más valedero y digno de ser meditado.

Tanto el Diálogo de Mercurio y Carón como el del Saco de Roma dos novelas dialogadas y en el que participan el Arcediano de Alcor, y Mercurio y Carón, todos ellos clérigos, reflejan la inquietud del mundo católico en aquella época de crisis del papado al que intentó poner un parche el Concilio de Trento.

La idea de la infalibilidad pontificia y el carácter divino del sucesor de la cátedra de San Pedro no va a llegar hasta siglos más tarde, en la época decimonónica, cuando desaparecen los estados pontificios.

Por la primacía y la infalibilidad trabajaron tanto los bolandistas como los jesuitas precisamente al publicar las “Profecías de san Malaquías” un texto apócrifo cuajado de inexactitudes y de falsos pronósticos tipo acertijo.

 

En España donde existe un afán novedoso que bendice lo extranjero y lanza denuestos contra lo autóctono el soplo erasmistas cundió por doquier, penetrando en los claustros, en las catedrales y en los arciprestazgos.

Únicamente las ordenes mendicantes franciscanos y dominicanos se mostraron refractarios a las ideas reformistas. “Si Erasmo no te complace o eres asno o eres fraile”.

El hervor cismático hubiera podido ser atajado en ciernes, de haber el papado reconocido sus propias culpas, haber reformado ciertas costumbres, permitiendo el matrimonio de los clérigos concubinarios y metiendo en vereda a los falsos místicos de raíz conversa, aquellos que decían que para hablar con Dios no eran preciso intermediarios e interlocutores, lo cual suponía la negación del sacerdocio y la mayor parte de los sacramentos.

Por desgracia, entre las virtudes de Roma no se encuentra precisamente la humildad. La curia reaccionó tarde y mal con la acostumbrada parsimonia.

Se encresparon los ánimos. Sobrevino la intolerancia. El autor del “Enchridion” un hombre del centro, una especie de Kerensky o de Adolfo Suarez (ay de los tibios...), representó un peligro mayor para la Iglesia que el propio Lutero o Clemente VII el papa guerrero, el papa simoniaco o el papa corrompido al que la pecorea soldadesca del Borbón asoló su corte.

Los tercios no habían cobrado las pagas aquel mes de mayo de 1527.

Por fortuna entonces no había medios de comunicación que hubieran podido dar fe del nuevo rapto de las sabinas. ¿Castigo divino por los pecados de la curia?[2] Dios no castiga pero en ocasiones permite trabajar al demonio.

 

Valdés fue denunciado al emperador por sus ataques al papa por Castiglione  el autor del Cortesano que actuaba como nuncio apostólico en la corte del Emperador.

Carlos V no hizo caso pero Valdés huye de España a toda prisa. Su causa fue examinada por el arzobispo de Compostela.

El dialoguista era acusado de ser enemigo de las bulas y de las indulgencias. Por fortuna posteriormente es el propio papa Clemente VII el que con una bula de esas que tanto repugnaban al español de origen asturiano quien expide una carta de absolución a favor suyo y de su familia libándole de todas las excomuniones e interdictos, censuras y penas eclesiásticas y la suspensión a divinis lo que hace pensar que era presbítero, autorizándole a decir misas en un altar portátil, dice el Breve pontificio.

La comunicación le llega a través del arzobispo de Sevilla y pariente lejano Fernando de Valdés muerto en 1530. Alfonso moriría dos años más tarde en Viena a causa de la peste siguiendo al emperador el 3 octubre.

 

Vivió los años de la tremenda utopía. Vives, Tomás Moro, Erasmo, Mártir de Anghiera creían que los nuevos descubrimientos darían una vuelta a la interpretación de la existencia en todos los valores, cambiaría la religión, vendría el progreso, el idealismo platónico, la ciudad de Dios agustiniana.

Se anunciaba una nueva era de consumación de la promesa. Jauja. Todos seremos felices, viviremos muchos años. Una edad de oro anunciada por el poeta Hernán L. De Yanguas:

 

A manadas

 

Las liebres acobardadas

 

Andarán entre los galgos

 

Todos seremos hidalgos

 

Las alcabalas dejadas.

 

Es el peligro de las utopías que abren las compuertas del pantano. Sobrevendrá la inundación. La libertad invita al libertinaje y eso es lo que pasó en las disputas de regalías.

 

El papado ha gozado de la ventaja de mantenerse lejos del pueblo.

Su representante era considerado como un semidiós al que habría que venerar rindiéndole un culto similar al que se dispensaba en tiempo de los cesares al imperator.

Con la cercanía de los actuales medios de incomunicación y su inmediatez no sé si el axioma es hacedero pero en el Vaticano intentan por todos los medios de preservar dicha prerrogativa.

Bergoglio  apunta hacia un cambio de imagen pero la imagen que se proyecta aunque muy hábil es falsa. Que todo cambie para que todo siga igual.

Exhibe el pontífice una sonrisa de cierta suficiencia mefistofélica.

 

La grandeza de la iglesia no está en el papado sino en su liturgia, en su aspiración hacia la excelencia, esa capacidad por dignificar la vida del hombre, du gran bagaje intelectual y literario y en particular la acción del Espíritu Santo que no aparece porque circula por el torrente sanguíneo del cuerpo místico de Cristo de manera imperceptible y subterránea.

Es el credo de Nicea, la eucaristía, las practicas piadosas, la caridad a la que tampoco se la ve pero sigue actuando.

En fin son tantas y tantas las precariedades e impoerfecciones que casi resulta un milagro observar cómo una iglesia pecadora y con tantas deficiencias sigue en pie o lo ha estado hasta ahora.

 

Ello no es óbice para que los católicos, aun a fuer de ser tachados de rebeldes, indaguen en aquellas miasmas de las centurias pasadas al objeto de no caer en los mismos errores y aberraciones que desencadenaron la destrucción de la Ciudad Eterna por los tercios de Carlos V.

 

La iglesia de Cristo es eterna e indestructible pero el papado, suma de tantos errores y tiranías, tal vez no.

Puede que la tercera Roma se encuentre en Moscú. El papa actual no es libre. No puede decir lo que piensa. Se encuentra constreñido al imperativo- quod decet, non decet-de los medios de comunicación.

Francisco tiene las manos atadas al igual que sus predecesores.

Muchos se muestran refractarios a reconocer que el papa es un hombre, de condición pecadora y de ahí esa táctica muy sabia en la historia de la SRI a las reticencias canónicas a incluir en la lista de los santos a muchos de sus papas, una tradición que se ha roto con la beatificación y la canonización planeada para octubre de Karl Wojtyla y de Juan XXIII, una proclamación que ha sido acogida con sospecha en medios eclesiales bien apercibidos y asendereados en derecho canónico. ¿A qué viene tanta prisa?

Tales premuras canonizadoras hacen pensar en el hecho consumado al cual son tan aficionados los herejes y los judíos que nada tiene que ver con la parsimonia católica a la hora de evaluar la santidad.

No están canonizando a dos pontífices innovadores u modernistas.

Están canonizando al Holocausto o Shoah como teología sustituyente a la Redención.

San Buenaventura, santo Tomás, san Ireneo considerarían tal hecho anatema y toda una prevaricación. La situación es, por tanto, ahora mucho más grave que en los tiempos de los hermanos Valdés.

 

continuará 

 

 



[1] Motil o mutil es palabra vasca, significa niño de coro, según la costumbre cortesana de aquel tiempo. Iñigo de Loyola también fue enviado a Arévalo para servir a la segunda esposa de Fernando el Católico, Germana de Foix

[2] De los abusos de la curia que se propone reformar Francisco I se habla en “El saco de Roma”: ¡Quien vio la majestad de aquella corte, tantos cardenales, tantos obispos, tantos canónigos, tantos protonotarios, tantos abades y arcedianos, tantos cubicularios, tantos auditores, unos de la cámara y otros de la Rota, tantos escritores, tantos secretarios; unos de bulas y otros de breves pontificios, tantos abogados, copistas y procuradores

 ALONSO DE PALENCIA

El cronista Palencia




A sabiendas de vivir en tiempos peligrosos, parejos a los de los últimos años del s. XV me sumerjo en el latín algo retorcido del cronista Alonso de Palencia y me encuentro con la siguiente perla: estando el arzobispo de Mondoñedo presidiendo una ceremonia en la catedral de Sevilla vio acercarse al obispo de Coria vestido de una sotana blanca, mandó parar al coro y a los monagos que dejasen de incensar el turíbulo y a grandes voces empezó a decir:

- ¿Adónde va ese loco?

Y con las mismas se arremangó los ornamentos y desde lo alto del altar le meó en la cabeza. Por lo visto la rivalidad entre ambos prelados llegó a tal extremo por las pretensiones que ambos alentaban a la sede de Sevilla. Todos los seises que bailaban, los chantres que cantaban, los turiferarios que portaban el cirio se meaban de risa. Este hecho sucedió en la inmensa y maravillosa catedral hispalense y es un reflejo de lo relajadas que andaban las costumbres en la época. Por eso cree Menéndez y Pelayo que el cronista pusiera en solfa tales acontecimientos en la lengua del lacio para despistar, en evitación del escándalo. En cristiano hubiera sido demasiado escandaloso y califica de zahareño, lenguaraz y afectado el latín en el cual se expresa Palencia el cual también era clérigo. Su lenguaje es intrincado y pese a sus pretensiones de convertirse en el Tito Livio español al que trata de imitar no maneja la consecuencia temporum, machaca la sintaxis. La cronología también se trunca porque los acontecimientos se amontonan unos con otro y el lector pierde el hilo, por más que admire la vehemencia que raya en la violencia con que el escritor zurra la badana al bueno de Enrique IV el último de los Trastamaras.

Tiene un tic como suelen tener los escritores que redactan deprisa y es la repetición del latiguillo quemadmodum (de manera que) y yo he pensado que es un vicio de los escolásticos, todos ellos muy lógicos y consecutivos y a mí me recuerda a aquel penitenciario de la catedral de Segovia que nos explicaba moral y que tenía la palabra de modo que siempre a flor de labios. Le llamaban por eso don Demoque. No limaba Palencia el texto o castigaba sus párrafos con ese incursare oraciones que recomendaban los maestros de retórica de Roma, incursare viene de “ i n c u s “ o yunque. Escribir es como estar en una fragua machacando el hierro.

No obstante, la endiablada prosa de este historiador nos da un reflejo de la crueldad de los tiempos, de las guerras entre lusitanos y castellanos, entre moros de taifas unas veces en alianza y otras en armas contra los cristianos. Son pintorescas las descripciones del sitio de Utrera, del asalto a Ecija y de la toma fallida por las huestes de Enrique IV de Santarem (santa Inés). Parece escucharse el clamor de la plebe sevillana acuciada por el hambre. Se leen los dicterios a la incompetencia del general Juan Guillén. Vemos aparecer a un famoso bandido de aquella época diego Mexía al que llamaban el Largo una especie de Robin Hood andaluz que robaba a los ricos para repartir entre los pobres.

Por ultimo describe las relaciones excelentes que existían entre Fernando el católico y su padre Juan II de Aragón al que describe como valiente en la guerra y victorioso con las mujeres. En los últimos años de su vida una tal Rosa que era leridana aceleró la muerte de este Juan sin miedo en el lecho. El fallecimiento se produjo el 19 de diciembre de 1479, el 6676 del calendario judío, el 2227 de la fundación de Roma y el 904 de la hégira, a los 83 años, seis meses y veinte días de su edad. Como diría un inglés “His Majesty died on the job”. Infatigable. Alonso de Palencia, que no se cansa de mentar la impotencia de su homologo castellano, aporta un dato tan puntual y circunspecto de su homólogo aragonés tal vez con mala intención aunque dicen por mi pueblo que las comparaciones son odiosas

. Mas, ciertamente las facultades sexuales del padre de Fernando el Católico debieron de ser epocales. De los Austrias no se puede decir lo mismo pero ese es otro tema que veremos en otro capítulo.


 

AMAR A LOS LIBROS. SON LA ULTIMA RATIO DEL CONOCIMIENTO LA FUENTE DEL PROGRESO EL TUETANO DE LA LIBERTAD QUE HACE IR AL MUNDO ADELANTE UN GRAN ARTICULO DE IZVESTIA. EL PERIODISMO RUSO ESTÁ A AÑOS LUZ DE NUESTRA BAZOFIa pueblerina y estilo nyt

 

EN
Resaltar los puntos principales
Apagado

La inmortal cita de Maxim Gorki, «Ama los libros: la fuente del conocimiento», es familiar para muchos desde la escuela. Sin embargo, Marina Golubeva se centra no en el conocimiento escolar generalmente accesible, sino en el conocimiento secreto y esotérico que la humanidad a lo largo de la historia ha tendido a buscar e inferir en ciertos textos legendarios (aunque, durante la mayor parte de su historia, existieron únicamente a través de la transmisión oral, algo que también abordaremos). La crítica Lidiya Maslova presenta el libro de la semana, especialmente para Izvestia.

Marina Golubeva

Mitos sobre los libros: desde las Tablas de los Destinos y el Rig Veda hasta la Tabla Esmeralda y el Manuscrito Voynich.

Moscú: MIF, 2026. - 208 págs.

En la primera parte del libro, «Mitos sobre los orígenes de la escritura», el autor recuerda que la aparición de la escritura hace aproximadamente cinco mil años en Mesopotamia desempeñó un papel decisivo en el desarrollo de la civilización humana. Los distintos pueblos desarrollaron la escritura de maneras diferentes: algunos la crearon de forma independiente y, «a lo largo de muchos siglos, refinaron los símbolos gráficos, perfeccionaron la gramática y el lenguaje escrito, siguiendo un camino difícil y prolongado desde los pictogramas de la escritura pictórica hasta un sistema alfabético coherente». Otros, ingeniosamente, adoptaron la escritura de sus vecinos en un momento oportuno de su desarrollo, cuando surgió una necesidad objetiva. Por ejemplo, los eslavos orientales adquirieron la escritura junto con el cristianismo, adaptaron el alfabeto eslavo eclesiástico a las necesidades cotidianas y formaron una lengua literaria basada en textos religiosos.

Pero de una forma u otra, el surgimiento de la escritura es un componente importante de muchas mitologías: inicialmente, el arte de escribir se interpretaba como un don mágico recibido de dioses o demonios, y los signos escritos mismos estaban dotados de poderes sobrenaturales.

Golubeva explora las civilizaciones antiguas más autorizadas, describiendo cómo desarrollaron la escritura, desde sus primeros inventores, los sumerios, con sus tablillas de arcilla, hasta los egipcios y los pueblos de Palestina, cuyo profeta del Antiguo Testamento, Moisés, aunque destrozó imprudentemente las primeras tablillas de piedra escritas por el Señor, transcribió diligentemente una segunda copia bajo el dictado de Dios.

Pinceles
Foto: Global Look Press/Hu Chenhuan

Esta sección también habla de los caracteres chinos (inventados, según la mitología, para reemplazar la torpe escritura anudada que no podía transmitir toda la belleza del habla humana) y de los textos sagrados hindúes, que los brahmanes transmitían oralmente, sin confiar conocimientos importantes a "materiales frágiles y efímeros como las hojas de palma secas"; por lo tanto, simplemente no hay información sobre el origen de la escritura en los primeros mitos indios.

Golubeva pasa luego de la escritura rúnica escandinava y el alfabeto celta Ogham a los mitos sobre la escritura eslava, señalando los persistentes intentos de algunos investigadores por encontrar pruebas de la existencia de una escritura eslava original, anterior al cirílico y al cristianismo. Sin embargo, dada la falta de fuentes fiables que confirmen la difusión de una lengua escrita completamente desarrollada entre los eslavos antes de finales del siglo X, la autora del libro se inclina a creer que, siguiendo el ejemplo de los escandinavos, que no refinaron sus runas sino que adoptaron el alfabeto latino, los eslavos optaron por adaptar el sistema de escritura eslavo eclesiástico existente a las necesidades seculares (aunque los académicos no niegan la existencia de algunos signos protoescritos entre ellos en la era precristiana).

Libros
Foto: Global Look Press/IMAGO/Zoonar.com/AKIFYEVA SVETLA

La segunda parte, «Los Libros Celestiales», trata sobre libros de conocimiento prohibido que, según la leyenda, llegaron al mundo humano por medios sobrenaturales: cayendo del cielo, siendo entregados personalmente por un dios o hallados en un lugar secreto y protegido. Entre ellos se encuentran las «Tablillas de los Destinos» de la antigua Mesopotamia, el «Libro de los Muertos» egipcio y el menos conocido pero más intrigante «Amduat», que narra el viaje del dios Ra a través del más allá, el Duat. Los Vedas indios, que existieron durante mucho tiempo en forma oral debido a la imposibilidad de transmitir la melodía y la entonación por escrito, también ocupan un lugar destacado en el hinduismo. «El hinduismo otorga gran importancia a las vibraciones del habla, que forman parte de las vibraciones del universo, el mundo de Brahma. Mientras que los antiguos sumerios y egipcios creían en el poder mágico de la palabra escrita, el pueblo de la India daba mayor importancia a la palabra hablada. Los Vedas enseñan que los mantras y los sonidos pueden cambiar las vibraciones y, por lo tanto, transformar la realidad».

Esta sección también analiza la colección de escrituras sagradas zoroástricas, el Avesta, textos del Antiguo y Nuevo Testamento (principalmente el Libro del Apocalipsis) y el Corán. La mitología eslava en el contexto de los "libros celestiales" está representada por el llamado "Libro de la Paloma", que en realidad no es un libro, sino una vívida imagen de un verso espiritual medieval que narra la historia de un enorme libro que cayó de una nube, inaccesible para cualquiera excepto para el zar David Yevseyevich, quien, según Golubeva, se asemeja al rey bíblico David. Él responde a las preguntas de otro personaje del verso, el zar Volot Volotovich, explicando cómo surgió todo en el mundo: "la luz blanca y libre", "el sol rojo", "la luna joven y brillante", "las estrellas frecuentes" y "la Madre Tierra". Golubeva sugiere que el verso sobre el Libro de la Paloma, donde se escuchan ecos de panteísmo y animismo primitivos, debe considerarse un reflejo de la doble fe rusa que se había formado en el siglo XV: «El cristianismo, una vez establecido en Rus', fue incapaz de erradicar por completo las creencias paganas populares, que finalmente se integraron tan hábilmente en la fe cristiana que la gente no vio ninguna contradicción en esta unidad».

Vela
Foto: IZVESTIA/Kristina Kormilitsyna

Las secciones finales de «Mitos sobre los libros» están dedicadas a un género especial de literatura aplicada conocido como grimorios mágicos, y a esos misteriosos fenómenos de la escritura que, si bien no fueron producto de la voluntad divina ni poseían poderes sobrenaturales, se convirtieron en parte de la mitología. Como uno de los artefactos escritos más extraños de la Edad Media, Golubeva cita la Tabla Esmeralda (Tabula smaragdina), que se cree fue escrita por Hermes Trismegisto y que, según el mito, contenía conocimientos secretos sobre la estructura del universo y, sobre todo, el algoritmo para crear la Piedra Filosofal. Sin embargo, durante trece siglos nadie ha podido descifrar estos escritos; como prueba, Golubeva incluso cita una traducción de la tabla del latín al ruso, calificando este breve texto de «completamente incomprensible no solo para nuestros contemporáneos, sino también para los alquimistas y filósofos de la Edad Media y el Renacimiento».

Sin embargo, uno de los tratados prohibidos más famosos de la Edad Media rusa, «Las Puertas de Aristóteles», es perfectamente comprensible. Fue escrito aparentemente en la voz de Aristóteles, en forma de instrucciones epistolares a su discípulo, Alejandro Magno. El consejo del filósofo, como bien señala Golubeva, es bastante banal: «Alejandro, debes saber que una persona tacaña no puede ser un buen hombre y observar las leyes, del mismo modo que un derrochador no puede conservar su honor para siempre. En todo asunto, debe mantenerse el justo medio; ambos extremos son destructivos; y en todos los asuntos reales, debe observarse la moderación, de lo contrario el reino no prosperará». De hecho, Aristóteles no tiene nada que ver con esta gestión eficaz y se le menciona simplemente por motivos de credibilidad. Los historiadores creen que «Las Puertas» fue compuesta por un autor árabe desconocido de los siglos VIII-IX, y que fue traducida al ruso del hebreo en el siglo XVI, con algunos detalles pintorescos añadidos para darle autenticidad, en particular, instrucciones sobre cómo tratar al caballo Bucéfalo. Esta obra, en general inofensiva, acabó en la lista de libros prohibidos simplemente porque a alguien se le ocurrió usarla como libro de adivinación. Sin embargo, Golubeva concluye que cualquier libro puede usarse como tal. De hecho, con la perspectiva adecuada, es fácil discernir la magia incluso entre líneas en una antigua guía telefónica.