LA PRENSA DEL MUNDO NO DICE NI MU DE LA INVASIÓN CEUTÍ
Soy un meteco (extranjero) en mi propio país y
hasta un ilota (esclavo) podría decirse pero llevo sesenta años escribiendo y
alcancé la cúspide del periodismo Londres y Nueva York cuando el periodismo era
un juego de opiniones libres sin mordazas. Me partí el pecho contándoles a los
españoles el engatusamiento británico en Gibraltar una colonia sefardí llave de
paso del Atlántico al Mediterráneo. Puse al corriente a mis lectores de un
sindicato de cincuenta periódicos falangistas del odio y del miedo que sienten
hacia nosotros los yanquis porque nuestra conquista de America no fue un
holocausto ni un exterminio con el Colt de Bufalo Bill. Muchos de los que me
leían se sorprendieron Parra no te pases pero mis crónicas eran citadas en la
oficina diplomática del ministerio de Exteriores y hasta recibí felicitaciones
del palacio de Santa Cruz firmadas por el ministro Cortina Mauri. Mi narrativa
se centró en mis hallazgos. Washington era un nido de culebras. Kissinger que
ya se proponía la balcanización de la Yugoslavia de Tito quería que ocurriera
lo mismo en España, un país enemigo que les había declarado la guerra en Cuba,
Remember the Maine mientras todo eran loas a Marruecos al que regalaron el
Sahara con la marcha verde. Todo aquello yo lo viví, la hispanofobia es un
hecho escatológico como es la rusofobia, por eso no me sorprende que los periódicos
de Europa el empecinado Guardian el sesudo the Times el chauvinista Telegraph
guarden un ominoso silencio sobre la
invasión de Ceuta. París y Alemania que siga la bola. Le Monde, Figaro, Frankfurter
Allgemein el Berliner o el Welt ni media palabra. Se callan como putas. Crucemos
el Atlantico los americanos el Washington Post y New York Times no publican ni
media linea. Esto huele a puchero enfermo. Por no decir la judería. Son planchas
y consignas de la masonería. Estamos solos, deben todos ellos que vencimos a
Napoleón, que colonizamos un enorme continente, que inventamos la guerra de
guerrillas. Podemos ser el país más dulce y bondadoso pero cruderrimo a la hora
de pelear
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