2026-08-28

 NOVELA BIZANTINA SOY UN CABALLERO ANDANTE DE LA PALABRA

Creo no pertenecer a esta España acurrucada y maldita de los derechos inhumanos, la ley del embudo, las mentiras, las falacias, los maricones las bolleras y otras yerbas. 

Yo pertenezco a la España de los caballeros andantes, cuando los españoles éramos temidos y respetados y no éramos esos bufones del sanchismo  marginados por los descalabros entreguistas que se lanza a los brazos del enemigo para sobrevivir. 

Yo siempre quise ser un caballero andante de la palabra, abomino de las novelas en inglés, soy prorruso a lo Dostoyevski, me gustan las mujeres straight tendidas en el lecho y no este recuaje de tortilleras sáficas.

 Por eso he vuekto a leer “El Caballero del Verde gabán”, “Tirant lo Blanc”, “Sergas de Esplandián” “Amadís de Gaula”, “Palmerín de Inglaterra”.

 Los españoles inventamos las novelas de caballerías, salimos al campo a desfacer entuertos, hemos peleado contra los molinos de viento. No me gusta demasiado Cervantes que ridiculiza a los vasallos de estas ideas, porque la verdad es que Pizarro, Hernán Cortés, Alvarado, Menéndez de Avilés, Ercilla, Pedro de Valdivia,  Cabeza de Vaca fueron la resultante de esta mentalidad de fábula. 

Todos ellos fueron hijos de los libros de caballerías. 

Iban a la búsqueda de las fuentes de la eterna juventud, enarbolando el pendón de Castilla y la cruz de Cristo, para descontaminarme de la suciedad que envuelve mi ánimo tras la invasión  de Ceuta por la morisma echo mano de una novela bizantina llena anacrónias y de disparates increíbles, amores de locura y príncipes y reyes como Teoduardo que persiguiendo a su dulcinea cruza los mares y sus ardores amorosos le llevan ora a Londres ora Constantinopla y después a Paris donde tiene un duelo, mata a su rival y se cosa con Briana que le da diez hijos. 

La trama es difícil de seguir y el libro muy duro de pergeñar puesto que la mentalidad medieval contrasta con la nuestra al cabo de seis siglos. 

Espejo de príncipes y caballeros de Diego de Ortuño de Calahorra vio la luz en Logroño el año 1555. 

No he podido hincarle el diente del todo, lo dejé a la mitad pero he pasado un par de horas melancólicas con esta novela bizantina entre las manos, aquejado de la pesadumbre de los actuales tiempos que convirtieron a mi patria en una caricatura hoy de lo que fue ayer.

28 agosto 2026 viernes

 

 

 

 

 

No hay comentarios: