SANTA MARÍA LA REAL DE NIEVA, FIEL A SUS RAÍCES: LA SOTERRAÑA
Otro año más Santa María la Real de Nieva honra a la Soterraña. Ha pasado un año, ¡Cómo corre el tiempo!, desde que en este medio publiqué un artículo sobre la singularidad de esta fiesta. Casi como uno más de de esta villa, al llegar estas fechas me impulsa el ánimo a escribir sobre los matices tan propios, que hacen vivir la fiesta a los vecinos de este lugar.
Cuando llega el 29 de agosto, fecha todos tenemos in mente por el comienzo de las novenas, el pueblo se viste de fiesta. Ha pasado un largo invierno , pero la llegada de agosto anima a la localidad, gracias al impulso del Ayuntamiento, Asociación El Claustro…, siendo frecuentes eventos gastronómicos y culturales los fines de semana, pero no es, repito ,hasta el 29 de agosto cuando la tradición vuelve a casa, porque es eso la fiesta patronal, un viaje de regreso a la raíz de nuestra tierra.
En Santa María la fiesta no necesita presentación , basta con que las terrazas del Café España y del Tangolio (¡qué alegría ver abiertos estos establecimientos tan emblemáticos de la localidad tras vicisitudes de épocas no tan lejanas!) se llenen y el sonido de las campanas llamen a la cita anual ; la fiesta , aquí, no se escribe solamente en un programa municipal (muy bello, por cierto), ni por el número de actuaciones musicales…, se reconoce por la memoria de las gentes, porque eso son las fiestas de la Soterraña, las raíces de esta villa , cuyo símbolo es esa imagen, la Morenita, aparecida hace más de seis siglos , y, que con el patrocinio de otra mujer, la reina Catalina de Lancáster ,dieron esas dos “reinas” en este pizarral de Nieva origen a esta querida villa.
Aquí se comenta el paso del tiempo pero, afortunadamente, la tradición permanece casi intacta, las novenas, con ese final el 6 de septiembre en el que estallan tras el canto de la salve, desgarrados “los últimos ayes” con los primeros y emocionados ¡Viva la Soterraña!¡Viva la Morenita! A continuación , desde el balcón del Ayuntamiento, el pregón, en este caso seguido con admirable atención , la proclamación de la reina y damas…la verbena.
Llegan los días grandes, el 7 con su primera procesión y su Ofrecimiento de Cirios (proclamado fiesta de interés cultural), donde con una iglesia abarrotada, el silencio total es roto con el sonido de la pandereta y los desgarrados antiguos cánticos implorando beneficios a la Patrona. El día 8 , con su misa solemne , donde se lucen las mejores galas y su procesión culminando con esa imagen a contraluz de la Soterraña entrando por la Puerta del Perdón, ofreciendo el espectáculo maravilloso del ocaso de nuestra tierra, mientras la banda de música entona el Himno Nacional y los sones de la dulzaina resuenan con fuerza en las naves de la iglesia, con grandes filas de danzantes provocando en las danzas ese característico sonido rítmico del calzado en el curioso suelo de madera del templo, mientras la carroza se acerca lentamente, pues las jotas impiden su avance, hasta el altar mayor.

Momento muy esperado ese ascenso de la Virgen al trono entonando enfervorizado la salve con la emoción contenida y ¡hasta el año que viene! Será, sin duda, la frase más escuchada, porque aquí acaba el capítulo anual importante para los de Santa María; luego viene la fiesta a la que se unen en el disfrute forasteros, las verbenas, los fuegos artificiales…
Un día importante es, aunque debido entre otras cosas a la despoblación de la comarca ha perdido relevancia, el día 9, ¡Los toros de la villa! Aquí me encuentro con dos sentimientos personales muy enfrentados, por un lado el grato recuerdo de mis abuelos viniendo a la corrida de toros , pues mi abuelo, criado de labranza en aquellos años, tenía derecho en su contrato anual a la entrada de ese festejo; luego , de muy niño, viniendo con mis padres en el servicio de autobuses que ese día ponía La Serrana para ir a los toros ; después comer el cuarto de asado en la Posada de la Virgen y contemplar los fuegos artificiales y los interminables saludos a conocidos de la comarca hablando de la buena o mala cosecha del año, ya recogida en esas fechas, entre el aroma a la fritura de los churros , los altavoces de la tómbola, mientras una multitud llena la plaza y los numerosos bares . ¡Cómo recuerdo los establecimientos hosteleros de entonces! ; a los que cité anteriormente añado , La Escopeta, La Posada de la Virgen , Miguel , Rufo, fonda de Juanito, La Sin Rival….Otros tiempos en que Santa María la Real abastecía a tantos pueblos, entonces aunque pequeños , con población.
Decía sentimientos enfrentados, porque a lo anterior, me da pena observar la plaza de toros, en el estado en que se halla, algo que se edificó en 1848 , por gente de la localidad, una plaza centenaria , de pizarra extraída en el lugar donde se asienta con un ruedo de nada menos que 50 metros, que la convierten en uno de los más amplios de España, por encima de varias plazas de primera, donde nada menos que Cúchares el 9 de setiembre del 1848 hizo el paseíllo en su inauguración, donde e Mazzantini toreó en 1983 y estuvo contratado para 1896, pero al encontrase enfermo fue sustituido, pero desde un palco presenció la corrida junto a la Infanta Isabel, donde toreó el gran Frascuelo, y , en fiestas de 1876, José Machío Martínez brindó la muerte de un toro al Rey Alfonso XII, que presenciaba la corrida acompañado de su hermana “la Chata”; curioso fue lo ocurrido en 1879 , pues se llegó a suspender el festejo porque los diestros se negaron a torear el ganado reseñado , por no cumplir sus expectativas , lo que provocó un sonoro alboroto .Plaza donde se ha rodado alguna película , como El monosabio, que recientemente ha sido programada en tv. En fin, coso centenario, con historia, que restaurado sería una auténtica joya y con sus originales muros de pizarra se convertiría en una de las plazas de toros más originales del país, y, que año a año se va deteriorando sin remedio.
Esperemos que algún día el patrimonio de los pueblos, en esta España vaciada, sea valorado como merece. Aquí tenemos varios ejemplos. La Saleta, por lo que todo el pueblo clama, para conservar el singular edificio, que en otro tiempo, el siglo pasado, fuera un reconocidísimo colegio de los dominicos, y, sin irnos muy lejos la antigua estación de ferrocarril de Ortigosa de Pestaño, auténtico símbolo, no sólo para ese pueblo, sino para toda la comarca, y que presenta un estado ruinoso, un edificio precioso, que podría tener alguna utilidad, museo, centro de interpretación… Es triste que las grandes ciudades mimen, y eso está muy bien, su patrimonio y el de los pueblos quede olvidado de la Administración. Parece que con hacerse una foto los políticos con un rebaño en campaña electoral ya han cumplido; las promesas quedan ahí.
Por eso, y para terminar, la fiesta debiera entenderse como un acto de resistencia al olvido, contra la uniformidad. Los pueblos no tienen por qué parecerse a las urbes , pero necesitan oportunidades, servicios…es decir, futuro.
Pero hay algo que nunca nos quitarán y es “el tiempo que nos queda”, pero no el que nos queda de vida, sino el que nos queda en el corazón después de haberlo vivido.
Ojala las estrofas del último día de novenas se cumplan, dicen así:
Sucumben los grandes imperios// con bellas ciudades llegan a morir// pero el pueblo donde el pie pusiste// no dejará nunca , nunca de existir.
Desde aquí, dejando penas atrás, con espíritu festivo y lleno de esperanza, me uno al:
¡Viva la Soterraña! ¡Viva la Morenita! ¡ Viva Santa María la Real de Nieva!

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