2026-09-02

 CARISMA CISTERCIENSE (1)

 

El caso de fray Ursino de Fuentidueña monje cisterciense del nuevo rito era una caso peculiar. Era un monje secularizado, hombre casado, abuelo, varios hijos que estaba en el mundo y vivía en él pero levantaba los ojos al cielo para llorar sus pecados y suplicar clemencia. Desde su juventud había oído decir y no sabía si sería verdad que la vida monástica sirve de pararrayos contra la ira del Altísimo. Fray Ursino rezaba incesantemente, toda su vida una plegaria, pero todo le salía mal pero cuando se confesaba con fray Aderito éste le felicitaba y le daba palmaditas en el hombro:

─Te felicito, Ursinín. Eso que me dices es signo de predestinación, que seas un perseguido y que el Señor ponga oído de mercader a tus incesantes demandas significa que eres un predilecto a los ojos divinos. Esos noes que te llegan desde arriba no son escupitajos sino bendiciones y palabras de aliento que te ayudarán a portar tu cruz.

─¿Cómo qué O? no entiendo nada.

─Ni yo tampoco─ contestaba el abad─ Son muy pocos los que entienden el lenguaje divino. Dios habló a Moisés desde una zarza. Sus palabras son fuego incandescente.

─Como los incendios de este tórrido verano, se quemó media península ibérica ─ replicaba con sorna el penitente.

Ya dijimos que fray Ursino era un monje atípico, estaba en el mundo sin radicarse en él y comulgaba con san Pablo en que nada de lo humano le era ajeno: los adelantos tecnológicos, el cine, la TV, los viajes interplanetarios, la inteligencia artificial, las revoluciones, el ateísmo, las migraciones masivas, las guerras, las putas de internet. Él se había construido su propia celda interior en la que se encerraba cuando viajaba en el metro o en el autobús y guardaba silencio cuando le reñía su mujer o le cubrían de injurias los nuevos Iscariotes de la cultura, entonces se aferraba con fuerza al cinto con que ceñía su habito blanco cisterciense que en el alma lo llevaba sint lumbi vestri praecinti dijo el apóstol apretaos los machos y él se apretaba los machos se tocaba la calva del cerquillo recién afeitado y guardaba silencio. Sabía pues se lo había dicho fray Silvino otro hermano de la comunidad que los cartujos viven tantos años y son felices porque hablan poco, no abren la boca en todo el año y sólo se les permite comunicarse oralmente el 6 de octubre que es el dia de san Bruno. Ese mismo silencio interior formaba parte del carisma cisterciense.

 

continuará

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