2026-07-09

 

Cómo Stalin aprendió del éxito y del fracaso.

Del prefacio de la edición rusa del volumen 3

Michael Carley

Michael Carley, historiador canadiense

 

Me dirijo una vez más a mis lectores rusos. Este es el volumen final de mi trilogía sobre la política exterior soviética y las primeras etapas de la Segunda Guerra Mundial y la Gran Guerra Patria. Al reflexionar sobre la publicación de estos volúmenes, tanto en inglés como en ruso, me cuesta creer que mi trabajo esté completo. Se basa en una extensa investigación en el extranjero: en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso, así como en París, Londres y Washington. «¿Por qué haces esto?», me preguntaban a menudo amigos y colegas, sin imaginar jamás que acabaría escribiendo una trilogía sobre la política exterior soviética en el período previo a la Segunda Guerra Mundial. En esencia, mi obra es una trilogía más un libro, ya que primero escribí un libro sobre política exterior soviética en la década de 1920. También se ha traducido al ruso («La guerra secreta: Occidente contra la Rusia soviética, 1917-1930»). Francamente, jamás imaginé que escribiría una obra así. Trabajé por placer, por curiosidad, impulsado por el deseo y la determinación de contar la historia de la política exterior soviética en la década de 1930, y no pensé demasiado en cuál sería el resultado.

Quería descubrir la verdad sobre las causas de la Segunda Guerra Mundial. Por supuesto, partí de ciertas hipótesis. No puedo decirles cuántos descubrimientos nuevos hice mientras buscaba confirmación de mis ideas iniciales. En una reciente charla sobre mi trabajo en Moscú, el director del Archivo de Política Exterior Rusa, Andrei Sergeyevich Romanov, habló sobre la importancia de los archivos para desenterrar verdades olvidadas u ocultas. Sí, sé que las verdades que emergen de los archivos pueden ser variadas. Al abrir los archivos, las personas cobran vida y los acontecimientos vuelven a ser relevantes. Romanov mencionó un programa de televisión [del canal Kultura TV] llamado "El poder de los hechos". Dijo lo siguiente: "Cuando un documento cae en manos de un historiador profesional, adquiere el 'poder de los hechos': el historiador puede apelar a este hecho, probar la veracidad de una u otra versión y transmitir la verdad histórica". Me he esforzado por hacer precisamente eso, independientemente de si a alguien le gusta mi trabajo o no. Un colega, ya fallecido, me dijo una vez que debía reconsiderar mis opiniones para no ofender a quienes tenían un punto de vista diferente. "¿Debería suprimir una parte de la historia si desagrada a un grupo de personas?", le pregunté. ¿Sería justo para ellos revivirla en las páginas de mis libros? Por supuesto que no.

Para la Unión Soviética, el periodo 1939-1941 marcó una pausa entre dos intentos de acercamiento con las potencias occidentales. El primero fracasó; el segundo condujo a la creación de la Gran Alianza y a la derrota de las potencias del Eje. Durante este periodo de transición, el gobierno soviético, o más precisamente, I.V. Stalin, quien lo dirigía, intentó mantener la neutralidad al tiempo que se preparaba para la guerra reforzando la seguridad de sus fronteras occidentales y del Lejano Oriente. Stalin siguió una arriesgada política de acercamiento con la Alemania nazi, utilizando acuerdos comerciales para obligar a Adolf Hitler a adherirse al Pacto de No Agresión entre la URSS y Alemania, firmado a finales de agosto de 1939. A finales de 1939, Stalin intentó ampliar y fortalecer las relaciones con Hitler. Esta idea fue aparentemente modificada posteriormente por V.M. Molotov, quien reemplazó a M.M. Litvinov como Comisario del Pueblo para Asuntos Exteriores en mayo de 1939 y se convirtió en la mano derecha de Stalin en muchos asuntos.

La llegada de las misiones militares británica y francesa a Moscú. En primer plano se encuentran Iván Smorodinov, subjefe del Estado Mayor del Ejército Rojo, y el mayor general Thomas Heywood, miembro de la misión militar británica.
La llegada de las misiones militares británica y francesa a Moscú. En primer plano se encuentran Iván Smorodinov, subjefe del Estado Mayor del Ejército Rojo, y el mayor general Thomas Heywood, miembro de la misión militar británica.

 

A finales de noviembre de 1939, estalló la guerra soviético-finlandesa. Hasta entonces, la política exterior de Stalin había experimentado un declive constante. El pacto de no agresión con Alemania representó una importante victoria. Permitió a la URSS mantener la neutralidad, obtener nuevas esferas de influencia y recuperar los territorios perdidos durante la guerra soviético-polaca de 1919-1921. Se firmaron tratados de asistencia mutua con Lituania, Letonia y Estonia, con el fin de garantizar la seguridad de Leningrado. Los estados bálticos prácticamente no tuvieron otra opción.

Stalin era como un hombre jugando a la ruleta. Parecía que no podía perder, aunque todo el mundo sabe que la casa siempre tiene ventaja. Creo que sus éxitos lo volvieron descuidado y abandonó temporalmente su habitual cautela en política exterior. Negoció desde una posición de fuerza con Finlandia, a la que la inteligencia soviética consideraba simpatizante de la Alemania nazi y un enemigo potencial. Las negociaciones fracasaron y la guerra se volvió prácticamente inevitable. Molotov creía que el Ejército Rojo llegaría a Helsinki en dos o tres días. El mando del Ejército Rojo esperaba que tardara dos o tres semanas. Pero estas expectativas se desvanecieron. Stalin lo arriesgó todo y perdió. Comenzó la guerra con Finlandia. El Ejército Rojo sufrió grandes pérdidas antes de que la situación en el frente cambiara. El alto mando del Ejército Rojo aprendió de sus errores y Finlandia se vio obligada a buscar el fin de las hostilidades antes de ser derrotada. Los finlandeses firmaron un tratado de paz en Moscú a mediados de marzo de 1940. El gobierno francés no deseaba que la guerra soviético-finlandesa terminara y ordenó a su representante plenipotenciario en Moscú que contactara a los miembros de la delegación finlandesa negociadora de paz para persuadirlos de que no aceptaran las condiciones soviéticas. Sin embargo, los finlandeses actuaron con sensatez y firmaron el tratado de paz. Stalin, al parecer, aprendió la lección y retomó su habitual cautela en asuntos de guerra y diplomacia. Quizás incluso se volvió excesivamente cauteloso.

En la primavera de 1940, Francia y Gran Bretaña sufrieron una aplastante derrota a manos de la Wehrmacht. Los arrogantes franceses fueron derrotados, humillados y obligados a capitular. Gran Bretaña resistió por un hilo; la evacuación de su fuerza expedicionaria de Dunkerque preservó al ejército regular británico e impidió una invasión alemana a través del Canal de la Mancha. Gran Bretaña obtuvo un respiro, y Hitler no logró ganar la Batalla de Inglaterra, pero las divisiones británicas no reaparecieron en el continente europeo hasta septiembre de 1943.

Naturalmente, estos acontecimientos alarmaron a Stalin, quien suponía que Hitler atacaría a la URSS. Por lo tanto, tanto la URSS como Gran Bretaña necesitaban aliados. Gran Bretaña intentó negociar con la Unión Soviética, pero Stalin consideraba a los británicos aliados poco fiables y, por consiguiente, respondió con cautela.

Stalin tenía razón sobre los planes de Hitler. A finales de julio de 1940, el Führer ordenó al mando de la Wehrmacht que se preparara para una posible guerra contra la URSS. La inteligencia soviética fue extraordinariamente eficaz, proporcionando informes detallados sobre el aumento de la presencia militar alemana en las fronteras occidentales de la URSS. La inteligencia procedente de Gran Bretaña también era fiable. Los Cinco de Cambridge, una red de agentes británicos, informaban a Moscú de información importante y fidedigna. Uno de sus miembros, Donald Maclean, pasaba documentos gubernamentales de alto secreto a sus contactos soviéticos, que acababan en el escritorio de Stalin casi tan pronto como en las oficinas de sus destinatarios originales. Los británicos se jactaban de la maestría de la escuela de criptografía del gobierno para descifrar la correspondencia secreta tanto de gobiernos hostiles como aliados. Los servicios de inteligencia británicos no podían imaginar entonces que documentos británicos de alto secreto se estuvieran leyendo en Moscú. Sin embargo, quien ríe último, ríe mejor. Agentes de todo tipo solían reunirse en hoteles europeos de lujo como el Dorchester en Londres, el Adlon en Berlín, el Athenaeum Palace en Bucarest y el Ritz y el Lutetia en París. En Moscú, el espionaje era una actividad más peligrosa. Los periodistas extranjeros se alojaban en el Hotel Metropol, donde el NKVD podía vigilarlos. Los agentes soviéticos destacaban en su trabajo, operando por todo el mundo, incluso hasta Tokio. Se dice que los informes de inteligencia son tan buenos como la perspicacia de quienes los leen. Stalin, como veremos, desestimó los informes sobre un aumento de la presencia militar alemana en las fronteras occidentales de la URSS. Además, a veces se enfurecía y maldecía a sus mejores agentes, acusándolos de desinformación.

El 22 de junio de 1941, las tropas alemanas atacaron la URSS. El Ejército Rojo fue tomado completamente por sorpresa. Los primeros cinco meses de la guerra fueron una verdadera catástrofe. Las pérdidas del Ejército Rojo fueron abrumadoras. Estos acontecimientos se describen en el epílogo. Las reservas de Stalin sobre los británicos como aliados desaparecieron de la noche a la mañana, y los lectores descubren los primeros pasos hacia la formación de una "Gran Alianza" contra las potencias del Eje. Inicialmente, las relaciones anglo-soviéticas fueron tensas. Stalin y el primer ministro británico Winston Churchill chocaron, irritándose mutuamente. Stalin exigió que se abriera un segundo frente en Francia o que se enviaran tropas británicas al frente soviético-alemán. Churchill se negó, ofreciendo equipo militar a cambio. ¿Estaban los británicos eludiendo la lucha, dejando al Ejército Rojo solo con el peso de los combates terrestres? La respuesta a esta pregunta reside en la extensa historia que se narra en el epílogo.

He concluido mi relato con los sucesos de finales de 1941 y principios de 1942. Considero que es un final apropiado. Mi larga obra, a la que tanto amo, ha llegado a su fin. A lo largo de los años, he desarrollado un profundo respeto por los héroes soviéticos de mis libros y por el pueblo soviético en su conjunto, que construyó la Unión Soviética y defendió abnegadamente su patria de los invasores extranjeros. En pasadas celebraciones del Día de la Victoria en Moscú, me encontré con veteranos cubiertos de arrugas, vestidos con sencillas túnicas militares, adornados con medallas y condecoraciones. Me daba vergüenza agradecerles su presencia al pasar. Espero que ustedes, mis lectores, no me consideren demasiado confiado y que el resultado de mi trabajo, traducido al ruso, les resulte interesante.

 Montreal, noviembre de 2025

EL PRIMERO DE LA LISTA DE AQUELLA PROMOCIÓN DE LOS PIPIS DEL AÑO 55 EN EL SEMINARIO SEGOVIANO PEQUEÑO ROMO Y CON MALA LECHE

 

El adiós de don Julio

Susana Portillo
-

Después de 59 años ejerciendo como párroco en Segovia, Don Julio se despide de la parroquia de Santo Tomás, donde ha permanecido los últimos 31 años

Don Julio deja el despacho parroquial, pero también una huella en varias generaciones de familias del barrio. - Foto: Rosa blanco

En el despacho parroquial de Don Julio apenas hay espacio para lo accesorio. Una mesa sencilla, unos cuantos papeles cuidadosamente colocados y una imagen de la Virgen de la Fuencisla acompañan una conversación inevitablemente marcada por la despedida. Después de 31 años al frente de la parroquia de Santo Tomás, trece en Coca y quince en Ayllón, la primera parroquia que tuvo y que todavía recuerda como «los mejores años de su vida», el sacerdote pone fin a una trayectoria de 59 años como párroco. Lo hace sin grandes discursos ni nostalgia exagerada, con la serenidad de quien ha dedicado toda una vida a aquello para lo que sintió que había sido llamado.

Cuando se le pregunta cómo afronta este momento, guarda unos segundos de silencio antes de responder. Reconoce que su situación es «complicada», aunque inmediatamente aclara que lo que prevalece es el «júbilo y la alegría» por el deber cumplido. Confiesa sentirse preparado para descansar un poco y disponer de un tiempo que durante décadas apenas existió, aunque admite que también hay espacio para la tristeza. «Los recuerdos son innumerables», resume mientras repasa mentalmente una vida entera al servicio de la Iglesia.

Y es que pocas personas pueden decir que han visto transformarse la Iglesia desde dentro como él. Desde que fue ordenado sacerdote han pasado siete papas, desde Pablo VI hasta el actual papa León XIV, y seis obispos por la diócesis de Segovia. También ha cambiado profundamente la sociedad, la práctica religiosa y la vida parroquial. 

Nació en una familia cristiana de Fuente el Olmo de Íscar, donde la fe formaba parte de la vida cotidiana. Como tantos niños de su generación, comenzó sirviendo como monaguillo, hasta que a los once años ingresó en el Seminario de Segovia. Al recordar aquellos años resulta inevitable establecer comparaciones con la realidad actual. En un pueblo de apenas noventa habitantes, recuerda, llegaron a coincidir cuatro seminaristas. «Y el Seminario de Segovia estaba lleno; podíamos ser cuatrocientos o quinientos», afirma con un leve gesto de nostalgia. Hoy el panorama es  distinto. La diócesis cuenta únicamente con dos seminaristas, uno de ellos perteneciente precisamente a la parroquia de Santo Tomás.

Ese cambio demográfico y social también ha transformado la vida de las parroquias. Don Julio reconoce que la feligresía ha envejecido y que muchos jóvenes abandonan Segovia para estudiar o trabajar fuera, haciendo que la participación sea muy distinta a la que conoció décadas atrás. Sin embargo, asegura que su manera de entender el sacerdocio nunca ha cambiado. La realidad puede ser diferente, explica, pero su misión evangelizadora sigue siendo la misma. 

Mirar a los ojos. Si hay una institución de la Iglesia que despierta en él un brillo especial en la mirada es Cáritas Diocesana. Durante catorce años fue delegado y habla de ella con la convicción de quien la considera inseparable de la propia identidad de la Iglesia. «Cáritas es la Iglesia», afirma con firmeza. 

Precisamente esa vocación de acogida se hace visible durante la entrevista. Mientras la conversación transcurre, una mujer entra en el despacho para despedirse de él. La escena interrumpe el diálogo, pero acaba convirtiéndose en uno de los momentos más significativos. Entre lágrimas, la madre recuerda su llegada a Segovia en pleno proceso migratorio, cuando todo resultaba incierto y desconocido. Cuenta que Don Julio fue la primera persona que les preguntó cómo se llamaban, de dónde venían y qué necesitaban. A sus hijas les regaló unos chupachups y las inscribió para la catequesis.

«Gracias por ser la primera persona que nos miró a los ojos», alcanzó a decir emocionada antes de marcharse. Don Julio escucha en silencio, no responde. No hace falta.

Otro de los proyectos que deja como legado es Talitha Kumi, la organización de cooperación al desarrollo nacida hace ya tres décadas en la parroquia de Santo Tomás. Todo comenzó después de que un grupo de jóvenes viajara hasta Cochabamba, en Bolivia, y regresara con el deseo de mantener un compromiso permanente con aquella realidad. Desde entonces, la comunidad parroquial ha sostenido proyectos educativos, sanitarios, familiares y sociales destinados a niños  en situación de vulnerabilidad.  Sin embargo, quienes mejor resumen la huella de Don Julio son los propios feligreses. La hoja parroquial le dedica unas palabras de despedida en las que agradecen haber encontrado en él mucho más que un sacerdote. Durante tres décadas acompañó a niños que hoy ya son adultos, celebró bautizos, comuniones y matrimonios.

Ahora comienza una etapa distinta. Quizá encuentre por fin tiempo para disfrutar de algunas aficiones que durante años quedaron condicionadas por los horarios parroquiales. Le gusta el fútbol y reconoce que tal vez pueda acudir a algún partido de la Gimnástica Segoviana, algo que no siempre era posible porque los encuentros coincidían con la misa dominical. También espera asistir a los toros, otra de sus pasiones. 

El viernes 3 de julio, festividad de Santo Tomás Apóstol, la comunidad parroquial celebró una Eucaristía para agradecer los treinta y un años que don Julio ha permanecido al frente de la parroquia. 

Fue una celebración especial, no solo para despedir a un sacerdote que se jubila, sino para dar las gracias a un hombre que ha dedicado toda una vida a hacer de la parroquia un lugar donde la fe, la acogida y la comunidad siempre caminaron de la mano. Porque hay despedidas que no se miden por el tiempo que terminan, sino por la huella que dejan. Y la de Don Julio permanecerá durante mucho tiempo en la memoria de Santo Tomás.

A PEDRO SANCHEZ LE ESTÁN MEANDO LA CALVA Y DICE QUE LLUEVE

FUCK OFF MISATER TRUMP

 

No tengo palabras para expresar mi indignación puesto que siempre fui un periodista apolítico pero con un fuerte sentido de Estado ante la andanada que nos largó Trump a los españoles.

 Para él somos de lo peor. Por las venas de este fulano corre mucha hiel cuajada de leyenda negra. 

Le jode el mundo hispánico, pero lo más indignante ha sido la actitud de Pedro Sánchez. A Sánchez le estaban meando y dicen que llueve. Sarna con gusto no pica. 

Es un fulano que la goza con tanto rendibú  otaniano, muchos bolos, todo globos, y agasajos. Su país le importa un carajo.

 Un hombre con un poco más de dignidad le hubiera dado una respuesta  como  corresponde al rubio Mister Trampas un peligroso y aguerrido belicista que atascó Venezuela y tomó a su presidente Maduro en una estratagema y se lo llevó a una cárcel neoyorquina a despecho del derecho internacional, y dicen que ha sido el culpable del terremoto de Caracas, habiendo ordenado una prueba nuclear en el Caribe.

 Ese fulano  ha metido al mundo en una guerre con Iran, respalda al maldito Zelensky y es más falso que la mula de Judas puesto que dice una cosa y hace la contraria.

 Y ahí tenemos a Pedro Sánchez, nuestro presi, diciendo que las relaciones con USA van viento en popa cuando nuestra balanza comercial no puede estar más en precario con ellos. Es indignante; dan  ganas de vomitar

 

jueves, 09 de julio de 2026


2026-07-07

el diacono platonov canta responso exequias patriarca alejo II con su hermosa voz

 https://youtu.be/vEyzZE402No?si=hWuGXcNz67RON708

EL GLORIOSO SAN FERMIN ATIENDE MIS SÚPLICAS

  UN MILAGRO DE SAN FERMÍN

 

Me veo, como muchos años, tiempo atrás, en una silla ante el televisor, nervioso, atardecer de calor, pasando los dieces de mi rosario y pidiendo a san Fermín que nos diese la victoria ante nuestros hermanos lusitanos que, jugando al balompié, son colosales.

 Pues, bueno, san Fermín el buen obispo de las Galias atendió mis súplicas y ese muchachote navarrico Mikel Merino marcó el gol de la victoria el último minuto.

 Gora san Fermin. Cuando yo era joven también acudí a la gran fiesta de los chistularis, corrí los toros del encierro, vestido de pantalón blanco, el pañuelo rojo y la faja y las alpargatas de pies para que os quiero.

 La única manada que había entonces era la de los toros bravos, no esa de los lujuriosos que encerraban a una pobre chica en un portal para abusar de su cuerpo.

 Gora san Fermín, mucho vino y música de pífanos y chistularis. Se cantaban jotas y riauriaus y luego había pantomimas.

No teníamos donde dormir y nos metimos en un café cerca de la Plaza del Castillo.

Allí un tipo imitaba a Napoleón la mano entre los botones de la guerrera, algo barrigudo,  el bicornio ladeado dejando escapar dos mechones de pelo crespo.

 Era el Napo. Sí el Napo es cojonudo y como el Napo no hay ninguno, coreaba la encabritada parroquia, ebria de vino, canciones y humor. Pantomima perfecta para partirse de risa.

Cuando juega la selección España vuelve a ser una grande y libre, lo único que nos aglutina y que nos une. Por eso media España cantó el gol de Miguel Merino en el descuento. Un milagro de san Fermín. Así que gora san Fermín, camaradas y el Napo, el Napo es cojonudo… como el Napo no hay ninguno.

Sólo cuando juega la selección podemos sacar la bandera, nuestra roja y gualda. Es triste pero es así. A veces ocurren milagros el día de san Fermín.

Aguardad. Todavía quedan ocho días para cantar el pobre de mí. Así que siga la fiesta y corramos por la calle la Estafeta luciendo nuestro pañuelo rojo y el pantalón blanco impoluto delante de los toros bravos.

 

martes, 7 de julio de 2026

 UN MILAGRO DE SAN FERMÍN

 

Me veo, como muchos años tiempo agtrás, en una silla ante el televisor, nervioso, atardecer de calor, pasando los dieces de mi rosario y pidiendo a san Fermín que nos diese la victoria ante nuestros hermanos lusitanos que, jugando al balompié, son colosales.

 Pues bueno san Fermín el buen obispo de las Galias atendió mis suplicas y ese muchachote navarrico Mikel Merino marcó el gol de la victoria.

 Gora san Fermin. Cuando yo era joven también acudí a la gran fiesta de los chistularis, corrí los toros del encierro, vestido de pantalón blanco, el pañuelo rojo y la faja y las alpargatas de pies para que os quiero.

 La única manada que había entonces era la de los toros bravos, no esa de los lujuriosos que encerraban a una pobre chica en un portal para abusar de su cuerpo.

 Gora san Fermín, mucho vino y música de pífanos y chistularis. Se cantaban jotas y riauriaus y luego había pantomimas.

No teníamos donde dormir y nos metimos en un café cerca de la Plaza del Castillo.

Allí un tipo imitaba a Napoleón la mano entre los botones de la guerrera, algo barrigudo,  el bicornio ladeado dejando escapar dos mechones de pelo crespo.

 Era el Napo. Sí el Napo es cojonudo y como el Napo no hay ninguno, coreaba la encabritada parroquia, ebria de vino, canciones y humor. Pantomima perfecta para partirse de risa.

Cuando juega la selección España vuelve a ser una grande y libre, lo único que nos aglutina y que nos une. Por eso media España cantó el gol de Miguel Merino en el descuento. Un milagro de san Fermín. Así que gora san Fermín, camaradas y el Napo, el Napo es cojonudo… como el Napo no hay ninguno.

Sólo cuando juega la selección podemos sacar la bandera, nuestra roja y gualda. Es triste pero es así. A veces ocurren milagros el día de san Fermín.

Aguardad. Todavía quedan ocho días para cantar el pobre de mí. Así que siga la fiesta y corramos por la calle la Estafeta luciendo nuestro pañuelo rojo y el pantalón blanco impoluto.

 

martes, 7 de julio de 2026

CUIDADO CON ERDOGAN PROPUESTA PANTURQUISTA QUIERE DESPLAZAR A LA CULTURA RUSA EN ASIA CENTRAL gran artículo de Literaturna Gazeta

El proyecto turco: ¿Unificación de la escritura o panturquismo?

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, hizo una declaración alarmante.

Algunos países ya utilizan prácticamente el alfabeto turco para sus idiomas nacionales.
Algunos países ya utilizan prácticamente el alfabeto turco para sus idiomas nacionales.

Alexey Lyzin

En la reciente cumbre de la Organización de Estados Turcos, celebrada en Kazajistán, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan hizo una declaración que, a primera vista, podría haber parecido trivial: sobre el desarrollo de la inteligencia artificial y la ciberseguridad. Este era un tema típico de una cumbre internacional que debate la cooperación cultural y la adaptación a las realidades tecnológicas modernas. Sin embargo, tras esta retórica aparentemente inocua se esconde un plan mucho más ambicioso que, al examinarlo con detenimiento, resulta alarmante. Erdoğan instó a los participantes de la cumbre a que el desarrollo digital se basa en la necesidad de crear rápidamente un alfabeto turco unificado de base latina y su uso en el mayor número posible de ámbitos, desde la educación y la cultura hasta la cooperación académica y la transformación digital.

Para comprender la verdadera magnitud de lo que está sucediendo, es importante entender que el alfabeto cirílico en los países de Asia Central no es un legado administrativo de la era soviética, fácilmente descartable al sustituir un sistema de escritura por otro. Es el resultado de un largo proceso histórico, cuyas raíces se remontan a finales del siglo XIX, cuando el sistema de escritura de los pueblos túrquicos que habitaban el Imperio ruso comenzó a desarrollarse sobre una base cirílica. Tras décadas de coexistencia dentro de un mismo Estado, el cirílico se convirtió en algo más que una forma de escribir palabras: se convirtió en el fundamento sobre el que se construyó toda una civilización. Se publicó ficción, se desarrolló la ciencia, se realizaron trabajos administrativos y se crearon sistemas educativos. Y, lo que es más importante, fue a través del cirílico y del idioma ruso que los pueblos túrquicos de la URSS accedieron a una mayor cultura, ciencia y política globales. El ruso se convirtió en el puente que conectó sus culturas nacionales con los procesos globales sin destruir su singularidad.

Hoy, bajo el pretexto de la solidaridad turca y el progreso tecnológico, Turquía promueve persistentemente un modelo completamente distinto. En septiembre de 2024, los países del mundo turco adoptaron formalmente un alfabeto latino unificado de 34 letras, presentado como un triunfo del consenso y los intereses comunes. Sin embargo, esta decisión no refleja un consenso entre iguales, sino la expansión sistemática de Ankara, que construye con paciencia y método una nueva realidad lingüística. Esto no se refiere a un alfabeto latino abstracto, sino a una versión turca específica, que debería constituir la base de la lengua escrita de todos los pueblos de habla turca. Esto significa que las normas culturales y lingüísticas se determinarán desde un único centro: Ankara.

La transición al alfabeto latino en turco no es una simple sustitución de letras, ni una reestructuración técnica del idioma escrito para adaptarlo a las necesidades de la era digital. Se trata de un cambio civilizatorio fundamental que rompe deliberada y deliberadamente los lazos históricamente establecidos entre los pueblos de habla turca del espacio postsoviético y Rusia. Con Azerbaiyán, Turkmenistán y Uzbekistán ya adoptados el alfabeto latino, y Kazajistán y Kirguistán en distintas etapas de este proceso, presenciamos algo más que una serie de experimentos lingüísticos. Presenciamos el desplazamiento progresivo del alfabeto cirílico, y con él, del idioma ruso, de la cultura, la educación y la vida cotidiana.

La generación más joven, formada en el alfabeto latino, se encuentra aislada del vasto corpus de textos cirílicos, de la literatura y la prensa en ruso, de las obras académicas y los documentos de archivo. En una generación, estos jóvenes ya no necesitarán el ruso para acceder a la información, pues toda les llegará a través de canales centrados en el turco. Este es precisamente el mecanismo sutil, casi imperceptible, mediante el cual el idioma ruso está siendo desplazado de la región. No se le prohíbe ni se le ilegaliza directamente; simplemente se le reduce cada vez más su espacio vital, siendo reemplazado metódicamente por una nueva superlengua.

La reforma lingüística no solo busca estandarizar la lengua escrita, sino también lo que los ideólogos panturquistas denominan una «revolución mental». El objetivo de esta revolución es convencer a los habitantes de los estados de habla turca de la innegable superioridad cultural de Turquía como líder indiscutible de toda la civilización turca. Mediante nuevos libros de texto escritos en alfabeto latino y adaptados a los estándares educativos turcos, a través de la difusión de información en un idioma unificado y mediante productos culturales creados en Ankara y difundidos por todo el mundo turco, se forjará sistemáticamente una nueva identidad. Dentro de esta identidad, Turquía ocupará la misma posición dominante que Estados Unidos ocupa hoy en la civilización occidental: una posición de centro de gravedad cultural, político y económico indiscutible, al que todos admiran y del que todos dependen. El idioma ruso no tiene cabida en esta estructura, en principio, porque representa un polo de atracción alternativo que obstaculiza la integración definitiva de los pueblos turcos postsoviéticos en la órbita turca.

Y aquí llegamos al tema más delicado para Rusia. Durante siglos, el ruso ha cumplido una función única en Eurasia como lengua de comunicación interétnica. Incluso tras el colapso de la URSS, a pesar de todos los intentos por eliminarlo del uso oficial en varios países, conservó su posición precisamente porque era objetivamente necesario para la gente. Se utilizaba para el comercio, la prensa popular y las emisiones televisivas, y para que los trabajadores migrantes de Asia Central se comunicaran entre sí y con sus empleadores en Rusia. El proyecto turco, sin embargo, prevé precisamente lo contrario: una superlengua construida desde arriba.

La magnitud de la amenaza es innegable. Ankara ha construido pacientemente, década tras década, lo que sus ideólogos denominan el "Gran Turán": un vasto espacio geopolítico que se extiende desde los Balcanes hasta el oeste de China, unido por una lengua común y subordinado al liderazgo turco. Inicialmente, esta idea parecía una fantasía marginal, pero hoy la vemos materializarse institucionalmente en la Organización de Estados Turcos, un alfabeto unificado y políticas culturales y educativas coordinadas.

Resulta sorprendente la inteligencia y la coherencia con que opera Ankara: no fuerza los acontecimientos ni recurre a la confrontación directa, sino que actúa gradualmente, construyendo una nueva realidad paso a paso. Las declaraciones sobre un alfabeto unificado se presentan como una manifestación de solidaridad cultural, la introducción de modelos digitales del idioma turco como modernización tecnológica y los programas educativos comunes como desarrollo del capital humano. Pero al unir estos elementos, emerge una imagen clara y aterradora: un bloque de estados se está formando sistemáticamente en las fronteras meridionales de Rusia, unidos no solo por tratados formales, sino por una profunda unidad lingüística y cultural, orientada hacia Ankara.

Al despertar una mañana, corremos el riesgo de encontrar un nuevo imperio en nuestras fronteras, unido por una lengua común y un sentimiento de superioridad civilizatoria cultivado minuciosamente por ideólogos turcos. Un imperio que no será menos hostil a Rusia que el Occidente actual, porque su identidad se construirá sobre la oposición al mundo ruso, sobre la exclusión y la negación de todo lo asociado con Rusia. La primera y principal víctima de este proceso es ya la lengua rusa, desterrada deliberadamente de la educación, los medios de comunicación y la comunicación oficial. Y esto no es solo una pérdida cultural, no solo una reducción del alcance de una de las lenguas del mundo, sino un golpe directo a la seguridad de nuestro país, porque la lengua es el fundamento de la influencia, el fundamento de la capacidad de negociar, persuadir y transmitir un punto de vista. Cuando la lengua rusa abandona la región, Rusia se va con ella.

Precisamente por eso debemos apaciguar el fervor de nuestros "enemigos jurados" en Ankara ahora, antes de que la situación se descontrole. Rusia debe articular su posición con claridad y contundencia: el idioma ruso no es solo un medio de comunicación, sino un elemento vital de la historia, la cultura y la seguridad compartidas en el espacio postsoviético, y cualquier intento de desplazarlo artificialmente y sustituirlo por superlenguas construidas será percibido como un acto hostil. Debemos apoyar más activamente la enseñanza del ruso en la región, desarrollar proyectos culturales y científicos conjuntos y crear contenido atractivo en ruso dirigido a los jóvenes. Pero, sobre todo, debemos hablar con franqueza sobre lo que realmente está sucediendo, llamar a las cosas por su nombre y no dejarnos llevar por la complacencia ante discursos sobre una reforma lingüística inofensiva. El precio de la inacción es demasiado alto como para permitirnos el lujo de las ilusiones. 

2026-07-06

mil y pico años de cristianismo en rusia

 https://youtu.be/LFixFHrc8co?si=ZUYs92TT1eeUyPR8

 MÉJICO NO MERECIÓ PERDER CON INGLATERRA

 

Veterano hincha futbolero vengo siguiendo la copa del Mundo desde el año 58.

 La evolución del mundo ha ido a compás de la evolución de la tecnológica desde aquellos partidos que seguía por la onda corta y radio galena hasta el último grito de las redes sociales y la comunicación instantánea.

Como español sentí tristeza ante la derrota del querido Méjico país hermano. Creo que le robaron el partido.

Sin poner en tela de juicio la calidad de Kane el delantero centro inglés es un jugador marrullero, especialista en simular faltas y tirarse a la piscina en busca del penalti.

Los aztecas practicaron un futbol joven muy habilidoso. Delante tenían a un conjunto de jugadores de gran fuerza física cuando sus rivales más habilidosos pero más endebles no pudieron taladrar la defensa de los británicos.

me entristecí. Otra vez será.

saludos al gran Hugo Sánchez al que le ví jugar en Madrid, todo un atleta y andaba por allá como espectador.

En fin, otra vez será. A pesar de todo, creo que el futbol une a la humanidad en lugar de hundirla.

mundo vive días apasionantes pegado al televisor o al receptor de radio