2026-10-25

 NIHILISMO DE CHEJOV IVANOV Y LA GAVIOTA 


Acostumbraba yo a acudir al teatro del West End londinense en los 70 del pasado siglo. Anton Chejov era uno de los autores favoritos. Adaptaciones impecables y vibrantes. La lengua rusa y el inglés se parecen en la teatralidad como si estuviesen hechos la una para la otra. La “Gaviota” (Cjhaika) me haría. llorar

 Creo que  refleja la biografía y el alma de Chejov y mi propia biografía Chejov un autor triunfador pero afligido por el tedio, el paso del tiempo, la incomunicación entre los seres, la glotonería, el vodka o la consideración de la belleza que se marchita y la vida que fluye y pasa para no volver más. Literariamente Antón Chejov es grande y amplio como el Volga pero humilde y sencillo  como un doctrino. La Gavioa es su testamento literario.

 “Siento pasión  por escribir. Escribo un cuento, una novela. Otra y otra, me lo paso bien redactándolas y corrigiendo las pruebas pero ya en la imprenta y una vez publicada me olvido de ella.  Nunca releo lo que escribo. Me causa desazón. 

Algunos dirán es un gran escritor pero no es Tolstoi, describe la naturaleza pero no es Turguenev” todo un vademecum. Me pasa a mí al cabo de miles de paginas. No doy un cornado por lo que dice la crítica de mí. 

Tuvo un exito rotundo en la Rusia de su tiempo. Eso no me pasa a mí. Soy un incognito. Expulsado a las  tinieblas exteriores de la autoedición o agregado a la lista de las horcas caudinas de los sin nombre.

 En estas dos obras magistrales antes de caer  el telón suena un disparo. Los protagonistas se suicidan. Ese nihilismo de Chejoj soin embargo caló en mis huesos. Me perpetra. Cuando leo a Chejov  me entran ganas de ser mejor, me entra cierta desgana, una tristeza, mi anosmia se conjuga con la astenia.

 ¿Quién soy yo? ¿Para qué nací?

La gaviota que volaba libre sobre las olas es abatida por un cazador. Inane acto de perdición. Nadie guisará una gaviota. Su carne es muy dura y esquelética. 

Entonces ¿para qué? El arte de Chejov tiene algo de litúrgico. En sus novelas y en sus comedias es como si asitieramos a una misa cantada en las bellas ortodoxas rusas.  

Suena la voz de un diacono recreándose en la octava baja mientras al otro lado de la epistola el protodiácono suelta un do de pecho leyendo el evangelio. Sí, Chejov, aunque nihilista, es evangélico. Su obra plasma un mundo irredento pero en espera de la rendición.

 Al término del drama aparece un obispo con mitra y casulla recamada de oro para darnos la bendición mientras suena la maravilla de los coros bizantinos. 

El humo de los incensarios tintineantes  se eleva hacia las cúpulas  implorando con majestad la plegaria de un perdón

No hay comentarios: