2026-10-18

 

CALDERÓN LA CENA DE BALTASAR

 

 

El doctor Valbuena era un hombre cordial, recuerdo haberle visto en una mesa del Bar de Filosofía fumándose un “celta” largo, charlando con los alumnos, yo mismo le invité a un chato de tintorro que el maestro jovial y próvido en nuestros desvelos con la literatura aceptó. Mostraba ese desaliño del intelectual machadiano los ojos cansados de tanto leer y de ver pasar la vida. Mariner Bigorra no mostraba esa familiaridad con el alumnado. Era un tarraconense de derechas. Calvo como Cesar. Le poníamos por un suponer la toga curial y allí aparecía un senador romano. Se movía por la tarima de la cátedra con agilidad y siempre aparecía con las manos empolvadas de tiza. Su pensamiento funcionaba a mayor velocidad que sus palabras y por eso analizaba cada palabra latina escribiendo el encerado su raíz evolutiva. Los dos eran hombres de gran bondad. Valbuena como se jubilaba aquel año otorgó aprobado general. No ansí Mariner que tenía fama de hueso y a mí lo que on las cosas tan entusiasta con la lengua del Lacio desde mis años de seminario me dejó para septiembre.

Pero siempre que paso por Moncloa y alzo los ojos a la cuadriga del Arco de Triunfo me acuerdo de él. El monumento entrada a Madrid. Está en un estado lamentable, destrozado y pintarrajeado con ignominiosos graffiti donde escribe el diablo consignas furibundas con su fatídico dele. Sirve de paraninfo y punto de reunión a los del botellón. Mane tzel fares y todo para ultrajar la memoria del anterior régimen.

Estan las losas levantadas y las puertas de bronce maltratadas por la chusma, no pudo menos de traer a mi memoria el entusiasmo de sus clases: “Armis hic victoribus mens jugiter victura monumentum hoc… munificentia ab Hispaniorum regis restaurata aedes sapientiae complutensis florescit in conspectu Dei”. Lo esculpió él haciendo gala del laconismo ciceroniano.

No se puede acumular tanta grandeza en epígrafe tan lacónico. Sería una pena que el Arco de Triunfo abandonado y en deterioro por el odio a los que ganaron la guerra civil fuese dejada caer. En esas estamos. Valbuena por su parte especialista en Calderón creía que el mejor drama por él escrito no era la vida es sueño sino La Cena de Baltasar. Es teatro profético y poético. Un desafío a Moloch rey de los Ammonitas monarca cruel que sacrificaba niños y jóvenes para aplacar a la divinidad. Guerra de Ucrania. Zelenski es un baldón para el pueblo de Israel y su mayor profeta. Daniel (Juicio de Dios) narra la historia de la liberación del pueblo elegido de las garras de Nimrod el tirano que construyó la torre de Babel. Los personajes de la obra son Baltasar el que vio despues de una cena opípara escrito su destino en la pared: “esta noche morirás”. Mane tzel fares. La Idolatría. El pensamiento. La vanidad. Daniel y la Muerte. AHÍ ESTÁ LA HISTORIA CARGADA DE FILOSOFÍA Y DE RAZÓN

 

Patadas al nido

 

Hay marea alta

Y andamos todos de cabeza

Pegándole patadas al nido

Se llena de ternejales y valentones

El coso taurino

Redondel de las Cortes

Lo suyo es viltrotear

El mulo pega coces y respingos

Y el arráez de esta nave nos tunde las costillas

A golpes de rebenque

Y de noticias atormentes y aterradoras

Échate al lado que viene la apisonadora

Se ergotiza y parlamenta

El pez tiene escamas

Y pinchos del tomillo burrero

Y vamos remando a pareles

Por un mar de insidias y borrascas

No es bueno arriar vela

Ni pegar patadas al nido

Tú verás. 

DEL ESPIRITU DE LA FORNICACIÓN LIBEERA NOS, DOMINE

  BLASFEMOS

 

Antonio Parra

Desde luego este es un valle de lágrimas donde se escucha perenne el trémolo del gemir. La vida es una canción triste de Hill Street o una sinfonía del llanto y el dolor que no cesa pero eso no les da a algunos bula para blasfemar ni herir lo más sagrado de nuestras sensibilidades y de nuestras conciencias. Hoy se blasfema de a hecho al de por junto y con malicia diabólica. Unos maldicen concejeramente y otros de refez andando al hopo y al copo con su propio gargajo que les pone perdidos cuando la palabra suelta que no tiene vuelta escampa sobre sus propias narices. Cuando alguien maldice a los cielos de las alturas llueven sapos. Los malhablados son otro flagelo apocalíptico otro más como la marea negra de cayucos es presura gentium castigo bíblico por nuestros pecados. Se reduce nuestro léxico hasta el minimum de ochocientos vocablos y entre unos y otros nos arrebatan el pan y la sal y el futuro a nuestros hijos, corrompen a nuestras mujeres envenenan el aire y contaminan el éter que hay que ver amigos como está el patio. No se les ocurra enchufar la tele y la radio que desde el televisor y el guial le asaltará el furor de sus mentiras y escupitajos y échale pan que mañana pía decíamos en mis tiempos. La blasfemia habitó entre nosotros pero todo esto ya es viejo y no me canso de repetirlo.  Obedece a una consigna.

 Antes también se decían palabrotas pero con un poco más de ingenio porque estos políticamente correctos son unos panolis tanto como los guionistas de “La Casa en la Pradera” o los burdos gags sansirolés de “Aquí no hay quien viva” a base de coprología y fornicio.

 Aquellos carreteros de nuestra infancia o nosotros mismos que aquí el que esté limpio de pecado lance su primera piedra que decían caguen dios eran o éramos unos bestias pero se hacía inconscientemente y en mis tiempos si te oía un guardia te ponía a lo mejor una multa de cinco pesetas. Aquella  brutalidad sana pero inconsciente estaba muy lejos de la sevicia y saña con la que algunos se despachan contra el Santísimo Sacramento. Sea siempre alabado para siempre. Amén. Uno de los tesoros – el cristianismo practica la filocalía el culto a la belleza, es la única que lo hace lo que es garantía de que es la única verdadera-de la Iglesia los que la vuelven bella y divina son la eucaristía (estar bien) y la eulogía (hablar bien y con carisma). Ambas cosas referidas al pan bendito que se sigue repartiendo todavía en las iglesias orientales cuyos himnos eucarísticos superan todo lo habido o por haber cuando el sacerdote recita la epiclesis en las misas cantadas: “eto telo moié” “Este es mi cuerpo”. Yo me acuerdo la unción transfixa con que un viejo pope pronunciaba las mágicas palabras en una iglesia ortodoxa de South Kensington en Londres en mis años mozos. La fórmula son el abracadabra de nuestra redención. Es la palabra que salva y trae la luz al mundo la que renueva la faz de la tierra. El arcano de todos los misterios que remoza la promesa de “me quedaré con vosotros hasta el fin de los tiempos”… en la eucaristía. Por esa idea por esa convicción – le recuerdo a ese inmundo personaje subido a la columna de su trono diario llovido de gargajos ahora que vienen los alatristes y matachines- mataban herejes y los españoles se batieron como jabatos en Flandes. Claro que este sujeto tan bravucón a lo mejor se va por la pata abajo cuando alguien le cierre el paso con un florete. En guardia, villano. Pero no está la miel hecha para la boca del asno y buena gana de perder el tiempo con estos marranos renegados y tornadizos que vuelven su desesperación su inanidad e impotencia oye no saben escribir sin maldecir contra lo más sagrado . Explicarles uno de los puntos clave de la Teología soteriológica sería perder el tiempo

A mí lo que dijo ese punto en letra impresa canalla llamándonos antropófagos a los que creemos en el misterio de la Transubstanciación y asistimos de vez en cuando a la Cena me pareció tan horroroso que cogí su inmundo papel y lo utilicé para un menester que no quiero decir como tampoco el nombre del ínclito que eso sería poner paños al púlpito  y hacerle la corte cuando el malsín lo que merece es un buen corte de manga, que tiene mucha suerte que lo ha dicho en un país cristiano donde se nos manda ser tolerantes y el perdón de los enemigos que de haberse cagado en Alá en tierra de moros ya el filo de la cimitarra hubiera soplado cizallas sobre su calva cabeza. Por lo pronto le hemos hecho una ficha. Creo que se apellida igual que la Doña Ficticia esa. Y recordarle las frases de Jesús: “ el que bebe mi sangre y come mi carne tendrá vida eterna”. Él no. Él es un précito. Está condenado a las calderas.

Vengo de una ciudad donde una profanación blasfema del mismo tenor con la que se ha descolgado este quidam  dio lugar a las fiestas del Sacramento de la Catorcena una arraigada tradición medieval que conmemora el milagro de la hostia por los aires. El sacristán de San Facundo un tal don Cleofás vendió una hostia consagrada a unos sujetos por treinta monedas que intentaron profanarla pero no lo consiguieron y desde entonces los de Segovia a los de esta raza les perdimos un poco el respeto porque de sobra sabemos que las risotadas contra la presencia real en la eucaristía del que ellos prorrumpen es fruto de su odio tribal y justifican en sus mohatras contra Cristo al que llaman Ese Hombre. El asunto se transformó en odio inconcebible y fue su caballo de batalla y la espada de Damocles con la que encendieron desde Holanda Europa con las guerras de religión inspirando a Lutero y a Calvino. El hijoputismo es carne de herejía y en esta instancia me viene una palabra  meshuge (sean malditos) pero de mánceres tornadizos está llena esta nación donde somos hijos de muchas leches y resultado de muchas creencias. La apostasía está a la orden del día. Tal vez sin embargo los dicterios de este facticio ficticio enano de las prensas que nos llama caníbales a los cristianos por comulgar no me ofendan tanto como lo que leí el otro día en otro sesudo periódico sin seso y con poco raciocinio aunque su lema sea la razón.  Este individuo se descolgó con otra parida que a mí se me antoja un pecado que no se perdona pues es ofensa contra el  Espíritu Santo. Dijo glosando al poeta Adorno que el Holocausto ha eliminado a la poesía y todo lo demás y ya no cabe escribir de otra cosa (el monotema). Se acabó la historia. Es el fin de la historia.  Pese a lo cual el mundo sigue dando vueltas. No metamos a Dios en estas cosas o le hagamos testaferro de nuestro ego o proyección de perversos nacionalismo desde la creencia de que pues yo soy el elegido y el bueno los demás son malos. No van por ahí las cosas. Dios elige y eso lo sabe muy bien el pueblo  electo para el dolor.

 A mí esto me parece una blasfemia de corte mayor un reto a la misericordia divina y un desafío al Dios de la Creación que no es El de la Revancha sino el del Perdón y el Amor. A pesar de Auschwitz o Buchenwald y sus horrores el mundo sigue funcionando. ¿Dónde estaba Dios? Inquiere la blasfemia. Si Dios no existe todo es posible era la máxima de Voltaire que hoy tiene tantos seguidores y esto no es más que una excusa para dar pábulo a la moral de situación y a los deseos de venganza. La rabia es mala consejera y puede obcecar a toda una gran nación No el Holocausto no anula  sino que complementa y explica la Resurrección pero este gran tema teológico que domina nuestros tiempos es una de las razones de tantos males con maulas y los que debieran denunciarlo – mis conocimientos teológicos aunque profundos siguen siendo legos y doctores tiene la Iglesia – se cruzan de brazos ya que no hay voluntad ni agallas por denunciarlo. Más bien miedo. La supresión del misterio de la redención permite por ejemplo ese tema tan elástico que llaman “memoria histórica” para volver al odio o las barbaridades que hemos visto en el transcurso de las últimas semanas bombardeando Tiro y Sidón y matando a niños  (horrorosas escenas de crimen ritual a preferencia de Moloch) y arrasando una entera nación. Nuestra época es blasfema y para justificar los horrores se buscan añagazas y pretextos. Todo está permitido y los criminales se van de rositas. Pero el mal es más profundo. Un barrunto acaso escatológico de otra guerra que aguarda.  Y con mayores exterminios. El flagelo de la guerra sigue al de la mentira, la impostura, la fornicación. Et ab spiritu fornicationis- cantábamos en las letanías- libera nos Domine. Amen

 


CIRIOS

 CIRIOS

 

Velas y cirios

Candelas y flamas

Llamas de la esperanza y el amor

Luzcan pues sobre el ciborio

El pabilo alarga la faz de Dios

Una vela en mi ventana

Ilumina mis noches

El cirio pascual alga y omega

Reluce desde la pascua de Flores

Hasta la Ascensión

Diacono, mide los pasos

Puja la estola para conjurar a las tinieblas

Alzarás el evangeliario

Lluevan sobre mis las bendiciones

Del patriarca santo

Candelas en la oscuridad

Que ahuyentan al diablo

Esparciendo esa luz interior

Que es aliento

De Jesús resucitado

Con su muerte disipó las tinieblas

Y es consuelo a mis dudas y congojas

Velas encendidas que iluminan el tímpano 

 

Velas y cirios

Candelas y flamas

Llamas de la esperanza y el amor

Luzcan pues sobre el ciborio

El pabilo alarga la faz de Dios

Una vela en mi ventana

Ilumina mis noches

El cirio pascual alga y omega

Reluce desde la pascua de Flores

Hasta la Ascensión

Diacono, mide los pasos

Puja la estola para conjurar a las tinieblas

Alzarás el evangeliario

Lluevan sobre mis las bendiciones

Del patriarca santo

Candelas en la oscuridad

Que ahuyentan al diablo

Esparciendo esa luz interior

Que es aliento

De Jesús resucitado

Con su muerte disipó las tinieblas

Y es consuelo a mis dudas y congojas

Velas encendidas que iluminan el tímpano

Y las arquivoltas

Radiantes cúpulas

Severidad del arte románico

Ahora todo es oscuro en espera del grito: “Hágase la luz”

Y la luz fue hecha

Abrió un arcángel

La puerta dorada del iconostasio

Y las arquivoltas

Radiantes cúpulas

Severidad del arte románico

Ahora todo es oscuro en espera del grito: “Hágase la luz”

Y la luz fue hecha

Abrió un arcángel

La puerta dorada del iconostasio

un franciscano barre la puerta del convento en compostela