EL LOBO DE SAN FROILÁN PATRÓN DE LEÓN
Manda en Oviedo Alfonso II el Casto que acababa de trasladar la corte, pontificaba la iglesia Gregorio IV. Corría el año 832 y venía al mundo Froilán, si hay que creer la bella historia que narra en su Año Cristiano el P. Croisset.
Había nacido en Lugo hijo de Froila dama visigótica de notables virtudes que sería a su muerte canonizada y los gallegos la invocan como protectora contra el reuma y los dolores de cabeza.
El que habría de ser preconizado obispo de la sede legionense creció como un muchacho apacible criado en el santo temor de Dios.
Era de buena casta.
Alcanzada la edad viril, y, queriendo saber cuál era la voluntad divina sobre su estado, decidió someterse a una ordalía, a un juicio de Dios. Que consistía en meterse en la boca un tizón de carbón ardiente como el profeta Isaías; si se quemaba era que no sería clérigo. Hecha la prueba, las brasas no lo quemaron. Salió indemne. Dios le mandaba ir a predicar el Evangelio.
Otros muchos milagros (curación de leprosos, resurrección de muertos, introspección de conciencio, oráculos bilocaciones, apariciones, etc.), su persona tenía todos los carismas del taumaturgo.
Se cuenta que en uno de sus viajes apostólicos por las aldeas de Asturias un lobo salió al camino y devoró al asno en cuyas artolas eran portados los libros del predicador.
Froilán buscó la guarida de la fiera y le reprendió. "Te comiste a mi asno y eso no lo manda Dios". El lobo se cuenta ocurrió un milagro se echó a los pies del santo y cargó con los misales y libros del bienaventurado acompañándolo desde entonces.
Debía de ser la fiera un perrazo pero manso como una paloma iba detrás de Froilán como portador de la palabra del Altísimo, siguiendo a san Froilán a todas partes.
La fama de santidad de Froilán cundió por todo el reino.
Entonces, dicen las crónicas, pudo más su humildad que la vanagloria y huyó al desierto, buscó un lugar escondido en las brañas del Bierzo seguido por san Atilano presbítero de Zamora, su discípulo que también quiso huir de los halagos del mundo. El demonio y la carne. Pero su ermita se convirtió en punto de peregrinación de las gentes que bizcaban en aquellos dos hombres de Dios la curación de sus enfermedades del alma y del cuerpo. Hubieron por tanto de abandonar la vida eremítica y se establecieron en Viseo, antigua ciudad romana en la ruta de la plata en Portugal.
El rey de Asturias y de León a la sazón Alfonso III el Magno conoció la fama de santidad de Froilán y le llamó a la corte de Oviedo.
Su Majestad encarga a Froilán fundar dos grandes monasterios uno en Pramaro (Soto de Luiña) y otro en Tavara orillas del Esla.
Ambos monasterios eran mixtos de mujeres y hombres reuniendo entrambos cerca de mil religiosos y religiosas dedicados a la vida consagrada.
El año 900 vacó la sede episcopal de León y Froilán recibió la mitra. Atilano el discípulo fue elevado a la sede de Zamora.
Poco antes de morir en 905, Froilán profetizó que el reino asturleonés sería devastado por el hambre, la peste y la guerra y que los moros volverían a someter a todo el territorio que habrían de pagar pechas al califa de Córdoba. Abderraman III exigió el tributo de las cien doncellas cincuenta guapas y cincuenta feas, transacción que habría de hacerse el día de san Miguel.
Las mozas serían llevadas al harén del jerarca musulmán y habrían de abandonar la fe cristiana.
lunes, 05 de octubre de 2026
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