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LA NOVIA DEL CABO. RELATOS DE UN VISIONARIO
Sesenta años llevo escribiendo, devanando sueños, remero forzado de la literatura que se busca a sí mismo y trata de explicar lo que le rodea y la vida que se escapa. Arduo empeño fue, pasadas mis bodas de oro con las musas, es una crónica de epifanías, hallazgos, decepciones e incomprensiones pero al mismo tiempo fue un accésit. Escribir es trepar por una escala. Para conmemorar tal efemérides incluyo tres poemas y un cuento. En las tres piezas se nota mi preocupación existencial y mi búsqueda del trasmundo, una fuerte religiosidad y cierta represión sexual a causa de los amores platónicos. Estas composiciones representan el calco de mi personalidad a los 18 años. Un tío mío de Barcelona nos trajo una maquina Olivetti marca Pluma y no he parado desde entonces.
San Justo Viejo campanario de san Justo Siempre solo a la vera del arroyo Contemplando el Acueducto Están sonando campanas eco del infinito Campanario torre románica Que tristeza esta tarde de domingo No tocarán a vísperas ni al rosario Porque la iglesia es un templo vacío Ya volaron las cigüeñas de tu torre Pero ahí está el nido En la plazuela desierta del Salvador No hay viejos sentados Ni juegan los niños Campanario de San Justo Yo quisiera verte redivivo Eterno galán de la sierra Tan empinado sobre la ciudad Tan erguido
Segovia junio de 1960
EVOCACIÓN Cuando el sol de la tarde Ponga un lucero En los cristales iluminados De tu ventana Escalaré el muro de mis sueños Y treparé hasta la torre Do estás encerrada
SEGOVIA FEBRERO 1962
Cada atardecer el campo es un manojo de surcos que confluyen en un mismo punto donde el sol muere y la soledad tiene un par de abarcas para caminar. Ladra un perro y un hombre con cara de palo pasa por el camino. El hombre ríe en su soledad tal cual una calavera bajo un sombrero de espantapájaros. Montones de basura pequeñas colinas negras a lo lejos donde crece la hierba sobre los campos redondeados. Tenadas sin rebaños. Desde ellas salta al olfato un hedor fuerte y un dios que está aquí arriba reinando como Júpiter sobre el paisaje de estos castros y parameras. En lo alto del somo hay un cementerio que fue iglesia visigótica. De la antigua fábrica sólo queda el torreón dos ventanarios y una cruz se alza airosa. En conjunto el edificio hecho farallón ofrece un aspecto fantasmal. A los que miran a unos les parece un obispo en su sede y para otros no es más que un fantasma en cuclillas que vigila el pueblo con sus ojos vacíos llenos por el día de añil y por la noche del Titar de las estrellas. Al lado del campanario crece un espino milenario de copa compacta al cual apedrean los muchachos. El endrino recibe los golpes sin protestar y no deja caer las piedras y los morillos que retiene entre sus ramas. Muchos de aquellos mozalbetes murieron de viejos después de haber apedreado en su niñez al espino sin que los pedruscos que lanzaron contra el endrino hayan regresado a la tierra pero ellos sí. Un hombre con cara de palo avanza hacia horizonte por el camino el azadón al hombro el andar cascabeludo. Sus andares son propios de un buey suelto. Se llama Valeriano tiene cincuenta años y es soltero. La carretera es blanca y el silencio blanco hasta entrar en Fuentesoto por las puertas carreteras. Un arriate de almendros recién floridos da echada la visera sobre la frente para resguardarse del da la bienvenida a Valeriano. Un aguzanieves se solaza sobre los montones de piedra. Estos mojones de piedra mantienen una actitud solemne de hombres pensativos. Valeriano camino del lar se acordaba de la Cirila una novia que tuvo cuando estaba en la mili. A veces Valeriano habla solo por lo cual puede colegirse que hay dos hombres en él uno que habla y el otro que es mudo.
Las piedras son blancas, la carretera y el polvo. El pueblo es tierra de vino y de pan. Hay guindos e higueras que crecen en los corrales y en los huertos y la carretera no está asfaltada. Sobresalen los cantos en el camino como las costillas del tórax de un tísico. Todas estas cosas le recuerdan a Valeriano su historia. Cuando llega a casa cierra todas las puertas y se sube al cerrado abre un ventanuco y desde allí ve pasar la vida. Toda la casa está a oscuras. Se siente pisar a los ratones por el tillado. Valeriano es un viejo golondrino que empolla su soledad. A através del ventano abierto su rostro aparece grotesco la nariz larga semeja al pico de un cuervo. Por detrás la torre del obispo mira para el pueblo como me ves te verás. Queronte aguarda. El obispo sedente aparece con los ojos muy abiertos por el hueco que dejaron las campanas que confiscaron las tropas napoleónicas para hacer balas de cañón. Un sendero sube bordeando las bodegas excavadas en la roca viva todas ellas aparecen con una puerta de madera de pino maderos entrecruzados en torno a una gran cerradura. Por el camino marchan los hombres camino de la bodega cuando Van a por vino. Algunos renquean por el reuma. Flanqueando el sendero se establecen las cruces de piedra de un calvario primitivo. Más allá de las claridades de este cielo raso las noches de luna Hay un búho que mira para Fuentesoto con poder sustantivo. Tiene los ojos inflamados como hogueras y algunos piensan que el mirar de este ave rapaz pudo ser el del diablo. El baile del tiempo trae su congoja. Valeriano contemplaba la danza desde el ventanuco. Era un contemplador. Nadie podía objetar nada a esta vertiente mística de su carácter. ¿Y la Cirila? ¿Dónde estaba la Cirila la mujer que él había amado? Hubo un tiempo que él amó aunque él no había sido amado jamás. Fue la razón de su vida. No vino el amor y por despecho esa carencia se transformó en vino. In vino veritas. La religión del jarro y el traguillo. Hacia esos derroteros de tristeza su vida evolucionó. A Valeriano se le empañan los ojos y llora, su mirada perpleja en los altos del somo. Contempla desde abajo el cementerio que está muy arriba como el cielo
ESPAÑA MI NATURA |
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Posted: 24 Mar 2019 10:27 AM PDT JAIME CAPMANY Le llamaban el “Chino” verbo silbante tal vez de sus dientes postizos, un buda con mala leche. En cierta ocasión me colgó el teléfono y era un cambia-lindes, ablandabrevas, zurraba de lo lindo. Precedió al pobre Pistolesi en la corresponsalía romana de Pyresa, no le tuve yo de director, de lo cual me alegro, pues me mandaron a Londres muy a pesar suyo y de los buitres como Merino y de un aragonés un tal Latorre que me trajo por la calle de la amargura. Bueno sea; ya todo pasó. Hubo en el falangismo una escisión que llevó al cierre de Arribay la agencia Pyresa. Yo estaba a miles de kilómetros de distancia en mi alguarín londinense zurrándole a la maquina del télex o mirando navegar a las gabarras y los barcos de turistas por la bahía de Manhattan desde mi despacho de la ONU y no fui testigo de la gresca pero la reyerta entre tradicionales y aperturistas fue muy fuerte. Ganaron los del Bunker momentáneamente pero a partir del discurso del 12 de febrero de Arias Navarro fue el sálvese quien pueda, vino la desbandada. Antonio Izquierdo el abanderado del pensamiento tradicional joseantonianmo resistió a costa de un cáncer que le llevó a la tumba. Capmany y su equipo se fueron a la competencia, siguiendo el camino de Eugenio Montes y firmaban en ABC. El gallego vigués Pedro Rodríguez se murió de un infarto. Fueron tiempos difíciles pero había que entregar la cuchara. La prensa del Movimiento firmaba el finiquito al cabo de 35 años de buen hacer. Eugenio García Serrano que escribía como los ángeles con su medio pulmón y sus diccionarios para un macuto (se pasó la guerra en un hospital toreando de salón, no fue al frente ni disparó un solo tiro) cerró el ciclo pero nunca debió tanto nuestra literatura y el periodismo español a tan pocos. El mejor director que tuve fue Rodrigo Royo pero fue abatido por el fuego amigo ─ las envidias, la ambición, omecillo, malquerencias y rivalidades antiguas que hacen difícil nuestra convivencia desde antiguo─ fue la victima de los influjos y cabildeos de la gran conjura que todos vivimos. Un escritor con visión de futuro. Se forjó en la corresponsalía en Nueva York. Emulo glorioso suyo fue el llorado Félix Ortega. Desde Paris Enrique Laborde rizaba el rizo y Cesar Santos desde Bonn nos contaba el mundo de Willy Brandt mentor del socialismo español. El contubernio echaba a andar. Dejaron estos profesionales el pabellón muy alto, y yo desde Londres y Nueva York hice lo que pude, creo que no del todo mal, y lo digo sin jactancia; defendí a mi país y denuncié no pocas injerencias de americanos e ingleses. Querían que desapareciéramos, resultábamos incómodos. Luego a través de Juan Luis Cebrián compraron toda la prensa y el audiovisual. Querían sus propios amanuenses y nosotros estorbábamos. De televisión echaron a Navas el corresponsal de TVE en la capital londinense. Fue una maniobra indecente a cargo de Victoria Prego y de Rosa María Mateos. Doy testimonio. La venta de nuestros medios de comunicación es la historia jamás contada. Nos amordazaron. Ahorcaron nuestras voces. Tiempos muy duros aquellos de la transición. A mí nunca me gustó Capmany. Era un murciano con mala leche que arrastraba las secuelas de la guerra civil ─ Falange prohíja y admitió a los hijos de los republicanos sin pedirlos ejecutoria de hidalguía ni limpieza de sangre, de familia republicana como el caso de Cristóbal Páez aquel director tan rubio y tan buena persona─ pero Jaime era temible y peligroso. Era la cólera del español sentado delante del tablero de su Olivetti. Manejaba el castellano con una solercia y profesionalidad digna de los versos de Francisco de Quevedo. Versificaba con gran facilidad y en sus sátiras desenmascaraba a los necios: los Solana Madariaga que presumían de haber sido represaliados por Franco en el bando republicano demostró que los costales no eran tales, que el padre estuvo refugiado en una embajada y desde el 1 de abril de 1939 fue rehabilitado en su cargo de funcionario. Capmany esgrimía la pluma como un florete, todo un espadachín pero muy supersticioso. Tenía una habilidad excepcional para descubrir gafes y personajes siniestros o con mal fario porque desde Roma había escrito mucho sobre la guija y la "jettaturaª. Toquemos madera, agárrate que vienen curvas.
Detectó
el mal de ojo en algunos ministros de Felipe González y en los
Borbones. Había que sorrapear la vida española limpiarla de
malas hierbas manejando la azada y el escardillo porque irrumpía
en acto de presencia la gran corrupción. El sarcasmo de Jaime
cuando sacaba la guasca a pasear no dejaba títere con cabeza ni
cabeza cubierta con zorongo por muy importante que fuese el
personaje. ESPAÑA MI NATURA |
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PERIODISTAS DEL ARRIBA DE MI LIBRO "QUO VADIS SPAIN YO FUI PERIODISTA DE FRANCO" Posted: 24 Mar 2019 09:39 AM PDT
JAIME CAPMANY Le llamaban el “Chino” verbo silbante tal vez de sus dientes postizos, un buda con mala leche. En cierta ocasión me colgó el teléfono y era un cambia-lindes, ablandabrevas, zurraba de lo lindo. Precedió al pobre Pistolesi en la corresponsalía romana de Pyresa, no le tuve yo de director de lo cual me alegro, pues me mandaron a Londres muy a pesar suyo y de los buitres como Merino y de un aragonés un tal Latorre que me trajo por la calle de la amargura. Bueno sea; ya todo pasó. Hubo en el falangismo una escisión que llevó al cierre de Arribay la agencia Pyresa. Yo estaba a miles de kilómetros de distancia en mi alguarín londinense zurrándole a la maquina del télex o mirando navegar a las gabarras y los barcos de turistas por la bahía de Manhattan desde mi despacho de la ONU y no fui testigo de la gresca pero la reyerta entre tradicionales y aperturistas fue muy fuerte. Ganaron los del Bunker momentáneamente pero a partir del discursos del 12 de febrero de Arias Navarro fue el sálvese quien pueda, vino la desbandada. Antonio Izquierdo el abanderado del pensamiento esencial joseantonianmo resistió a costa de un cáncer que le llevó a la tumba Capmany y su equipo se fueron a la competencia siguiendo el camino de Eugenio Montes y firmaban en ABC. El gallego vigués Pedro Rodríguez se murió de un infarto. Fueron tiempos difíciles pero había que entregar la cuchara. La prensa del Movimiento hubo de entregar la cuchara. Eugenio García serrano que escribía como los ángeles con su medio pulmón y sus diccionarios para un macuto (se pasó la guerra en un hospital) cerró el ciclo pero nunca se debió tanto en literatura y el periodismo español a tan pocos. El mejor director que tuve fue Rodrigo Royo pero fue abatido por el fuego amigo ─ las envidias, la ambición, omecillo y rivalidades antiguos que hacen difícil la convivencia─ fue la victima de los influjos y cabildeos de malquerencia. Un escritor con visión de futuro. Se forjó en la corresponsalía en Nueva York. Emulo glorioso fue el llorado Félix Ortega. Desde Paris Enrique Laborde rizaba el rizo y Cesar Santos. Dejaron el pabellón muy alto y yo desde Londres y Nueva York hice lo que pude. Tiempos muy duros aquellos de la transición. A mí nunca me gustó Capmany. Era un murciano con mala leche que arrastraba las secuelas de la guerra civil ─ Falange prohíja y admitió a los hijos de los republicanos sin pedirlos ejecutoria de hidalguía ni limpieza de sangre, de familia republicana como el caso de Cristóbal Páez aquel director tan rubio y tan buena persona─ pero Jaime era temible y peligroso. Era la cólera del español sentado delante del tablero de su Olivetti. Manejaba el castellano con una solercia y profesionalidad digna de los versos de Francisco de Quevedo. Versificaba con gran facilidad y en sus sátiras desenmascaraba a los necios: los Solana Madariaga que presumían de haber sido represaliados por Franco en el bando republicano demostró que los costales no eran tales, que el padre estuvo refugiado en una embachada y desde el 1 de abril de 1939 fue rehabilitado en su cargo de funcionario. Capmany esgrimía la pluma como un florete, todo un espadachín pero muy supersticioso. Tenía una habilidad excepcional para descubrir gafes y personajes siniestros o con mal fario porque desde Roma había escrito mucho sobre la guija y el mal fario. Toquemos madera, agárrate que vienen curvas.
Detectó el mal de ojo en algunos ministros de Felipe González y en los Borbones. Había que sorrapear la vida española limpiarla de malas hierbas y el escardillo porque irrumpía acto de presencia la gran corrupción. El sarcasmo de Jaime cuando sacaba la guasca a pasear no dejaba títere con cabeza ni cabeza cubierta de zorongo por muy importante que fuese el personaje. Era el terror de los ministros; Fernando Morán con su aspecto melancólico gran parecido a Valentín Tormos el actor que representaba a Don Cicuta en el programa de la tele muy popular a la sazón Un dos tresy fue el que nos metió en el Mercado Común y la OTAN para ruina de la siderurgia, la ganadería, la agricultura nacional (desde entonces vivimos de subvenciones en el “buy you out” sin apenas producción), los Solana, Paco Ordoñez y Tierno Galván padecieron en sus personas el zarandeos de las acerbas invectivas del murciano. Pero aquel tiempo pasó, los vientos se llevaron los estertores de la vorágine, yo no he querido incluirme entre los grandes periodistas de Arriba, me colgó en teléfono, descanse en paz, ya nadie le recuerda. Es el sino de muchos buenos periodistas. |

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