2026-11-05

 DONCASTER

 

El proyecto de lenguas de la Universidad de York para el cual yo trabajaba en aquella casona de estilo georgiano cercana a la puerta de Micklegate  pasado el río Ouse cerró sus puertas. Eran los tiempos en los cuales Inglaterra abría las puertas al mundo y el gobierno Laborista acariciaba un plan para enseñar diferentes idiomas (francés, alemán, italiano, español y ruso) en los institutos de segunda enseñanza: Comprehensive Schools y Public Schools.

Lo pasé mal pues la carta de despido llegó el 21 de mayo de 1970 al día siguiente del nacimiento de Helen. Gracias a Dios el jefe del Departamento Mr. Rowlands tuvo la bondad de hablar con las autoridades educativas del condado del Yorkshire, reconocieron mi título universitario para enseñar en un colegio de secundaria en Doncaster localidad cercana a Wilberfoss. Nos dieron una casa estatal (council house) protegida de renta baja, cerramos la de Wilberfoss un bungalow que me llevaba parte del salario. Para ahorrar dinero yo solía acudir al trabajo en autostop. Tuve muchas aventuras que no quiero explicar aquí pero que me facultaron a conocer la idiosincrasia de los ingleses del Norte. Buena gente. Hasta asimilé su acento y los amigos me decían si era irlandés pues se me notaba la vocalización "brogue" que arrastra las erres, otros que si era judío pues mi locución era algo nasal como la de los hebreos. Yo estaba decidido a quedarme a vivir en Inglaterra para siempre y llegué a dominar el inglés casi como los propios nativos. Seguía picándome el gusanillo del periodismo.

Envié varios artículos a The Guardian que fueron rechazados e incluso escribí aplicaciones para colocarme en la BBC en el Departamento de español. Hice una buena entrevista y yo creía haber ganado el puesto pero también suspendí. Por lo visto era jefe de aquella sección un catalán que se llamaba Rafael Sala ferviente catalanista y él debió de olerme los zancajos franquistas con los que he ido siempre por el mundo con la frente muy alta. Levantamos la casa los pocos enseres que teníamos y Suzanne que había sido feliz en Wilberfoss en aquel chalet al lado de la autopista casi debajo de unos cables de alta tensión desde se veía la campiña, encontró difícil acomodarse a Doncaster ciudad obrera ella que venía de una aristocrática familia londinense. La coucil house tenía un jardín trasero delante de un campo de fútbol. De dos pisos arriba la cocina el lounge y dos dormitorios un servicio con baño. El barrio un suburbio de Doncaster se llamaba Edenthorpe que viene a ser algo así como el collado del Eden. A mí me gustaba aquella gente. Todos me ayudaron pero yo tenía dificultades de comunicación. Les enseñaba a los niños canciones y villancicos pero un día alzó sui dedo índice en alto se levantó uno el más pequeñito de la clase hijo de un minero que se llamaba Pailing y me dijo:

─Why do I wanto to learn spànish, Sir, if I go to be all my life in the pit? (para qué demonios quiero saber yo español, señor, si me voy a pasar la vida abajo en la galería de la mina)

Aquella pregunta del intrépido y avispado Pailing me descorazonó acabando con mi decisión de ser un benigno teacher en cualquier escuela del Reino Unido. Eran los tiempos de las "packet holidays" y muchos de los padres de mis alumnos habían pasado temporadas vacacionales en la Costa Brava, Mallorca y Benidorm, coincidiendo con el boom turístico. Otrosí, Suzanne empezó a sentirme los síntomas de una enfermedad grave que la llevaría a la mesa de operaciones en poco tiempo: picores, perdida de pelo, ojos saltones, pescuezo inflamado, el cuerpo hinchado. Había llegado la enfermedad. Era un cáncer de tiroides. Dios mío. Un día al llegar de dar mis clases la encontré llorando en el sofá y me dijo algo que me destrozó interiormente:

─You brought me bad luck.

Yo era el culpable de aquella enfermedad. Habíamos pasado un drama antes de casarnos. La boda por la iglesia había sido suspendida y se hizo en el jugado de Hounslow. !Pobre Mr. Hugh qué bueno y qué paciente fue conmigo! Tuvo que aplazar la ceremonia,, los gastos del banquete, todo. Su madre Mary Joseph sufrió muchísimo. La razón de aquella desacertada decisión por mi parte la tuvo mi madre que se opuso como una loca. "Tú te vas a casar con una puta inglesa". Obre Mr. Hugh, un caballero, un santo varón. Ahora pasados mas de cincuenta años perdono a la que me dio el ser y pido perdón a mi suegro el pero a mío mismo no me perdono. He de confesar con versos de León Felipe "suplicaré perdón a mucha gente pero soy incapaz. Todos aquellos que me podrían perdonar están muertos". Recojo del calepino lo que escribía yo en mi dietario personal promesas deslavazadas, un grito en la oscuridad que me llena de remordimientos:

 

Juana Galindo Martín, mi madre

 

No alabaré tu grandeza de castellana implacable

Nada diré de tu hermosura

Para mí nunca envejeces

Ni nada sabes de este amor hacia Suzanne que me penetra

Y tú no comprendes

Son los extraños ligamentos de la carne

Que pocos entienden

Mi inmadurez mi locura de amor

Mis indecisiones

Segoviana altiva

De la estirpe del Cid

Que ignoras cuanto desconoces

Madre, yo solo puedo gritar mi rabia en estos versos

Nada diré contra ti

Pues te llevo dentro y fuera de mi carne

Porque sin hablar

Conocías mis pensamientos

Tú me pariste

Y me destruiste

Así lo quiso Dios

 

 

En mi llegada a Doncaster

 

Doncaster carbón y plomo

Los castilletes de la mina

Besados por la lluvia

Baena gente obrera

Señor, danos tiempo y gracia

Mientras esperamos

Las particiones del Amor

Esa herencia que dicen que nos legas

Ando por las calles de una ciudad desconocida

Que me acoge

Soy un refugiado

Acaso un judío errante

Portando en mis adentros

Las contradicciones y reparos

De un monólogo interior

Me paro a pensar mientras voy

Por Doncaster ligero de equipaje

Una hija nos ha nacido y mi mujer está enferma

Hay niños en el corro

Que esperan la redención del viento

El dulce soplo de los sueños

Jugando en los suburbios

¿Mañana qué serán?

Quien les dará pan

Quien les dará amor

Barrios de emigrantes

Suburbios de esta vieja ciudad romana

Cerca de la estación

El pitido de los trenes me despiertan en la noche

Vuelan los fantasmas a través de mi imaginación

Prorrumpen en carcajadas

Tienen rostros tiznados de carbón

Beben cerveza en Friday Night

Y llevan sobre las espaldas el peso del mundo

Son la fuerza motriz que mueve el movimiento

 

En Doncaster a 21 de julio de 1970

 

 

A los que se llaman como yo

 

Mi nombre es vulgar

Frondosa parra sin uvas

Miles de hombres que se llaman como

No los conozco

Estoy en el exilio

Alma herida de fracasos

Bebo en la fuente del silencio

Aguas turbias

Vivo donde río lloro muero y paso

No le importo a nadie

Pero nuestra esencia es universal

Todos reverberamos en la luz de un espejo

Universal

Yo solo soy piedra matorral y monte

Me llamo Parra y me gusta el vino

Vengo de la cepa del Rey David

Desgrano los dieces de un rosario de versos soñados

Que nadie escuchará

Vayamos con la música a otra parte

La barca navega sin rumbo

¿en qué bajío encallará?

 CAMINO DE DONCASTER

Carrión Carrión

El zancarrón de Mahoma

Pájaros vienen de mal agüero

Yo me disperso

Dios  ¿por qué escribiste

Nuestros nombres en el cielo?

Las letras estaban del revés

Y nos dispersó el destino

Juegan a la guija mis pensamientos

Tres en raya

Yo me quedo

Tú te llevas el mal fario

De la augusta diosa

Del calor nace la hierba

Abriéndonos estábamos a un horizonte de colores

Pero no era el mundo como tú y yo  lo soñábamos

Valió la pena la aventura

No mires cómo vuelan

Los buitres de tus pensamientos

Carrión

Doblón

Tres esquinitas

Tiene mi cama

Cuatro angelitos

Que me la guardan

El viento mueve las cañas

Una perra chica

Te daré por un beso.

Un cínife vagabundo

Pasó moviendo sus élitros

Carrión

Plastrón

El zancarrón del burro muerto

Parra, parrilla, te pegó tu madre con la zapatilla

Las ideas vuelan por tu cabeza disparatadas

Cuando se conduce

Siempre hay que pensar en algo

Yo me quedo

Heagerty y Heeney

Amarga cerveza negra

Que bebí de mozo

una barrica y un tonel.

Acabó la espicha

E hicimos cacharritos.

Apellidos trotamundos

Arribando a la verde Erín

Flores que se lleva el viento

Tú estabas subida al olivo

Escalé la cucaña

Y gané el quiñón

De tu sonrisa en la orla de tus labios

¡Qué tiempos!

Atardece

El sol envía

Rayos de ausencia

Quiñón, carrión

Cantón

De sopetón

Bajaron las ninfas

A bañarse desnudas

A las aguas pandas del río Ivel

Cambridge con todo su poder, a mano izquierda

Cuando conducíamos hacia el norte

Mi mini Cooper se sabía el camino

De aquel soñado Hornchurch

Un pís, una taza de té en el apeadero

Y nuestra niña dormía en tu regazo

Millas y millas, rubia y pecosilla.

Leguas y leguas

Varas y veredas

Yardas, millas and milestones

Kilómetros y kilómetros

Anochecido,  llegábamos a los jardines de Doncaster

 Una casa, un hogar, una taza de té

Y yo me sentía centauro sobre aquel caballo de hierro

Písale bien.

¡A fondo el pedal  del motor alado!

A modo de Quirón cabalgaba sobre el mundo.

La Old Merry England un lecho de flores a nuestros pies

Empuñando el volante como las riendas de una cuadriga.

 UN BELLÍSIMO CUENTO RUSO. ¿VALE LA PENA ESCRIBIR?

 

¿Qué es la belleza? Preguntó un día la rosa y el artista respondió y tú me lo preguntas.

Llevo sesenta años escribiendo con poco fortuna soy un incógnito un topo de la literatura pero creo haber alcanzado un grado que se acerca a lo máximo en mi accésit al igual que los místicos hablan de la via purgativa, la vía contemplativa y por último la unitiva.

Con ella acabas juntándote a la divinidad el corazón traspasado de trascendía y gozando de la santa indiferencia. Te sientes por encima del bien y del mal y te ríes con tristeza de esos y esas escribidoras que llaman a las puertas de la fama y trepan por la cucaña para llegar a codazos y zancadillas los primeros a la meta.

Temo confesar que en esta feria de vanidades y de imágenes el buen paño en el arca se vende. Así que todos esos famosos que firman sus ejemplares en las casetas de la feria del libro.

 Perez Reverte el espadachín cuyos libros se me atragantan, la Carmen Navarro que pare bestsellers más que una coneja, hija del Yale cuyo padre el divino cojo periodista a galeradas de Pueblo  quiso tirar a su madre por la ventana pero sólo se atrevió a lanzar a la calle la máquina de escribir me parecen unos diletantes promocionados superventas.

Pero sus libros se me caen de las manos. Sólo escriben refritos de los thriller norteamericanos. Así que  me quedo con los rusos tan despreciables y obliterados por la propaganda del régimen 666.

Ivan Surguchov un autor descatalogado escribió “Las padres”. Es la historia de un rico mercader de provincias que mandan a estudiar a Petersburgo a su unigénito a estudiar leyes. La familia se reunía en la gran casona las noches de de filandón al calor del fuego mientras silbaba el samovar con el té ardiente y hablaban de sus cosas. Ivan Trimomich Egorov un rico comerciante de pieles. Había tenido suerte en sus negocios, su mujer María era analfabeta y odiaba los libros. El amigo de la familia por el contrario careció de fortuna en los negocios estaba arruinado pero era un hombre ilustrado, se sabía al detalle todos los santos del día. Se llamaba Mijail Mijailovih, cantaba como un chantre a duo con el diacono para entonar las letanías. Hablan del hijo Igor que escribía en los periódicos y revistas nacionales. Pero dígame usted, Ivan Ivanovich: ¿escribiendo en esos medios tan afamados se puede ser rico, lograr la cruz de san Estanislao o ganar una sinecura en la Administración?

Una paga del estado es cosa segura, los poetas se mueren de hambre.

La pregunta flota en el aire y se concluye: un escritor no vale gran cosa, por más que sea admirable. ¡Ah la lira es hermana de la pobreza¡ Surguchov termina coincidiendo con Horacio que ya decía un siglo antes de cristo: “carmina aurum non dabunt” (los versos no dan de comer).

En esto llega a la casa un paquete. Dentro viene el libro de cuentos que acaba de publicar el hijo de la familia Teodoro Egorov. Su padre se extasía contemplando las páginas sin abrir y la madre que no sabía leer exclama “esas cosas se las ha sacado Igor de la cabeza”.

Ávidos, empiezan a leer, el viejo le lee a la vieja aquellos cuentos que acaba de publicar el muchacho. Sin embargo a medida que avanza en la lectura se le ponen los pelos de punta.

El protagonista vive una vida disoluta en la ciudad, visita los chigres más inmundos, le hace el amor a las meretrices de la corte, cae abatido en un duelo ¡qué horror!

Entonces, para que la vieja no se entere de que el hijo bien amado es un perdis, que anda por malos pasos empieza a cambiar la nota y leer en voz alta cosas que se le ocurren, historias de santos, aventuras maravillosas de caballeros que luchan por el zar y mueren peleando por la Santa Rusia.

La madre escucha embelesada. Pero nada es verdad. Saco una moraleja o varias moralejas: los libros buenos levantan sospechas y envidias, descubren los flancos débiles del autor, además esto de escribir para analfabetos no es muy saludable que digamos.

Sin embargo los autores no renunciamos al oficio. Nos calzamos el coturno para hablar con voz profeta y hace estremecer a las gentes con el bronco sonido del isofar de Yom Kippur. Aina más.  No puede ser de otra manera mira por donde. Además esta noche es la Víspera de la Nochebuena Rusa y conviene la lectura de cosas que interesen o embelesen.

Ninguno de esos mendas famosos antes mencionados escritores de aluvión firmantes en la Feria del libro sería capaz de dar a la estampa una obra de arte como este cuento del escritor ruso. Hoy la literatura virtual se ha convertido en afrecho y sucursal del analfabetismo democrático. Los escritores publican los dictámenes del Gran Hermano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 UN BELLÍSIMO CUENTO RUSO. ¿VALE LA PENA ESCRIBIR?

 

¿Qué es la belleza? Preguntó un día la rosa y el artista respondió y tú me lo preguntas.

Llevo sesenta años escribiendo con poco fortuna soy un incógnito un topo de la literatura pero creo haber alcanzado un grado que se acerca a lo máximo en mi accésit al igual que los místicos hablan de la via purgativa, la vía contemplativa y por último la unitiva.

Con ella acabas juntándote a la divinidad el corazón traspasado de trascendía y gozando de la santa indiferencia. Te sientes por encima del bien y del mal y te ríes con tristeza de esos y esas escribidoras que llaman a las puertas de la fama y trepan por la cucaña para llegar a codazos y zancadillas los primeros a la meta.

Temo confesar que en esta feria de vanidades y de imágenes el buen paño en el arca se vende. Así que todos esos famosos que firman sus ejemplares en las casetas de la feria del libro.

 Perez Reverte el espadachín cuyos libros se me atragantan, la Carmen Navarro que pare bestsellers más que una coneja, hija del Yale cuyo padre el divino cojo periodista a galeradas de Pueblo  quiso tirar a su madre por la ventana pero sólo se atrevió a lanzar a la calle la máquina de escribir me parecen unos diletantes promocionados superventas.

Pero sus libros se me caen de las manos. Sólo escriben refritos de los thriller norteamericanos. Así que  me quedo con los rusos tan despreciables y obliterados por la propaganda del régimen 666.

Ivan Surguchov un autor descatalogado escribió “Las padres”. Es la historia de un rico mercader de provincias que mandan a estudiar a Petersburgo a su unigénito a estudiar leyes. La familia se reunía en la gran casona las noches de de filandón al calor del fuego mientras silbaba el samovar con el té ardiente y hablaban de sus cosas. Ivan Trimomich Egorov un rico comerciante de pieles. Había tenido suerte en sus negocios, su mujer María era analfabeta y odiaba los libros. El amigo de la familia por el contrario careció de fortuna en los negocios estaba arruinado pero era un hombre ilustrado, se sabía al detalle todos los santos del día. Se llamaba Mijail Mijailovih, cantaba como un chantre a duo con el diacono para entonar las letanías. Hablan del hijo Igor que escribía en los periódicos y revistas nacionales. Pero dígame usted, Ivan Ivanovich: ¿escribiendo en esos medios tan afamados se puede ser rico, lograr la cruz de san Estanislao o ganar una sinecura en la Administración?

Una paga del estado es cosa segura, los poetas se mueren de hambre.

La pregunta flota en el aire y se concluye: un escritor no vale gran cosa, por más que sea admirable. ¡Ah la lira es hermana de la pobreza¡ Surguchov termina coincidiendo con Horacio que ya decía un siglo antes de cristo: “carmina aurum non dabunt” (los versos no dan de comer).

En esto llega a la casa un paquete. Dentro viene el libro de cuentos que acaba de publicar el hijo de la familia Teodoro Egorov. Su padre se extasía contemplando las páginas sin abrir y la madre que no sabía leer exclama “esas cosas se las ha sacado Igor de la cabeza”.

Ávidos, empiezan a leer, el viejo le lee a la vieja aquellos cuentos que acaba de publicar el muchacho. Sin embargo a medida que avanza en la lectura se le ponen los pelos de punta.

El protagonista vive una vida disoluta en la ciudad, visita los chigres más inmundos, le hace el amor a las meretrices de la corte, cae abatido en un duelo ¡qué horror!

Entonces, para que la vieja no se entere de que el hijo bien amado es un perdis, que anda por malos pasos empieza a cambiar la nota y leer en voz alta cosas que se le ocurren, historias de santos, aventuras maravillosas de caballeros que luchan por el zar y mueren peleando por la Santa Rusia.

La madre escucha embelesada. Pero nada es verdad. Saco una moraleja o varias moralejas: los libros buenos levantan sospechas y envidias, descubren los flancos débiles del autor, además esto de escribir para analfabetos no es muy saludable que digamos.

Sin embargo los autores no renunciamos al oficio. Nos calzamos el coturno para hablar con voz profeta y hace estremecer a las gentes con el bronco sonido del isofar de Yom Kippur. Aina más.  No puede ser de otra manera mira por donde. Además esta noche es la Víspera de la Nochebuena Rusa y conviene la lectura de cosas que interesen o embelesen.

Ninguno de esos mendas famosos antes mencionados escritores de aluvión firmantes en la Feria del libro sería capaz de dar a la estampa una obra de arte como este cuento del escritor ruso. Hoy la literatura virtual se ha convertido en afrecho y sucursal del analfabetismo democrático. Los escritores publican los dictámenes del Gran Hermano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 UN BELLÍSIMO CUENTO RUSO. ¿VALE LA PENA ESCRIBIR?

 

¿Qué es la belleza? Preguntó un día la rosa y el artista respondió y tú me lo preguntas.

Llevo sesenta años escribiendo con poco fortuna soy un incógnito un topo de la literatura pero creo haber alcanzado un grado que se acerca a lo máximo en mi accésit al igual que los místicos hablan de la via purgativa, la vía contemplativa y por último la unitiva.

Con ella acabas juntándote a la divinidad el corazón traspasado de trascendía y gozando de la santa indiferencia. Te sientes por encima del bien y del mal y te ríes con tristeza de esos y esas escribidoras que llaman a las puertas de la fama y trepan por la cucaña para llegar a codazos y zancadillas los primeros a la meta.

Temo confesar que en esta feria de vanidades y de imágenes el buen paño en el arca se vende. Así que todos esos famosos que firman sus ejemplares en las casetas de la feria del libro.

 Perez Reverte el espadachín cuyos libros se me atragantan, la Carmen Navarro que pare bestsellers más que una coneja, hija del Yale cuyo padre el divino cojo periodista a galeradas de Pueblo  quiso tirar a su madre por la ventana pero sólo se atrevió a lanzar a la calle la máquina de escribir me parecen unos diletantes promocionados superventas.

Pero sus libros se me caen de las manos. Sólo escriben refritos de los thriller norteamericanos. Así que  me quedo con los rusos tan despreciables y obliterados por la propaganda del régimen 666.

Ivan Surguchov un autor descatalogado escribió “Las padres”. Es la historia de un rico mercader de provincias que mandan a estudiar a Petersburgo a su unigénito a estudiar leyes. La familia se reunía en la gran casona las noches de de filandón al calor del fuego mientras silbaba el samovar con el té ardiente y hablaban de sus cosas. Ivan Trimomich Egorov un rico comerciante de pieles. Había tenido suerte en sus negocios, su mujer María era analfabeta y odiaba los libros. El amigo de la familia por el contrario careció de fortuna en los negocios estaba arruinado pero era un hombre ilustrado, se sabía al detalle todos los santos del día. Se llamaba Mijail Mijailovih, cantaba como un chantre a duo con el diacono para entonar las letanías. Hablan del hijo Igor que escribía en los periódicos y revistas nacionales. Pero dígame usted, Ivan Ivanovich: ¿escribiendo en esos medios tan afamados se puede ser rico, lograr la cruz de san Estanislao o ganar una sinecura en la Administración?

Una paga del estado es cosa segura, los poetas se mueren de hambre.

La pregunta flota en el aire y se concluye: un escritor no vale gran cosa, por más que sea admirable. ¡Ah la lira es hermana de la pobreza¡ Surguchov termina coincidiendo con Horacio que ya decía un siglo antes de cristo: “carmina aurum non dabunt” (los versos no dan de comer).

En esto llega a la casa un paquete. Dentro viene el libro de cuentos que acaba de publicar el hijo de la familia Teodoro Egorov. Su padre se extasía contemplando las páginas sin abrir y la madre que no sabía leer exclama “esas cosas se las ha sacado Igor de la cabeza”.

Ávidos, empiezan a leer, el viejo le lee a la vieja aquellos cuentos que acaba de publicar el muchacho. Sin embargo a medida que avanza en la lectura se le ponen los pelos de punta.

El protagonista vive una vida disoluta en la ciudad, visita los chigres más inmundos, le hace el amor a las meretrices de la corte, cae abatido en un duelo ¡qué horror!

Entonces, para que la vieja no se entere de que el hijo bien amado es un perdis, que anda por malos pasos empieza a cambiar la nota y leer en voz alta cosas que se le ocurren, historias de santos, aventuras maravillosas de caballeros que luchan por el zar y mueren peleando por la Santa Rusia.

La madre escucha embelesada. Pero nada es verdad. Saco una moraleja o varias moralejas: los libros buenos levantan sospechas y envidias, descubren los flancos débiles del autor, además esto de escribir para analfabetos no es muy saludable que digamos.

Sin embargo los autores no renunciamos al oficio. Nos calzamos el coturno para hablar con voz profeta y hace estremecer a las gentes con el bronco sonido del isofar de Yom Kippur. Aina más.  No puede ser de otra manera mira por donde. Además esta noche es la Víspera de la Nochebuena Rusa y conviene la lectura de cosas que interesen o embelesen.

Ninguno de esos mendas famosos antes mencionados escritores de aluvión firmantes en la Feria del libro sería capaz de dar a la estampa una obra de arte como este cuento del escritor ruso. Hoy la literatura virtual se ha convertido en afrecho y sucursal del analfabetismo democrático. Los escritores publican los dictámenes del Gran Hermano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 UN BELLÍSIMO CUENTO RUSO. ¿VALE LA PENA ESCRIBIR?

 

¿Qué es la belleza? Preguntó un día la rosa y el artista respondió y tú me lo preguntas.

Llevo sesenta años escribiendo con poco fortuna soy un incógnito un topo de la literatura pero creo haber alcanzado un grado que se acerca a lo máximo en mi accésit al igual que los místicos hablan de la via purgativa, la vía contemplativa y por último la unitiva.

Con ella acabas juntándote a la divinidad el corazón traspasado de trascendía y gozando de la santa indiferencia. Te sientes por encima del bien y del mal y te ríes con tristeza de esos y esas escribidoras que llaman a las puertas de la fama y trepan por la cucaña para llegar a codazos y zancadillas los primeros a la meta.

Temo confesar que en esta feria de vanidades y de imágenes el buen paño en el arca se vende. Así que todos esos famosos que firman sus ejemplares en las casetas de la feria del libro.

 Perez Reverte el espadachín cuyos libros se me atragantan, la Carmen Navarro que pare bestsellers más que una coneja, hija del Yale cuyo padre el divino cojo periodista a galeradas de Pueblo  quiso tirar a su madre por la ventana pero sólo se atrevió a lanzar a la calle la máquina de escribir me parecen unos diletantes promocionados superventas.

Pero sus libros se me caen de las manos. Sólo escriben refritos de los thriller norteamericanos. Así que  me quedo con los rusos tan despreciables y obliterados por la propaganda del régimen 666.

Ivan Surguchov un autor descatalogado escribió “Las padres”. Es la historia de un rico mercader de provincias que mandan a estudiar a Petersburgo a su unigénito a estudiar leyes. La familia se reunía en la gran casona las noches de de filandón al calor del fuego mientras silbaba el samovar con el té ardiente y hablaban de sus cosas. Ivan Trimomich Egorov un rico comerciante de pieles. Había tenido suerte en sus negocios, su mujer María era analfabeta y odiaba los libros. El amigo de la familia por el contrario careció de fortuna en los negocios estaba arruinado pero era un hombre ilustrado, se sabía al detalle todos los santos del día. Se llamaba Mijail Mijailovih, cantaba como un chantre a duo con el diacono para entonar las letanías. Hablan del hijo Igor que escribía en los periódicos y revistas nacionales. Pero dígame usted, Ivan Ivanovich: ¿escribiendo en esos medios tan afamados se puede ser rico, lograr la cruz de san Estanislao o ganar una sinecura en la Administración?

Una paga del estado es cosa segura, los poetas se mueren de hambre.

La pregunta flota en el aire y se concluye: un escritor no vale gran cosa, por más que sea admirable. ¡Ah la lira es hermana de la pobreza¡ Surguchov termina coincidiendo con Horacio que ya decía un siglo antes de cristo: “carmina aurum non dabunt” (los versos no dan de comer).

En esto llega a la casa un paquete. Dentro viene el libro de cuentos que acaba de publicar el hijo de la familia Teodoro Egorov. Su padre se extasía contemplando las páginas sin abrir y la madre que no sabía leer exclama “esas cosas se las ha sacado Igor de la cabeza”.

Ávidos, empiezan a leer, el viejo le lee a la vieja aquellos cuentos que acaba de publicar el muchacho. Sin embargo a medida que avanza en la lectura se le ponen los pelos de punta.

El protagonista vive una vida disoluta en la ciudad, visita los chigres más inmundos, le hace el amor a las meretrices de la corte, cae abatido en un duelo ¡qué horror!

Entonces, para que la vieja no se entere de que el hijo bien amado es un perdis, que anda por malos pasos empieza a cambiar la nota y leer en voz alta cosas que se le ocurren, historias de santos, aventuras maravillosas de caballeros que luchan por el zar y mueren peleando por la Santa Rusia.

La madre escucha embelesada. Pero nada es verdad. Saco una moraleja o varias moralejas: los libros buenos levantan sospechas y envidias, descubren los flancos débiles del autor, además esto de escribir para analfabetos no es muy saludable que digamos.

Sin embargo los autores no renunciamos al oficio. Nos calzamos el coturno para hablar con voz profeta y hace estremecer a las gentes con el bronco sonido del isofar de Yom Kippur. Aina más.  No puede ser de otra manera mira por donde. Además esta noche es la Víspera de la Nochebuena Rusa y conviene la lectura de cosas que interesen o embelesen.

Ninguno de esos mendas famosos antes mencionados escritores de aluvión firmantes en la Feria del libro sería capaz de dar a la estampa una obra de arte como este cuento del escritor ruso. Hoy la literatura virtual se ha convertido en afrecho y sucursal del analfabetismo democrático. Los escritores publican los dictámenes del Gran Hermano

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 UN BELLÍSIMO CUENTO RUSO. ¿VALE LA PENA ESCRIBIR?

 

¿Qué es la belleza? Preguntó un día la rosa y el artista respondió y tú me lo preguntas.

Llevo sesenta años escribiendo con poco fortuna soy un incógnito un topo de la literatura pero creo haber alcanzado un grado que se acerca a lo máximo en mi accésit al igual que los místicos hablan de la via purgativa, la vía contemplativa y por último la unitiva.

Con ella acabas juntándote a la divinidad el corazón traspasado de trascendía y gozando de la santa indiferencia. Te sientes por encima del bien y del mal y te ríes con tristeza de esos y esas escribidoras que llaman a las puertas de la fama y trepan por la cucaña para llegar a codazos y zancadillas los primeros a la meta.

Temo confesar que en esta feria de vanidades y de imágenes el buen paño en el arca se vende. Así que todos esos famosos que firman sus ejemplares en las casetas de la feria del libro.

 Perez Reverte el espadachín cuyos libros se me atragantan, la Carmen Navarro que pare bestsellers más que una coneja, hija del Yale cuyo padre el divino cojo periodista a galeradas de Pueblo  quiso tirar a su madre por la ventana pero sólo se atrevió a lanzar a la calle la máquina de escribir me parecen unos diletantes promocionados superventas.

Pero sus libros se me caen de las manos. Sólo escriben refritos de los thriller norteamericanos. Así que  me quedo con los rusos tan despreciables y obliterados por la propaganda del régimen 666.

Ivan Surguchov un autor descatalogado escribió “Las padres”. Es la historia de un rico mercader de provincias que mandan a estudiar a Petersburgo a su unigénito a estudiar leyes. La familia se reunía en la gran casona las noches de de filandón al calor del fuego mientras silbaba el samovar con el té ardiente y hablaban de sus cosas. Ivan Trimomich Egorov un rico comerciante de pieles. Había tenido suerte en sus negocios, su mujer María era analfabeta y odiaba los libros. El amigo de la familia por el contrario careció de fortuna en los negocios estaba arruinado pero era un hombre ilustrado, se sabía al detalle todos los santos del día. Se llamaba Mijail Mijailovih, cantaba como un chantre a duo con el diacono para entonar las letanías. Hablan del hijo Igor que escribía en los periódicos y revistas nacionales. Pero dígame usted, Ivan Ivanovich: ¿escribiendo en esos medios tan afamados se puede ser rico, lograr la cruz de san Estanislao o ganar una sinecura en la Administración?

Una paga del estado es cosa segura, los poetas se mueren de hambre.

La pregunta flota en el aire y se concluye: un escritor no vale gran cosa, por más que sea admirable. ¡Ah la lira es hermana de la pobreza¡ Surguchov termina coincidiendo con Horacio que ya decía un siglo antes de cristo: “carmina aurum non dabunt” (los versos no dan de comer).

En esto llega a la casa un paquete. Dentro viene el libro de cuentos que acaba de publicar el hijo de la familia Teodoro Egorov. Su padre se extasía contemplando las páginas sin abrir y la madre que no sabía leer exclama “esas cosas se las ha sacado Igor de la cabeza”.

Ávidos, empiezan a leer, el viejo le lee a la vieja aquellos cuentos que acaba de publicar el muchacho. Sin embargo a medida que avanza en la lectura se le ponen los pelos de punta.

El protagonista vive una vida disoluta en la ciudad, visita los chigres más inmundos, le hace el amor a las meretrices de la corte, cae abatido en un duelo ¡qué horror!

Entonces, para que la vieja no se entere de que el hijo bien amado es un perdis, que anda por malos pasos empieza a cambiar la nota y leer en voz alta cosas que se le ocurren, historias de santos, aventuras maravillosas de caballeros que luchan por el zar y mueren peleando por la Santa Rusia.

La madre escucha embelesada. Pero nada es verdad. Saco una moraleja o varias moralejas: los libros buenos levantan sospechas y envidias, descubren los flancos débiles del autor, además esto de escribir para analfabetos no es muy saludable que digamos.

Sin embargo los autores no renunciamos al oficio. Nos calzamos el coturno para hablar con voz profeta y hace estremecer a las gentes con el bronco sonido del isofar de Yom Kippur. Aina más.  No puede ser de otra manera mira por donde. Además esta noche es la Víspera de la Nochebuena Rusa y conviene la lectura de cosas que interesen o embelesen.

Ninguno de esos mendas famosos antes mencionados escritores de aluvión firmantes en la Feria del libro sería capaz de dar a la estampa una obra de arte como este cuento del escritor ruso. Hoy la literatura virtual se ha convertido en afrecho y sucursal del analfabetismo democrático. Los escritores publican los dictámenes del Gran Hermano